Una generación de militares – Capítulo 24: Una audiencia justa (1)

Traducido por Lucy

Editado por Sharon


Yu Han Dan se agarró el pecho con miedo; ni siquiera se atrevía a respirar muy fuerte. Su Ren tragó saliva en secreto, tan nervioso que su espalda estaba cubierta de sudor. Había visto la fuerza de Chi Xue en los campos de batalla, pero hoy por fin se dio cuenta que, aunque Bing Lian normalmente colgaba de una pared, tenía la misma cantidad de poder. 

Tenía el corazón en la garganta. La última vez que pelearon, el Pabellón Ling Yun tardó un mes en ser reparado. Si estas tres personas luchaban… Tendrían que reconstruir toda la corte Yi Tian.

Ao Tian y Su Ling se detuvieron a cada lado. No volvieron a moverse, pero tampoco retiraron sus espadas. Apretaban sus armas con tanta fuerza, que comenzaron a escuchar un chirrido. No se rendirían hasta que uno de los dos muriesen.

Gu Yun estaba tan enojada que atravesó el suelo con su espada. Sus brazos se cruzaron con firmeza frente a su pecho, y su voz no tenía emoción al hablar.

—Si realmente les gusta pelear, lo harán comigo. Después de ganarme, ¡pueden luchar todo lo que quieran hasta que uno de ustedes muera y a nadie le importará!

Su fría y glacial voz no tenía la furia de antes, pero hizo que esos dos grandes hombres se quedaran atónitos al mismo tiempo. 

—¿Quién quiere ir primero? 

Miró a Ao Tian, y luego a Su Ling, pero ninguno encontró sus ojos. Después de un rato, Ao Tian finalmente bajó su espada. La mujer se alivió en secreto y caminó en su dirección. 

—¿Qué estás haciendo aquí?

Ao Tian le dio la espalda, ignorándola. Sin embargo, cuando se dio la vuelta, se enfrentó a Yu Han Dan, haciendo que ella se petrificara y sus piernas se sintieran como gelatina. Apoyándose en la puerta, sus manos temblaban sin parar.

—Señorita Yu, ¿está bien? —le preguntó Su Ren, poniéndose de pie.

Yu Han Dan se obligó a calmarse y sonreír.

—Yo… estoy bien. 

—¿Era el hombre que viste esa noche? —le preguntó Gu Yun, caminando hacia ella mientras señalaba a Ao Tian.

Con Su Ren a su lado, se sentía más segura. O quizás era porque no quería mostrarse desfallecer estando frente a él. Sea por la razón que fuese, miró al hombre de cabellos plateados una vez más. Esa cara delgada… ese pelo plateado y esa figura delgada… Yu Han Dan asintió con la cabeza.

—Era él. 

Ao Tian levantó la vista de repente al escucharla para mirar a Yu Han Dan. Ese par de ojos fríos hizo que el corazón de la mujer dejara de latir por un momento, y dio un paso atrás.

—¿Estás segura? 

Gu Yun frunció el ceño. Esto era imposible. Esa noche escuchó el grito inmediatamente después de separarse de Ao Tian. ¡Era imposible que fuera el agresor a menos que pudiera teletransportarse! ¡Esto era simplemente imposible!

El corazón de Yu Han Dan estaba desordenado. Tenía demasiado miedo de mirar a Ao Tian, pero al oír la pregunta de Gu Yun, pensó en una pequeña diferencia. Los ojos del asaltante eran crueles y violentos, mientras que este hombre, a pesar de que daba miedo, solo tenía frío y carecía de esa enfermiza sensación de sed de sangre.

—Yo, yo… 

Repitió estas palabras por un tiempo porque no se atrevía a confirmarlo. Tenía miedo de equivocarse, así que no pudo continuar.

El rostro arrogante de Su Ling tenía una gruesa capa de escarcha. ¿Cómo podía seguir creyendo que Ao Tian no era el asesino? Estaba en la Mansión del General para matar, ¿cómo podía seguir creyendo ne él?

Yu Han Dan no se atrevió a dar una respuesta, haciendo creer a Gu Yun que Ao Tian no era el asesino, pero que el asaltante tenía alguna conexión con él. O si no, ¿cómo podrían ser similares y por qué Ao Tian se entregaría por voluntad propia? Gu Yun quería hablar a solas con Ao Tian. En ese momento, un sonido vino del exterior.

—General, el ministro Dan solicita una audiencia.

—Déjenlo entrar.

Su Ling ya no miraba a Gu Yun y caminó hacia el vestíbulo. No había hecho mucho camino antes de que Dan Yu Lan y tres yayis entrasen. Su rostro tranquilo mostraba una ira reprimida.

Dan Yu asintió con la cabeza a Su Ling y sus ojos se abrieron paso por el desordenado patio. Al final, se detuvo en Ao Tian. Sus ojos brillaron y levantó la mano. Los tres yayis lo apuntaron con sus espadas, rodeándolo. Ao Tian no tenía ninguna expresión y se quedó ahí parado. Su espada plegable había vuelto a su cintura. Cuando trataba con esta gente, no necesitaba un arma.

Gu Yun frunció un poco el ceño.

—Dan Yu Lan, ¿qué pasó? —preguntó, desconcertada. 

No tenían pruebas que señalaran que Ao Tian era el asesino y había ido voluntariamente a la cárcel. Incluso si salía hoy, no significaba que Dan Yu pudiera dejar que los yayis apuntaran una espada a Ao Tian, ¿verdad?

—Xiao Yu estaba muerto. 

¿Muerto? Gun Yu se sorprendió. ¿Él escapó de la cárcel y Xiao Yu murió de repente? Tenía un mal presentimiento. De hecho, Dan Yu Lan habló fríamente. 

—Menos de una hora después de que Ao Tian dejase Xing Bu, la encontramos muerta. El asaltante… —pausó por un momento, viendo a un frío y arrogante Ao Tian—, era un hombre de pelo plateado. Temí que la seguridad de la señorita Yu, así que vine aquí para echar un vistazo. No esperaba que él estuviera aquí. 

Él no era el asesino. No necesitaba matar a Xiao Yu. ¿Cómo puede ser esto una coincidencia? Ocurrió tan pronto como escapó. Ella lo miró, esperando ver algo en su cara. Por desgracia, el rostro de Ao Tian permaneció inexpresivo. No se podía leer nada en su rostro. 

Cheng Han corrió hacia él. 

—Ao Tian, fingiste rendirte de forma voluntaria para bajar la sospecha. Xiao Yu y la señorita Yu fueron los únicos que vieron tu rostro con claridad. Querías matar al testigo, ¿no es así?

—No maté a nadie —dijo después de un tiempo.

Sus palabras parecieron enfadar a Cheng Hang, logrando que lo mirara con desprecio. 

—¿Puedes decir que los Yayis que patrullaban anoche no fueron asesinados por ti? Si no los mataste, ¿cómo pudiste salir? ¿Y qué haces en medio de la noche en la Mansión del General?

¿Ao Tian mató Yayis? 

Gu Yun ahora entendía por qué Dan Yu Lan podía estar enojado y por qué Cheng Hang estaba tan irritable. Ella no creía que él pudiera hacer tal cosa. Con sus artes marciales, ¿necesitaba matar gente para escapar de la cárcel? Si no fueron asesinados por él, ¿quién los mató? ¿Por qué vino a la Mansión del General? La serie de preguntas hizo que cerrara la boca y esperara su respuesta. Sin embargo, Ao Tian se quedó ahí parado sin decir nada.

Al verlo sin palabras, Cheng Hang lo interpretó como una aceptación, y rugió enfadado.

—¡¿No puedes responder bien?! Primero, mataste a Xiao Yu, y luego entraste en la Mansión del General para matar a la señorita Yu, ¿verdad?

—Yo no maté a nadie —repitió. Sólo podía decir eso. Desde el principio, había adivinado que le estaban atrayendo intencionadamente. Aunque sabía que era una trampa, no pudo quedarse lejos. Si algo le sucediera a Qing Mo, no sería capaz de perdonarse a sí mismo.

—¡Todavía te atreves a discutir!

Una vez que Ao Tian salió de la cárcel, varios de sus hermanos murieron. ¿Quién podría soportarlo? Cheng Hang quería golpearlo sin piedad.

—Primero, escóltalo de vuelta a la cárcel —dijo Dan Yu Lan, deteniendo a Cheng Hang.

Sin querer bajar la mano, lo escoltó fuera del pequeño patio. Ao Tian no se resistió en absoluto. Justo antes de salir, miró a Gu Yun. Ella no sabía lo que estaba pensando y sintió que Ao Tian estaba actuando raro esta noche.

El grupo abandonó la corte de Yi Tian.

—General Su, siento molestar —se disculpó Dan Yu.

Su Ling asintió ligeramente y no dijo nada. Todas las cosas que pasaron esta noche parecían apuntar a Ao Tian como un asesino. Sin embargo, cuando luchó contra él antes, no sintió que lo fuera. Cualquier artista marcial lo sabría, además con esa espada flexible que competía con Chie Xue, y ese extraño movimiento… No tenía razón para involucrarse en un caso de violación y cautiverio.

Los dos salieron juntos al patio, cuando un joven soldado corrió hacia Su Ling, su frente cubierta de sudor. 

—¡General! ¡Algo malo sucedió! —informó, al ver a Su Ling. Al mismo tiempo, un yayi corrió hacia Dan Yu Lan.

—¡Ministro! ¡Hubo un accidente! —susurró.

—¿Qué ha pasado? ¿Por qué luces tan asustado? —preguntó fríamente Su Ling.

—Hubo una explosión en la embajada de Hao Yue hace un tiempo.

Dan Yu Lan y Su Ling casi gritaron al mismo tiempo. Los dos habían adivinado que algo masivo había sucedido, ¡pero no esperaban que hubiera una explosión en la estación de transmisión!

—¿Cuál es la situación en este momento? —urgió Dan Yu. 

El soldado miró a Su Ling. Al verlo asentir, les explicó.

—Un oficial embajador de Hao Yue fue asesinado, tres gravemente heridos y cinco tuvieron heridas leves.

Bombardearon la Embajada Hao Yue días antes de la celebración. Además, asesinaron a un oficial. Para Qiong Yue, simplemente era demasiado insulto. El emperador estaría furioso al día siguiente; los dos oficiales se miraron sin decir nada, y salieron juntos de la Mansión.

En el patio, Gu Yun había estado escuchando su conversación, pero no los persiguió. El día que Qing se casó, ella había pasado la embajada, así que sabía dónde estaba. Sentada en los pequeños escalones del patio, cerró los ojos, arreglando todo lo que había pasado esta noche en su memoria. De repente, abrió los ojos.

—Su Ren, envía inmediatamente a la gente a las embajadas de otros países, para ver si también hay material explosivo allí. Además, pídeles que no permitan que nadie se acerque a las embajadas durante las próximas veinticuatro horas.

El bombardeo, esta vez, había sido demasiado repentino. Además, ocurrió antes de la ceremonia. ¡Este tipo de ataque… ella temía que no ocurriera una sola vez!

—Bien. 

Su Ren se sorprendió. Viendo la cara seria de Gu Yun, sabía cuál era su preocupación. Si fuera realmente como ella pensaba, sería de verdad desastroso, así que salió rápido del pequeño patio. Gu Yun se levantó de repente y le habló a la aterrorizada Yu Han Dan. 

—¡Quédate en el patio de Yi Tian! No vayas a ninguna parte. 

—¿A dónde vas? —le preguntó Yu Han Dan, ansiosa, antes de que se retirase del todo.

—A la escena del crimen. 

Lanzando esa frase, la pequeña y delgada figura desapareció del patio interior.

Viendo su espalda, Yu Han Dan de repente la envidió. Con una complexión similar, ella podía ir y venir libremente. Si pudiera ser la mitad de lo que era, ¿podría no necesitar que su padre arreglara su vida?

Sonriendo amargamente, Yu Han Dan recogió el instrumento y se sentó en la hierba. Tocó las cuerdas y una música comenzó a fluir, trayendo calma a esta noche agitada.

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