Vida en prisión de la villana – Capítulo 47: La noble dama se encuentra con una matanza

Traducido por Den

Editado por Sharon


—KYaaaaa… ¡Qué LINDOOOOOOO…! —Rachel bajó la voz tras su sorpresa, pero le fue imposible contener el grito de alegría que inevitablemente se le escapó. Tampoco pudo evitar sonreír.

Ante ella había un gato gris claro con rayas.

Así es, un gato.

De alguna manera, se había colado en la prisión del castillo real y ahora estaba sentado frente a ella.

—Nya~.

El gato de pelaje largo que había entrado con facilidad en el calabozo, soltó un pequeño maullido antes de empezar a acicalarse con la pata. Se había perdido y, no obstante, estaba tan relajado que era como si viviera ahí.

A Rachel le encantan sobre todo los animales tiernos. Los perros son agradables, pero los gatos no le disgustaban en absoluto. Tampoco se podía evitar que encontrara adorables a los conejitos y lobos.

Por alguna razón, las bestias carnívoras que la gente siempre dice que son peligrosos y se deben evitar, siempre terminaban actuando dócilmente frente a Rachel y la dejaban acurrucarse con ellas todo lo que quería.

Sin embargo, esta es la primera vez que ve a un gato desde que comenzó su relajada vida en prisión.

—Oye… ¿está bien que te acaricie un poco…?

El animal se dio cuenta de que Rachel se acercaba… y aceptó…

Incluso mientras se lamía el lomo, no le disgustó que le acariciara suavemente la cabeza.

A pesar de que Rachel lo levantó lentamente y lo acercó a su pecho, lo único que hizo fue bostezar. Cuando lo abrazó y comenzó a cepillar su pelaje, entrecerró los ojos y soltó un pequeño ronroneo.

—Qué amigable… Mm~~ Qué buena chica~~

—Nya~n.

Rachel estaba aturdida tratando de llenar su medidor de gatos. Quién sabe cuándo volvería a tener una oportunidad como ésta si la desperdiciaba ahora.

Sin embargo, en este momento, no tenía idea de que resultaría ser un tremendo error.

♦ ♦ ♦

—Es cierto. Señor gato, ¿le gustaría un poco carne en conserva?

—¡Nya!

Mientras llevaba alegremente a un gato en una mano y preparaba una lata de comida con la otra, Rachel de repente oyó el ruido seco de algo que caía al suelo.

—¿Hm?

Cuando se dio la vuelta, vio a Haley, que acababa de regresar de su paseo, dejar caer al suelo una piña que había recogido de algún lugar. Estaba de pie junto al objeto demasiado estupefacto para recogerlo.

—¿Haley?

♦ ♦ ♦

Mientras caminaba por una zona por la que no solía pasar, el primate encontró una fruta de forma extraña. No parecía que pudiera comerlas, pero había cierta novedad en estas extrañas frutas nuevas.

“Cojamos algunas y démoselas a la maestra”.

Trepó al árbol y recogió algunas frutas. Hoy no llevaba su cesta, por lo que no pudo coger muchas. Aún así, derribó todas las que podía sostener. Una vez las recogió del suelo, se dirigió rápidamente de regreso a la habitación de Rachel.

Pero la encontró cargando una “bola de pelo” en sus brazos. Cuando vivían en la mansión, llamaban a ese tipo de criatura “gato”.

Ahora ella estaba abrazándolo.

Estaba en el lugar que él ocupaba en su pecho. Y ahora ella estaba tratando de alimentar al gato. Además, estaba comiendo comida enlatada que él ni siquiera se podía permitir.

—¿Haley? —Rachel llamó al mono, desconcertada por su quietud. Su voz hizo que se pusiera en marcha de nuevo y comenzó a moverse de forma espasmódica como si su cuerpo le estuviera escuchando plenamente.

—Oo… Ooki…

Tomó su cesta y, con manos temblorosas, empezó a llenarla con sus objetos personales: su juguete favorito con el que Rachel y él siempre jugaban juntos, una bufanda con un encantador estampado que ella le había regalado; una manzana dulce y sólida de su lonchera, un trozo de algo que se había roto y que le había gustado por lo brillante y reluciente que era; un par de piedras afiladas con las que el rubio idiota se había lastimado al pisarlas…

Haley se puso sobre los hombros la cesta llena de sus tesoros favoritos y luego se volvió hacia Rachel.

—Ooki… Ookiki.

Entonces hizo una pequeña reverencia antes de empezar a subir a una de las cajas de madera para salir al exterior.

—¡Ah! ¡E-Espera un momento, Haley! ¡T-Te equivocas!

—¡Ookiki!

Haley se secó con furia las lágrimas que habían comenzado a acumularse en sus ojos mientras Rachel dejaba a un confundido gato y corría hacia él. Pero cuando lo cogió a la fuerza en sus brazos, el mono finalmente comenzó a sollozar de forma violenta.

—¡Ooki! ¡¡Ooki!!

—Lo siento, ¿te sorprendiste? Te equivocas… ¡Nunca te echaría, Haley!

—¡Ooki!

—¡Por favor, créeme! ¡No te estoy engañando! ¡Sólo sucedió! ¡Sucedió! —Rachel trataba de apaciguarlo desesperadamente ya que pensaba que lo había abandonado.

—¡Nyah!

En ese momento, el gato, que aún no había recibido su comida, gritó desde detrás de ella, todavía sentado junto a la lata de comida.

Sin embargo, Rachel no estaba en condiciones de abrirla ahora mismo.

—Ah… ¡Señor gato, ¿podría esperar un poco?! ¡Es un poco complicado en este momento!

—¡Ookiiiii!

—Por eso Haley…

Pero el gato pensaba: la humana, aunque la estoy llamando, está jugando con ese gracioso chico blanco en lugar de prepararme mi tentempié… 

—¡Roww!

—¡Qu…! ¡¿Incluso el señor gato?!

Rachel ya estaba ocupada tratando de cuidar a Haley, y ahora el gato estaba enfadado porque le hacían esperar, y lanzó un ataque.

Después de estampar la lata de carne redonda con su pata, el felino se incorporó y comenzó a bufar [1] para intentar que le dieran de comer de inmediato.

Dicho esto, si Rachel dejaba a Haley para abrir la lata de comida, esta vez sí creería que lo había abandonado y acabaría marchándose.

—Sólo… Oh, ¿a cuál debería calmar primero…?

Rachel estaba abrumada por las miradas de los dos animales y no sabía qué hacer. Es una chica de ciudad que es sorprendentemente débil a la presión de cualquier cosa que no sea una persona.

Pero mientras se sentía aturdida, la situación empeoró.

—¡Ooki!

Haley, que había estado enfadado con la fría Rachel, de repente empezó a gritarle al gato que actuaba de forma engreída frente a su maestra.

—¡Roww!

Frustrado por no conseguir su merienda, el gato levantó la cabeza y le gruñó al bastardo blanco en los brazos de la humana.

—¡KII!

—¡ROWW!

—¡Esperad!

El rostro de la persona que sólo aparecía cuando no la necesitaban se le cruzó por la mente mientras trataba de mantener separados a los dos animales antes de que las cosas se salieran de control.

—¡En serio, ¿por qué no viene ese idiota?! ¡A pesar de que es capaz de mantener una conversación con Haley, ¡¿qué está haciendo cuando en realidad podría ser de ayuda por una vez?!

En toda su vida, ¿ha habido alguna ocasión en que haya deseado que Elliot estuviera aquí antes?

Mientras tanto, se encontraba atrapada entre un gato que ya había sacado sus garras y Haley, que había sacado una botella de vino pequeña de alguna parte y la sujetaba como un garrote… Ante la furia hirviente de ambos, la noble dama soltó un grito extremadamente raro.

♦ ♦ ♦

Cuando Elliot llegó a la mazmorra buscando la mascota desaparecida de su hermanito, encontró a la prisionera acostada en la alfombra del suelo luciendo exhausta.

Un mono dormitaba sobre su pecho y sus brazos rodeaban con desesperación su cuello, mientras que el gato que Elliot buscaba estaba acurrucado en su muslo.

El príncipe ladeó la cabeza al ver esta escena que era difícil de comprender… y luego comenzó a gritarle a Rachel cuando recordó la razón por la que había venido a este lugar.

—¡Así que fuiste tú quien se llevó arbitrariamente al gato sin permiso, Rachel! Con su lindo gato perdido, Raymond estaba…

—¡¡Lento!! —gritó Rachel a su vez, a pesar de que era el príncipe.

—…preocupado… ¿Eh?

Elliot se tragó a la fuerza lo que iba a decir, ya que esta extrañamente furiosa Rachel siguió criticándolo de forma agresiva.

—¡En serio, ¿por qué estás aquí sólo ahora?! ¡Eres realmente inútil, ¿sabes?! ¡Ya se terminó!

—¿Eh? Se terminó… ¿el qué?

—¡No qué! ¡Cuando tu única cualidad positiva es poder hablar con los animales al mismo nivel que tú, ¡¿qué estabas haciendo cuando te necesitaban durante una emergencia real?!

Elliot frunció el ceño al escuchar su queja irrazonable.

—¡¿Jaaaa?! T-Tú, ¡¿qué estás diciendo?! ¡Mi única característica compensadora es mi cara! ¡La cara!

Alguien que no se da cuenta de que está al mismo nivel que un mono mientras dice algo que sólo diría alguien al mismo nivel que un mono.

—Su Alteza, ¡no debería decir eso usted mismo!

—¿Es así?

Mientras Wolanski regañaba a Elliot, Rachel prosiguió:

—¡¿Sabes lo grave que era la situación?! Ooh, no entendía lo que estaban diciendo Haley o el señor gato… No puedes arbitrar una pelea a menos que tengas el mismo nivel de inteligencia que los participantes, ¡así que trata de estar alerta cuando se te necesite! ¡Después de todo, siempre estás aquí cuando no se te necesita!

—Oye, espera, Rachel, ¡¿me estas diciendo que sea un intérprete de un mono y un gato?!

—¡¿Para qué más sirves?!

—¿Eh? No, eso es… quizás… algo… de lo que soy capaz de hacer… Podría…

—¡¿Que se supone que es “es quizás algo…”?! ¡No espero mucho de ti, así que esfuérzate en las cosas que eres capaz! ¿Entendido? ¡Entonces, cuídate!

—¿Ummm? Eso… lo siento, supongo…

♦ ♦ ♦

Cuando Elliot regresó a la superfície con el gato, vaciló por un momento antes de preguntarle a Wolanski:

—Oye, Wolanski… la pelea de este gato y el mono de Rachel no es mi responsabilidad, ¿verdad?

—¿Por qué habría de serlo?

Después de confirmarlo de su íntimo amigo, Elliot comenzó a recuperar su confianza y dejó que sus emociones escaparan.

—Mm, ¡es cierto! ¡Es cierto, no es mi culpa! ¡El gato, el mono y yo no podemos ser disciplinados con tanta facilidad!

Ese no es el problema aquí.

Puede que Rachel haya actuado de forma irrespetuosa en ese momento, pero no es el deber de Elliot arbitrar en su nombre. Además, ¿por qué debería correr hasta allí cuando lo necesitara? No es como si importara a estas alturas…

Elliot descartó el incidente anterior así como así, pero hubo una parte de la discusión que le interesó, por lo que decidió preguntarle una vez más a Wolanski.

—Oye, Wolanski…

—¿Eh? ¿Qué sucede?

—Si realmente pudiera hacer lo que dijo Rachel, ¿quizás debería gobernar el reino animal?

—Su Alteza, antes de intentar gobernar el reino animal, quizás debería esforzarse un poco en regir el reino humano.


[1] Bufar es el resoplido de un animal irritado.

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