Vida en prisión de la villana – Capítulo 48: El príncipe piensa en la evolución

Traducido por Den

Editado por Sharon


Den
Este es otro capítulo de la historia principal. Tendría lugar poco después del capítulo 39 con el estriper.

Haley es un mono.

Para ser claros, los monos pueden ser un poco molestos.

Estos animales deben entender la fuerza del grupo y los tipos de fruta de que disponen.

Si no pueden averiguar quién está por encima y por debajo de ellos, no podrán comprender su lugar en la manada, lo que puede causar el caos.

Es muy importante que un mono sepa quién manda.

Para que conste, a Haley le gustan más los plátanos que las manzanas. Los caquis son mejores cuando están más duros y maduros.

Una vez más, el príncipe Elliot había visitado la prisión en la que ha estado recluida su ex-prometida para matar el aburrimiento regañándola… Pero antes de comenzar, una pregunta le vino a la mente.

—Oye, Rachel, tengo un poco de curiosidad por algo.

—¿Qué es?

—Este mono, ¿por qué siempre sube a un lugar alto y empieza a actuar con arrogancia cuando vengo de visita?

—¿No se debe a que está satisfecho con la posición que ocupa en la vida?

—Ese chico definitivamente lo hace por malicia, y por alguna razón, siento que me está tratando como si fuera un idiota.

Rachel tomó un sorbo de su té y pasó la página de su libro, sin prestar atención a las quejas de Elliot mientras miraba fijamente a un mono.

—Oye, ¿me estás escuchando?

—Sí.

El príncipe estaba siendo ruidoso. Rachel levantó la cabeza, claramente aburrida e incapaz de disfrutar de su libro en paz.

—Es cierto… Dicen que uno se ve a sí mismo cuando mira a los ojos puros de un animal. Así que si cree que está actuando con malicia hacia usted, entonces quizás Su Alteza piensa que es merecedor de esa actitud.

Rachel intentó responder de forma sarcástica, pero Elliot era un hombre que nunca dudaba de sí mismo, por lo que le espetó de inmediato:

—¡Como si fuera a creer eso! ¡Oye mono, baja aquí un momento!

El mono de Rachel aceptó el desafío del príncipe y comenzó a descender por los barrotes de la prisión. Cuando estuvo a la altura de Elliot, Haley se detuvo y lo miró directamente a los ojos.

—¡¿De qué me tengo que sentir culpable?! ¡Mira, mira estos ojos sin tristeza! Bueno, mono, ¡¿ahora lo entiendes?!

—¿Qué está tratando de hacer que entienda un mono…?

Elliot siguió mirando con seriedad a los ojos del primate, irreverente con Rachel que estaba tan asombrada por lo que estaba viendo que finalmente cerró el libro que estaba leyendo.

No estaba claro si realmente sabía o no lo que este humano estaba diciendo. Pero Haley continuó mirándolo fijamente… hasta que al momento siguiente, el pequeño mono soltó una risilla y se bajó por completo de los barrotes. Se dio la vuelta, como si hubiera perdido todo interés, trepó a la mesa de té y se sentó en la cama… antes de mostrarle el trasero al príncipe.

Elliot olvidó cómo respirar cuando vio cómo lo trataba el animal. No obstante, tras unos segundos recuperó la respiración así como también el resto de sus sentidos.

—¡TUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUÚ! ¡Oye, esa es una actitud propia para una bestia como tú! ¡¿Oye, me estás escuchando?! ¡Sal aquí y enfrenta tu muerte como un hombre!

Los gritos continuaron… pero no importó cuánto tiempo gritara Elliot, el primate nunca le contestó ni hizo nada en respuesta. Finalmente, tras comprender que no le estaba prestando atención, el príncipe dejó de golpear los barrotes de la celda y atacó al dueño.

—¡Oye, Rachel! ¡¿No es esto evidencia suficiente de que este tipo está actuando claramente con malacia?!

—Su Alteza es demasiado desconfiado. Todo está en su cabeza. En – su – cabeza.

—¡No creo que esto esté al nivel en el que puedas decir que es mi imaginación! ¡Echa un vistazo! ¡Ahora! ¡Definitivamente está actuando de forma descortés!

—Descortés… ¿aunque Haley es un mono muy educado? Haley, ven aquí.

—Ooki.

El aludido dio una respuesta formal cuando ella lo llamó. Cruzó la cama y se arrodilló ante su maestra. Cuando Rachel le tendió la mano, él le cogió el dedo índice y le besó la punta del dedo.

—Bueno, ¿qué le parece? ¿No son perfectos sus modales?

—Tch… ¡Mono, mira aquí!

Pero por mucho que Elliott gritara o hiciera gestos con los brazos para que el mono se acercara, Haley se limitó a bostezar y a ignorarlo.

—¡Oye, tú! ¡No ignores al príncipe!

Debería intentar regañarlo… pensó Haley un segundo antes de usar sus brazos como almohada y tumbarse como si fuera a echarse una siesta sobre la mesa de té.

Al final, el príncipe fue ignorado por completo.

—Maldita seaaaa…

Habiendo visto todo esto desde detrás, Wolanski intentó darle un consejo a Elliot mientras éste rechinaba los dientes enfadado.

—Su Alteza, este mono no tiene ninguna clase de relación maestro-sirviente con usted ahora mismo. No importa lo que diga, es probable que esté pensando que no tiene nada que ver con él.

—Hmph, ya veo.

—La señorita Rachel es quien lo alimenta, así que por supuesto el mono la va a reconocer. Si no le da nada, entonces no podrá reconocer el valor de Su Alteza.

—Hmm, sí… ¡Oye mono, toma esto!

Elliot sacó una moneda de plata de su bolsillo (o más bien del de Wolanski) y la deslizó a través de los barrotes de hierro de la celda. Esta vez captó el interés de Haley, quien corrió hacia él. Cuando recogió la moneda, la frotó entre sus dedos y la sostuvo hacia el sol para ver cómo la luz la hacía brillar. Pareció reconocer el valor de lo que le acababan de dar y comenzó a saltar de alegría.

Pero en ese momento, Haley se volvió hacia el príncipe…

—¡Ooki!

… y le le hizo un saludo con dos dedos antes de llevar la recompensa a su cofre del tesoro, donde guardaba el resto de las monedas que había conseguido.

Eso fue todo.

—¡¿La luz…?!

Elliot se quedó atónito por un momento antes de enfrentarse a Rachel, que estaba ocupada buscando un nuevo libro para leer.

—Oye, Rachel, ¡¿no estás dejando que este mono viva con muchos lujos?! ¡Le acabo de dar una moneda de plata y, aún así, me da una reacción tan simple!

—¿Qué esperaba que sucediera dándole monedas a un mono que no entiende el valor del dinero?

—¡Guh…!

Mientras Elliot estaba sin palabras, Wolanski observaba interesado al mono que guardaba su nueva moneda.

—Este chico… Me pregunto qué haría si la señorita Rachel fuera quien le diera una moneda.

—¿Eh? Cierto…

Por alguna razón, la mirada del príncipe junto con la de sus seguidores se posó sobre Rachel.

—No creo que pase nada interesante…

Habiendo llamado la atención de todos, Rachel se encogió de hombros derrotada y volvió a llamar a Haley.

—Haley, déjame darte la paga.

—¡¿Ooki?!

Ya sea que supiera o no qué significaba realmente el término “paga”, Haley levantó la cabeza de su cofre del tesoro y corrió feliz hacia ella. Tal vez pensaba que estaba a punto de darle un tentempié.

¿Qué pasaría si un mono, pensando que está a punto de recibir comida, obtuviera en su lugar una moneda de metal…?

Elliot y los demás observaron expectantes.

—Aquí tienes, Haley —Rachel le entregó una moneda de cobre. Tras recibirla, Haley la examinó con cuidado.

—¡Ookii!

Saltó varias veces de alegría antes de volver corriendo a su cofre del tesoro con otra moneda nueva. Esta vez, con la misma rapidez regresó con Rachel mientras llevaba una pequeña bolsa de tela. Volvió a subir a la mesa de té y vació la bolsa frente a ella.

Doce monedas de cobre hicieron un estrépito.

—¡Ooki! ¡Ooki!

El mono recogió las monedas en sus manos y cuando las levantó por encima de la cabeza, la noble dama se dio cuenta al instante de lo que quería.

—Oh, ¿quieres cambiar las doce monedas de cobre por una de plata? Aquí tienes, Haley.

—¡Ooki!

El mono estaba muy contento de haber conseguido otra moneda de plata. Rápidamente la llevó a su cofre del tesoro.

En el ahora silencioso lugar donde sólo resonaban los pasos de un mono, un hombre respiró hondo dos veces.

—¡¿Que no entiende el valor del dinero?! —gritó Elliot—. ¡Este p***o mono! ¡Me está poniendo en ridículo…!

El primate se acicalaba despreocupadamente mientras Elliot seguía apretando los dientes de rabia. Para que conste, Elliot seguramente no estaba intentando amenazar a un pequeño animal. Pero ya había intentado apuñalar al mono metiendo su espada entre los barrotes de la celda… Aún así, Haley se estaba relajando lo suficientemente lejos de ahí que la punta de la espada no pudo alcanzarlo. El momento en que el príncipe se dio cuenta de que su espada no iba a llegar fue el mismo en que descubrió lo inusual que sonaba la risa de un mono…

—Oye, Wolanski, ¿por qué el comportamiento de este mono siempre es muy parecido al de los humanos cuando me trata mal?

—¿Qué tal si investigamos un poco y lo averiguamos?

—Reencarnaré en un erudito en mi próxima vida.

—Ahora mismo tenemos tiempo.

—Odio estudiar.

El tercer hijo de un conde que se encontraba detrás de Wolanski de repente estiró el cuello hacia adelante.

—¿Por qué este mono siempre menosprecia solo a Su Alteza? Trata de todos los demás con bastante normalidad, a excepción de la señorita Rachel.

—Ahora que lo dices, su actitud es la peor con Su Alteza.

Los demás comenzaron a susurrar.

La respuesta correcta era que Haley había causado problemas a otros antes, es sólo que nadie vio los resultados… Pero no es que Elliot lo supiera.

Así que, ansiando divertirse un poco, Rachel lo miró con lástima.

—Dicen que los monos juzgan a una persona por su dignidad… Dado que Su Alteza siempre está pataleando y gritando como un idiota, ¿tal vez pensó que usted era el miembro más insignificante del grupo…?

Fue una ligera provocación que la hija del duque soltó sin siquiera levantar la mirada de su libro, pero hizo estallar al (autoproclamado) más grande de todos los príncipes.

—¡¿Soy el menos digno…?! ¡Soy la imagen de la gracia cuando no estoy en un lugar como este! ¡Soy el primer príncipe! ¡Y ningún mono hablará de mí a mis espaldas!

Todavía no se había dado cuenta de que perdió toda dignidad cuando empezó a competir con un mono. Ese es el primer príncipe, Elliot.

—Pero Haley se pasa todo el tiempo en la mazmorra. Así que si solo ve a Su Alteza cuando está aquí…

—¿Qué…?

—Por favor, no me haga decirlo en voz alta.

—Ku, tú…

¡Era molesto que Rachel tratara de ser considerada! ¡Por supuesto que Elliot estaba a punto de explotar!

—Bueno… gracias a que Haley es un caballero, además de un mono, puede que sea un poco más cortés que otros monos.

Las palabras de su detestable ex-prometida decían implícitamente: «¿Tus modales están al nivel de un mono?», obligando a Elliot a estallar en una dirección un tanto extraña.

—¡Maldita sea! ¡Le enseñaré a este mono cómo un verdadero caballero muestra su gratitud! ¡Observa con atención! ¡Muy bien, Margaret!

—Hoy no vino con nosotros…

—¡Oh, cierto!

Quizás el mono había comenzado a menospreciarlos porque estos hombres tendían a estrellarse justo en la línea de partida.

El animal observó a Elliot con inmensa curiosidad después de que se hubiera quedado congelado por completo al declarar que le daría un ejemplo. Todo lo contrario de cómo lo estaba ignorando antes.

Elliot no podía simplemente echarse atrás ahora, aunque realmente deseaba hacerlo, por lo que Rachel le lanzó un pequeño salvavidas.

—Puede que Margaret no haya venido hoy, pero en cuanto a Wolanski… él tiene pelo largo.

—¡¿Cuándo me convertí en una mujer?! —El hijo del marqués retrocedió cuando la mirada del príncipe se posó sobre él.

—Wolanski, todos tenemos que hacer sacrificios por un bien mayor… ¡Puedes ocupar el lugar de Margaret por un momento! ¡Necesitas defender mi honor contra este mono!

—¡Su Alteza, por favor, perdóneme! Y también… —Wolanski señaló hacia la celda—. ¿Por qué la señorita Rachel nos mira con tanta pasión? Y, ¿por qué me resulta tan incómodo…?

—No, por favor, continúa, ¡esto es perfecto para el próximo libro!

—¡¿De qué estás hablando?!

Wolanski y todos los demás se negaron a participar… Así que cuando se necesitaba a una mujer, solo había una…

—¡Bien, no se puede evitar! Realmente no quiero hacer esto, y va a ser muy raro… ¡Rachel, agradece este honor que te estoy otorgando! ¡Es algo de lo que tus descendientes podrán presumir!

—Se supone que debo quedarme en esta celda hasta el día en que muera o sea ejecutada, ¿no?

—¡Deja de quejarte! ¡Este mono necesita que le enseñen lo correcto!

—Estoy bastante segura de que no hay dignidad en hacer esta obra tan exhaustiva por el bien de un mono… pero no se puede evitar. Aunque también soy reacia a hacerlo.

Rachel se acercó a los barrotes de su celda. Elliot se arrodilló tan suavemente como el agua que fluye a través de un arroyo frente a los ojos del mono, y extendió la mano… permitiéndole a Rachel poner su pie en la palma.

—Ahora lame mi zapato.

Después de comprender lo que acababa de suceder, la subsiguiente tormenta de ira de Elliot no debería necesitar ninguna explicación.

Una vez el agudo repiqueteo que se produjo al cortar en vano los barrotes de la prisión terminó, Wolanski pudo apaciguar a su señor.

Mientras tanto, la hija del duque, que resultó ser mejor para avivar el conflicto que cualquier tipo de fósforo, se rió llena de satisfacción desde la seguridad de su celda.

—No, disculpe mi descortesía. Por alguna razón, de repente tuve una abrumadora náusea e inconscientemente saqué el pie.

—¡Ahora que lo pienso, ¿no eres mucho más grosera que tu mono?! ¡Has estado leyendo ese libro a pesar de que tu príncipe está aquí!  ¡Luego me dices que te lama el zapato! ¡¿Y ahora dices que hiciste todo esto sin querer?!

—No había ninguna mala voluntad detrás. Fue sin querer.

—¡No había nada más que una mala voluntad!

Mientras Elliot seguía parloteando, uno de sus seguidores de repente se dio cuenta de algo.

—¿Huh? “Lame mi zapato”… Pero la señorita Rachel no lleva zapatos…

Todos los ojos se dirigieron hacia los pies de la susodicha ante las palabras del hombre.

Rachel había estado holgazaneando en su cama hasta ahora, y cuando se acercó, sólo se había puesto un par de sandalias. Por lo tanto, nada cubría realmente sus pies.

Al darse cuenta de este hecho, la noble dama se sonrojó y comenzó a ponerse tímida.

—Oh no, no me di cuenta… Y pensar que le di a Su Alteza como recompensa excepcional mis pies descalzos.

La segunda ronda de Elliot contra los barrotes de la celda comenzó rápidamente.

Haley observó a estos humanos hacer todo este ruido como si estuviera en crisis.

Por alguna razón, estos hombres estaban siendo más ruidosos de lo habitual. También parecía que se estaban peleando.

Podría ser que el rubio idiota estuviera tratando de desafiar a su maestra a una pelea por el puesto de jefe.

En cualquierl caso, no hay forma de que el rubio idiota sea capaz de ganar a su ama, pero si las cosas se ponían demasiado serias, siempre era posible que ella pudiera salir herida.

Tal y como están las cosas, Haley tendría que intentar calmar la situación como el sublíder del grupo.

—¡Ooki!

El grito del mono los interrumpió, calmando a Elliot y sus lacayos. Todos los ojos se volvieron inconscientemente hacia Haley cuando se subió a la mesa de té con un trozo de tela violeta en la mano.

—¿Qué…?

Todos prestaron especial atención cuando el monito blanco comenzó a desdoblar la tela. Tenía forma de triángulo y parecía un par de calzoncillos. No, eso es exactamente lo que eran y todos se dieron cuenta cuando Haley comenzó a deslizar las piernas a través de la tela. Se mirara como se mirara, definitivamente eran un par de calzoncillos de color violeta tipo bumerán.

Una vez que se los colocó, el mono se puso de pie sobre la mesa.

—¡Ooki!

El grupo de Elliot comenzó a hacer ruido.

—Ro… ¡¿El mono está usando ropa interior?!

—¡El mono lleva ropa interior!

—¡¿Por qué?! ¡Que lleve una prenda como ésta lo hace parecer como si hubiera empezado a evolucionar!

—¡¿Estamos presenciando el nacimiento de una nueva especie de seres humanos…?!

Mientras el resto de sus amigos se alteraba, Wolanski estaba un poco confundido.

—¿Hm? Esta figura… siento que la he visto antes en alguna parte…

—¡Ookii!

Ignorando su entorno desconcertado, el mono comenzó a bailar. Sus caderas se movían rítmicamente hacia adelante y hacia atrás mientras su espalda seguía girando de un lado a otro en una danza loca. Al ver sus movimientos, Wolanski se dio cuenta de repente y dio una palmada.

—¡Ah! ¡Está imitando a Adam Stuart!

Al oírlo, Rachel empezó a acariciar la cabeza de Haley mientras él seguía bailando.

—Haley, ¿recordaste lo felices y emocionados que estaban todos cuando Adam estaban bailando? Por eso, ahora estás tratando de aliviar un poco la tensión del ambiente… Buen chico, buen chico.

—¡Ooki!

Cuanto más lo observas, más te das cuenta de que está realizando un baile bastante rítmico sin ninguna música que lo respalde. Algunos miembros del público se dejaron llevar por el acto y comenzaron a animarlo.

Sin embargo…

En ese momento, de pie junto al príncipe, Wolanski estaba demasiado asustado para mirar a su señor. Después de todo, este mono estaba imitando a Adam Stuart, el hombre que había cautivado a su diosa Margaret hace unos días… ¡con este mismo baile!

Teniendo en cuenta que Elliot se había quedado en completo silencio, probablemente estimulado a pensar esto o aquello a medida que el baile avanzaba, no había forma de que Wolanski pudiera reírse del espectáculo.

Fuera o no consciente de los sentimientos de la audiencia, el baile de Haley estaba llegando a su clímax. Cuando Rachel extendió una toalla delante de él para que actuara como un muro improvisado y ocultara su mitad inferior, el mono siguió bailando mientras se quitaba la ropa interior. Comenzó a balancear la ropa en el aire tal y como había visto hacer al humano antes de soltarla entre la multitud… El pequeño trozo de tela violeta voló por el aire, deslizándose a través de los barrotes de hierro y aterrizando justo sobre la cabeza del príncipe.

—¡Vaya, Su Alteza es muy afortunado! ¡Lo atrapó de la misma manera que Margaret! —El tono de Rachel era inocente a pesar de que sus palabras estaban cargadas de veneno… pero Elliot permaneció en silencio mientras se quitaba lentamente el pequeño “servicio especial” de Haley de la cabeza.

—¡Este mono ha evolucionado demasiado!

Hasta que de repente comenzó a gritar y tiró la ropa interior al suelo.

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