Te equivocaste de casa, villano – Capítulo 58: Diferencia entre un melodrama y un romance angustiado (3)

Traducido por Shroedinger

Editado por Tsunai


 Por lo que yo sabía, era un artículo bastante caro, así que no cualquiera podía hacerse con él… Por otra parte, para un Crawford, aquel precio era calderilla.

—En ese caso, espero su amable cooperación.

—Ah, sí, yo también.

Poco después, ambos se pusieron en pie e intercambiaron algunas bromas algo forzadas. Yo quería saber qué estaba pasando, pero tanto Anne-Marie como Kalian se marcharon de la cafetería como si tuvieran mucha prisa, así que al final no pude averiguar de qué estaban hablando.

♦ ♦ ♦

En el mercado negro situado cerca de las fronteras este y oeste.

Quizá debido a que los Crawford habían hecho una limpieza a fondo en el lugar, toda la zona estaba tan silenciosa como un camposanto. Por supuesto, dada la propia naturaleza del mercado negro, la actividad solía empezar de noche y no de día, lo cual también influía; pero, aun así, todo el mundo andaba con pies de plomo aquel día.

El recinto de trata de esclavos que había sido asaltado directamente estaba especialmente desierto. Les resultó imposible evitar la ofensiva de los Crawford, ya que los habían pillado con las manos en la masa secuestrando a personas libres —niños incluidos— e incluso traficando con esclavos. Podría decirse que el comercio ilegal de esclavos echó el cierre tras aquel día. Sin embargo, en realidad, su sede central se encontraba en otra parte.

—¡Joder, si es que hemos perdido hasta al mutante que tanto nos costó conseguir, atajo de imbéciles…!

En realidad, los que cayeron en la incursión sorpresa de Kalian no eran más que meros secuaces; el núcleo principal había sobrevivido. Entre ellos estaba Norden, el responsable directo de la gestión del tráfico de esclavos, que volvía a estar de un humor de perros.

Él no estaba presente cuando Lakis asaltó su negocio, por lo que no le habían lavado el cerebro. Lo mismo ocurría con el resto de subordinados que se encontraban con él en la sede en aquel momento. Pero, como los Crawford ya se habían llevado a todos los hombres que estaban en el mercado de esclavos, no sabían nada de las cosas tan extrañas que habían sucedido allí.

—¿Qué pasa con el nuevo mutante? ¿Dónde está? ¿No habías dicho que lo encontraste la última vez?

—E-esto… por lo visto, todos nuestros grupos de búsqueda han sido liquidados… —¡Atajo de inútiles incompetentes!

Norden perdió los estribos y estuvo un buen rato dándole una paliza a su subordinado. Luego, resoplando de rabia, echó a todo el mundo de la habitación, se dejó caer en el sofá y empezó a devanarse los sesos. La situación pintaba realmente mal. Aquel encargo era un pedido directo de Carnot. Pero ya no es solo que no hubieran encontrado a un nuevo mutante, sino que encima habían dejado escapar al que ya tenían. «Joder, al paso que vamos, acabarán enterrándome a mí también, ¿no?».

—Vaya, ¿ya lo sabes?

Apenas un instante después de murmurar aquello para sus adentros, oyó de repente la voz de un hombre frente a él. Norden levantó la vista, conmocionado. Para su horror, un hombre con una máscara blanca estaba sentado frente a él.

—¡¿D… desde cuándo?!

Se llevó tal susto que el corazón casi se le sale del pecho. Ya no era solo que no hubiera oído abrirse la puerta, es que Norden ni siquiera había notado que hubiera alguien cerca. ¡¿Cómo era posible que no se hubiera dado cuenta de que había alguien en su cuarto hasta tenerlo sentado ahí mismo, delante de sus narices?! ¿Acaso el tipo ya estaba escondido antes de que yo entrara en la habitación? Aunque así fuera, aquello no me hacía sentir mejor. No cambiaba el hecho de que aquel invitado no deseado se había sentado tan campante, cruzando descaradamente la pierna sobre la mesa sin que yo notara nada. El tipo incluso sostenía la botella de vino que había estado sobre la mesa.

—¡¿Quién demonios eres tú…?! —gritó Norden mientras se levantaba de un salto.

El hombre enmascarado ladeó la cabeza. La máscara blanca del intruso se alzó ligeramente, de modo que Norden solo podía verle la boca. «¡Maldita sea, el armario está demasiado lejos!». Sintió un sudor frío recorriéndole la espalda. Estaba totalmente desprevenido e indefenso; no esperaba encontrarse con un visitante así ni en sueños.

—¿De qué organización eres? ¡¿Qué es lo que quieres?!

A pesar de que Norden montaba tanto escándalo que se oía perfectamente desde el otro lado de la puerta, el hombre no parecía inmutarse lo más mínimo. Además, aunque los de fuera deberían haber escuchado sus gritos, reinaba un silencio sepulcral. En ese momento, una extraña sensación de ansiedad se apoderó de Norden.

—No vendrá nadie, por mucho que esperes.

Como si le leyera el pensamiento, el hombre enmascarado frente a él esbozó una sonrisa inquietante.

—Ya he barrido toda la basura de ahí fuera.

Unas gotas de sangre roja resbalaron por la mano del hombre, que estaba apoyada en el reposabrazos de la silla. Norden se lanzó de cabeza hacia un lado; intentaba alcanzar el arma secreta que guardaba en su habitación para casos de emergencia.

—¿Buscas esto?

Pero, en cuanto su mano rozó el mueble, una voz fría le susurró al oído. Al mismo tiempo, se dio cuenta de que el compartimento estaba vacío.

Norden abrió los ojos de par en par y se dio la vuelta. Entonces notó que el hombre se le había acercado mucho más de lo que creía, y el objeto que sostenía en la mano le llenó la vista.

—Vaya. A esos malditos investigadores les costó un ojo de la cara conseguir una de estas en una subasta, y pensar que me la vengo a encontrar aquí… Pese a las pintas que tienes, parece que nadas en la abundancia, ¿eh?

La gema blanca en forma de huevo, que tenía un valor astronómico, se hizo añicos en sus manos y el polvo se esparció por el suelo.

—Pero me das este vino barato para beber. Se me quitan hasta las ganas.

Acto seguido, el hombre dejó caer con desprecio la botella de vino que sostenía en la otra mano.

—¡Kh-!

Al instante, la mano firme del enmascarado agarró a Norden por el cuello. Este no pudo evitar sentirse aterrado; no esperaba a un intruso de ese calibre a plena luz del día.

—Q… Qué… quieres… —apenas logró articular Norden con las cuerdas vocales oprimidas.

Entonces, una voz perezosa surgió bajo la máscara:

—Qué listo. Así me gusta; para seguir respirando, hay que soltar todo lo que uno tiene. Aunque te toque arrastrarte como un perro, es mejor estar vivo que en el otro barrio, ¿verdad?

—Sus dedos ensangrentados le dieron unos golpecitos suaves en la mejilla a Norden. Pero lo que el hombre dijo a continuación no tenía ningún sentido para él:

—Voy a echar un vistazo dentro de tu cabeza.

—Qué…

—Sinceramente, no he practicado mucho con esto desde que lo conseguí, así que estoy un poco oxidado. Hay muchas papeletas de que acabe friéndote el cerebro.

Tras aquellas extrañas palabras que resonaron en sus oídos, el rostro enmascarado volvió a ladearse ligeramente.

—En fin, no creo que importe mucho.

Los ojos, de un azul claro, brillaron con frialdad tras la máscara. Finalmente, las sombras oscuras de la mano del hombre cubrieron lentamente los ojos de Norden.

—Vas a palmar de todas formas.

♦ ♦ ♦

Tal como sospechaba, los que andan reuniendo mutantes no son más que una tapadera.

Cuando Lakis salió del mercado negro poco después, una sonrisa inquietante asomaba en la comisura de sus labios. Ya tenía sus sospechas, pero lo cierto es que sus andanzas no habían superado sus expectativas.

Milliam, el tipo que lo traicionó, tenía ahora exactamente el mismo aspecto que Lakis y estaba usando su habilidad. Pero quién iba a decir que ahora andaría buscando a otros mutantes.

Lakis no sabía qué medios había utilizado, pero estaba seguro de que aquel bastardo tenía la capacidad de replicar los poderes que ya habían sido absorbidos por las ruinas.

—Pero Lakis, si ese cabrón de verdad te robó todas tus habilidades, ¿no sería más rápido y fiable meterte en su cerebro y obligarle a obedecer aprovechando que está desprevenido?

—Probablemente lo haría, si lo hubiera robado todo.

—¿A que sí? No es que seas precisamente una presa fácil para ese tipo; podrías aprovechar la ocasión y usarla para…

—Cállate.

A juzgar por lo que Lakis había podido comprobar, el poder que aquel traidor le había arrebatado se limitaba a las habilidades que él mismo había mostrado ante los demás. Por tanto, ¿cabía la posibilidad de que el traidor solo pudiera absorber una facultad si la veía con sus propios ojos?

Lakis necesitaba confirmar esa sospecha antes de partir hacia Carnot. Si estaba en lo cierto, significaba que aquel cabrón no tenía ni idea de que él se guardaba otros ases en la manga. Además, también era crucial averiguar si el traidor poseía habilidades robadas a otros mutantes. Por ese motivo se había tomado la molestia de localizar a Odín, el informante.

En cierto modo, había sido una suerte que se ofreciera una recompensa por capturar mutantes, ya que eso hacía que la gente fuera por libre. Así, aunque el primer mutante capturado por los traficantes de esclavos hubiera delatado a Yuri tras ser torturado, eran muy pocos los que sabían de su existencia. Aun así, por si acaso, Lakis se estaba encargando de liquidar a todos los grupos de búsqueda que andaban desperdigados desde aquel día.

Y ahora, había llegado el momento de ajustar cuentas con el Cuervo. Lakis se puso en marcha hacia el lugar donde se encontraría con el traficante de información, Odín.

♦ ♦ ♦

—¡Lakis Avalon…!

En cuanto vio a Lakis, Odín, que estaba maniatado, soltó un chillido.

Seguía inmovilizado en su forma de cuervo. Al principio, había sido el propio Odín quien quiso hacerse pasar por un pájaro corriente pero, después de que Lakis le atara las patas y lo tuviera encerrado durante unos días, ahora rezumaba rencor por todos sus poros.

—¡Maldito seas! ¿Qué le has hecho a Arachne? ¡Aunque seas el rey de Carnot, no tienes derecho a…! —Cierra el pico.

Lakis miró a Odín y le dio la orden con frialdad. Un brillo enigmático cruzó sus ojos azules e instantáneamente, el pico de Odín se selló.

—Me alegra que hayas dejado de hacerte el cuervo normal, pero tanto ruido me sobra.

Se encontraban en un almacén vacío. Lakis le dio una patada a una caja de madera que había por el suelo para improvisar un asiento. Luego se sentó y se quedó mirando fijamente al cuervo, que no dejaba de forcejear, antes de quitarle las ataduras.

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