Yeho – Capítulo 8

Traducido por Sharon

Editado por Ayanami


Contuve mi grito mordiéndome el labio inferior. Pero, no pude evitar agrandar mis ojos.

¡¿Por qué Su Majestad está en el Palacio Flower Fence…?! ¡Y en mi cuarto! ¿Y por qué estoy usando su regazo como almohada?

Me sorprendí al verlo recostado contra la pared, mientras dormía.

No puede ser…

Ayer soñé con mi hermana. No hablé dormido… ¿verdad….?

Su Majestad despertó, mientras estaba confundido.

— ¿Yeho?

Me calmé al escuchar su voz somnolienta. Mis piernas seguían temblorosas, pero me puse de pie y me arrodillé de inmediato.

—Yo…groseramente…

—Ah, está bien. Deja eso.

Cuando estaba por anunciar mi falla, bloqueó mis palabras con su mano. Se bajó de mi cama y me jaló del brazo.

—Acabas de mejorarte. Vuelve a la cama.

—Su…

—Te dije que está bien. Ven a acostarte.

Intenté decir más, pero Su Majestad bloqueó mi oración tercamente y me hizo acostarme.

—Llamaré a Soa.

Dejó el cuarto. Le observé salir, sin expresión.

Me acosté en la cama y recordé que Su Majestad estaba enojado conmigo, aunque ahora es gentil. De alguna forma, me siento aliviado. Ahora luce bien. Sintiendo que la tensión abandona mi cuerpo, puse una mano en mi frente, cubrí mis ojos y suspiré profundamente.

—Su Alteza, soy yo, Soa.

Era la voz de Soa. Le dije que entrara y ella abrió la puerta.

—Le traje su medicina. Debe beberla antes de que se enfríe y antes de eso, necesita comer las gachas.

Le sonreí.

—Gracias, Soa.

Ella respondió, asintiendo con la cabeza. Terminé la medicina que me dio y la puse en la bandeja que tenía en sus manos.

Ella le pasó esa bandeja a otra sirvienta y fue a conseguir una toalla húmeda. Lavó mi rostro y cuello, en ese momento, llegó la comida. Pusieron la bandeja en mis rodillas y Soa me dio la cuchara.

—No, está bien. Yo lo haré.

Tomé el utensilio de sus manos, mientras ella fue a abrir la ventana. La luz del Sol iluminó el cuarto.

—Es brillante.

—Es porque ayer llovió con fuerza.

—…Ah, ¿llovió mientras estuve inconsciente?

—Sí, Su Alteza.

— ¿Qué hay de Su Majestad?

Pensé que se había ido a su cuarto a desayunar, pero las palabras de Soa me hicieron bajar la cuchara.

—Está con el doctor que cuidó de usted. Creo que tenía algunas preguntas. Escuché que le estaba enlistando lo que puede y lo que no puede comer. El doctor le está dando la información sobre la cantidad de comida que tendrá en el almuerzo, y la medicina que deberá tomar.

Miré a Soa, quien me miró con curiosidad.

— ¿Su Alteza?

—…Entonces…

Cerré mi boca. Sentí su mirada, pero no aparté los ojos del tazón de gachas.

No puede hacer eso. Ahora mismo hay malos rumores sobre él. Si se salta el desayuno y no atiende a su deber…toqué mi frente, por el dolor de cabeza.

Soa se acercó preocupada, pero la alejé. Aunque vaciló, dejó el cuarto en silencio.

Levanté el tazón, lo puse en la pequeña mesa al lado de la cama y me bajé. Debido al mareo, me tambaleé un poco, pero logré pararme.

Soy un simple hombre, cuyo cuerpo no puede ser el de una concubina. Aunque fuera la verdadera Princesa Sooyoung, el afecto de Su Majestad es demasiado para un Reino pequeño.

Pero Su Majestad me favorece, a mí, que soy un hombre inútil.

¿Por qué…? Me pregunté y avancé. Me paré frente a la ventana y miré el cielo soleado.

Es mucho más cálido que cuando llovió, pero sigue estando fresco. Las flores y árboles lucen más verdes gracias a la lluvia y al sol. El cielo es azul claro, es hermoso. Pero, por mi confusión, no pude percibir nada.

Me recliné contra el marco y toqué mi cabello suelto. Vi a Su Majestad dejar el Palacio pero, definitivamente, volverá en la noche.

¿Por qué se preocupa por mí…? Incluso llamó al Doctor Imperial. ¿Le preocupa que me enferme…? ¿Siente lástima por mi apariencia enfermiza? ¿O se interesó porque, a pesar de ser un hombre, vine valientemente al Palacio de la Concubina?

Me relajé, pensando que se había abierto a mí, pero me he sobreestimando. La última vez se enojó. De modo que no tengo idea acerca de cuánto tengo permitido y cuánto no…

No, soy demasiado desvergonzado, no debería pensar así. Soy el pariente lejano de la Familia Real de un Reino pequeño y ni siquiera soy una mujer. Ahora mismo, soy tratado como un fantasma, sin embargo, el Palacio Imperial es pequeño, no se sabe dónde y cuándo se extenderá el rumor. No sé por qué Su Majestad me protege, pero los extraños hablarán.

Su Majestad es…no es una persona que pueda involucrarse en rumores sucios por mi culpa. Es el Emperador de este gran país, además, es perfecto para ese puesto. No puede tener manchas en su nombre. Debe ser respetado por todos para mantener el poder.

Soy una lluvia que no debe manchar su nombre. Soy la lluvia que cae por un tiempo y desaparece cuando sale el Sol.

No…me desprecié a mí mismo. En realidad tengo miedo.

¿Qué pasará si no puedo retroceder debido a que mis sentimientos son demasiado profundos? ¿Qué pasará si me convierto en su debilidad, cómo pagaré por ese pecado…? Estoy agradecido con él por salvarme la vida.

Si esto continúa, me volveré codicioso. Ahora mismo, Su Alteza se preocupa por mí como por un amigo, pero ¿qué sucederá si me echa como la última vez…?

—…Hermana…

Inconscientemente, llamé su nombre. La extraño, probablemente, está viviendo con su amante, en alguna parte de ese pequeño Reino.

—Hermana…por favor…llévame… —lloré, mientras cubría mi rostro con mis manos.

Es doloroso, extrañamente, doloroso.

Extraño cómo vivía con mi hermana en esa casucha. Lágrimas pasaron a través de mis dedos.

— ¿Yeho?

Me giré por esa voz. Su Majestad me mira sorprendido.

—… ¿Cómo…?

¿No había vuelto a su estudio?

Me recliné contra la ventana y miré a Su Majestad. Una lágrima cayó por mi mejilla y aterrizó en mi palma. Me quedé allí de pie.

— ¿Por qué estás de pie? —Su Majestad frunció el ceño y se acercó. — ¿Por qué lloras? ¿Te sientes mal? ¿Por qué sigues de pie…? ¡¿Yeho?!

Antes de que pudiera terminar sus palabras, temblé y perdí mis fuerzas. Él se sorprendió y me agarró, envolviendo mi cintura con su brazo.

Lloré, mientras me reclinaba en su abrazo. Nunca había llorado de este modo, sólo cuando era pequeño. Ni siquiera sé por qué salen estas lágrimas.

— ¿Yeho? ¿Qué sucedió? El doctor…

—…Hermana… —dije débilmente y Su Majestad me miró.

— ¿Yeho?

—Quiero ver…

—… ¿Yeho?

—Estoy agradecido de que cuidaras de mi lamentable vida, pero…mí…hermana…

Hablé con dificultad, palabra por palabra. Le rogué, sin saber que su expresión se volvía cada vez más fría.

—Quiero ir…a mi ciudad natal, Su Majestad, vine preparado para morir, pero ¿por qué me dejaste vivir? Perdóname la vida una vez más. Déjame…

— ¿Extrañas…? —Su rostro se volvió sombrío y agresivo, como nunca había visto. — ¿A tu hermana…?

Miré los ojos como perlas negras de Su Majestad, estaban sin expresión. Realmente, lucen como el mármol, sin mostrar nada. Tuve un escalofrío, mientras veía esos ojos, intuí que algo malo sucedería.

— ¿Quieres regresar?

—Su…Majestad…

— ¿Acabas de decir que quieres dejar este país y este Palacio?

No pude decir una sola palabra, así que sólo le miré. Él, ligeramente, tocó mi mejilla escuálida.

—Plantaré un árbol de magnolias en el Palacio Flower Fence. Florecerán todos los años. Dijiste que las magnolias lucen como tu hermana, ¿verdad? Así que haré eso.

—Su Majestad…

—No puedo hacer nada más que eso, Yeho, no creo que lo sepas, pero no tengo un corazón tan grande.

—Su Majestad…por favor…

Sostuve su manga, mientras me arrodillaba.

—Por favor….no espero nada más. Estoy bien sin nada. Sólo déjame ir.

Debido a mis palabras, apretó sus dientes. Temblé, pero no le dejé ir.

—Estás asustado porque me pueda enojar. Así que nunca volveré a hacerlo.

Tomó la mano que sostenía su manga con fuerza

—Si extrañas a tu hermana, puedo buscar por todos lados y traerla. Pero no puedes salir. Ni un solo paso fuera del Palacio Flower Fence. No, ni siquiera de este cuarto. Así que, no digas tonterías, nunca más. Volverás a enfermarte.

—No…no, Su Majestad…no quiero eso.

Lloré, mientras me inclinaba.

—No me gusta este lugar, no me gusta este Palacio, no quiero estar…a tu lado.

Dejó de respirar, cerré mis ojos, mientras mis hombros temblaban.

Puedes matarme, desafié tu orden y te rechacé. Puedes matarme, sólo no me dejes a tu lado. Este Palacio es demasiado grande y aterrador para un hombre como yo…y tú eres demasiado grande y precioso.

—Tú… —Su voz insensible cayó sobre mí. —Algunas veces…me empujas hasta el límite. No hay nadie más que puede hacer eso. Tienes…un talento especial.

Intenté rogarle de nuevo, pero su brazo tomó el mío con fuerza y me alzó de un tirón.

—Ugh…

Me llevó como una muñeca de trapo y me tiró a la cama. Su delgada pero fuerte mano, se acercó y arrancó mi jeogori*.

Ayanami
El jeogori es una prenda superior básica de hanbok, que es una prenda tradicional coreana, usada tanto por hombres como por mujeres, cubre los brazos y la parte superior del cuerpo

— ¡Su Majestad! —grité sorprendido y tomé las partes rotas. Pero su mano alejó la mía de un golpe. Las cortinas de la cama bajaron y mi vista se oscureció por las sombras.

Predije lo que estaba por suceder y palidecí.

— ¡Su Majestad!

—…Yo, no quiero hablar contigo, ahora mismo.

Le miré con miedo. Una mano grande tomó mi rostro y ya no pude ver nada.

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