Guo Zurui relató la peligrosa situación en la que el doctor Bai estuvo con Zhao Lingfeng, lo que provocó que al hombre de un metro con ochenta dos de altura, se le llenaran los ojos de lágrimas y temblara, pidiendo disculpas una y otra vez con un semblante desgarrador. Esta reacción desconcertó a los soldados que miraban, algunos casi riendo tapándose la boca.
Un encuentro peligroso no era nada inusual en ese mundo postapocalíptico. Seguí leyendo “Pronto, utiliza el rostro del demonio – Arco 9: Capítulo 7 (1)”
Pero Kaitel no entendía ni una palabra de lo que yo decía. Llegué a la conclusión de que él también tenía algún tipo de trastorno de comunicación. Si no, ¿por qué sería incapaz de comprender estos balbuceos que Serira entendía perfectamente!
Entonces, Kaitel sonrió. Era una sonrisa ligeramente distinta a la de antes.
—Has mejorado. Aunque sigo sin tener idea de lo que dices. Seguí leyendo “La hija del Emperador – Capítulo 17”
Pollyanna se confundió. Se sentía surrealista. Todos, incluido el emperador, le sonreían felizmente, pero solo ella estaba sorprendida. Seguí leyendo “El emperador y la mujer caballero – Capítulo 359”