La Tierra está en línea – Capítulo 156: El reloj de la verdad

Traducido por Shisai

Editado por Shiro


Tang Mo y Fu Wenduo encabezaron el equipo con sus linternas, seguidos de cerca por los otros tres.

La fortaleza de acero de Schrödinger consistía en un pasillo uniforme del mismo material; sus paredes plateadas se fundían en una sola superficie sin grietas visibles. A ambos lados, de vez en cuando, aparecían pequeñas puertas difíciles de detectar, integradas en la pared y con manijas discretas. El grupo avanzaba lentamente para no pasar por alto ninguna.

Al llegar a la primera, Tang Mo se mantuvo a la expectativa mientras Fu Wenduo se encargaba de abrirla.

«En sexto lugar, la habitación de Schrödinger puede contener sus inventos, tanto exitosos como fallidos», recordó Tang Mo para sus adentros.

—Ten cuidado —advirtió entonces en voz alta.

Fu Wenduo asintió. A estas alturas, ninguno ocultaba que se conocían; su coordinación al atacar a la persona subterránea y al intentar capturar a Schrodinger había hecho evidente su vínculo. Tang Mo decidió hacer pública su relación con Fu Wenduo mientras mantenía oculta su conexión con Li Miaomiao. Tal como esperaba, ni Zhao Xiaofei ni Grecia se sorprendieron por su cercanía, y ninguno sospechó de la doctora.

Fu Wenduo se adelantó para abrir la primera puerta con rapidez. La habitación estaba vacía, lo que les permitió suspirar aliviados. En cuanto entraron, las huellas azules desaparecieron a partir del umbral. Al confirmar que no había ningún lugar donde alguien pudiera esconderse, salieron de inmediato y regresaron al pasillo para continuar con la búsqueda.

Tang Mo pronto descubrió que todas las habitaciones eran idénticas. Carecían de muebles o elementos decorativos; eran simples cubículos de acero plateado y sin ventanas que podían inspeccionarse por completo de un solo vistazo.

—No hay nada en ellas —comentó Zhao XiaoFei—. Hemos revisado cuatro y la fortaleza de Schrödinger tiene ciento ocho en total; dudo que las demás sean diferentes. Podemos comprobar si Schrödinger está dentro con solo mirar una vez. Si llegamos a encontrar una habitación que contenga uno de sus inventos, bastará con cerrar la puerta de inmediato para evitar problemas.

Li Miaomiao asintió.

—Entonces, ¿nuestro único objetivo es localizar las habitaciones y a Schrödinger?

Mientras decía esto, la doctora lanzó una mirada furtiva a Tang Mo y Fu Wenduo, pero ninguno de los dos reaccionó. Ante su silencio, fingió una expresión de pesadumbre y, recordando una vez más las instrucciones de Ruan Wangshu y Lian Yuzheng, añadió:

—Tenemos tres oportunidades para encontrar a Schrödinger, y esta es la primera. Debemos familiarizarnos con el terreno e intentar localizar tantas habitaciones como sea posible.

Todos estuvieron de acuerdo con su sugerencia.

Tras abandonar la cocina, los cinco se adentraron en los extraños corredores oblicuos. Al final del primero, se toparon con otro tramo inclinado muy similar. Esta vez, Tang Mo reflexionó un instante antes de elegir de nuevo una dirección diagonal. A partir de ahí, cada diez metros encontraban una o tres bifurcaciones inclinadas, cada una con entre una y tres habitaciones.

Los cinco jugadores avanzaban como si recorrieran el cuerpo de una serpiente, girando constantemente a izquierda y derecha. Cuando finalmente llegaron al extremo del corredor, se toparon con una pared. En ese punto tenían tres opciones ante ellos: ir a la izquierda, a la derecha o elegir otro pasaje inclinado.

Zhao Xiaofei contempló con extrañeza el muro frente a ella y luego los tres caminos adyacentes.

—¿No les resulta familiar esta escena? —preguntó.

La memoria de los jugadores había mejorado drásticamente después de que la Tierra se pusiese en línea. En esta fortaleza de acero, cada corredor era idéntico al anterior; salvo por la longitud o la dirección, resultaba casi imposible distinguir uno de otro. Sin embargo, todos reconocieron la escena que tenían ante sus ojos.

Li Miaomiao bajó la vista hacia el suelo y, tras confirmar que no había rastro de huellas azules, exclamó:

—¡Este lugar es idéntico a la salida de la cocina, donde entramos al primer pasillo!

Era exacto. Los tres pasillos frente a ellos, sumados al cuarto en el que se encontraban, formaban una configuración idéntica a la «refracción de luz» que vieron al salir de la cocina.

Tal como un rayo de luz al tocar el agua, el camino se dividía: un eje horizontal cruzado por dos trayectorias oblicuas. Los cuatro corredores convergían en un solo punto, creando un cruce de cuatro vías. La única diferencia era que, esta vez, las paredes de la sección recta no tenían puertas; eran simplemente cuatro pasillos desiertos.

Zhao Xiaofei abrió los ojos de par en par.

—¡Esperen! En realidad, ¡todos los pasillos por los que acabamos de pasar son similares a este! Mientras avanzábamos, no dejamos de encontrarnos con esa misma combinación de un pasillo recto y dos diagonales, y siempre elegimos el oblicuo. Si dibujáramos en un mapa la ruta que hemos seguido, sería… ¿más o menos así?

Zhao Xiaofei sacó un labial de entre sus ropas; a nadie se le habría ocurrido que alguien cargaría con algo así en una situación como esta. Con él, dibujó primero un rectángulo en el suelo y, partiendo de uno de los vértices, trazó una línea quebrada y sinuosa. Aquella línea, similar a un electrocardiograma, llenaba todo el espacio del rectángulo. En el dibujo aparecían innumerables intersecciones de «agua y refracción», recreando exactamente la ruta que habían seguido hasta entonces.

Al terminar el dibujo, Li Miaomiao también pareció comprenderlo todo. Sin embargo, no tardó en dudar:

—No, hay algo que no encaja. Esta línea no puede empezar desde el vértice del rectángulo. En cada intersección de los pasillos siempre hay dos o cuatro caminos; jamás hemos visto un cruce de tres.

Si la línea comenzaba justo en el vértice, se crearía inevitablemente un escenario de «tres pasillos» encontrándose en un solo punto, algo que no habían visto en toda la fortaleza.

Zhao Xiaofei se quedó paralizada, procesando la incongruencia. En ese momento, la voz tranquila de Tang Mo intervino:

—Dales la vuelta a esos trazos y únelos entre sí.

Zhao Xiaofei abrió mucho los ojos al comprender la idea. Con el lápiz labial, dibujó un patrón simétrico, como si fuera el reflejo de un espejo. Una vez completado el esquema, Tang Mo se agachó y borró las líneas divisorias entre ambas figuras.

Al terminar, los cinco bajaron la vista.

Ante ellos apareció un rectángulo perfecto con un patrón de rombos en el centro; parecía un diseño textil meticulosamente entrelazado. Los rombos estaban conectados entre sí y alineados en filas que cubrían toda la superficie. Tras observar el gráfico, los jugadores comprendieron de inmediato la estructura de aquella fortaleza de acero.

—Si los pasillos son realmente así, podremos identificar fácilmente en qué habitaciones hemos estado y cuáles nos faltan —exclamó Li Miaomiao con sorpresa.

Grecia sonrió.

Milady, no es tan sencillo. En primer lugar, no sabemos si este mapa es correcto. En segundo lugar, ¿sabes dónde se ubica la cocina en este esquema respecto a nuestro punto de partida?

Li Miaomiao se quedó sin palabras por un momento.

—Solo hemos recorrido un total de veintiún rombos —intervino una voz masculina y grave.

Grecia se sorprendió y giró la cabeza para mirar. Fu Wenduo mantenía las manos en los bolsillos mientras observaba con calma el dibujo en el suelo; luego, levantó la vista y miró fríamente al extranjero. Este último sonrió inocencia y asintió.

—Es cierto, fueron veintiuno. Entonces, ¿en qué punto este mapa nos encontramos ahora?

Tang Mo señaló el suelo con su pequeña sombrilla.

—Aquí o aquí —indicó, refiriéndose a la intersección de dos pasillos cortos del rectángulo.

Grecia observó a los otros dos hombres con una ligera sonrisa en las comisuras de los labios, pero guardó silencio.

—Aún no sabemos si este mapa es correcto, pero nuestra prioridad es determinar la distribución de los pasillos y las habitaciones en esta planta. Entonces… ¿hacia dónde nos dirigimos ahora? —planteó Li Miaomiao.

Tras un breve silencio, Tang Mo señaló un punto:

—Aquí.

Se refería al extremo opuesto del pasillo en forma de rombo.

La doctora lo observó por un momento antes de asentir:

—Sí, yo también creo que deberíamos atravesar estos rombos de nuevo para completar el otro lado de la figura. Eso también nos servirá para confirmar si el mapa es correcto o no.

Los cinco jugadores se adentraron nuevamente en el pasillo en dirección oblicua. Todo coincidía con lo que mostraba el mapa: avanzaban una vez más por una trayectoria quebrada. Al llegar a la intersección de los cuatro pasajes inclinados, Tang Mo iluminó con su linterna los otros dos corredores y descubrió una serie de huellas azules; efectivamente, ya habían transitado por el tramo diagonal del lado opuesto.

Cada detalle confirmaba la conjetura de Fu Wenduo y Tang Mo.

El mapa de esta planta era un rectángulo con una red de pasillos en forma de rombo perfectamente alineados en el centro. A medida que todo se desarrollaba según lo previsto, las dos jugadoras se mostraron animadas. Sin embargo, Tang Mo frunció ligeramente el ceño. Fue entonces cuando abrió una puerta solo para descubrir otra habitación vacía; su expresión se volvió aún más solemne.

Li Miaomiao también lo notó.

—Parece que ya hemos revisado casi cincuenta habitaciones, ¿y todas están vacías? La Torre Negra dijo que los inventos de Schrödinger podrían estar  dentro de ellas. Son ciento ocho habitaciones en total y todavía no hemos encontrado ni uno solo… —Hizo una pausa antes de añadir—: ¿Será que son pocos?

La Torre Negra solo había mencionado que sus creaciones podrían estar en las habitaciones, pero nunca especificó cuántas había ni garantizó que encontrarían alguno.

No era una probabilidad sujeta a certezas. Antes de abrir cada puerta, nadie sabía si habría algo en su interior; tal vez las ciento ocho estancias contenían un invento, o tal vez ninguna ocultaba nada en absoluto.

Tang Mo bajó la cabeza, presintiendo que algo no encajaba.

La personalidad de Schrödinger distaba mucho de su apariencia. Dada su naturaleza perversa, su desprecio por los humanos y su deseo de incorporarlos a su colección, era imposible que fuera tan generoso dejar las habitaciones vacías. Sin embargo, Tang Mo no exteriorizó esta inquietud, pues eran él y Fu Wenduo quienes se encargaban de abrir las puertas.

Tang Mo levantó la vista y cruzó una mirada con Fu Wenduo; acto seguido, ambos se dirigieron a la siguiente habitación.

Como era de esperar, tras abrir la puerta, el interior volvía a estar vacío.

—¿De verdad será que Schrodinger tiene tan pocos inventos? —masculló Zhao Xiaofei.

Los cinco recorrieron dos pasillos más. Al encontrar la habitación sesenta y uno, Fu Wenduo se acercó a la puerta y posó suavemente la mano sobre el picaporte. Con un chirrido, la gran puerta de acero se abrió. No parecía haber nada extraño; Fu Wenduo entró con cautela y el resto lo siguió. Sin embargo, justo cuando la última persona entraba, innumerables haces de luz negra salieron disparados frenéticamente desde un costado de la habitación.

Tang Mo reaccionó con una rapidez asombrosa, esquivando el ataque de lado para escapar de la estancia. Grecia también se ocultó con agilidad. Al ser el último en salir, Fu Wenduo fue alcanzado por la luz junto con Li Miaomiao; un siseo de quemadura brotó de los puntos donde el resplandor los había tocado.

En cuanto la luz negra rozaba la piel, se convertía en una herida oscura que corroía y carcomía la carne. Fu Wenduo, actuando con decisión, sacó una daga y cortó la carne afectada. Li Miaomiao hizo lo mismo, cortándose un trozo del muslo. Zhao Xiaofei fue quien sufrió el mayor daño: tenía cuatro heridas en el cuerpo, una de las cuales estaba en el pecho.

Al descubrir que la herida comenzaba a corroer la carne circundante, Zhao Xiaofei apretó los dientes y, con un cuchillo, se cortó en las cuatro zonas afectadas.

La puerta ya se había cerrado, pero la aterradora escena aún permanecía grabada en la mente de todos.

—Lalalalalala, lalala, lalala~

De repente, un tarareo alegre y jovial resonó en el vacío pasillo de acero. Era la voz dulce y suave de un gatito entonando una melodía sin letra. Todos se quedaron atónitos. Tang Mo se secó el sudor de la frente; luego, levantó la vista y, como si pudiera atravesar las gélidas paredes de metal, miró fríamente al pequeño gato negro que se ocultaba en algún lugar de la fortaleza.

En cuanto Zhao Xiaofei dejó de sangrar, el grupo reanudó la búsqueda en las siguientes habitaciones.

Schrödinger continuó cantando durante un buen rato, pero al ver que nadie le prestaba atención, no pudo evitar exclamar:

—¡Oigan, oigan! Ustedes, humanos malvados y desvergonzados, ¿acaso no tienen nada que decirle al distinguido señor Schrödinger?

Tang Mo y Fu Wenduo, a la cabeza del grupo, abrían cada puerta con semblante impasible; al comprobar que no había nada, daban media vuelta y se marchaban. Grecia los seguía con elegancia, apoyándose en su bastón corto. Zhao Xiaofei, en cambio, sombría. No era solo el dolor físico, sino la indignación de haber tenido que cercenarse una parte de su propio pecho. Sin embargo, contagiada por el silencio de sus cuatro compañeros, ella también se obligó a callar.

Era la primera vez que Zhao Xiaofei detestaba tanto a un animal. Deseaba con todas sus fuerzas descuartizar a Schrödinger en cuatro pedazos, tal como la carne que ella misma se había cortado. Pero, sabía que la ira y las quejas carecían de sentido; solo servirían para que el gato se sintiera más engreído.

—¡Ustedes… ustedes, humanos estúpidos y malvados!

El pequeño gato se quejaba con furia, alegando que esta generación de humanos no daba la talla en absoluto. No solo le irritaba que nadie hubiera muerto bajo su invento número 315, sino que, para su colmo, ¡ni siquiera estaban enfadados! Tang Mo se detuvo en seco de repente. Schrödinger, como si pudiera ver la escena, exclamó con entusiasmo:

—¡Eh! ¿Vas a insultar al distinguido señor Schrödinger? ¿Estás tan furioso que vas a gritarle al distinguido señor Schrödinger?

Como única respuesta, Tang Mo alzó su linterna para iluminar el camino frente a ellos.

—Aquí hay una escalera —dijo.

El grupo se acercó de inmediato.

—¿Será que la escalera conduce al otro piso? —preguntó Li MiaoMiao—. La Torre Negra dijo que la fortaleza de acero tiene dos plantas. ¿Podemos llegar a la otra a través de esta escalera?

—Seguro que es eso —coincidió Zhao Xiaofei—. Entonces, ¿bajamos ya o seguimos buscando habitaciones en este piso?

Schrödinger enmudeció por un instante, asimilando que lo habían ignorado por completo.

—¡¿Es que no tienen absolutamente nada que decirle al distinguido señor Schrödinger?! —La ira en aquella voz dulce era ya incontenible.

—Sigamos primero con este piso —propuso Tang Mo.

—De acuerdo.

Schrödinger, completamente ignorado, estaba indignado.

¡Son la peor tanda de humanos que he visto jamás!

Las quejas del pequeño gato negro cesaron de golpe. Tang Mo parecía ignorar por completo la existencia de Schrödinger, pero en realidad no dejaba de darle vueltas a un asunto: Schrödinger puede observar todo lo que ocurre y conoce nuestros movimientos con exactitud. Probablemente, ese pequeño ser se encuentra en alguna habitación, vigilando cada uno de nuestros pasos.

Tras la lección de la habitación de los rayos negros, el grupo se volvió mucho más cauteloso al entrar en cada estancia. Sin embargo, en muchas ocasiones, era imposible anticiparse al peligro. A veces, la habitación no presentaba anomalía alguna hasta que los cinco estaban dentro; otras veces, bastaba con que Fu Wenduo o Tang Mo entraran solos para que el incidente estallara. Pero había una constante: mientras permanecieran fuera, jamás ocurría nada. El peligro solo cobraba vida una vez que alguien cruzaba el umbral.

En aquella planta encontraron un total de ochenta y seis habitaciones.

Cuando llegaron al final del pasillo en forma de rombo, Tang Mo se detuvo en seco y alzó su linterna. Li Miaomiao siguió la dirección que señalaba el joven y se sorprendió.

—¿Eh? ¿Hay otra escalera aquí?

Una estructura oscura emergió frente a ellos, justo al fondo del corredor. Tras revisar la última habitación, el grupo decidió subir por aquella escalera de caracol hasta alcanzar el siguiente piso, donde quedaron paralizados al toparse con una pequeña puerta.

Tang Mo se adelantó y sujetó el pomo. En ese instante, una voz masculina soltó una carcajada.

—No puedes aprovecharte siempre de una dama.

Al oírlo, el joven se giró para mirar al hombre rubio, aquel mestizo de rasgos finos, alto y delgado. Acto seguido, este último se quitó el sombrero de copa con una leve sonrisa hacia Tang Mo y dio un paso al frente para proponer:

—Ya estamos en otro piso; permita que este caballero se encargue de una tarea tan ardua en su lugar.

El ex bibliotecario, sin embargo, no soltó el pomo de la puerta. Grecia lo miró con evidente sorpresa.

—No es necesario, señor Grecia.

Ante la negativa y la advertencia en la mirada del joven, Grecia parpadeó compungido y retrocedió apoyándose en su bastón corto. Tang Mo sujetó con fuerza su pequeña sombrilla y abrió la puerta con un chasquido. El interior volvía a estar desierto, pero no bajó la guardia. Entró solo en la estancia, dispuesto a inspeccionar lo que hubiera dentro.

En el preciso instante en que puso un pie en el umbral, un traqueteo familiar, aunque extrañamente distinto, rasgó el aire. Reaccionó de inmediato: tiró del pomo con una mano mientras retiraba el pie con rapidez, intentando cerrar la puerta a toda costa.

Sin embargo, el tiempo pareció congelarse cuando un resplandor azul cegador iluminó instantáneamente la habitación y el pasillo. Aquella luz envolvió a todos los jugadores con una velocidad absoluta, incluyendo a Fu Wenduo y a los otros tres que aguardaban fuera. Cuando Tang Mo pudo abrir de nuevo los ojos y girar la cabeza, descubrió que los cinco se encontraban ya en el interior de la estancia.

Empuñó su pequeña sombrilla, listo para atacar. Inspeccionó cada rincón de la habitación y sus ojos se abrieron de par en par al toparse con lo que tenía delante. Contempló aquel objeto con incredulidad, con la mirada temblando ligeramente.

¡Era un enorme reloj azul!

El fulgor emanaba de cada número y de las manecillas. Aquel sonido que Tang Mo había identificado no era otro que el avance del segundero. Todos los números le resultaban familiares; en una ocasión, se había parado sobre ellos para disputar una partida a vida o muerte con otro jugador.

Los demás también se fijaron en el artefacto. Zhao Xiaofei intentó darse la vuelta para huir, pero descubrió que sus pies estaban anclados al suelo. Una presión aterradora, pesada como una montaña, cayó sobre los hombros de los cinco jugadores. Las más débiles, Zhao Xiaofei y Li Miaomiao, se quedaron sin aliento, completamente abrumadas.

En el Reloj de la Verdad, el segundero continuaba su avance. De pronto, las tres agujas convergieron en un mismo punto: el número «12». El estruendo de una gran campana resonó con fuerza, repitiéndose doce veces antes de que una voz femenina, firme y potente, llenara la habitación:

—Bienvenidos al mundo del Reloj de la Verdad. Soy el gran Reloj de la Verdad que indica con precisión la hora para el gran señor Schrödinger. Según la hora de Schrödinger, es el año 3156, día 134, 0:00:00. Los intrusos de la Torre Negra Fu Wenduo, Tang Mo, Zhao Xiaofei, Li Miaomiao y Grecia Sykes han sido transportados al mundo del Reloj de la Verdad.

La voz hizo una breve pausa antes de sentenciar:

—Respeten todas las verdades. Sigan todas las verdades. Conviértanse en la verdad o derroten a la verdad. Cinco intrusos de la Torre Negra, ¿cuál es su elección?


Shisai
¿Volvieron las falacias?

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