Te equivocaste de casa, villano – Capítulo 61: Diferencia entre un melodrama y un romance angustiado (6)

Traducido por Shroedinger

Editado por Tsunai


Siren observó el rostro de Yuri para ver si se había molestado por lo que acababa de decir. A Yuri, en realidad, le traía sin cuidado, pero Siren se puso de los nervios ante su falta de expresión. Al final, la chica cerró los ojos con fuerza y le arrebató el bote de las manos a Yuri.

—¡Que no lo necesito, ¿vale?! ¡Pero como te pones tan pesada con que me lo quede, haré una excepción y lo aceptaré por esta vez!

Como de costumbre, Siren era incapaz de ser sincera consigo misma.

—Aparte de eso, Odín no ha aparecido, ¿verdad? —preguntó Yuri.

Aquella pregunta le recordó a Siren lo que se le había pasado por alto.

—¡Es verdad! ¡Lo estaba buscando porque tengo algo que preguntarle! ¿Cuándo viene el Cuervo?

—No he podido contactar con él, así que no lo sé —respondió Yuri.

Al oír su respuesta, Siren abrió mucho los ojos. Que Odín no se hubiera puesto en contacto con Arachne… no era algo que pudiera tomarse a la ligera. Siren le preguntó a Yuri con cautela:

—¿Quieres que envíe a un pájaro a buscarlo?

Ante aquello, Yuri la miró con otros ojos.

—Cierto. Tú también tienes esa habilidad.

—¡¿Me estás ninguneando ahora mismo?!

—No. Hazme el favor, por favor.

El mal genio de Siren estalló, pero se ablandó al instante ante las palabras de Yuri. La idea de que Arachne le pidiera un favor hizo que se le escapara una sonrisilla de pura emoción.

—¡Ejem, mmm! Bueno, si me lo pides así, no me queda otra. Tendré que ponerme las pilas y esforzarme un poco.

Por dentro estaba eufórica.

¡Ahora ya no tendré que tener miedo de fisgar en casa de Arachne!

Por desgracia, su alegría fue efímera, ya que las siguientes palabras de Yuri se la chafaron por completo.

—Eso no significa que tengas permiso para mirar dentro de mi casa. —¡Que no lo haré! ¿Te crees que me interesas tanto?

A Siren le remordió la conciencia una vez más. Con las expectativas por los suelos, se puso de mal humor y empezó a juguetear con sus alas. Tal como estaban las cosas, tendría que descartar la idea de preguntarle a Yuri por aquel Lakis Avalon que había visto en su casa.

♦ ♦ ♦

Al día siguiente.

Un carruaje espectacular se detuvo frente a la cafetería Blue Ferret. Los transeúntes se quedaron boquiabiertos ante aquel vehículo de lujo, ornamentado con joyas y filigranas de oro que relucían bajo el sol.

Poco después, bajó un hombre de porte distinguido y elegantemente vestido. Echó un vistazo a su alrededor y frunció el ceño con gesto de desagrado.

Es un barrio de mala muerte.

Finalmente, los ojos oscuros del hombre se posaron en el edificio de la cafetería que tenía delante.

—Conque este es el punto de encuentro de Kalian Crawford y Genos Sheldon…

La razón por la que Damon había dejado la Torre de los Alquimistas para dejarse caer por un barrio de plebeyos era el informe que había recibido recientemente.

Dicho informe detallaba que, últimamente, Kalian Crawford frecuentaba aquel lugar de forma inusitada. Por supuesto, el informador aclaraba que Kalian no parecía conocer al hombre que guardaba tanto parecido con Genos Sheldon. También añadían que, en su opinión, cabía la posibilidad de que Kalian estuviera llevando a cabo una investigación secreta.

Era un razonamiento bastante sólido.

Sin embargo, el instinto de Damon le decía que en aquella cafetería se cocía algo importante. Para averiguar de qué se trataba, Damon entró en el edificio.

♦ ♦ ♦

Era la primera vez en su vida que ponía un pie en un local para plebeyos y, como cabía esperar, el aire estaba cargado de un olor a té barato.

Gilbert lo había estado observando desde que el carruaje de Damon se detuviera frente al local, así que corrió de inmediato a recibir al cliente.

—¿Q… qué deseaba tomar, señor? —Lo que sea, pero trae lo menos cutre que tengas.

Aquel pedido resultaba mucho más complicado que los del gran noble Kalian Crawford. Gilbert esbozó una sonrisa forzada y respondió:

—¿Se refiere a… lo más caro de la carta?

Damon miró al dueño con cierto fastidio. Gilbert se encogió bajo su escrutinio.

—Tráelo. Ya veré qué tal está —sentenció Damon, chasqueando la lengua.

Para él, todo lo que servían allí era la misma porquería. Acto seguido, examinó el interior del local. Como era de prever, por dentro era tan pobre como por fuera.

Pensó que Kalian Crawford y Genos Sheldon tenían un gusto pésimo al elegir un sitio como aquel de entre todos los lugares posibles. Había locales mucho más elegantes para mantener una reunión secreta. En cualquier caso, había venido movido por la sospecha, pero aquello resultaba decepcionante.

El establecimiento no parecía tener nada de especial. No era más que un sitio vulgar y de apariencia mediocre.

No habrá bichos por aquí…, ¿verdad?

La mirada de Damon recorrió cada rincón. Al poco rato se sintió incómodo y frunció el ceño. Aunque la higiene no parecía del todo mala, el edificio estaba tan destartalado en comparación con la mansión en la que él vivía que no podía evitar sentirse inquieto.

Ahora que lo veía con sus propios ojos, aquello no tenía ni pies ni cabeza. ¿Por qué demonios iba Kalian Crawford a frecuentar un sitio así?

—Aquí tiene lo que ha pedido.

En ese instante, una empleada se acercó a la mesa con una bandeja. Damon giró la cabeza con la intención de interrogarla para que llamara al dueño y así preguntarle por Kalian Crawford.

—Oye, llama al dueño de este antro ahora mis…

Pero, de repente, aquella mujer de pelo oscuro y ojos rojos apareció ante él. Damon abrió los ojos como platos.

♦ ♦ ♦

Ese es Damon Salvatore, ¿verdad?

Nada más verle bajar del carruaje frente al local, Yuri le reconoció.

¿Qué se le habrá perdido a este por el barrio?

Estaba desconcertada, aunque pensó que igual andaba por allí por cualquier otro motivo. Al fin y al cabo, Snow —que ella daba por hecho que era Genos Sheldon— llevaba tiempo siendo un habitual del local y, últimamente, Kalian Crawford también se pasaba a menudo. Así que la sorpresa de ver aparecer a los protagonistas masculinos de la novela ya no era para tanto.

Hablando de eso… Anne-Marie y Kalian Crawford.

Al principio hacían como si no les interesara el otro lo más mínimo, pero últimamente se veían a solas y parecían traerse algo secreto entre manos.

¿Estarán tramando algo?

Sin embargo, Kalian Crawford… no era trigo limpio. Anne-Marie era un tesoro. ¿De verdad era buena idea que se vieran?

Mientras Yuri fruncía el ceño, absorta en sus pensamientos, Damon Salvatore entró en la cafetería. Oyó cómo Gilbert contenía el aliento, impresionado.

 

 

Por el descaro con el que había aparcado el carruaje justo delante de la cafetería, Damon rezumaba nobleza por los cuatro costados. Gilbert, por su parte, se sentía bastante violento mientras miraba hacia la puerta del local.

A diferencia de Yuri, Gilbert no parecía haberse acostumbrado todavía a tratar con la aristocracia, a pesar de las frecuentes visitas de Kalian Crawford.

Damon oteó el local frunciendo el ceño y, tras encontrar un sitio libre, se sentó. Al verlo, Gilbert acudió corriendo a su mesa.

—¿Q… qué deseaba tomar, señor? —Lo que sea, pero trae lo menos cutre que tengas.

Al oír las palabras de Damon, a Yuri casi le da la risa. «Aparte de que está ahí sentado con las piernas cruzadas, dándose aires de grandeza… ¿no parece el típico niño de papá forrado de un culebrón, de esos que van soltando billetes por ahí?».

Ahora que lo pensaba, Damon Salvatore también había nacido en cuna de oro, igual que Kalian Crawford.

—Señorita Yuri, el pedido… —Lo más caro de la carta, lo sé.

Poco después, Gilbert entró en la cocina secándose el sudor frío de la frente. Como Yuri había podido escuchar la conversación desde la distancia, ya estaba preparando la consumición para Damon Salvatore. Al igual que Kalian, Damon no encajaba ni con calzador en aquel lugar, así que no tenía ni idea de a qué estaban jugando dejándose caer por allí.

—Ya se lo llevo yo.

—¿Seguro que estará bien, señorita Yuri? Ese cliente no parece tener muy buen café… —comentó Gilbert, preocupado por su carácter. —Bueno, es que a usted le imponen demasiado los nobles, señor Gilbert.

Yuri miró a Gilbert, que estaba tan empapado en sudor como si le hubiera caído un chaparrón encima, y recogió la bandeja. Al fin y al cabo, solo iba a entregarle la bebida que había pedido.

Además, aunque era cierto que Damon tenía un carácter de mil demonios, no era del tipo que se metía con gente inocente sin ton ni son.

—Aquí tiene la bebida que ha pedido.

Yuri se acercó a la mesa donde Damon estaba sentado sin darle muchas vueltas.

—Oye, llama al dueño de este local ahora mis…

Damon, que estaba oteando la cafetería, preguntó por Gilbert de sopetón. Pero en cuanto se giró y sus miradas se cruzaron, sus ojos negros se dilataron como platos.

Se levantó de un salto y se golpeó la rodilla contra la mesa. El mueble se tambaleó y el té de la taza estuvo a punto de derramarse por la vibración.

—¿Se encuentra bien? —preguntó Yuri con cortesía, observando a un Damon que parecía haber visto a un fantasma. —¿Quiere que llame al señor Gilbert? Es el dueño del local.

—No… —balbuceó Damon, sin apartar la vista de ella.

Estaba visiblemente conmocionado por algo. «¿A qué viene esto?».

Como blanco de una mirada tan pesada, Yuri frunció ligeramente el ceño. Solo entonces Damon pareció reaccionar; recuperó la compostura y volvió a sentarse.

—¿Qué ha pasado? —le susurró Gilbert acercándose a toda prisa. —Ni idea —respondió ella.

A partir de ahí, el extraño comportamiento de Damon continuó. Se quedó sentado en absoluto silencio, siguiendo a Yuri con la mirada mientras ella se movía por la cafetería. Su escrutinio era tan intenso que casi podía haberle hecho un agujero en la nuca.

Finalmente, Damon se puso en pie arrastrando la silla tras de él.

—Eh, tú.

Se dio la vuelta y empezó a caminar hacia Yuri, que en ese momento estaba limpiando los cristales.

Gilbert pensó que Damon pretendía hacerle algo malo a Yuri y, a pesar de estar empapado en un sudor frío, intentó interponerse rápidamente.

—¡C… caballero! ¿Qué… qué problema tiene con nuestra empleada…?

Damon le agarró a Yuri la mano con la que sostenía el trapo y, tras pronunciar las siguientes palabras, la atmósfera de la cafetería se quedó gélida al instante.

—Tú. Sé mi mujer.

Yuri observó a Damon con expresión seria mientras pensaba para sus adentros:

Este segundo protagonista se ha vuelto loco de remate.

 

24

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Contenido protegido