Katarina – Volumen 12 – Capítulo 5: Rescatar a Fray (1)

Traducido por Shisai

Editado por Lugiia


Me desperté a la mañana siguiente con la cabeza despejada, sin rastro de la pereza del día anterior. Después de arreglarme para el día como de costumbre, con ayuda de Anne, Keith y yo subimos a nuestro carruaje y nos dirigimos al Ministerio de Magia.

Al entrar en la sala que nos habían prestado desde ayer, me encontré con que Lahna, Sora y María ya estaban allí.

—Buenos días.

Cuando todos me devolvieron el saludo, Lahna tomó la palabra:

—El príncipe Alan, la señorita Mary y la señorita Sophia van a llegar un poco tarde. Por otro lado, Ginger Tucker nos espera en la Academia. Es bien sabido que ella y Fray son íntimas amigas, así que lo mejor es que evite hacer algo sospechoso, no sea que alertemos a la gente del marqués Randall.

Me sorprendió que Lahna hubiera pensado las cosas tan detenidamente antes de actuar. Una vez más, me sentí agradecida de contar con alguien tan capaz en mi equipo.

—Sora, señorita Katarina, me gustaría escuchar sus informes —dijo Lahna.

—Llevé a cabo una investigación en el dormitorio utilizado por Fray Randall, pero no había señales de que alguien vigilara el lugar —informó primero Sora—. Sin embargo, me enteré de que los hombres del marqués Randall vinieron a recoger las pertenencias de Fray poco después de que la llamaran para que regresara a la mansión. Existe la posibilidad de que no quede nada que podamos usar para rastrearla.

¡¿Qué?! ¿Ya han recogido sus cosas?

—¡De ninguna manera! —grité desesperada.

Por el contrario, Keith lo aceptó con expresión tranquila y dijo:

—Pensé que algo así podría suceder. No puedo imaginar al marqués dejando deliberadamente algo comprometedor en la habitación, y llevárselo todo es una solución más rápida que enviar hombres a vigilarlo.

—P-Pero eso significa que ya no tiene sentido ir al dormitorio de Fray.

Al fin y al cabo, si no quedaba ninguna pertenencia de Fray, no podríamos usar el oso y nos costaría mucho localizarla.

—No, es probable que el marqués Randall no se haya llevado todas sus pertenencias. Si sus hombres se hubieran llevado todo lo que Fray necesitaba para su día a día, habría sumado bastante. Además, como ella sigue matriculada en la Academia, al marqués le resultaría difícil hacer algo que diera a entender que no tiene intención de permitirle volver. Al fin y al cabo, es un decreto absoluto de nuestro reino que cualquier persona con poderes mágicos debe asistir allí —señaló Lahna.

—¿Así que podría quedar algo? —pregunté.

—Es muy probable que los hombres del marqués Randall hayan dejado atrás cosas que no creyeran necesarias llevarse —respondió Lahna. Debía saber mucho más que yo sobre la familia Randall; por lo tanto, lo que ella tuviera que decir sobre el asunto probablemente sería correcto—. Aun así, aunque no sabemos si hay algo que nos pueda servir allí, merece la pena echarle un vistazo.

Cuando terminó de decir eso, se puso rápidamente en pie y añadió:

—Como ya he terminado mi explicación y la señorita Katarina y el maestro Keith han llegado, iré con María, Alexander y Ginger, quien ya está esperando en el lugar, para ver si podemos acceder al dormitorio de Fray.

Alexander, el oso de peluche, salió de la bolsa de María en ese momento. Con la participación de Lahna, las cosas avanzaron rápidamente.

—Señorita Katarina, espere aquí a los demás miembros de nuestro grupo. Deberían aparecer cuando hayan recopilado más información sobre la familia Randall.

Vaya, por eso los demás llegan tarde. Han estado recopilando información para nosotros. Muchas gracias a todos…

—Tus amigos son todos muy capaces; realmente podemos contar con ellos —añadió Lahna, dando voz a mis pensamientos.

—Sí, señora. —Asentí con firmeza.

Entonces, Lahna agarró a María y salió galantemente de la habitación. Poco después de que se marcharan, llegaron Mary y Alan, con información adicional sobre el marqués Randall. También me informaron más sobre la situación actual de Jared.

—Jared sigue trabajando bajo la estricta vigilancia de los sirvientes enviados por el marqués Randall, pero se las ha arreglado para cumplir sus deberes con naturalidad, sin levantar sospechas. Justo lo que esperaba de él —informó Alan, aunque me pregunté si Jared no se estaría sobrecargando, a pesar de haber acumulado mucho estrés.

Incluso cuando estaba agotado por esforzarse demasiado, se las arreglaba para que pareciera que no pasaba nada. Era bueno para ocultarlo.

Como la gente lo llamaba el príncipe perfecto, Jared debía sentirse incapaz de mostrar signos de debilidad ni de pedir ayuda a los demás. En circunstancias normales, lo iría a visitar y le diría que se tomara un descanso, aunque fuera breve, pero dada la situación actual, no podía hacerlo.

—Príncipe Alan, la próxima vez que vea al príncipe Jared, ¿podría decirle que se asegure de descansar un poco?

—Estoy seguro de que ya lo está haciendo. Estamos hablando de Jared.

Aunque Alan ya no tenía complejo de inferioridad frente a Jared, como cuando eran pequeños, seguía pensando en él como su «perfecto» hermano mayor. Por ello, respondió a mi petición con una mirada de desconcierto.

—Aun así, comuníqueselo, por favor —reiteré para dejar claro el punto.

—De acuerdo —dijo Alan con un gesto de cabeza. En cualquier caso, iba a conceder mi petición.

La información adicional que Mary había aportado se refería, sobre todo, a las concubinas y amantes del marqués Randall. Al parecer, en la alta sociedad, ese tipo de información era la más fácil de reunir.

Alan, por su parte, se había centrado principalmente en el papel político del marqués, quien ejercía una gran influencia. Mientras Alan me mostraba la información que había recopilado, oímos otra voz familiar.

—¿Podemos entrar?

—Adelante, Sophia —grité.

Cuando ella entró en la habitación, vi que la acompañaba Nicol, quien no había asistido el día anterior.

—Lamento no haber podido estar aquí ayer; el trabajo se interpuso. Para compensarlo, he intentado traer mucha información —empezó Nicol, antes de entregarme un montón de notas.

—Vaya, ¡¿tanto?! —No pude evitar exclamar, sorprendida, al ver el montón de papeles atiborrados de la letra de Nicol.

—Mi hermano se esmeró por primera vez en mucho tiempo —se jactó Sophia con una sonrisa animada, pero Nicol se limitó a asentir, inexpresivo como siempre.

Siempre supe que era capaz, pero después de ver cuánta información había reunido en un día sin dejar de hacer su trabajo, me di cuenta de lo increíble que era cuando se ponía serio. Si alguna vez me llegara a enemistar con Nicol, estaría segura de que tendría un final malo. En cambio, me alegraba tenerlo como aliado.

Tragué saliva por reflejo al considerar esa posibilidad. Mientras lo hacía, Nicol sacó una hoja de su pila de papeles. Había algo parecido a un plano trazado allí.

Me pregunto qué será.

—Son los planos de la mansión del marqués Randall —explicó Nicol con suavidad. Todos los demás, incluso yo, quedamos paralizados de asombro.

—Un momento, joven Nicol. ¿Qué hacen aquí los planos de la mansión del marqués Randall? ¿Son reales? —preguntó Keith, quien fue el primero en recuperarse de la impresión.

—No puedo decirle de dónde los saqué, pero, en efecto, son reales. Sin embargo, son de cuando se construyó la mansión por primera vez, así que si ha habido alguna adición o renovación desde entonces, puede que ya no sean del todo exactos —respondió Nicol con indiferencia.

—¿Es tan fácil conseguir información confidencial, como los planos de una mansión familiar? ¿Qué está pasando en este reino? —Alan acunó la cabeza entre las manos.

—No fue fácil. Incluso para mí, obtener esta información fue toda una odisea. Además, realmente no hay nadie en el reino que pueda hacer tal cosa aparte de mi padre, así que no hay necesidad de preocuparse —dijo Nicol, indiferente una vez más. No parecía estar alardeando, simplemente afirmando un hecho, pero esto solo le hacía parecer aún más notable—. Por cierto, aunque creo que ya lo saben, no deben decir nada de estos planos a nadie que no pertenezca a nuestro grupo. Existe la posibilidad de que nos descubran.

Tras esta última advertencia de Nicol, nadie volvió a desafiarlo.

El olor a peligro flotaba en la habitación. Aunque su hermana pequeña, Sophia, exclamó:

—Mi hermano mayor es tan genial.

Me dieron ganas de decirle: Sophia, «genial» no resume del todo las hazañas de tu hermano.

Sin embargo, dejé todo eso a un lado para centrarme en nuestra tarea actual: rescatar a Fray. Sinceramente, me sentía muy agradecida por contar con esos planos.

—Disculpe, joven Nicol, pero ¿la mansión del marqués Randall tiene un sótano?

—¿Un sótano?

—Sí. Tengo la sensación de que, si la mansión tuviera uno, sería útil para esconder gente.

Si esto era realmente como el mundo del juego, entonces el marqués Randall debía tener uno. Nicol bajó la mirada para estudiar los planos. Yo también los miré, pero no pude entenderlos en absoluto.

—Mira, acá indica que debajo se excavó una zona. A menos que se hayan construido otros sótanos más tarde, no hay ningún otro lugar donde pueda estar —dijo Nicol, señalando justo en el centro de la mansión. Precisamente en el centro. Si Fray estuviera realmente retenida allí, sería muy difícil sacarla.

—Definitivamente tiene razón al decir que si está bajo tierra, sería difícil que alguien se diera cuenta de que está allí. Pero el hecho de que el sótano esté en el centro de la mansión lo vuelve complicado —observó Keith. Todos los demás estuvieron de acuerdo con él.

En primer lugar, la seguridad en torno a la mansión del marqués Randall tenía fama de ser muy estricta. Empecé a desanimarme.

Entonces oí que alguien anunciaba enérgicamente:

—Hemos vuelto.

Lahna había vuelto, con María a cuestas.

—¿Cómo fue? ¿Han encontrado algo? —pregunté, levantándome sin pensarlo. Lahna sonrió. ¿Significa eso que…?

—Sí, hemos encontrado algo precioso para Fray —confirmó Lahna.

—Sí, aquí está —dijo María con alegría. Luego sacó algo de su bolso.

—¿Un pañuelo?

Lo que habían traído era simplemente un pañuelo blanco, sin rasgos distintivos.

—Sí. Según Ginger, se lo regaló la señorita Lahna y lo ha atesorado desde entonces. Nuestro osito lo confirmó, así que no hay duda —declaró María.

Nada más decir esto, la cabeza del oso se asomó por detrás de su hombro. Tenía una mirada triunfante, como diciendo: «Soy demasiado bueno». Aunque la cara del oso me molestaba, seguía más que agradecida de que hubieran encontrado algo de Fray.

—Así que, una vez, le diste algo a Fray. ¿Es cierto, señorita Lahna? —le pregunté.

—En el pasado, cuando la conocí en el Ministerio de Magia, su ropa estaba sucia y le di un pañuelo para que se limpiara. Nunca habría pensado que lo conservaría tanto tiempo, y mucho menos que lo atesoraría tanto —respondió Lahna, con una expresión complicada en el rostro.

Fray admiraba a Lahna sin conocer su otra identidad. Debía sentirse realmente en conflicto durante esas interacciones.

—Parece que hay un pequeño trozo de bordado en el borde del pañuelo de Lahna. Sin embargo, parece que los hombres del marqués Randall no se percataron de ello y asumieron que originalmente era el pañuelo de Fray, y lo dejaron donde lo encontraron. Al fin y al cabo, la mayoría de los demás objetos cotidianos, como las toallas y los vestidos de Fray, también fueron abandonados —explicó María.

Parecía que habían dejado atrás casi todo aquello que no le molestara al marqués. En realidad, probablemente ni siquiera habían considerado que Fray pudiera tener voluntad propia. En ese caso, ni siquiera habrían imaginado que poseía algo valioso para ella.

—Por cierto, solo me he dado cuenta de esto después de que me enseñaras este pañuelo, pero…

Si el pañuelo que recibió de Lahna era realmente tan importante para ella, Fray debía admirarla seriamente. Aun así, aunque Lahna y yo le parecemos maravillosas a primera vista, si realmente viniera a trabajar aquí, vería que Lahna es extraña en todos los sentidos. Aunque es una jefa de fiar.

—¿No lo es? —terminó María, buscando mi acuerdo.

—Ah, sí, tienes razón —le respondí por reflejo, pero en realidad no había escuchado lo que precedía a la pregunta. Cuando la miré, sonrió, así que le devolví la sonrisa.

—¿Así que la herramienta mágica ya ha reaccionado ante ese pañuelo? —preguntó Keith a Lahna, cambiando de tema.

—Sí, nos ha indicado la ubicación de Fray. —En cuanto Lahna dijo esto, el oso se puso en marcha, señalando en una dirección concreta—. A juzgar por esta dirección, no parece haber duda de que señala la mansión Randall. Después de esta reunión, me gustaría acercarlo a la mansión para confirmarlo.

Sí, empieza a parecer muy probable que Fray esté retenida en la mansión del marqués Randall. Es bueno que algo preciado para Fray haya quedado para que lo encontremos.

Les enseñé a Lahna y a María los planos de la mansión de la que no podíamos hablar con nadie más. Lahna parecía sorprendida, igual que el resto de nosotros hace un rato, pero enseguida se recompuso y elogió a Nicol por sus hallazgos.

—Si Fray está realmente retenida en este sótano, rescatarla va a ser aún más difícil de lo que pensaba. —Lahna se tapó la boca con una mano y pareció reflexionar sobre nuestra situación. Claro que hasta ella estaría preocupada. Sacar a Fray de una de las habitaciones del perímetro de la mansión habría sido muy difícil, pero infiltrarse en un sótano de su interior sería mucho más complicado—. Sí… Esto requiere algunas de mis herramientas experimentales —decidió, tras quedarse pensativa durante un rato.

—¿Herramientas experimentales? —repetí.

—Sí, creo que tengo las herramientas adecuadas para esta misión. En cuanto Alexander confirme que Fray está realmente en la mansión Randall, veré si podemos hacer uso de ellas —respondió Lahna. Por cierto, Alexander era el nombre que Lahna le había puesto al oso. Aunque ni siquiera María, a quien quizá podríamos llamar su dueña, lo llamaba así.

Así que íbamos a tratar con más herramientas mágicas de Lahna. Me preguntaba si nos iría bien. Cuando eran útiles, realmente lo eran, pero las inútiles lo eran particularmente. Me sentí un poco inquieta ante la perspectiva.

Sin embargo, dadas las circunstancias, es comprensible que tengamos que agarrarnos a un clavo ardiendo. Agradecería cualquier herramienta que Lahna pudiera prestarnos.

—Entonces, iré con Alexander a confirmarlo.

Una vez aceptada la información que habíamos recabado y acompañada de nuevo por María, Lahna salió galantemente de la habitación. Realmente era una mujer proactiva.

Contar con su colaboración fue de gran ayuda.

Los que quedamos en la sala volvimos a repasar la información que teníamos sobre la familia Randall y discutimos cómo pensábamos rescatar a Fray.

—El marqués Randall sabe muy bien que tiene muchos enemigos, así que la seguridad en torno a su mansión es especialmente estricta —comentó Nicol.

—En primer lugar, tenemos que averiguar cómo entrar —reflexionó Alan, frunciendo el ceño.

—Incluso si conseguimos sacar a Fray de allí, nos enfrentamos al problema de qué hacer después. —Esta afirmación de Keith me hizo ladear la cabeza, confundida.

—¿Qué quieres decir con «qué hacer después»? Solo tenemos que asegurarnos de que no la lleven allí de nuevo, ¿no?

—Hermana mayor, las cosas no serán tan sencillas. El marqués Randall seguramente iniciará una búsqueda desesperada de la hija que intentó presentar como posible prometida de un príncipe, y si se entera de que está con nosotros, es muy probable que nos acuse de haberla secuestrado. Probablemente dirá que estabas celosa de ella, hermana mayor.

Tengo la horrible sensación de que Keith tiene razón.

—El marqués Randall es un experto en utilizar a la gente de su facción para difundir rumores. Sin duda es posible que los utilice de esa manera —convino Mary.

—Es un hombre despiadado. No creo que se escabulle si las cosas no salen como él quiere —dijo Alan, frunciendo el ceño.

Qué enemigo tan problemático tenemos enfrente.

—Puede que el duque Claes ocupe una posición más elevada en la sociedad, pero la fuerza de la facción del marqués Randall que apoya a Su Alteza, el príncipe Jeffrey, también es grande. Y muchos de ellos son expertos en negocios secretos. Incluso el duque Claes tendría dificultades para oponerse al marqués —señaló Nicol. En ese momento me sentí bastante descorazonada.

De hecho, por un momento pensé que, dada mi alta posición social, estaría bien pasara lo que pasara. Pero la verdad era que estábamos tratando con alguien a la cabeza de una facción grande y poderosa. Para ser más precisos, era la facción de Jeffrey. No podía permitirme causarle problemas a mi padre como resultado de mis propias acciones.

—El único que podría frenar al marqués Randall es la casa del duque Berg, cuya facción tiene un tamaño comparable —continuó Nicol. Al oír esto, levanté la cabeza.

—Por la casa del duque Berg, ¿te refieres a la familia de Selena, verdad?

—Sí, el duque Berg está emparentado con la reina y, como tutor del príncipe Ian, está en el centro de la facción que lo apoya. Por lo tanto, es totalmente opuesto al marqués Randall. Pero aunque el marqués ha difundido todo tipo de rumores sobre el duque Berg, este es tan poderoso que apenas necesita prestarle atención. Puede ser la única persona ante la que el marqués Randall no puede hacer nada.

¿En serio? No tenía ni idea de que el padre de Selena fuera tan increíble. La propia Selena es bastante tranquila, así que no pensé que su padre fuera tan formidable. Hmm, ¿eso significa…?

—Entonces, si le contamos al duque Berg sobre Fray, ¿podría hacer algo para ayudarnos? —pregunté a Nicol, lo que provocó que levantara una ceja.

—Ciertamente podría, pero ¿qué razón habría para que los Berg asumieran la custodia de una hija de los Randall?

—Puede que tengas razón, pero aun así intentaré preguntar, como amiga.

—¿Amiga? —Nicol sonaba desconcertado.

—Sí, le preguntaré a mi amiga Selena.

Cuando asistía a la Academia de Magia, me vi ligeramente involucrada en una conspiración que implicaba a la facción de Jeffrey. Me secuestraron y me retuvieron en una casa aparte de la residencia principal del duque Berg. En aquella época me hice bastante amiga de la prometida de Ian, Selena, y desde entonces hemos mantenido el contacto.

Selena siempre decía que le gustaría saldar la deuda que sentía conmigo desde el momento en que me secuestraron, e incluso había oído que el duque Berg había dicho lo mismo. Aunque yo nunca había conocido al duque.

Por eso, aunque me sentía culpable de hacerlo, pensé en pedirle este favor a Selena como pago de esa deuda.

Cuando se lo conté a Nicol, Mary murmuró:

—Sabía que habías mantenido el contacto con la señorita Selena desde aquel incidente, pero no tenía ni idea de que se sintiera tan en deuda… Parece que no reuní suficiente información. Qué descuido por mi parte. —Sus hombros se hundieron.

Con una mirada de exasperación, Alan añadió:

—Así que así es como Selena veía las cosas… Supongo que no debería sorprenderme; nunca pierde la oportunidad de sacar provecho de su desgracia.

—Exactamente lo que yo esperaría de la señorita Katarina —remachó Sophia, mirándome con los ojos brillantes.

Sora se encogió ligeramente de hombros, pero ¿qué podía deducir yo de eso?

Por cierto, Keith ya sabía todo esto, así que sin mostrar ningún signo de sorpresa, entonó, con una mirada lejana en los ojos:

—Típico de mi hermana mayor.

—Sin embargo, en esas circunstancias, quizá consigamos que el duque Berg se haga cargo de la custodia de Fray. Eres realmente increíble, Katarina —terminó Nicol con una sonrisa amable.

Uwa… Era la primera vez que veía la sonrisa diabólica de Nicol en bastante tiempo, así que me mareó por un momento. Encima, me había elogiado, así que no pude evitar sonrojarme un poco.

—B-Bueno, intentaré ponerme en contacto con Selena enseguida.

—Sí, por favor, hazlo.

Resumí mi petición a Selena en una carta y la envié. Volvimos a nuestra discusión sobre la forma más adecuada de rescatar a Fray y sobre qué hacer con los guardias que encontráramos por el camino.

—Hemos vuelto —sonó una voz clara. Lahna volvió a entrar en la habitación, de nuevo con María a cuestas—. Ahora que Alexander nos lo ha confirmado, no me cabe ninguna duda: Fray está retenida en la mansión Randall.

Ahora que estaba segura, Lahna sonaba casi alegre al anunciarlo.

—Ya me lo imaginaba —respondí. Tal y como predije. Si íbamos a rescatar a Fray, lo más importante era determinar su ubicación.

—Aun así, ha sido muy rápido. ¿Está la mansión Randall cerca del Ministerio? —le pregunté a Lahna, ya que realmente se las había arreglado para ir allí y volver sorprendentemente rápido.

—Acudí a un conductor conocido por su rapidez y le dije que teníamos prisa —reveló Lahna. Detrás de ella, pude ver que la cara de María estaba un poco verde, así que realmente debían de haber viajado a bastante velocidad. Buen trabajo, María.

—Aunque me alegro de que hayamos confirmado la ubicación de Fray, la seguridad en torno a la mansión del marqués Randall es formidable, ¿verdad? ¿Cómo se supone que vamos a llegar a Fray y escoltarla fuera de allí? —preguntó Nicol a Lahna.

—Si hacemos un uso adecuado de mis herramientas mágicas experimentales, no creo que tengamos problemas para hacerlo.

Con la cabeza alta, Lahna rebosaba confianza.

—Por herramientas mágicas, ¿se refiere a las mencionadas anteriormente? —preguntó Nicol.

—Sí. Aunque todavía son solo prototipos, vengan todos a echar un vistazo —invitó Lahna, antes de conducirnos a todos a la sala donde se guardaban esas herramientas mágicas. Me daba un poco de miedo ir a la sala de almacenamiento llena de herramientas mágicas que aún no se habían probado, pero para  mi sorpresa, nos llevaron a otra sala.

Al entrar, vi hileras de herramientas desconocidas. ¿De verdad vamos a estar bien? De la colección de herramientas que parecían chatarra, Lahna agarró un solo objeto. Parecía una polvera de maquillaje.

—Si agarras esto y haces esto… —empezó Lahna. Cuando abrió la polvera y la accionó de algún modo, un destello deslumbrante de luz envolvió su cuerpo. Era tan brillante que, por reflejo, cerré los ojos. Cuando volví a abrirlos…

—¿Eh? ¿Señorita Lahna?

Lahna, quien estaba justo delante de mí, había desaparecido de repente. Eh, ¿qué pasa? ¿No me digas que se ha teletransportado? ¡¿Ya se ha desarrollado una herramienta superpoderosa como esa?!

—Estoy aquí mismo.

Sin embargo, pude oír la respuesta de Lahna desde el mismo lugar donde había estado un momento antes.

—¿Eh? ¿Sigue ahí? —Al parecer, no acababa de teletransportarse.

—Estoy exactamente donde estaba antes. Solo que ya no pueden verme.

—¡¿No es posible?!

¡¿Quiere decir que se ha vuelto invisible?!

—Así es. Al refractar la luz a mi alrededor, he creado una ilusión… aunque no necesito entrar en demasiados detalles. En resumen, esta herramienta hace invisible a su usuario.

Después de que Lahna dijera esto, hubo otro brillante destello de luz y tan pronto como pude ver de nuevo, ella estaba de pie justo ahí, delante de mí.

—A-Asombroso. Con esto, podemos colarnos en cualquier sitio que queramos —exclamé exultante.

Lahna reventó inmediatamente mi burbuja. —Tranquila… Lo que quiero decir es que hay un truco para usar esta herramienta de manera eficaz. No puede emplearse a menos que canalicen constantemente energía mágica hacia ella. Esto limita naturalmente el número de personas que pueden usarla.

—¿Entonces no podemos usarlo?

—La mayoría de los miembros de nuestro equipo pueden. Tenemos mucha gente experta con gran magia.

En otras palabras, la única que no podía usar la herramienta era yo. Aunque, en realidad, era justo decir que la magia de Sora tampoco era muy poderosa.

—Pero si podemos usarla, podremos entrar a la mansión Randall, ¿no?

—No, no creo que sea tan sencillo. Esta herramienta solo puede ocultar la apariencia. No puede eliminar el ruido. Aunque tal vez puedan entrar en una mansión menos protegida, si los guardias de la mansión Randall son dignos de lo que cobran, notarán cualquier cosa fuera de lo normal, incluidos los pasos —respondió Lahna.

Me costaba creer que aún existiera la posibilidad de que nos descubrieran, aunque nos hiciéramos invisibles. De hecho, si ni siquiera, volviéndonos invisibles, éramos capaces de entrar, ¿no se hacía imposible toda la operación? Todo empezaba a parecer inútil.

—Ahí es donde entra esto —dijo Lahna, sacando una segunda herramienta mágica. Parecía una especie de palo hecho de… ¿caucho negro? Hmmm, ¿dónde he visto esto antes? Ah, ¡es verdad! Había uno en el baño de mi abuela en mi vida pasada. Me dijo que lo usaba para desatascar el retrete. ¡Eso es lo que es! No recuerdo el nombre, pero tenía exactamente esa forma.

¿Qué significa esto? ¿Por qué sacaría Lahna algo para desatascar retretes en un momento así?

—Esta herramienta utiliza la magia del viento para aspirar cualquier sonido que se genere en su cercanía. La hice hace algún tiempo con un ligero sentido de la travesura. Sin ninguna oportunidad real de usarla, acabé dejándola aquí, pero parece que ahora podría ser útil.

Aún no tenía muy claro cuándo podría ser útil una herramienta que aspira el ruido a su alrededor. Espera, ¡¿podría ser útil durante esta misión?!

—Lo único es que esto también requiere que su usuario canalice magia en él para que esté activo, así que solo alguien con magia fuerte puede usarlo eficazmente. Hay otro truco: el área que capta el sonido debe ajustarse mediante magia. Al igual que la herramienta que te hace invisible, hay un truco para usarla.

En otras palabras, alguien que pudiera utilizar la herramienta que te hace invisible tendría que viajar junto con alguien que pudiera utilizar la herramienta que borra el sonido. Había pedido a todos mis amigos que me ayudaran, pero si las cosas se iban a poner peligrosas, no creía que pudiera seguir pidiéndoles que participaran.

Mientras lo consideraba, Keith dijo:

—En ese caso, ¿podrías decirme cómo usar esa herramienta?

—¿Eh? ¿Keith? —Lo miré, sorprendida.

—Ya que acabarás yendo tú misma, pase lo que pase, hermana mayor, yo también tendré que ir. Además, a pesar de lo que pueda parecer, mi magia es fuerte y soy relativamente hábil, así que creo que podré usar la herramienta mágica —afirmó Keith, sonriendo ampliamente.

—Gracias, Keith.

—Señorita Katarina, yo también la acompañaré. Mi magia también es bastante poderosa y creo que soy más hábil que la mayoría. A menudo me dicen que también estoy en buena forma física.

—Oye, Mary, no creo que debas decir eso. Ah… Por cierto, mi magia también es fuerte y soy bastante hábil —añadió Alan.

—Señorita Katarina, he leído muchas obras de ficción de espionaje de principio a fin, así que, por favor, déjame ir contigo.

Mary, Alan y Sophia se ofrecieron a ayudarme. Apenas podía creer lo fiables que eran mis amigos. Sin embargo…

—No, no está bien que unas jóvenes nobles sin experiencia relevante, y mucho menos un príncipe, se infiltren en la casa de un marqués —afirmó Lahna con firmeza.

Pensé para mis adentros que prácticamente ninguna joven noble se había infiltrado antes en casa de un marqués—aunque Jared era príncipe, y una vez nos habíamos colado en una mansión llena de pícaros—, pero decidí no mencionarlo a los demás.

Ninguno de los tres a quienes Lahna había rechazado hizo objeción alguna, limitándose a asentir con miradas de pesar en sus rostros.

Mientras una atmósfera abatida se apoderaba de ellos, con una mirada resuelta en los ojos, María dijo:

—Iré con ustedes, en lugar de los otros. Ya he recibido el permiso de la señorita Lahna.

—¿La señorita Lahna te ha dado permiso?

¿Cuándo se lo pidió?

Como si me hubiera leído el pensamiento, Lahna dijo:

—Cuando fuimos a ver la mansión Randall, empezamos a hablar de este mismo tema y le di mi permiso. En el improbable caso de que Fray haya resultado herida, sería tranquilizador tener a María con nosotros. Además, es posible que el marqués Randall se haya involucrado en la Magia Oscura. Cuanta más gente tengamos que pueda ocuparse de eso, mejor.

El marqués Randall puede estar jugando con la Magia Oscura… Ciertamente no me sorprendería que lo hiciera.

—En ese momento, pensé que sería mejor que vinieras también, Katarina… Pero parece que planeaste ir desde el principio —continuó Lahna. Su mirada reflejaba calma.

—Sí, claro que sí. Después de todo, fui yo quien sugirió ir. Además, tengo a Pochi conmigo, así que puedo defenderme —respondí con la cabeza bien alta.

La expresión de todos me indicó que esperaban que fuera desde el principio. De hecho, habían estado discutiendo la misión bajo la premisa de que iría.

—Entonces, tenemos a la señorita Katarina y su hermano pequeño. También hemos decidido que la señorita María irá. Sora, pareces tener la mayor experiencia en estos asuntos. ¿Puedo pedirte que vengas también?

En respuesta a la pregunta de Lahna, Sora asintió con firmeza.

—Sí, señora. Pensé que las cosas acabarían así desde el principio, así que no tengo objeciones.

Así que Sora, quien me acompañó cuando fui a rescatar a Keith, también se uniría a nosotros esta vez. Eso fue muy tranquilizador.

De hecho, ahora que lo pensaba, esta era más o menos la misma formación que habíamos tenido aquella vez. Aunque en esa ocasión, Jared estaba con nosotros. Al pensar en cómo había convencido a un príncipe para que entrara en una guarida de ladrones, me disculpé. Pero esta vez, Jared no estaba para ayudarme. Sin él, quien siempre tomaba la iniciativa sin pensárselo dos veces, me sentí un poco preocupada. Mientras pensaba en eso, otro de mis amigos intervino.

—Por favor, permítanme unirme a su grupo.

Todos se giraron para mirar al que hablaba.

—¿Eh? ¿Maestro Nicol? —Tuve que asegurarme de que esta inesperada muestra de apoyo fuera en serio. Aunque Nicol era increíblemente capaz, ¿cómo decirlo…? No era de los que actúan abiertamente, sino de los que dirigen a otros desde la sombra. No lo consideraba apto para el servicio activo. Supuse que no le gustaba ese tipo de cosas. Al parecer, todos habían pensado lo mismo, pues se mostraban sorprendidos. Pero Nicol no se inmutó.

—La verdad es que tengo una deuda personal con Fray Randall. Quiero aprovechar esta oportunidad para saldarla —declaró.

—¿Conoce a Fray, maestro Nicol? Nunca sirvieron juntos en el consejo estudiantil —señalé, confundida.

Tras un momento de silencio, Nicol respondió:

—Hubo una reunión de miembros actuales y antiguos. En esa ocasión, me dio algunos consejos.

No parecía tener intención de entrar en más detalles. Sin embargo, ¿qué tipo de consejo podría haberle dado Fray a Nicol?

—¿Qué tipo de consejo?

Nicol permaneció en silencio. Realmente no tenía intención de seguir hablando del tema.

—Bien. Si no me equivoco, Nicol Ascart, tu elemento es el viento. Eso te haría compatible con este chupador de ruido. Pensé que sería demasiado pedirle a la señorita María que usara una herramienta mientras usara su Magia de Luz, pero si vienes también, sería de gran ayuda.

Así que Lahna ya le había puesto un nombre raro a aquel palo que parecía destinado a desatascar retretes.

En voz baja, Mary murmuró, con los labios fruncidos para dar efecto:

—Si necesitaba más gente, ¿por qué no me lo pedía a mí?

Estaban ocurriendo muchas cosas que dividían mi atención, pero una pregunta me pesaba más que cualquier otra.

—¿Significa esto que esta vez no vendrá con nosotros, señorita Lahna?

Tener a Lahna con nosotros cuando íbamos a salvar a Keith fue muy tranquilizador. Nos había salvado el pellejo varias veces desde entonces, así que supuse que esta vez volvería a estar con nosotros. Pensé que tenerla con nosotros haría esta misión más fácil.

—Me preguntaba si debía ir, pero he decidido que lo mejor es apoyarlos de otra manera. Así que necesitaré el apoyo de todos los demás —anunció Lahna, antes de describir cómo podrían apoyarnos.

Al parecer, la gente acudía con frecuencia a la mansión Randall para expresar sus quejas. El marqués era así de prolífico en perjudicar a los demás, pero había utilizado su dinero e influencia para amenazar a esas personas y enterrar sus quejas.

Lahna dijo entonces que íbamos a presentar varias quejas de ese tipo como parte de nuestra estrategia. De hecho, todos los miembros de nuestro grupo que no fueran a rescatar directamente a Fray irían a quejarse al mismo tiempo. Aunque esto sería chocante para cualquier otra casa, en el caso de los Randall, tal volumen de quejas no era impensable.

Me preocupaba que ir a quejarse directamente al marqués fuera aún más peligroso que colarse en la mansión, pero Lahna dijo que, si los que iban a quejarse declaran con confianza sus nombres y cargos en la sociedad, en realidad esto debería ser más seguro para ellos. Afirmó que el marqués Randall no podría acusar a nadie con una posición social definida.

Por lo tanto, el grupo de Mary iría a la mansión para presentar la queja de que sospechábamos que el marqués estaba difundiendo rumores sobre mí. Era de dominio público que Mary y los demás eran amigos íntimos míos, por lo que Lahna había juzgado que no sería sospechoso que emitieran tal queja en mi nombre.

Cuando le preguntaron si podía desempeñar tal cometido, Mary respondió:

—Quiere que presente una queja por los extraños rumores que se han extendido sobre la señorita Katarina, ¿verdad? Estoy muy acostumbrada a ese tipo de cosas. De hecho, diría que soy experta.

Decidí no pensar demasiado en cómo había llegado a estar acostumbrada a hacer eso, y mucho menos a ser una «experta». En cualquier caso, mientras Mary rebosaba entusiasmo, Alan, detrás de ella, parecía desconcertado.

—Aunque será la primera vez que presente una queja de este tipo, haré todo lo que pueda. Consultaré a fondo una enciclopedia de quejas antes de aceptar este reto —prometió Sophia, apretando los puños. Esto pareció dejar a Alan aún más perplejo, y su hermano se limitó a mirar a lo lejos.

—Muy bien. Cuento con el grupo de Mary para desempeñar ese papel. Haré todo lo que pueda por mi parte para sembrar la confusión en toda la mansión. Quiero que el grupo de Katarina aproveche esa oportunidad para entrar.

Incliné profundamente la cabeza en respuesta a las órdenes de Lahna. Realmente era tranquilizador contar con su ayuda. Hasta que ella se involucró, no tenía ni idea de lo que debíamos hacer, pero antes de darme cuenta, habíamos ideado un plan para colarnos en la mansión y rescatar a Fray.

—Señorita Lahna, le estoy muy agradecida por su ayuda —le dije.

Lahna abrió mucho los ojos antes de decir en voz baja, para que solo yo pudiera oírla:

—Debería darte las gracias. Gracias por llegar tan lejos por Fray, quien es prácticamente una desconocida para usted. Gracias por darme la oportunidad de ayudar a salvarla, cuando yo misma era demasiado tonta como para darme cuenta de lo que pasaba.

Lahna parecía a punto de llorar, lo que me provocó una punzada en el pecho. Debe de tener mucho con lo que lidiar.

Al final, Keith practicó con la herramienta que podía hacernos invisibles y Nicol con el succionador de ruido.

Aunque Lahna nos había dicho que estas herramientas eran difíciles de manejar, no tardaron en dominarlas, como era de esperar de estos jóvenes de alto nivel. Así pues, decidimos llevar a cabo nuestra operación al día siguiente.

En primer lugar, no queríamos dar al marqués Randall demasiado tiempo para pensar qué hacer con Fray, ni que descubriera nuestras intenciones, así que ejecutaríamos nuestro plan lo antes posible.

Después de que todos decidieron empezar reuniéndonos mañana en el Ministerio de Magia, Keith y yo nos fuimos a casa.

Como siempre, una vez en casa, cené con mi familia y luego me preparé para acostarme. Mientras me preparaba, miré por la ventana y vi a alguien desconocido entrando en la mansión.

Presa del pánico, pensando que el marqués Randall debía de haber descubierto nuestra estrategia y enviado a alguien a detenernos, salí corriendo de mi habitación hacia la puerta principal. Cuando llegué, me encontré con que el visitante que había visto por la ventana ya estaba siendo conducido a nuestro salón.

Si realmente se trataba de alguien del bando del marqués Randall, tuve que pensar en una excusa. Sin embargo, aun sin nada que decir en mi favor, me encontré de pie frente a él.

Aunque la ropa del hombre era de buena calidad, su cabello y sus ojos eran de un marrón apagado. Además, su rostro era muy ordinario, sin rasgos dignos de mención. Su aspecto era tal que, si lo encontrase en una reunión social, estoy segura de que lo olvidaría al poco tiempo.

Por su expresión, el hombre se mostraba extrañamente sorprendido de verme, aunque seguramente se trataba de nuestro primer encuentro. Estaba convencida de que no recordaba su rostro. Sin embargo, reconocí algo en su expresión. Había algo muy familiar en la mirada que me devolvía.

Tardé un momento en darme cuenta.

—Príncipe Jared —murmuré. En cuanto lo dije, el hombre abrió mucho los ojos, aún más sorprendido de lo que había estado hace un momento.

Tras un momento de silencio, preguntó:

—¿Cómo lo has sabido?

Su voz era inconfundiblemente la de Jared.

—Así que eres tú, príncipe Jared —confirmé, sonriendo.

Se tocó la cara y, tras girar para mirar al criado que tenía detrás, se preguntó:

—¿Se me ha caído el disfraz?

El sirviente sacudió la cabeza con firmeza y contestó:

—No, Alteza, está perfecto.

Ya veo, así que su apariencia inusual era un disfraz. Intenta hacer lo mismo que Lahna y Raphael.

Jared volvió a hacer una pausa y luego declaró:

—No creí que pudieras decir que era yo, dada mi apariencia.

Parecía que, de algún modo, había logrado herir sus sentimientos. Me disculpé.

—Um, no podía decirlo a simple vista. Solo cuando me miraste y vi tu expresión pensé: «Ajá, es Jared». —Intenté desesperadamente suavizar las cosas. Esta vez, Jared bajó la mirada y se cubrió la cara con las manos.

¡Oh, rayos, lo he desanimado aún más!

—Um, pero creo que es un disfraz maravilloso. No me habría dado cuenta sin verlo de cerca.

Decidí seguir intentando levantarle el ánimo de nuevo, pero cuando Jared se quitó las manos de la cara y volvió a levantar la vista, tenía una sonrisa en el rostro.

—¡¿Eh?!

—Discúlpame, por favor. No es que me sintiera desanimado después de que vieras a través de mi disfraz. De hecho, me atraganté al pensar que me reconociste de inmediato, a pesar de lo mucho que cambié de aspecto.

Necesitaba un momento para pensar en esto.

—Um, mientras no te sientas desanimado, estoy feliz.

Pensé que le había desanimado y empecé a preocuparme. Hm, pero en primer lugar…

—¿Qué te trae a mi casa a estas horas? —pregunté, expresando mi duda más fundamental.

Jared parpadeó brevemente antes de contestar.

—Erm, bueno, Alan me contó lo que planeas hacer mañana, así que me preocupé por ti, Katarina. Aunque solo fuera por un rato, quería verte y hablar contigo… A estas horas, los criados que el marqués Randall envió para vigilarme bajan la guardia, así que pude ponerme este disfraz y escabullirme.

Esto fue inusualmente inarticulado por parte de Jared.

Resumí su explicación:

—En otras palabras, ¿has venido porque estabas preocupado por mí?

Jared volvió a dudar.

—Supongo que sí. Además, como hacía tiempo que no nos veíamos, quería verte la cara.

Después de decir esto, una pizca de rojo se deslizó por las mejillas de Jared.

Había estado viviendo bajo la vigilancia constante de los hombres del marqués Randall, mientras hacía todo lo posible para que los demás no vieran lo mucho que esto le había agotado. Probablemente estaba casi al límite. Supongo que Jared sentía la necesidad de personificar al príncipe perfecto, tal vez porque todo el mundo ya lo veía así. Debió de ser duro.

Puse suavemente la mano sobre la cabeza de Jared y le acaricié el cabello, que tenía un color distinto del habitual. Esperaba, para mis adentros, que esto aliviara su fatiga, aunque fuera solo un poco.

—Katarina… —jadeó Jared al cabo de un momento.

—Espera, hermana mayor. ¿Quién es? No debes hacer esas cosas con gente que no conoces.

Keith y mi madre vinieron corriendo tras amonestarme.

—¡Oh! Keith, este hombre es… —Antes de que pudiera decirle que nuestro visitante era, en realidad, Jared, Keith me apartó de un tirón y se interpuso entre nosotros. Luego miró a Jared amenazadoramente.

—No sé quién eres ni de dónde vienes, pero por favor, abstente de tocar a mi hermana tan descaradamente.

No, Keith, era yo quien le tocaba.

—Ah… Tu hermanito es sobreprotector, como siempre. —Jared frunció el ceño.

Al oír su voz, Keith pareció sobresaltado.

—E-Esa voz… ¡¿Príncipe Jared?!

—Efectivamente. Para evitar crear más conmoción en casa, he venido disfrazado. Por lo tanto, ¿podría devolverme a mi prometida?

—De ninguna manera. Ahora que sé que es usted, príncipe Jared, me apetece aun menos dejarle acercarse a mi hermana.

—¿Qué se supone que significa eso?

—Exactamente lo que parece.

Jared y Keith siguieron discutiendo sonrientes. Me alegró ver que a Jared parecía habérsele aliviado parte del cansancio de su rostro. Quizá ver a un amigo de confianza de la infancia le había levantado el ánimo.

—Ahh… Vine aquí pensando que por fin tendría la oportunidad de hablar con Katarina, aunque fuera un ratito, pero en el transcurso de esta discusión sin sentido, parece que ya se me ha acabado el tiempo —refunfuñó Jared tras su intercambio con Keith, con un sincero disgusto evidente en sus palabras.

—¿Oh? ¿Te vas tan pronto? —Parecía que Jared había llegado hacía apenas un cuarto de hora.

—Desgraciadamente, sigo bajo estrecha vigilancia… Solo puedo pasar poco tiempo fuera del castillo. He venido esta noche pensando que me alegraría verte, Katarina.

Jared arrugó la frente.

Debe de estar muy cansado…

—Katarina, por favor, ten mucho cuidado mañana —añadió Jared con una mirada seria.

Asentí y declaré:

—Lo haré. Rescataré a Fray sana y salva y pondré fin a su malestar, príncipe Jared.

Tras abrir mucho sus preciosos ojos por un momento, Jared volvió a entrecerrarlos y sonrió. Cuando iba a marcharse, le dijo lo siguiente a Keith:

—Por favor, haz todo lo posible por proteger a Katarina en mi lugar.

—Incluso sin que me lo dijera, tenía toda la intención de hacerlo —respondió Keith.

Jared asintió brevemente y se marchó, diciendo que no hacía falta que le despidiéramos. Aun así, observé desde atrás cómo se adentraba en la noche. Mientras lo hacía, pronuncié en mi corazón las siguientes palabras para Jared:

—Aguanta un poco más. Estoy segura de que podré devolverte a tu vida normal.

Mañana será, por fin, el día en que pondremos en marcha la «Operación Rescatar a Fray».

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