Traducido por Lucy
Editado por Sakuya
Después del banquete de bodas, por fin llegó el momento que más temía: la noche de bodas.
La noche de bodas en la que tendría que tomar las riendas.
¿Sería capaz de hacerlo bien?
No tenía experiencia en llevar las riendas de una relación así. Por supuesto, debería ser capaz de hacerlo, pero ¿tendré el valor?
Creo que ni siquiera podría levantar la cara de vergüenza. Pero no podía quedarme de brazos cruzados ante el inexperto Heinley.
Estoy en apuros.
No podía dejar de repetir en mi interior: “Estoy en un aprieto, estoy en un aprieto”.
Mientras tanto, el tiempo pasaba rápido, y por fin pude entrar en la Sala de la Reina, a la que tenía prohibida la entrada hasta que se celebrara la boda. Supongo que ahora debería llamarse la Habitación de la Emperatriz.
En la habitación había una cama que me sorprendió un poco, ya que había un dormitorio compartido entre la habitación de Heinley y la mía.
Cuando se construyó este palacio, ¿tenía el Rey del Reino Occidental una relación tan íntima con la Reina? ¿Por qué fue diseñado con una estructura tan molesta?
Dejando eso de lado… esta habitación era increíble.
Heinley la había decorado en oro. De hecho, toda la habitación brillaba en tonos dorados. La diferencia se veía en los detalles; oro oscuro, oro claro, etc… Pero sin duda todo era oro.
Mientras observaba asombrada, las damas de compañía que me seguían, una tras otra, exclamaban admiradas.
—Es tan hermoso que no tiene comparación con el palacio independiente, Su Majestad.
—Es muy bonito. Se alojarán aquí a partir de ahora, ¿verdad?
—Oh, ¿dónde están nuestras habitaciones? ¿Dónde, señorita Rose?
—Por aquí.
Mientras Rose salía al pasillo para mostrar a las damas de compañía las habitaciones donde se alojarían, me senté sola en la cama, apretando las suaves sábanas.
Al abrir la puerta de la habitación, recordé la expresión de Yunim y me reí entre dientes. Puede que no le haga mucha gracias que esta habitación sea de forma oficial mía. Sin embargo, en el último tiempo está bastante tranquilo.
¿Estaba disminuyendo poco a poco su hostilidad hacia mí? Esperemos que sí.
Al cabo de un rato, las damas de compañía, que habían terminado de ver sus habitaciones, explicaron entusiasmadas cómo estaban estructuradas.
—¡Hay una cama, un armario y un escritorio!
—¡El tocador es todo de plata, Majestad!
—¡El armario va de aquí a allá!
Parecía que no solo mi habitación, sino también la de cada dama de compañía era muy suntuosa.
—¿Las veré más tarde?
Cuando les pregunté con una sonrisa, mis damas de compañía, que estaban armando un alboroto, se callaron al instante.
Mientras me preguntaba por qué, empezaron a intercambiar miradas entre ellas y a sonreír.
Creo que sé lo que están pensando…
Supongo que piensan que debería darme un baño e irme ya al dormitorio compartido.
Bueno, ya es de noche…
¿Heinley se está bañando en su habitación? Antes de subir, su secretario lo detuvo a toda prisa. Dijo que había un informe urgente relacionado con las afueras del Reino. Así que seguro aún no estaba en su habitación.
—Debe tomar un baño de inmediato, Su Majestad.
—Haré que tu cuerpo huela a una sutil fragancia de flores. Tengo un perfume de lirio y rosas, en este momento es el más de moda.
—He traído unas bombas de baño que te harán sentir como en las nubes.
Mientras mis damas de compañía intentaban arrastrarme, me resistí con firmeza.
—¿Majestad?
Laura parecía desconcertada porque yo no me movía.
—¿Qué ocurre?
Señalé la puerta con un dedo.
—Espera un momento. Quiero tomar un poco de aire fresco.
—¿Ahora?
—Su Majestad el Emperador aún no está en su habitación…
Quería aprovechar la brisa nocturna para aliviar mi rostro acalorado.
Después de hoy la relación entre Heinley y yo cambiará. No sé si el cambio será positivo o se volverá algo incómodo.
Así que quería disfrutar del tiempo que quedaba antes de que eso ocurriera.
Esta sensación de hormigueo.
♦ ♦ ♦
Después de bajar unos escalones, salí al porche. Apoyé las manos en la barandilla e inhalé la brisa nocturna que me llegaba hasta la punta de la nariz.
El aire frío me llenó los pulmones a su paso, pero el calor de mi cara no disminuía.
Miré hacia la sala de fiestas, donde aún había gente de la recepción.
Podía oír de vez en cuando explosiones de fuegos artificiales, y las luces eran visibles con claridad desde aquí. Además, pude ver a gente que salía a tomar el aire, a amantes que se escabullían para disfrutar de su amor secreto y al Gran Duque Kapmen… ¿El Gran Duque Kapmen?
¿El Gran Duque Kapmen estaba solo? De pie… en la terraza de ahí.
Aunque su expresión no podía verse bien desde aquí, a primera vista parecía muy solo y deprimido. Seguro debido a los efectos de la poción.
Cuando decía tonterías mezcladas con un tono sincero, resultaba gracioso e incluso me hizo reír un poco.
Ahora que lo pienso, era una poción muy aterradora. El amor puede ser un veneno muy fuerte hasta el punto de que uno puede volverse enfermo de amor.
¿Eran tan fuertes los efectos de la poción que el sufrimiento era inevitable? Por desgracia, incluso en ese caso era debido a un error cometido con sus propias manos.
Entonces, de repente, el Gran Duque Kapmen miró hacia aquí.
Sin duda me estaba mirando. Sentí que nuestros ojos se encontraban a pesar de la distancia…
No volvió la cabeza, así que me di la vuelta primero y abandoné la terraza. Estaba a punto de tener mi noche de bodas con Heinley.
Sabiendo lo que sentía por mí, no podía saludarlo con calma. Al final, volví a mi habitación después de dar vueltas.
—Has llegado justo a tiempo.
—Hace un momento “Su Majestad el Emperador” también entró en su habitación.
—Señorita Mastas, ¿por qué pone tanto énfasis en “Su Majestad el Emperador”?
Mastas y Rose discutieron como de costumbre, así que entré primero en el cuarto de baño con la condesa Jubel.
Como Laura había dicho antes, la gran bañera estaba llena de burbujas como nubes. Cuando me desnudé y me metí en la bañera, una sensación de calor empezó a extenderse desde la punta de los dedos de los pies.
Cerré los ojos un rato para disfrutar del calor, pero los abrí cuando empecé a sentir sueño.
Volví a enjuagarme tras aplicarme un poco de perfume de lirios y rosas. Al final, me puse la bata que me habían preparado con el vestido de novia.
Me temblaban las manos. Por fortuna, al mirarme en el espejo, me sentí un poco más sensual que de costumbre.
¿Heinley también se pondrá una bata como ésta?
Aunque estaba hecha para que pudiéramos llevarla los dos como pareja… No sé cómo le quedaría a él este tipo de ropa.
Mirando con torpeza a mi alrededor, me decidí y pedí a mis damas de compañía que se marcharan.
La estructura de este lugar era un tanto peculiar. Había un dormitorio entre mi habitación y la de Heinley, pero no había ninguna puerta que permitiera acceder a ese dormitorio desde el pasillo.
Solo se podía entrar en ese dormitorio, a través de mi habitación o la de Heinley, y ni siquiera las damas de compañía podían entrar sin permiso.
Después de respirar hondo unas cuantas veces, oí de pronto un ruido sordo procedente del interior del dormitorio.
Él había entrado primero.
Respiré hondo por última vez, caminé despacio y puse la mano en el pomo de la puerta. Me armé de valor y lo giré con cuidado.
Al abrirse la puerta, se reveló el dormitorio que había permanecido oculto hasta ahora.
—Oh…
De hecho, era solo un dormitorio. El único mueble que había dentro era una cama con una mullida alfombra debajo.
La cama de este dormitorio era incluso más grande que la cama de la Habitación de la Emperatriz y la Habitación del Emperador, que de por sí eran muy grandes.
¿Era de verdad un lugar solo para dormir?
Sin embargo, no parecía vacío porque había ramos de flores de aliento de bebé alrededor.
También había un sutil resplandor procedente de la cama. ¿Qué función tenía?
Mientras miraba a mi alrededor, oí un “Mi Reina” detrás de mí.
Para mi sorpresa, vi a Heinley de pie contra la pared, junto a la puerta que comunicaba mi habitación con el dormitorio.
Como era de esperar, llevaba la misma ropa que yo, pero…
—Ah.
Sintiéndome avergonzada, me di la vuelta rápido. Podía ver la mayor parte de su pecho porque el cinturón de su bata estaba flojo.
Mientras intentaba evitar el contacto visual por incomodidad, él se acercó y me rodeó con suavidad la cintura con los brazos por detrás. Luego me besó en la oreja, en la mejilla y una vez más en la oreja, susurrando.
—Enséñame rápido.
Me sentí tan avergonzada y torpe que estuve a punto de llorar. Además, el calor subía de las zonas por donde pasaban sus labios. Y seguro porque acababa de bañarse, sus labios estaban húmedos.
—Ve… ve a la cama.
Ante mis cuidadosas palabras, él sonrió con suavidad, y se dirigió a la cama con los ojos fijos en mí.
Luego se sentó en la cama, estirando los brazos con las piernas un poco abiertas.
—Ven rápido.
Me había pedido que tomara la iniciativa, pero ¿de verdad quería que lo hiciera?
Sin embargo, me acerqué poco a poco sintiéndome un poco más tranquila. En un instante, estaba entre sus piernas. Pero parecía que esto era lo más lejos que llegaría en su audaz comportamiento.
Me miró con expresión desconocida y tragué saliva, clavando los ojos en sus misteriosas pupilas.
Su pelo aún húmedo le daba un aspecto más atractivo que de costumbre.
Alargué la mano poco a poco y se la pasé por el pelo. Entonces, él cerró los ojos y levantó un poco la cabeza, parecía decir “estoy en tus manos”.
Qué lindo… Es como un cachorro grande. Un cachorro muy tierno.
Su actitud me dio un poco de coraje.
Deslicé mis dedos por su pelo para acariciarlo, mientras se enredaba con suavidad alrededor de mis manos.
Después de hacer esto un poco más, besé su frente y susurré.
—Sube. Muévete más hacia el centro.
Abrió los ojos y sonrió, subiendo de forma obediente a la cama.
Aunque dudé, empujé su pecho para que recostara por completo la parte superior de su cuerpo.
En cuanto las yemas de mis dedos tocaron su cuerpo desnudo, se estremeció un instante, pero volvió a tumbarse en la cama sin protestar.
En esta posición, me miró fijo y susurró con ojos llenos de expectación.
—No me importa que seas brusca.
—Águila traviesa. ¿No te importa que sea brusca…o quieres que lo sea?
Cuando se lo pregunté con una sonrisa, murmuró:
—Como quieras está bien.
Y luego bajó una mano para agarrar el cinturón de su bata y desatárselo por completo. Una vez desatado el cinturón, la parte superior de su cuerpo quedó al descubierto.
Dejé caer las zapatillas al suelo, me subí a la cama de rodillas y me deslicé sobre su abdomen, a horcajadas sobre él.
—Argh.
Dejó escapar un suspiro de sufrimiento, como si no pudiera más, y puso las manos sobre mis muslos.
Aunque sus manos tocaban mi bata, sentí como si tocaran directo mi piel.
Mientras el calor subía con rapidez por mi cara y me mordía el labio inferior, sus manos recorrieron con lentitud los costados de mi cuerpo, deteniéndose cerca de la parte superior del coxis.
—Esposa, ¿cómo me ves desde arriba?
—Encantador… Y travieso.
—Solo haces que sea más travieso.
Sus susurros me hacían cosquillas en los tímpanos. Poco a poco estiré mis manos y recorrí la parte superior de su cuerpo. Heinley gimió cuando acaricié su piel con mis manos, desde el pecho hasta el cuello.
Pero, aun así, seguía moviendo las manos poco a poco de forma atrevida…
En este punto, agarré sus manos, y las apreté con firmeza contra la cama, cerca del lado de su cara.
—¿Esposa?
—¿No me pediste que tomara la iniciativa hoy?
Besé a un sorprendido Heinley varias veces en las mejillas, antes de posar mis labios sobre los suyos.
Queriendo disfrutar del momento, bajé las manos y le quité los pantalones.
Ah.
Esta parte ya estaba preparada…
—Mi águila astuta.
Cuando solté una carcajada por lo lindo que era, él se sonrojó hasta las orejas, agarró el cinturón de mi bata y tiró de el.
—Es vergonzoso, por favor, hazlo mientras me besas.
♦ ♦ ♦
Sovieshu volvió a donde se alojaba en cuanto Navier abandonó la sala de fiestas.
Después de pasar un rato sentado en la cama, aturdido, se acercó a la ventana y apoyó la cabeza en el marco. Se sentía mareado y destrozado. Incluso ahora mismo sentía náuseas y como si su corazón estuviera a punto de romperse en pedazos.
La imagen de Navier sonriendo mientras sostenía la mano de aquel maldito rey apareció ante sus ojos.
Apretó el puño.
¿Estará ahora en la habitación donde se celebrará la noche de bodas?
Cuando ese pensamiento le vino a la mente, se puso blanco como una sábana. Odiaba ver a Navier sonriendo junto a Heinley, en lugar de que el Reino Occidental se hubiera convertido en un imperio.
Odiaba verlos bailar juntos, y odiaba el hecho de que ese maldito chico siguiera pegado a Navier como si estuvieran muy unidos.
—Huhh.
Se agarró el pecho y se dobló por el dolor que sentía en el corazón. Era muy doloroso.
El dolor era tan fuerte como para suprimir su ira. Su mujer, que había sonreído a su lado, ahora estaba junto a otro hombre.
Este solo hecho hizo que le hirviera la sangre en su cabeza. Sentía como si la sangre le fuera a salir por los ojos.
Al final, la sangre no le salió por los ojos, sino por la nariz.
Sacó un pañuelo y se limpió la nariz mientras la sangre goteaba.
—Navier… Navier, Navier…
De repente, se preguntó si ella había sentido lo mismo cuando trajo a Rashta.
¿Navier se sentía de esta manera?
Si estaba enfadada, porque no lo demostró, ¿reprimió sus sentimientos?
—De ninguna manera…
Murmuró de inmediato, rechinando los dientes.
De ser así, lo habría notado en algún momento, pero Navier no parecía afectada. No tenía ningún interés en mí. Por eso actuó con tanta indiferencia.
Sin embargo, pensó que era mejor así. Porque si Navier hubiera experimentado esos mismos sentimientos, habría sido horrible.
Le flaquearon las piernas.
Sovieshu se sentó en el suelo, de espaldas a la ventana. Apoyó la cabeza en la pared y bajó el pañuelo.
¿Estoy borracho?
Pudo ver a la Navier del día de la coronación frente a él. La Navier de aquel día tendió la mano a Sovieshu.
—Debemos irnos rápido, Majestad.
Frunciendo el ceño, continuó en tono de reproche.
—Todos están aquí.
—Navier…
Sovieshu contestó sin pensarlo, muy borracho.
—No puedo levantarme, Navier.
—¿Qué estás diciendo?
Ella fingió mirarle con severidad, y luego volvió a tenderle la mano.
—Vamos rápido.
—De verdad, no puedo andar.
—Solo toma mi mano. —dijo con claridad.
Esto no era lo que él recordaba de aquel día.
Se había preparado desde el principio para la ceremonia de coronación con gran dignidad y no se quejó de que no podía ponerse en pie.
¿Quién era la Navier que tenía delante? ¿Qué demonios era esto?
Cuando pensó en ello, recordó que esto ocurrió poco antes del día de la coronación. Tal vez fue la primera vez que me emborraché. ¿Importaba eso ahora?
—Navier.
Sovieshu intentó tomar la mano de su mujer. Sin embargo, en el momento en que se superpusieron, la ilusión de Navier se desvaneció.
Estaba a punto de levantarse cuando volvió a caer de espaldas, golpeándose la cabeza contra el marco de la ventana. Sin embargo, le importaba más la ilusión que se desvanecía ante sus ojos que el dolor del golpe.
—¡¿Navier?! ¡¿Navier?!
Sovieshu gritó su nombre desconcertado y agitó las manos en el aire.
—¿Navier? ¿Adónde has ido?
Estaba delante de mí. ¿Adónde ha ido? ¿Dónde se ha ido ahora?
—¿Navier?
Murmuró y consiguió levantarse. Estaba tambaleándose por los terribles efectos del alcohol.
Asustado, Sovieshu se apresuró a abrir la puerta y salió gritando.
—¡Navier! ¿Marqués Karl? ¡Busquen a Navier!
—¡Majestad!
El marqués Karl, sorprendido, apoyó a Sovieshu.
—¡Su Majestad, está borracho!
—Karl, Navier, Navier se ha ido. ¡Navier!
—¡Su Majestad!
El marqués Karl llevó con rapidez a Sovieshu a su habitación mientras lo sostenía.
—Tráeme un poco de medicina para ponerlo sobrio.
De inmediato dio instrucciones a uno de los guardias, y luego lo ayudó a tumbarse en la cama.
Rashta, que había venido a buscar a Sovieshu para que le cantara una canción antes de dormir, se quedó de pie en el pasillo, atónita, antes de darse la vuelta rápido y salir corriendo.
