Crié a un dragón negro – Capítulo 37: En busca de respuestas

Traducido por Den

Editado por Hime


Mientras se encontraba atrapado en una situación ineludible, Kyle se sumergió en sus pensamientos centrados en el misterio tras la muerte de Eleonora Asil y el ladrón anónimo del huevo de dragón.

¿Qué caso debería tener la máxima prioridad después de regresar a la capital: la desconcertante muerte de la bruja o la repentina desaparición del huevo de dragón? Definitivamente, estos sucesos no estaban separados del todo sino que de alguna manera se relacionaban. Sin embargo, la secuencia de los acontecimientos difería.

Numerosas preguntas pululaban por su mente: ¿Cómo y cuándo murió Eleonora Asil? ¿Quién robó el huevo de dragón de la fortaleza de Laurent? ¿Esa persona era un cómplice de la bruja y por eso se lo envió a propósito? O, ¿Estaba destinado a Park Noah? De ser así, ¿Cuántos conocían su verdadera identidad?

—Ya terminamos, Sir. Salgamos.

Cuando Kyle volvió en sí, varias bolsas de compras colgaban de su brazo. Atónito, se forzó a reír.

Me llamaron para hacer esto: ser un sirviente. 

Después de salir de la tienda Armario de Faralá de Buenas Noches, Noah deambuló por las calles durante un tiempo, tomada de la mano con el pequeño de cabello rizado.

El investigador registró las bolsas de las compras, frunciendo el ceño porque no eran muchas cosas: dos batas blancas, un pañuelo, un sombrero de ala ancha y algunos aperitivos para Muell.

Mientras paseaban por el pueblo, el viento que soplaba les daba en la cara y los despeinaba. De repente, Noah se detuvo. Habían llegado al mercado.

—Sir Leonard, es aquí —Señaló a algún lugar de ahí.

—¿Qué?

—Donde encontré a Mu…

—Oh, sí… —titubeó Kyle.

Noah le hizo señas y él se acercó rápidamente al lugar donde ella señalaba.

—Pensé que hoy era un mayordomo —Se giró hacia ella, confundido.

—Si te vas mañana, tendrás que recabar toda la información posible de Sorrent y… gracias por todo.

Estaba sorprendido, ya que se había tomado en serio lo que ella le había dicho antes.

Es verdad. El mayordomo era solo una broma. 

Examinó el barrio donde la bruja había encontrado el huevo en busca de cualquier rastro de una colisión de maná o posibles testigos de la presencia del cascarón.

—Disculpe, ¿ha visto un huevo de este tamaño por aquí? —le preguntó a un comerciante.

—No, señor —respondió éste, volviendo a su trabajo.

Como era de esperar, nadie había visto un huevo tan grande como la cabeza de un niño.

—Entonces, ¿ha habido algún extranjero en Sorrent últimamente? —insistió, en busca de alguna pista.

El comerciante se detuvo como si hubiera recordado algo.

—Hmm… Podría ser.

Desde que llegó por primera vez al campo, ya había revisado la lista de los extranjeros que entraron a Sorrent. Afortunadamente, pudo obtener información esencial del comerciante.

—¿Se ha cruzado con alguna extranjera? —añadió.

—¿Extranjera? Bueno, he visto a varias mujeres: la madre de un niño, una anciana  con canas y… ¿una señorita?

Una señorita. Kyle sacó de inmediato su libreta, anotó todo lo que el hombre decía y le hizo unas cuantas preguntas más.

—¿Recuerda la apariencia de la mujer?

—No pude verla perfectamente porque llevaba un abrigo que le cubría casi toda la cara.

—¿Hablaron?

—Sí. Estaba a punto de instalar mi puesto cuando me preguntó a qué hora partía el tren hacia Tezeba.

Kyle se tomó su tiempo para escribir las notas importantes: una mujer de la capital.

—¿Cuándo fue? —prosiguió, frunciendo el ceño.

El comerciante se rascó la cabeza, tratando de recordar su encuentro.

—Bueno… No sé la fecha, pero recuerdo que le dije, aunque estaba con prisa, que el tren de Tezeba se iba en una hora. Hay un convoy que sale de este pueblo hacia la capital cada cuatro días, así que… hace aproximadamente una semana.

Hace una semana… ¿No fue cuando llegó a Sorrent? De ninguna manera… ¿El criminal tomó el mismo tren hacia la capital?

Kyle apretó la mandíbula, agitado. Si lo que decía el comerciante era cierto, entonces había dejado escapar al verdadero culpable estando de servicio. El sospechoso ya había llegado a la capital mientras él trataba con Park Noah.

Después de hacer varias preguntas a extraños en el mercado, descubrió que había poca gente que viera a la mujer de Tezeba ese día. Solo el propietario de la única posada en Sorrent, el cocinero del primer piso de un alojamiento y el dueño de una casa de té al otro lado del callejón donde se encontró el huevo.

—Espera, ¿qué d…? Eso es muy espeluznante —murmuró Noah mientras lo seguía— ¿Quieres decir que ella me podría haber estado mirando cuando recogí el huevo…? —preguntó incrédula y con los pelos de punta.

Kyle miró a la mujer que apenas le llegaba a los hombros, frunciendo un poco el ceño al oír su comentario. Sus ojos violetas se entrecerraron con sospecha.

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