Dama Caballero – Capítulo 87: Jugando sucio

Traducido por Kiara

Editado por Gia


—¿Quieres una bebida?

Carlisle, aturdido por la oferta, se acercó a Elena y se sentó frente a ella. Echó una mirada de soslayo a las botellas vacías antes de hablar:

—¿Cuándo empezaste a beber?

—Solo iba a hacerlo cuando llegaras, pero no apareciste, así que terminé bebiendo un poco antes.

Elena le entregó a Carlisle una copa llena de vino, quien aceptó para luego beber todo de un solo trago.

—¿No crees que esto es más que un poco?

No podía considerar esa cantidad como poco. Elena miró con recelo las botellas sobre la mesa.

—Es solo que… hoy me siento bastante molesta. ¿Escuchaste lo que pasó en la fiesta?

—Una parte.

—Me advertiste muchas veces que tuviera cuidado con ella, pero me sentía demasiado confiada. —Volvió a llenar su vaso mientras hablaba—. Mantuve un ojo en la sirvienta Asabe. Es ridículo que la planta Vanera estuviera en su habitación. No sé si realmente la tenía. —Carlisle permaneció callado mientras escuchaba a Elena—. Por orden de la emperatriz, un guardia descubrió la planta. Ahora Asabe ha sido ejecutada, por lo que ya no podremos descubrir nada sobre el incidente. Probablemente todo esto fue un juego desde el principio. Solo terminé revelándome al enemigo.

Elena emitió un suspiro de derrota antes de mirar a Carlisle, quien notó que sus ojos estaban vidriosos y rojos.

—Parezco una tonta, ¿no?

La última vez le pidió a Carlisle que creyera en ella, y ahora estaba molesta porque no había estado a la altura de sus expectativas. Debería haber sido más cautelosa…

Carlisle, quien había estado sentado en silencio hasta ese momento, finalmente respondió con voz suave:

—No sé si esto es reconfortante, pero lo que has vivido hoy, yo lo he experimentado innumerables veces a causa de la emperatriz. —Los ojos de Elena se agrandaron ante la inesperada confesión de Carlisle—. Si eres una tonta, entonces yo soy aún más tonto. No tienes que culparte a ti misma. Tu plan era bueno, y el único error de cálculo fue que no me di cuenta del porqué la emperatriz escogió plantas gemelas.

—Debido a ello, Asabe fue ejecutada hoy —expresó Elena.

—De todos modos era una espía que plantó la emperatriz. Tendríamos que habernos deshecho de ella, pero de esta manera no hay sangre en nuestras manos.

Las palabras de Carlisle tranquilizaron la mente de Elena. Se había sentido tremendamente abrumada al saber que su familia podría morir si fracasaba en su misión, pero cuando sufrió la derrota ante la emperatriz, sus temores se volvieron aplastantes. ¿Y si no podía cambiar el futuro por mucho que lo intentara? ¿Qué tan astuto fue Paveluc para vencer a la emperatriz?

La mente de Elena era un torbellino de pensamientos. La culpa que se atribuía a sí misma era tan grande que incluso había consumido alcohol, un líquido que rara vez tocaba. Sin embargo, al final, no fue la bebida lo que calmó su ansiedad, sino Carlisle. Sus palabras parecían decirle que no se preocupara y que todo estaría bien.

Elena le mostró una sonrisa desencajada a Carlisle.

—Eres tan dulce… que no me gusta.

Por primera vez, consideró que estaría celosa si el afecto de Carlisle se volviera hacia otra mujer. Para él, probablemente aquello no era más que brindar consuelo a una compañera que caminaba por el mismo sendero, pero para ella, significaba otra cosa, y estaba alarmada porque sus sentimientos estaban creciendo.

Pensé que podría controlar mi corazón, pero…

Elena sonrió con decepción mientras miraba el hermoso rostro de Carlisle, el cual parecía más borroso de lo habitual.

No dejaré que este hombre me detenga.

Esas nuevas tentaciones podrían hacerle olvidar su deber. Sin embargo, tenía que admitirlo. Amaba ese momento con Carlisle.

—Lo suficientemente dulce como para que no me guste…  Palabras que son tan contradictorias, que no sé si son buenas o no —expresó él.

Ante sus palabras, Elena levantó su copa llena de vino, sin mencionar palabra alguna. Ella no quería responderle, debido a que tampoco podía expresar cuáles eran sus sentimientos realmente. Odiaba la forma en que la miraba con tanta amabilidad, pero también le gustaba que la tratara con tanto aprecio.

Repentinamente, Carlisle quitó el vaso de la mano a Elena para luego introducir todo el contenido en su boca. Ante esa acción, la mandíbula de Elena se abrió por la sorpresa.

—¿Qué estás haciendo?

—Has bebido demasiado. De ahora en adelante beberé mi ración.

—Todavía estoy bien… —se quejó Elena.

—Esas son las palabras de un borracho.

Elena se mordió el labio inferior. La noble mujer que había sido en su última vida no disfrutaba del alcohol, pero cuando se convirtió en un caballero, solía ahogarse en una bebida fuerte tras otra. Pasó muchas noches embriagada por la culpa que sentía al ser la única sobreviviente de su familia.

—Dije que deberíamos beber juntos, no que tomaras solo.

—A eso me refería.

—Es demasiado, demasiado unilateral.

—Es demasiado peligroso si bebes más aquí.

—¿Qué? —Elena lo miró estupefacta, y cuando Carlisle sonrió, sintió un misterioso calor proveniente de este—. Tú y yo somos los únicos en este dormitorio. ¿Dónde se supone que está el peligro?

Elena reflexionó sobre sus palabras. No importaba cuánto lo pensara, solo había una respuesta. En el ambiente cerrado donde se encontraban, solo había una cosa que podría considerarse un factor de riesgo.

Carlisle.

—Lo que intentas decir es que… ¿Caril es peligroso?

—Correcto.

Después de su enérgica respuesta, Carlisle volvió a llenar su copa y se la tomó de un sorbo. Elena apoyó la barbilla en su mano mientras miraba su delgada figura hacer el movimiento.

—No sé si eres peligroso. Dijiste que seguirías el contrato. Y sé que eres un hombre que cumple su palabra.

Carlisle soltó una risa sardónica al recordar todo lo que tuvo que soportar. Miró los ojos brillantes de Elena y cuando habló, su voz era más profunda que antes:

—Mi esposa no sabe nada. Aunque si mencionas el contrato, sabrás que no se trata solo de compartir la cama. —Elena miró a Carlisle inquisitivamente. Se encontraban en un lugar seguro y no había necesidad de que los dos tuvieran contacto físico antes de que él se convirtiera en emperador. Sin embargo, Carlisle continuó hablando como si se estuviera riendo de la idea de Elena—: Hay muchas cosas que se pueden hacer sin tener que llegar hasta el final. Por lo tanto, si estás demasiado borracha y pierdes las inhibiciones, mi autocontrol puede verse comprometido. Te lo advierto de antemano.

No podía entender a qué tipo de cosas se refería, ¿besar?, ¿abrazar? Sin embargo, los matices de los que estaba hablando parecían más obscenos que eso.

—¿Qué quieres decir?

La pura curiosidad de Elena instantáneamente trajo una peligrosa sonrisa a los labios de Carlisle.

—Si tienes curiosidad, ¿quieres que te enseñe?

Elena tragó el nudo que se formó en su garganta ante la mirada penetrante de Carlisle. No estaba segura exactamente de lo que hablaba, pero tenía la idea de que podía pasar algo irreversible.

—No, gracias —respondió Elena mientras negaba con la cabeza.

—Ya veo.

La expresión de Carlisle decayó y se humedeció los labios secos con la lengua. La vista era tan erótica que hizo que el corazón de Elena latiera más rápido.

Mientras escuchaba el zumbido en su cabeza, se dio cuenta de que estaba bastante borracha. El Carlisle sentado frente a ella parecía más guapo de lo habitual. Su cabello negro contrastaba notablemente con su piel pálida, y su nariz larga y labios firmemente cerrados atrajeron la mirada de Elena como un imán.

¿Se ve mejor ahora debido a mis sentimientos?

Sabía que tenía un rostro hermoso desde el principio, pero ahora se emocionaba cada vez que lo miraba. Quizás el peligro no era Carlisle, sino una Elena borracha. Para él, podría ser solo una mujer, pero para ella era el único hombre que la hacía temblar.

Ponte sobria antes de cometer un error, Elena.

De repente, se alarmó de lo que podría hacer bajo la influencia del alcohol. Los efectos hacían que cualquiera se sintiera menos inhibido, y ella no quería ser honesta sobre sus sentimientos sin tomar contramedidas. Tenía miedo de cómo se lo tomaría Carlisle, de por sí sus hombros ya se sentían pesados ​​por la carga de ser el príncipe heredero.

Afortunadamente, su depresión del día se había aliviado un poco, por lo que se levantó de su silla para recuperar los sentidos.

—Daré un pequeño paseo para recuperar la sobriedad y volveré.

Elena comenzó a caminar para alejarse de la terraza, pero se detuvo cuando Carlisle capturó su muñeca.

—Te quitaste el vendaje del tobillo.

—Ah… —No había querido revelar ningún signo de debilidad en la fiesta, motivo por el cual se quitó las vendas. Estuvo tan ocupada que lo había olvidado por completo, hasta que Carlisle lo señaló. No había sido una lesión grave desde el principio, pero usar tacones altos todo el día la hizo sentir peor. Elena pensó rápidamente en una excusa por temor a que Carlisle se preocupara por ella si decía la verdad—. Me siento lo suficientemente bien como para no necesitar los vendajes.

—¿De verdad? Tu tobillo parece más hinchado hoy.

El cambio físico fue tan pequeño que ni siquiera Elena podía distinguir la lesión a simple vista, solo por la sensación de dolor. La habilidad de Carlisle para detectar diferencias sutiles era increíble.

Ella vaciló por un momento, mientras Carlisle entraba silenciosamente al dormitorio, para luego salir casi de inmediato con un vendaje en la mano.

—Siéntate. No te excedas hasta que estés mejor —le indicó a Elena.

Carlisle acercó una silla y la colocó detrás de ella, quien se sentó. Se arrodilló frente a Elena y sujetó su delgado tobillo, luego, comenzó a enrollar suavemente el vendaje alrededor de este.

—C-Caril…

Sorprendida por su postura, Elena se apresuró a levantarse.

—Quédate quieta.

La firme voz de Carlisle bloqueó su movimiento y provocó que se sonrojara por la vergüenza.

—¿Qué pasa si alguien te ve arrodillado?

—¿Arrodillado para sujetar el tobillo de mi esposa?

—Eres el príncipe heredero del Imperio Rupert. Este comportamiento… —indicó Elena.

—No importa si soy el príncipe heredero. Es mi decisión, sin importar en qué posición toque el tobillo de mi esposa.

Los comentarios arrogantes de Carlisle fueron suficientes para prender fuego en la mente confusa de Elena. Su imagen borrosa por el alcohol pareció agudizarse con sus emociones, y se sintió tan mareada que no pudo evitarlo.

Sentía latir su corazón aún más fuerte que antes, y su sangre hervía por su toque abrasador.

Después de un momento, Carlisle terminó de envolver el vendaje y levantó la cabeza para sonreírle suavemente. Sus ojos estaban enfocados en ella, y la afectuosa curva de sus labios la hizo codiciarlos en ese momento.

Sin pensarlo, colocó sus manos en las mejillas de Carlisle. Él la miró inquisitivamente mientras Elena sostenía firmemente su rostro.

¿Se debía al alcohol? La sensación en su pecho explotaba como si se tratara de fuegos artificiales.

—Quiero besarte —susurró Elena con las mejillas enrojecidas.

Los ojos de Carlisle se agrandaron momentáneamente. El mundo parecía girar más alrededor de Elena a medida que sus emociones alcanzaban su punto máximo, pero ella no tenía la intención de detenerse ahí. Poco a poco… y lentamente…

Cuando su boca se aproximaba a la de él…

Su rostro pasó directamente por sus labios y aterrizó en los hombros de Carlisle, quien sujetó su cuerpo flácido por reflejo para que no se cayera. No tuvo más remedio que estrechar su agarre sobre ella. Podía sentir la respiración de Elena en su hombro.

No mucho después, un suspiro escapó de la boca de Carlisle.

El cuerpo de Elena se sentía tan frágil que podría romperse, y estaba tan agradablemente cálida que no quería dejarla caer ni por un segundo. A pesar de su estado de embriaguez, su olor lo mareó.

Carlisle se aferró a Elena mientras ella dormía como una estatua de piedra.

—Estás jugando sucio, esposa.

♦ ♦ ♦

El incidente de la fiesta mantuvo despierta a la delegación de Freegrand hasta altas horas de la noche. Log, quien llevaba un uniforme que solía pertenecer a los hombres, en lugar de un vestido, mantenía el pelo recogido a un lado mientras sus ojos brillaban con interés.

—El incidente de hoy dejó una cosa clara. La relación entre la princesa heredera y el príncipe heredero no es un acto, sino un apoyo genuino.

—También lo creo. A juzgar por su hostilidad hacia la emperatriz, debe tener planes para colocar al príncipe heredero en el trono —respondió bruscamente el hombre sentado frente a ella.

Se trataba de Isaac, otro de los embajadores de Freegrand. Tenía una apariencia dura, pero Log lo mantuvo cerca por sus habilidades excepcionales.

—Desde el primer momento sentí que la princesa heredera podría ser compatible, considerando que no ha habido nadie más adecuado que ella hasta ahora.

—Piense detenidamente antes de decidir. Lo que vi hoy no funcionó con la emperatriz.

Isaac tenía razón. Era cierto que Elena era más débil que Ophelia; sin embargo, una profunda sonrisa se ensanchó en su rostro.

—Es por eso que la princesa me necesita. Si no le faltara poder, no aceptaría nuestros términos.

Isaac no respondió, pero tenía una mirada extraña en sus ojos. Estaba de acuerdo con las palabras de Log.

—No puedo esperar para conocerla. Es seguro que estaremos del mismo lado —mencionó Log con una mirada de emoción.

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