Una generación de militares – Capítulo 29: La fuerza de élite (3)

Traducido pro Yonile

Editado por Sharon


Los dos permanecieron en silencio durante todo el camino de regreso. Pronto, llegaron a la Mansión donde el médico estaba esperando.

—Xia Guan le saluda, General Su.

Su Ling pasó a su lado sin responder para llevar a Qing Mo a su cuarto. Al llegar, la colocó en la cama y la tapó con una fina sábana. Solo entonces se dirigió al médico.

—Su herida podría haberse vuelto a abrir. Bríndele un diagnóstico y tratamiento rápidamente.

—Sí —respondió el hombre sin perder tiempo.

Aunque esta niña no tenía identidad ni posición, una de sus hermanas era concubina del emperador, y la otra la esposa del Primer Ministro. Además, después de ver la apariencia nerviosa del General Su, tenía posibilidades de convertirse en la amante del sucesor. No podía darse el lujo de ofender a esta chica. Mientras él procedía con sus órdenes, Su Ling salió para ver a su hermano.

—Yu, ve al Ministerio de Tortura y haz que Dan Yu Lan despliegue más personal para cuidar de Ao Jie —susurró. Que algo esto sucediera cinco días después de la ejecución de Ao era demasiada coincidencia.

—Sí —respondió Su Yu, ahogándose las ganas de negarse, y se alejó al trote. Parecía estar huyendo de Su Ling.

Mirando su figura alejándose a la vez que se sentaba en un banco, Su Ling no pudo evitar preguntarse por qué tenía tanta prisa en irse.

Fue pacífico por un tiempo hasta que la alta figura de Su Yan apareció en la mansión. Su Ling no le dio una segunda mirada.

—No sabía que tenía heridas en el cuerpo —dijo el anciano, sabiendo que había cometido un error—. Le has dado tanta autoridad y le muestras clara adoración. No debería haber interferido.

Su Ling se mantuvo en silencio, sin responder ni participar de sus tonterías. Conciente de sí mismo y arrepentido, Su Yan continuó.

—Ling, Bing Lian no hizo un mal juicio. También seleccionaste muy bien.

Yan no podía distinguir la expresión de Su Ling en la noche oscura, y solo pudo escuchar su voz oscura al responder.

—No quiero que ella sepa sobre el significado de Bing Lian.

—Está bien, no lo diré, no lo diré —se rió Su Yan con indiferencia. La chica que seleccionó Bing Lian era buena, de apariencia apuesta y actitud rara—. La espada en sí estaba satisfecha y realmente feliz —respondió superficialmente, pero Su Ling no se tomó este asunto en serio.

La luz de la mañana atravesaba el denso follaje y se desmoronaba sobre la hierba verde. El viento soplaba suavemente, las plantas en el patio estaban floreciendo, pero Su Ling no pudo apreciar el hermoso estado de ánimo que lo rodeaba. Justo cuando su paciencia estaba casi agotada, la puerta finalmente se abrió.

—¿Cómo está ella? —preguntó Su Ling con ansiedad. El médico se limpió la frente de sudores finos antes de responder.

—General, tenga la seguridad de que las lesiones de la niña Qing no eran graves, solo necesita un poco de descanso. Estará bien mientras la herida no se abra. —Su Ling asintió, pero cuando estaba por continuar, el médico continuó con un tono vacilante—. La chica Qing dijo que por favor no entre.

—¿Y por qué? —Su Ling lo fulminó con la mirada, pero el médico rápidamente negó con la cabeza.

—No lo sé. Iré a hervir el medicamento —dijo, sin esperar a que Su Ling volviera a hablar, y se retiró rápidamente.

Su Ling miró fijamente la puerta cerrada, sin saber qué escondía Yun. Agarró el picaporte, pero en lugar de entrar, se quedó allí durante un largo rato.

No pasó mucho tiempo antes de que la puerta se abriera una vez más. Al aparecer, su cuerpo estaba cubierto con un vestido negro, y su pelo atado con fuerza. La ropa contra su piel la hacía ver más pálida con sus ojos llenos de ingenio. No podía negar que se veía hermosa, pero lo preocupante era que estaba vestida.

¿Qué planea hacer?

—¿A dónde vas? —Su Ling ya tenía una mala premonición sobre esto.

—Al campo de entrenamiento —respondió Gu Yun con calma, tal y como pensaba.

—La competencia terminó —dijo con los dientes apretados. Una vez más, sintió profundamente que darle el mando del batallón fue una muy mala decisión. Ahora estaba muy seguro de que dedicaría todo su tiempo en el futuro a entrenar.

—No lo haré —se negó Gu Yun, e insistió—: ¡Este día no es mejor que la noche con Bing Lian! —No creía que ella dejara que los soldados corrieran toda la noche solo para que se divirtieran, ¿verdad?

Su Ling respiró hondo y dijo pacientemente:

—Lo que quieras hacer, puedes decírselo a Han. Déjalo ir a hacer las regulaciones y monitorear. También puede elegir personas …

—No puede —negó Gu Yun.

—¿Por qué?

—No sabe qué tipo de soldado quiero realmente —respondió ella con una sonrisa provocativa. Las cejas de Su Ling se alzaron cada vez más. Gu Yun se rió entre dientes—. Pensaste que la razón por la que los dejé correr toda la noche era una excusa inexplicable, ¿verdad?

Era muy extraño. Cuando le preguntó cómo elegiría a los hombres, ella se había reído y no había contestado. Esto había despertado su curiosidad la noche anterior. Además, disparar la pluma y los otros ejercicios no tenían significado ni eran algo especial. ¿Qué podía querer en verdad?

—Vamos a echar un vistazo —dijo ella de buen humor, dándole un gesto para caminar a su lado.

Rara vez tenía una mirada tan juguetona y linda, pero él sólo podría haber sido feliz si no le hubiera invitado al campo de entrenamiento.

—No te preocupes, el anciano es bastante poderoso —dijo Gu Yun de mala gana cuando Su Ling mantuvo su mirada fija sobre ella—. Me siento bien esta mañana.

Ella no sabía que las “habilidades antiguas” tenían tanto poder. Siempre había preferido la practicidad y el esfuerzo, y por medio de ese estilo de artes marciales, no sabía cómo llegar a ese poder mental. Se decidió que le preguntaría al anciano cuando tuviera la oportunidad.

Su rostro todavía no se veía muy bien bajo el sol, pero su complexión realmente era mejor comparada con días atrás. Su Ling la estaba obligando a descansar porque su deseo era no agotarla. Por otro lado, su negativa le hizo sentir que estaba siendo desobediente.

—Bueno, intentemos —suspiró, comprometiéndose—. Si te sientes incómoda, tomaremos un descanso de inmediato.

—No hace falta que te preocupes por tus soldados —rió Gu Yun de buena gana.

Realmente sabe cómo mantener a la gente en suspenso. 

Su Ling negó con la cabeza y pensando que era divertido, lo dejó pasar.

Cuando los dos regresaron al campo de entrenamiento, el sol había salido por completo. Bajo el sol brillante, dentro del enorme charco había un grupo de soldados llenos de arcilla. Nadie se movía y el grupo tenía expresiones gruñonas.

—¿Qué está pasando? —preguntó Gu Yun con una sonrisa leve y cruzando sus manos sobre su pecho. Han Shu le echó un vistazo de reojo.

—¡De acuerdo con tus órdenes, estanque de barro! —respondió en mal tono.

Después de pasar toda la noche en este estanque, estaba seguro que los hombres morirían.

—Sácalos del estanque —le dijo Gu Yun con una sonrisa.

Con solo escuchar su voz todos sintieron ganas de gemir. Viendo a los jóvenes con tanto barro en el rostro, a ella le era imposible reconocer quiénes eran, y les dedicó una sonrisa.

La gente en el pantano había olvidado sus modales. Al mirar a Gu Yun, parecían animales salvajes, planeando darle un mordisco a esta chica que, mientras ellos pasaban la noche en el barro, había dormido y descansado con tranquilidad.

El descontento era realmente grande. Sentían que ni siquiera podían gatear para salir de la multitud que estuvo apretada toda la noche. El sol de la mañana los iluminaba, pero el agua lodosa todavía no había podido calentarse.

Gu Yun parecía disfrutar de su mirada de odio total.

—Aflojen las bolsas de arena y hagan una línea allí —sonrió casual.

Los ojos que miraban a Gu Yun se movieron.

No importa cuán insatisfechos estuvieran sus corazones, solo obedecerían. Mientras sacaban los sacos de arena, no hubo sensación de alivio. Su ropa y cabello todavía estaban empapados de barro, sus ropas estaban mojadas y secas, sus cuerpos ahora estaban calientes y fríos mientras el barro y la ropa estaban pegados a su piel. Estaban pegajosos, húmedos y fríos, pero no tenían fuerzas ni siquiera para negarse. Lo único que les quedaba para apoyarlos era quizás su propia fuerza de voluntad.

Trotaron hacia el campo de entrenamiento y se alinearon en el lado opuesto.

—De las cien personas anoche, su resistencia y fuerza física fueron las mejores —dijo Gu Yun, yendo directo al grano—. Ahora descansarán dos horas antes de su última prueba. Espero que puedan pasar.

Después de ser torturados toda la noche, ninguno esperaba que Qing Mo los dejaría ir sin más. En cuanto escucharon que habría otra prueba, nadie se sorprendió. Solo querían descansar ahora. Tan pronto como escucharon que podrían descansar, muchos simplemente se arrojaron al piso y se acostaron mientras sentían como si sus extremidades no fueran suyas.

Será mejor que descansen bien, pensó Gu Yun con una sonrisa, sin decirles nada.

—Yu Shijun.

—Sí.

—¿Las cosas? ¿Los preparaste?

—Sí…

—Entrégaselas.

—Sí.

Después de un rato, todos escucharon pasos corriendo y recibieron una ballesta. Mucha gente se vio obligada a sentarse derecha y estudiar las armas. Había algunos que se habían recuperado mientras otros todavía no se movían. Gu Yun observó a los soldados colapsados en silencio, y luego cuando Yu Shijun les ordenó moverse hacia el objetivo del campo de entrenamiento intermedio.

—¿Qué es esto? —preguntó Su Ling con curiosidad. Qing Mo sonrió misteriosa.

—Lo sabrás más tarde.

En el medio del lugar, había diez mesas pequeñas y en cada una de ellas, ocho blancos dibujados. Las diez mesas estaban colocadas en el campo de entrenamiento esparcidas en diferentes lugares. En total, había un total de ochenta objetivos.

—Alíneense —gritó Gu Yun, viendo todo listo.

Incluso con sus cuerpos muertos de cansancio, a punto de romperse en pedazos, incluso cuando querían dormir para siempre, al final del día eran soldados, y como tal, no tenían ninguna razón para desobedecer. Su velocidad era más lenta de lo habitual, pero este grupo de élite logró alienarse ordenadamente. Gu Yun no comentó sobre sus movimientos torpes, y comenzó a explicar.

—Coloquen las ballestas a su lado. Sin mi orden, no pueden tocarlas.

La mayoría de las ballestas estaban en el suelo a su lado y solo unos pocos las dejaron en la mano. Gu Yun, mientras todos estaban de pie, continuó:

—La próxima prueba es para evaluar su habilidad con la ballesta, su capacidad de orientación y coordinación física. Ahora vean encima de cada tabla: hay diez flechas de ballesta, numeradas del uno al diez en la cola. Deben disparar secuencialmente. Cada mesa tiene ocho objetivos, respectivamente al Este, Sur, Oeste y Norte, Sudeste, Noreste, Sudoeste, Noroeste, ocho direcciones. Llamaré a cualquiera de las diez direcciones, y deberán darle al objetivo que instruya. Después de que termine de dar la señal, todas las flechas deben lanzarse. ¿Lo entienden?

—Si.

—Primer grupo de diez, ¿quién es el primero? —dijo Gu Yun, sin preocuparse porque lo entendieran de verdad.

—Yo. —Ge Jingyun salió por primera vez.

—Yo. —Lou Yan Nham fue el siguiente.

—Yo.

—Yo.

Pronto hubo suficiente gente. Al General Su nunca le faltaron guerreros y eso siempre lo supo. Sus ojos recorrieron a Leng Xiao y Liu Xing, que no se ofrecieron como voluntarios en el primer grupo. Leng Xiao era un hombre cauteloso y calculador, y Liu Xing era un niño pequeño e inteligente. Supuso que Leng se ofrecería como voluntario en el segundo grupo, mientras que Liu esperaría hasta el último grupo.

Diez personas tomaron una ballesta y se acercaron a la mesa donde estaban las flechas cortas. Gu Yun entrecerró los ojos ante la salida del sol.

—Todos miran hacia el Este —dijo, y diez personas se volvieron de inmediato hacia la dirección donde sale el sol—. Preparados. —Gu Yun dio la orden y también recogieron la primera de las diez flechas cortas y luego las cargaron.

—Oeste. —Su voz bajó. Los diez hombres apuntaron hacia el Oeste para disparar una flecha y todos acertaron la primera vez.

—El noroeste. —La voz de Gu Yun casi estaba apegada a decir la segunda pista, pero esta vez las flechas de los tiradores no eran ni rápidas ni lentas y comenzaron a aparecer desviaciones.

—Sur, sureste, noreste, suroeste, oeste y sur, noroeste y noreste.

Los gritos de Gu Yun habían sido rápidos y sus pausas eran solo el tiempo suficiente para que el tirador cargara y disparara. Si la dirección fuera incorrecta, no tendrían tiempo para corregirse puesto que ya habría gritado la siguiente dirección.

Su Ling pareció entender de alguna manera las intenciones de Qing Mo al dejarlos correr toda la noche, ya que sus movimientos ahora eran muy lentos. Los soldados necesitaban identificar el objetivo en un corto periodo de tiempo, lo que no solo requería de fuerza de voluntad, sino también de cerebro y la necesidad de ser flexible. Al seleccionar una ballesta en lugar de un arco que usaba flechas largas como durante la primera competencia, las flechas cortas gastaban más fuerza.

Cuando los gritos señalando direcciones se acabaron, algunas flechas sin usar todavía quedaban en la mesa. Identificar al dueño de las flechas sin lanzar era un poco confuso, puesto que aunque el proyectil estaba enumerado, nada lo diferenciaba de los demás.

Rápidamente, se anunciaron los resultados.

—Siete cinco.

—Nueve, ocho.

—Todo dentro.

—Seis, tres pares.

—Todo bien.

—En el siete-cinco.

—Ocho ocho.

—Todo bien.

—Ocho, un par.

—¿Un par? —Esa dirección fue solo desde el principio, ¿verdad? Gu Yun dijo—: Toda la columna del medio y la derecha, al lado derecho.

—Si.

Un total de tres personas de ese primer grupo, Ge Jingyun y Lanham y un hombre alto. La atención de Gu Yun no estaba en sus cadetes anteriores, pero sus ojos se posaron en el soldado de la derecha. No era alto y su cabeza siempre estaba ligeramente agachada. Tenía la piel muy oscura, peor no lucía fuera de lugar. Gu Yun lo miró fijamente durante mucho tiempo, pero no levantó la cabeza.

—Primero a la derecha, ¿cuál es tu nombre? —lo llamó.

Al escuchar el sonido de Gu Yun, levantó lentamente la cabeza, y ella pudo ver su rostro. Tenía alrededor de treinta años, sus facciones eran normales y si hubiera que señalar algo especial, serían sus ojos suaves.

En este grupo de élite, que habían visto demasiado, había ojos templados o atrevidos, fuertes u orgullosos, pero él tenía ojos claros y distantes. Su mirada parecía decir que no tenía deseos. Era la primera vez que veía algo así. Sin embargo, creí que solo era una apariencia, ya que si él de verdad no deseara nada, no habrían podido encontrarse.

Mientras Gu Yun continuaba explorando sus ojos, el hombre volvió a bajar ligeramente la cabeza.

—Shi Hu

—Tú también pasas —dijo. No solo él estaba aturdido, sino que todos comenzaron a susurrar entre ellos.

—¡Sí! —respondió después de un tiempo.

—El resto del grupo puede regresar al campamento —despidió a los seis que seguían en la misma posición, inmóviles. Al ver sus rostros de disgusto, les habló en una voz tranquila sin rastro de ira—. ¿Tienen algo que decir?

Habían llegado a este punto de la velada con gran dificultad. Nadie quería ser eliminado. De pie en el medio, un soldado tomó la delantera.

—Simplemente no he revisado la ballesta con el corazón correcto, por lo tanto, solo entonces puedo disparar, si …

—El arma de todas las personas es la misma, ¿por qué otros pudieron hacerlo bien? ¿Po no tener el corazón correcto? —La voz helada de Gu Yun interrumpió su discurso. Su mirada fría recorrió a los soldados que estaban en el campo de entrenamiento y ya estaban completamente agotados, pero aún participaban en la prueba. Ella dijo sin la menor piedad—: Siendo soldado, el arma es tu vida. Se suponía que debían inspeccionar el arma en el momento en que la tomaron, ¿qué estabas haciendo en ese momento? Si no eres bueno controlando armas, ¿en qué eres bueno? ¿Quién más tiene algo que decir.

Su pregunta hizo eco en el campo de entrenamiento, y nadie se atrevió a hablar. Los cinco eliminados abandonaron en silencio el lugar, hasta que solo quedó un hombre parado.

—No me iré sin decir lo que quería decir. ¿Por qué Shi Hu puede quedarse atrás? —preguntó, mirando al hombre indignado. Gu Yun no estaba enojada, así que se giró hacia la persona en cuestión.

—Entonces Shi Hu, dile, ¿por qué te quedas?

—No revisé mis armas, así que no sé si tenían algún problema —comenzó después de un tiempo—, pero después del primer disparo de la flecha, descubrí una desviación. Encontrado el problema,durante el segundo disparo de flecha, hice el ajuste. Apunté a la diana como objetivo y calculé cuánta desviación había entre el lugar de la flecha y la diana. Luego, después de tener en cuenta la desviación, finalmente puse las flechas en las posiciones correctas.

Shi Hu dijo las cosas a la ligera y Gu Yun tampoco lo avergonzó. Con voz fría y con cierta provocación:

—Tiene la capacidad de cargar la flecha en poco tiempo y calcular el ángulo de desviación para acertar con precisión en el objetivo —dijo con cierta provocación—. Y por eso lo dejo quedarse. ¿Hay algún problema? —Cuando solo obtuvo silencio, repitió—. Respóndeme.

Ella sabía que eran duros, ¡pero pronto les hará saber lo que es rendirse!

—¡No!

Ahora mismo, lo que Gu Yun necesitaba eran respuestas resonantes y ordenadas.

—Seguid.

Con el tiempo, el rostro de Gu Yun comenzó a sonrojarse por el sol, y necesitaba más fuera para hablar en voz alta. Al verla, Su Ling se acercó.

—Tómate un descanso y deja que Yu Shijun grite las instrucciones —le dijo.

Cada vez que hablaba, su herida tironeaba. Había comenzado a ser incómodo, por lo que dejó de intentar de ser valiente.

—Eso está bien —asintió. Su Ling le dio una seña a Yu Shijin, quien dio un paso adelante.

—¡El próximo grupo que acepte el desafío, por favor, deje las filas!

Tal como se esperaba, Leng Xiao fue el primero en dar un paso adelante y pronto el siguiente set estuvo listo.

—¡Prepárense! —dio la señal Yu Shijun.

Gu Yun observó la competencia bajo sus instrucciones. Su Ling, de repente se levantó e hizo una seña hacia la parte trasera a Han Shu.

—¿Quién es, Han Shu? —preguntó Su Ling en un susurro.

—Estaba montando y disparando en el campamento como capitán junior hace tres años en la batalla del Noreste Qi —dijo con vaguedad después de pensar por un tiempo—. Al parecer alteró en secreto las redadas planeadas, pero fracasó y fue trasladado a la cocina. Cuando Qing Mo pidió la selección de 30.000 soldados destacados para el batallón, y dijo que cualquiera podía participar, aprovechó la oportunidad para unirse.

¿Quién tendría tal habilidad después de pasar tres años en la cocina?

Los dos hombres estaban mirando a Shi Hu, quien había logrado esconderse entre la multitud al punto en que su presencia desaparecía.

—Descubre lo que pasó ese año —dijo Su Ling, frunciendo el ceño pensativo.

—Sí.

—¿Por qué estás tan interesado en él? —le sonrió Gu Yun, girándose hacia él.

Su Ling no lo negó.

 —Estoy muy interesado. Si no hubiera sido por ti, no habría sabido que había una figura así escondida en la cocina. —No es de extrañar que dijera que Han Shu no sabía a quién quería. O había usado a las primeras diez personas como referencia para hacer cálculos precisos, o Shi Hu había notado el problema de las ballestas en cuanto se las entregaron.

 —No me lo vas a robar, ¿verdad? —preguntó Gu Yun, levantando una ceja.

Al ver cómo su rostro mostraba infelicidad, Su Ling se rió.

Gu Yun le dio una mirada de sorpresa. ¿Cuándo empezó a reír así?

Las más de doscientas personas y su competencia terminaron demasiado pronto.

—La competencia terminó. A la izquierda, ciento treinta y ocho personas —informó Yu Shijun, corriendo hacia ellos.

—¿Y por qué todavía hay tantos? —susurró Gu Yun.

Ella estaba calculando la cantidad de hombres restantes comparándola con la original, pero al escucharla Yu Shijun quedó boquiabierto de la sorpresa. Solo quedaban ciento treinta y ocho personas de las tres mil iniciales, ¿y todavía eran demasiadas?

Gu Yun miró al lento Shijun y se hizo cargo de las cien personas de rostros rígidas restantes. El grupo de hombres de hierro rápidamente se puso ansioso, después de todo, ella tenía que tomar una decisión. Partieron ayer al mediodía y no habían comido ni bebido, mucho menos descansado, ¿ahora qué querría?

Enfrentando caras nerviosas y tristes, Gu Yun se rió.

—No tienen que asustarse porque las pruebas de hoy han terminado.

¿El fin? Aunque fue decepcionante en sus corazones, dejaron escapar un largo suspiro.

—Sin embargo. —Con solo esa palabra, el corazón de todos volvió a contraerse. Gu Yun no los mantuvo en suspenso y les explicó con amabilidad—: Solo necesito cien personas. Debido a que todos son excelentes, es difícil elegir. Todos seguirán mi entrenamiento, pero realizaré una prueba al final. Cada uno tendrá cien puntos, y las veinte personas con el peor desempeño del día, tendrá diez puntos descontados. Continuaremos de esa manera hasta determinar el grupo final. ¿Entendido?

¿Los entrenamientos serían una prueba? Era claro que el verdadero desafío acababa de comenzar.

—¡Entendido! —Quizás fue un rugido de ira, quizás de luto después del día, pero la realidad es que sus voces unidas resonaron en el lugar.

—Retírense —asintió satisfecha.

Habiendo corrido durante toda la noche, sus extremidades estaban pesadas como el plomo, y las ampollas en sus pies fueron bañadas de barro y mojadas una y otra vez. Todos sentían que estaban llevando una armadura ajustada, y el sudor corriendo hacía que dejaran una marca en el camino de barro. Estuvieron todo el día tensos hasta desmayarse, luego se obligaron a relajarse, ahora solo querían yacer en el suelo, inmóviles. Remolcando sus cuerpos exhaustos, paso a paso, como ancianas, comenzaron el trayecto de regreso.

Gu Yun se volvió justo a tiempo para ver la extraña sonrisa de Han en su rostro.

—¿Riendo?

—¿Sabes cómo te llamaron tus nuevos reclutas de entrenamiento a tus espaldas la última vez? —dijo solemne Han Shu, sonriendo debajo de su máscara. Como ella no se preocupó en responder, él decidió hablar en un tono misterioso—: Entrenadora de brujas.

Los grupos siempre terminan pensando en algo original, se burló Gu Yun en su mente

—Pero esta vez no te van a llamar así.

—¿Por qué? —preguntó con curiosidad, deteniéndose junto a Yu Shin con interés.

—Porque hay uno más apropiado.

—¿Cuál es?

Han Shu miró a Gu Yun y se rió.

—¡El líder de las brujas!

—¿El líder de las brujas?

—¡Han Shu, muere!

Gu Yun agarró un paquete de flechas cortas y las arrojó hacia Han Shu, quien salió corriendo.

Su Ling se rió y aceleró para alcanzar a Gu Yun. Fuertes maldiciones, gritos salvajes, y oleadas de risas continuaron pero de pie en el campo de entrenamiento afuera había alguien con una mirada solemne.

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