Riku – Capítulo 87: El Cordero de Sacrificio

Traducido por Kiara

Editado por Limsah

Corregido por Sharon


—Esto es como una prisión.

Cuando Riku abrió la puerta de su habitación, el Shinigami soltó un silbido, burlándose de ella.

El cuarto sólo tenía una cama y una mesa; Un dormitorio muy sencillo, con el que Riku estaba bastante familiarizada. La frialdad del viento que soplaba, el suelo que crujía cuando uno lo pisaba. Era imposible que perteneciera a un Mayor General.

—La habitación es muy pequeña, así que ¿dónde puedo sentarme?

—No lo sé. ¿Por qué no te sientas en el suelo? Si no, puedes sentarte en el escritorio —dijo Riku con aplomo.

Normalmente, ella usaba su cama para sentarse, pero como era de esperar, no quería que un Shinigami que nunca había visto o conocido se sentara allí.

Si fuera por ella, realmente no lo dejaría entrar en su habitación. Sin embargo, no había manera de que pudieran hablar en el pasillo, y como no había ningún otro lugar al que pudieran ir, no tuvo otra opción más que llevarlo allí..

—Bueno, entonces, ¿qué es eso de que otorgas deseos?

Después de cerrar la puerta, Riku se sentó ante la ventana de dónde provenía el aire frío.

—Es como dije, Señorita.

El Shinigami inmediatamente mostró una sonrisa de negocios. Sacó un paquete de papeles de su bolsillo, y se lo entregó a Riku.

Con una expresión indiferente, ella abrió el pergamino y leyó las cartas estrechamente empacadas escritas en él.

—A cambio de un alma… Ya veo. Esto parece sospechoso.

Riku le lanzó los papeles. El Shinigami los tomó en pánico.

—Lo siento por actuar sospechoso. Señorita, realmente concederé tu deseo, ¿sabes?

—Si no tienes pruebas, no puedo creerte.

Sea lo que sea, no era posible creer en algo si no había evidencias que lo apoyaran.

Esto era algo que ella sabía tan bien, como sabía del dolor que había pasado en todas sus peleas hasta ahora. El resultado de entrar en batallas que carecían de razones para respaldarlas fue sólo una serie de malos incidentes. No había manera en que pudiera aceptar tan fácilmente la propuesta.

—Si no tienes nada, entonces voy a rechazar tu oferta.

—Bueno, bueno, si quieres alguna evidencia, entonces está  delante de tus ojos.

El Shinigami sonrió feliz. Riku frunció el ceño.

Sólo ellos estaban dentro del dormitorio. Los pocos muebles que había alrededor eran todas las cosas que estaban allí antes de que Riku hubiera venido a vivir allí. Además de eso, estaban considerablemente gastados.

No importaba cómo mirara alrededor, no podía ver el objeto tan increíble en el que el Shinigami había hecho su trabajo.

—Parece que te has olvidado.

Su sonrisa se estaba volviendo cada vez más intrincada. Se sentía un poco desagradable. Riku retrocedió ligeramente y agarró firmemente su alabarda.

—¿Qué quieres decir?

—No te preocupes tanto por eso. Por ahora, echa un vistazo a esto.

Él sacó el paquete de papeles. Desde el inicio, que estaba amarillo por la antigüedad, hasta el final donde estaba el papel nuevo blanco y brillante, tenía la longitud de un diccionario. Volteando las hojas, mostró a Riku una cierta página.

—¿Ese es mi nombre?

Allí estaba escrito su nombre.

No, en sentido estricto, no era así. Aunque eran letras angulares que no conocía, podía recordarlas. Nunca antes había visto unas letras como las que estaban escritas allí, así que no podía leerlas en absoluto. Pero a pesar de eso, tenía la sensación de que esas letras eran su nombre.

—Como has adivinado, este es tu nombre… No, estás equivocada. Este es el nombre del “otro tú”.

—¿El otro yo?

—Hice un contrato con tu otro yo. Bueno, como cobré mi pago, no deberías recordarlo.

El Shinigami rio.

En ese momento, las palabras de Shibira surgieron en la mente de Riku.

Cuando recibió atención médica de Shibira, Riku tuvo la sensación de que la Sacerdotisa le había pedido hablar con su otro yo con seriedad. Fue cuando se enteró que fue comida.

En ese momento a ella no le importaba, pero ahora, entendió que podría estar hablando de eso.

—¿Hay alguien más dentro de mí?

—¿Nunca has pensado que fuera raro?

Acercándose a Riku, el Shinigami comenzó a hablar con una voz que daba la sensación de viscosidad.

—¿Por qué estaba un Demonio en una ciudad humana? Y además, ¿por qué era un oficial de alto rango del Ejército del Señor Demonio?

Ante la pregunta, Riku comenzó a pensar.

Había llegado a la ciudad portuaria de Perikka, con grandes dolores después de ser arrojada desde el acantilado. Allí fue donde todo comenzó.

 Sin embargo, el Ejército del Rey Demonio comenzó sus movimientos para capturarla años más tarde, y si lo recordaba bien, diez años antes no debería haber planes para hacerlo.

En ese caso, ¿por qué estaban Leivein y Piguro en ese lugar?

Riku nunca había pensado en eso antes, pero no importaba en qué ángulo lo mirara, era extraño.

—Este fue tu deseo.

—¿Mi deseo?

—A cambio de tu alma, obtuviste un lugar al que pertenecer. —El Shinigami empezó a caminar por el pequeño dormitorio.—Un lugar en el que tu poder sería reconocido.

Alzando el sonido de los pasos, el Shinigami caminó alrededor de la pequeña mesa.

—Un lugar que te reconocería, aceptaría tu fuerza y ​​tu pelo rojo. Y entonces, podrías vengarte de los Barusak.

Agitaba su dedo mientras hablaba, como si estuviera agitando una batuta

—¿Ves? He concedido tu deseo.

—¿Concedido? ¿Cuándo?

Riku soltó una voz asesina para ocultar que la había sorprendida.

De hecho, ella fue capaz de obtener un lugar para pertenecer. Sin embargo, este lugar ya no era suyo.

Le dijeron que no importaba que no estuviera en la siguiente batalla. De todas los combates hasta ahora, esta era en la que sería más útil para Leivein.

—¿Tu deseo era conseguir un lugar para ser la mano derecha? Un lugar donde puedes tener tu venganza contra los Barusak. Tu deseo no era útil para Leivein Adlar.

—No hay…

Riku cerró la boca a la fuerza. No pudo terminar de decir que eso era imposible.

Su primer deseo fue un lugar al que pertenecer. Un lugar que no la arrojaría y que la aceptaría. Sin embargo, eso era todo.

Definitivamente no había ningún tipo de condición diciendo que Leivein Adlar tenía que aceptarla.

—Pudiste conseguir una posición en el Ejército del Señor Demonio. También se vengó contra los Barusak. Incluso si no puedes ir a la siguiente batalla, es imposible que tu posición se derrumbe. ¿No te han reconocido ya? ¿Tienes algo con lo que no estás satisfecha?  Sí, sólo conseguir un lugar para pertenecer no es suficiente. No estás satisfecha de que Leivein Adlar no te convierta en su mano derecha.

Mientras pensaba en lo codiciosa que había sido, el Shinigami continuó sus palabras. Y entonces, rodeó la mesa en la otra dirección.

—Leivein Adlar no hará de Riku Barusak su mano derecha. Desde el principio, no tenía la intención de tenerte como soldado cuando te recogió.

—¡Mentira!

La alabarda de Riku se movió más rápido que sus palabras. El hacha se retorcía alrededor del cuello del Shinigami. Dejando de caminar, miró a Riku con los ojos abiertos.

—Él me recogió después de ver mi poder.

—Esa fue una de las razones. Sin embargo, la verdadera razón es otra.

El Shinigami tenía un brillo dudoso en sus ojos. Sentía como si alguien hubiera salpicado agua fría en la espalda de Riku. La fuerza del agarre de su alabarda aumentó un poco.

—Te escogió para tenerte como sacrificio para resucitar al Señor Demonio.

—He oído que sólo la sangre de la realeza es necesaria como un sacrificio para… ¿Que era? —le preguntó mientras se esforzaba en recordar.

La sangre era necesaria para resucitar al Rey Demonio. Por eso Riku y los otros secuestraron a la Princesa Real. Se habían aventurado al centro del territorio enemigo únicamente por esta razón.

—Verás, para disipar el «Sello», es necesaria la sangre de la gente que lo selló. Por eso se necesita a la Realeza.

—Lo sé.

—Muy aguda. Quien lo selló fue el Rey, pero no fue él quien lanzó el hechizo.

—Podría ser… —Los ojos de Riku se abrieron de par en par.

Los únicos que tenían talento para las Artes de Prohibición de Demonios eran los Espiritistas. Era imposible para el Rey usarla. En otras palabras…

—El sacrificio es la sangre de la realeza y de las Cuatro Familias Espiritistas. Además, tiene que ser de un descendiente directo.

—Las Cuatro Familias Espiritistas.

Era la Casa Bernaal, la Casa Bistolru, la Casa Buryuuser y la Casa Barusak.

Habían pasado más de diez años desde que Riku aprendió esto.

La Casa Bernaal, la Casa Bistolru y la Casa Buryuuser habían adoptado a niños talentosos de otras familias en algún momento, y después de que el Jefe de familia se convirtiera en alguien de la rama secundaria, su línea de sangre directa se extinguió.

Por lo que ella sabía, sólo una mantuvo sus descendientes directos.

—El sacrificio es un descendiente directo de los Barusak. Lo que Leivein Adlar deseaba no era a usted, sino la sangre de los Barusak.

Las palabras del Shinigami pesaron sobre Riku.

Desde su núcleo, todo lo que Riku creía se desmenuzaba en pedazos. Sus dientes comenzaron a hacer ruido.

—Al tenerte cerca, sería posible usarte inmediatamente. Si te hubiera disciplinado mejor, esto habría sido el caso. Más bien, habrías querido convertirte felizmente en el sacrificio. Sin embargo… Trajiste a Rook Barusak.

Rook Barusak había heredado más sangre de Barusak que Riku, y en este momento estaba atado y no podía defenderse. Incluso después de que el Señor Demonio fuera resucitado, Riku Barusak podría seguir luchando como un soldado del Ejército del Señor Demonio.

En una perspectiva más objetiva, significaría que Riku Barusak todavía tenía valor. Por eso, en lugar de usar a Riku Barusak para el sacrificio, sería mejor usar Rook Barusak.

—Pero si ese es el caso, entonces es extraño.

Estrechando los ojos, Riku miró intensamente al Shinigami. Y luego, como si estuviera soplando todo su miedo, palabra por palabra, ella refutó rotundamente.

—En ese caso, esto significaría que durante estos diez años… Todo el mundo del Ejército del Señor Demonio ha estado engañándome.

Leivein probablemente sería capaz de engañar a Riku.

Del mismo modo, no había duda que Piguro podría hacerlo también.

Sin embargo, ¿sería Vrusto capaz de hacerlo? La personalidad de Asty y Rudogar Gortoberuk hacía que todo lo que pensaban se mostrara en sus rostros. Riku no podía imaginar que pudieran ocultarse cosas..

Aparte de eso, estaba Edgar Zerrik que la miró con rencor.

En la Isla de Sherr parecía feliz de que Riku se dirigiera a un lugar del que probablemente no sería capaz de regresar.

—No soy estúpida hasta el punto de no sospechar de nada, si realmente fui educada por el bien de ser sacrificada.

—Está bien. Casi nadie sabe nada de esto —declaró el Shinigami sin titubear. Moviendo despacio la alabarda de su cuello con su mano, se acercó a Riku. — Aquellos que sabían de la verdad en el Ejército del Señor Demonio, o incluso la raza del dragón, eran sólo la ya fallecida Charlotte Demonz, y Leivein Adlar.

Piguro fue quien le ordenó a Riku secuestrar a la Princesa Real.

Sin embargo, quien le dio esas órdenes a Piguro fue Charlotte.

—Tuviste suerte.

Antes de que Riku pudiera notarlo, el Shinigami llegó justo delante de su nariz.

—Si Leivein continuaba en coma, no habrías podido resucitar al Señor Demonio y habría muerto en ese lugar. Mientras están perdiendo el tiempo aquí, los Espiritistas se están preparando para su trampa.

El Shinigami dio unas palmaditas en el hombro de Riku mientras él se reía en voz alta.

Si sus palabras eran correctas, Riku estaba a punto de morir. Sólo con sacrificar a la Princesa no sería suficiente para resucitar al Señor Demonio. Tal vez recibirían un ataque de los Espiritistas mientras estaban distraídos.

—Ahora bien, sacrificio vivo.

Plumas negras llenaban la vista de Riku.

En ese momento, su visión se tiñó en completa oscuridad. Mirase a la derecha, a la izquierda, o a cualquier otra parte, todo estaba completamente oscuro. En la oscuridad que uno no podía ver ni siquiera un milímetro más adelante, sólo la voz dulce y profunda del Shinigami resonó.

—¿Qué podría ser lo que deseas?

Limsah
La traición y la decepción, Leivein has destruido el amor de Riku por ti :’v, *Cof, cof* El mío ㅜㅡㅜ *Cof cof* No sé qué pasara pero estoy super satisfecha ahora de la muerte de la pe**a de Charlotte. De alguna u otra manera se vengó indirectamente Riku.

Riku – Capítulo 86: El dios como soldado

Traducido por Kiara

Editado por Limsah

Corregido por Sharon


Leivein no era diferente a sus recuerdos.

Sus alas negras y hermosas no tenían heridas y ella podía sentir una fuerte voluntad en sus ojos azules. No estaba enfermo.

Si había algo que decir que era diferente, sería que sus mejillas estaban algo delgadas.. Pero aun así, siendo que estuvo inconsciente y sin  comer nada durante todo este tiempo, se podría decir que estaba muy sano.

Riku lo estaba examinando obstinadamente y comprobando su estado, pero no había error en que ya estaba en condiciones de regresar al campo de batalla. Ella respiró, dando un suspiro de alivio.

—Durante el tiempo que el capitán Leivein no estaba aquí, el Ejército del Señor Demonio…

—Ya he oído hablar de lo que ha estado sucediendo.

Riku iba a explicar la situación, pero Leivein la detuvo.

—He oído todo del General Gortoberuk. He oído hablar del destronamiento, la ejecución y quién había estado liderando al Ejército del Señor Demonio desde entonces. Y también acerca de cómo estamos cerca de liberar al Señor Demonio —dijo Leivein de forma indiferente, cruzando sus brazos. —He aprendido muy bien de su lealtad.

—¡Muchas gracias!

Riku no podía decir más que eso.

Con sus pasos resonando en el pasillo, Leivein se acercó a ella. Bajando ligeramente la cabeza, Riku esperó.

Su corazón latía más rápido que de costumbre. Leivein definitivamente iba a alabarla. Mientras estuvo ausente, Riku había purgado el mal del Ejército del Señor Demonio y, además, había descubierto con éxito donde el Señor Demonio estaba sellado.

Leivein definitivamente iba a darle una palmadita en la cabeza por haber hecho un trabajo digno de su mano derecha. A cada paso que la distancia entre ellos se cerraba, su pecho se inflaba con la expectativa. Y entonces, cuando Leivein y Riku estaban justo al lado del otro, sucedió.

—Debes estar muy ocupada. Ve a tomar un día libre

Riku levantó rápidamente la cabeza.

No entendía lo que Leivein intentaba decirle. Buscando el significado detrás de esas palabras, Riku miró la cara del Capitán. Él ni siquiera la estaba mirando.

—¿Hasta cuándo sería?

—Por un mes.

—¿Eh?

Ella quedó paralizada por la sorpresa.

Vrusto, unos pasos detrás de Riku, también se sorprendió. La atmósfera se volvió tensa.

—Durante ese tiempo, te prohíbo ir al campo de batalla.

—¡Por favor, espere, Capitán Leivein! ¿¡Qué quiere decir con eso!?

Casi tropezando, Riku saltó delante de Leivein.

—Vamos a ir al «Sello» en tres días. No hay manera de que pueda tomar unos días libres para un…

—Entonces, déjame cambiar mis palabras.

Frías palabras de negativa. En el momento en que las escuchó, se sorprendió.

Riku no se reflejaba en los ojos azules de Leivein. Sólo seguía mirando hacia adelante.

—Estarás en arresto domiciliario por un mes.

—¿Arresto domiciliario?

¿Por qué? ¿Por qué razón? Esas palabras no podían salir de su boca.

Riku dio tres pasos atrás.

—¿Hice algo malo? He purgado la plaga del Ejército del Señor Demonio, y luego…

—Es porque llamaste plaga al asunto de Charlotte-sama —declaró con una expresión fría como el hielo.

Riku no entendía las palabras de Leivein. Con una respiración áspera, gritó  buscando una respuesta.

—¿Qué hay de malo en llamarla de esa forma? ¡Esa chica promiscua definitivamente iba a causar calamidad al Ejército del Señor Demonio! ¡No, a causa de esa chica, el Capitán estuvo a punto de morir!

Limsah
Hija de p**a Charlotte incluso muerta sigue jodiendonos la vida… Bueno a Riku principalmente yo solo me enojo.

Era la elección correcta matar a Charlotte.

Se había enamorado de un Espiritista, había aniquilado a sus acompañantes y había puesto a Leivein en la puerta de la muerte. Si no hubiera sido ejecutada en ese momento, definitivamente sería un obstáculo para esta próxima guerra. Sólo por pensar que Charlotte podría ser persuadida por Rook Barusak y traicionarlos en el último minuto, la hacía enojar.

—¡Es correcto haber ejecutado esa plaga! Es decir…

—¿Crees que lanzar a tu superior a los lobos es la acción correcta como un soldado? —preguntó Leivein.

Aquellas palabras eran agudas hasta el punto de dar la ilusión de que una espada blanca estaba apuntada junto a su cuello.

—Es deber de los subordinados detener a sus superiores cuando se dirigen al camino equivocado, incluso a riesgo de su vida. Si no son capaces de hacer eso, sólo sufrirán el mismo destino.

Cada palabra era pesada y atravesaba su corazón.

Diciendo sólo eso, Leivein dejó el lugar moviéndose con rapidez, pero sus pasos por alguna razón se sentían muy pesados.

—Vrusto, sígueme. Tengo un trabajo para ti.

—¿Qué ha ojou-chan… ? ¿Qué ha hecho el General Riku Barusak?

—En su descanso, no se preocupe de las cosas relacionadas con el trabajo, ni con la gente que está a su cargo.

Con un rostro extremadamente preocupado, Vrusto miró alternativamente a Riku y Leivein. Empezó a decir algo, pero deteniéndose, sacudió la cabeza y siguió a Leivein.

Riku cayó débilmente al suelo. No podía gritarles que esperaran. No podía decir que era un malentendido. No importaba lo que pasara, ella no podía decir que estaba equivocado.

Sólo podía mirar aquellas espaldas desapareciendo a la distancia como si Riku no estuviera preocupada por ellas.

—Realmente, nada había cambiado.

Antes de que pudiera darse cuenta, estaba murmurando en el pasillo vacío. Golpeando la palma de su mano en el suelo frío, cerró la mano.

Leivein no podía perdonar a Riku, quien mató a Charlotte. Por mucho que le explicara la razón, no importaba cuántas evidencias le mostrara, definitivamente no las aceptaría.

Desde la perspectiva de Leivein, Riku, que había matado al líder del Ejército del Señor Demonio, era un traidor. Había ido contra el código del soldado. Dejando a un lado su mano derecha, tal vez Leivein la había abandonado como si no tuviera ningún valor en el ejército. Pensando en eso, el corazón de Riku se enfrió.

—¿Que se supone que haga… ?

A este ritmo, iba a perder su lugar en el Ejército.

Aunque finalmente había conseguido un lugar al que pertenecía. A pesar de que había llegado a un lugar donde su fuerza fue reconocida. Para que terminara por separarse de ella…

—N-No…

Su cuerpo temblaba. Abrazándose, trató desesperadamente de dejar de temblar. Sin embargo, por el contrario, el temblor se hizo cada vez más violento. Con las lágrimas en las esquinas de sus ojos apareciendo, sus dientes comenzaron a tiritar.

—Quiero seguir estando aquí.

No sabía lo que se suponía que debía hacer.

Riku sólo podía vivir en el campo de batalla. Ella entrenaba con su alabarda con el fin de tener su venganza contra los Barusak y también para conseguir logros magníficos.Pero también era para cumplir su objetivo, que era aún más importante que su venganza… Había hecho un gran esfuerzo para convertirse en la mano derecha  de Leivein.

—No quiero irme de aquí.

Se estaba convirtiendo en burbujas en el agua.

Si Riku ya no podía ir al campo de batalla, se convertiría en un simple humano. Ella se convertiría de una niña pequeña fuerte a ser alguien innecesario para cualquier persona en el Ejército del Señor Demonio…

No. Se convertiría en la niña ominosa evitada por su misterioso cabello rojo.

Nadie necesitaría una chica así.

Ya fuera humana, Espiritista, o incluso un Demonio… Nadie se daría cuenta de ella.

—Pareces preocupada, Señorita. [1]

Justo en ese momento, una voz encantadora llegó desde arriba.

Alzando la cara, Riku se encontró con un hombre de negro, joven y guapo con alas negras. Si las alas de Leivein eran de un dragón, las hermosas alas de este joven eran de pájaro. Parecían más suaves que las alas de Karula del escuadrón de mensajeros.

—¿Quién es?

Riku miró a través de sus recuerdos.

Era un hombre a quien no recordaba. Al menos, en lo que respecta a Riku, no estaba afiliado a los militares.

Ella levantó su guardia. Se puso de pie, y retrocedió como precaución.

—Soy un Shinigami

Él le mostró una débil sonrisa.

Debido a la sonrisa sospechosa, Riku movió su mano hacia la alabarda en su espalda. El guapo hombre que decía ser un Shinigami levantó inmediatamente sus manos, pero no quitó su sonrisa despreocupada.

Con la cara de un vendedor inofensivo, dio un paso más cerca de Riku.

—Ah, por favor, detenga esto. Incluso si soy un Shinigami, he venido para concederle su deseo.

Él se lamió los labios. Su lengua roja y larga parecía una serpiente que buscaba su presa.


[1] “Señorita” o “Ojou-san” está escrito con el carácter de “Heroína”

Kiara
Esto se puso bien bueno. Necesitamos respuestas… Ah es cierto soy yo quien las trae, nos vemos en el próximo.

El vampiro reencarnado solo quiere una siesta – Capítulo 42: Hoguera ceremonial

Mi cuerpo se siente ligero…

Nunca me he sentido así antes, algo como… flotar. Aunque me siento triste, perdí a mi amada Okaa-sama mi corazón se volvió pesado. Pero cuando mi pie pateó el suelo, todavía me siento tan ligera. Puedo sentir mi cuerpo entero lleno de poder. Seguí leyendo “El vampiro reencarnado solo quiere una siesta – Capítulo 42: Hoguera ceremonial”

El vampiro reencarnado solo quiere una siesta – Capítulo 41: Una lágrima

Cuando regrese a la cabaña, veo que Kuzuha-chan ya duerme, tumbada en la pila de paja, usando su cola como almohada.

Sus ropas están estropeadas, así que hay varias manchas expuestas y zonas rasgadas, tal vez se pinchó con la paja. Seguí leyendo “El vampiro reencarnado solo quiere una siesta – Capítulo 41: Una lágrima”

El vampiro reencarnado solo quiere una siesta – Capítulo 40: La Ambición de Ruts

Aquello lo había dicho un hombre con un timbre de voz relajado que bajaba parsimoniosamente la escalera hacia el sótano. Claramente intenta verse como un mago con la ropa que lleva puesta. Viste una bata cara adornada con bordados dorados. Tiene cabello oscuro mezclado con azul. Y aunque no estoy segura por su rostro asumo que está entrado en sus veinte… Como la bata es grande no alcanzo a ver su musculatura… pero me resulta claro que tiene una cara angosta con ojos púrpura. Seguí leyendo “El vampiro reencarnado solo quiere una siesta – Capítulo 40: La Ambición de Ruts”

El vampiro reencarnado solo quiere una siesta – Capítulo 38: El vampiro sale a pasear por la noche

El escenario a mi alrededor es oscuro por la noche, vagamente iluminado por la luna. Lo que es bueno, con ojos de vampiro, puedo ver todo incluso sin la luz de la luna. Puedo ver una pequeña villa de no más de 20 casas. Ya que hay campos alrededor de cada casa, supongo que puedo llamarla una villa rural. Por el olor, parece que hay también varias villas pequeñas alrededor… Seguí leyendo “El vampiro reencarnado solo quiere una siesta – Capítulo 38: El vampiro sale a pasear por la noche”

Una Verdadera Estrella – Capítulo 37: Pensamientos honestos (1)


En el camino de regreso, Charles trató de consolar a Tang Feng, diciéndole que las palabras que había dicho en el restaurante eran sólo bromas, y no tenía que tomarlas en serio.
Sólo los ignorantes de 16 y 17 años creerían eso. Afuera, Tang Feng asintió con la cabeza y sonrió, mostrando que no tomaba ninguna de las bromas a corazón. Pero cuando volvieron a la casa de Charles, Tang Feng inmediatamente fue a la computadora y utilizó todo lo que estaba a su alcance para encontrar información sobre Albert.
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Una Verdadera Estrella – Capítulo 36: No es de buen corazón (2)


Albert levantó ligeramente los dedos; De inmediato, el guardaespaldas que había estado de pie a su lado se adelantó con cigarrillos y un encendedor. El hombre de pelo dorado tomó un largo trago de su cigarrillo y apagó pausadamente las nubes de humo.
—Vamos a llegar al punto de por qué estás aquí.
—¿Estás diciendo que estábamos jugando?. Albert, aprende a tener sentido del humor y relájate un poco.
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Una Verdadera Estrella – Capítulo 35: No es de buen corazón (1)


No era noticia que el mundo del espectáculo estaba involucrado con el mundo criminal. Alrededor de los años 80 y los años 90, el círculo de entretenimiento de Hong Kong fue tomado por las tríadas¹ criminales locales. En la superficie, parecía que las celebridades gozaban de una fama sin fin; Sin embargo, no se sabía cuántas amenazas tenían que enfrentar en privado. Afortunadamente, ese tipo de cosas fue disminuyendo con los últimos años.
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Una Verdadera Estrella – Capítulo 34: Amante soñado (2)


—¡Siento mucho que te haya hecho esperar tanto tiempo!
Preguntó una pequeña niña con voz cortés, mientras se apresuraba a entrar en la habitación. Su pelo estaba atado en una cola de caballo, y llevaba un par de anteojos con marcos negros. Habían círculos oscuros debajo de sus ojos, y llevaba varios documentos en sus manos.
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Una Verdadera Estrella – Capítulo 33: Amante soñado (1)


Usar la palabra “extraño” para describir la atmósfera en el auto, no se iría por la borda. O tal vez sólo Xiao Yu, quien estaba sentada en la parte trasera, se sentía así. Charles conducía, y Tang Feng estaba sentado a su lado, charlando juntos naturalmente durante todo el tiempo.
Hoy iban a la estación de televisión para discutir el programa previamente decidido “Amante soñado”. El contenido del programa televisivo era similar a las citas a ciegas, solo que tenía un nombre diferente.
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Una Verdadera Estrella – Capítulo 32: Desastre de tres


Si quieres un beso, entonces te daré un beso. Si quieres que te bese, te besaré.
Tang Feng miro a Lu Tian, quien estaba sentado en el asiento del conductor.
Él le dio unos golpecitos con los dedos en la puerta del auto un par de veces, la comisura de sus labios se levantó en una sonrisa.
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