Traducido por Shisai
Editado por Shiro
Su apariencia era idéntica y su actitud ante la verdad, casi la misma. Cuando Tang Mo se encontró por primera vez frente a este Reloj de la Verdad, aunque una sombra de duda cruzó su mente —pues el Señor Conejo había mencionado que entregaría el Reloj como tributo a la Reina de Corazones y, por tanto, no debería estar allí—, no logró hallarle defecto alguno. Debía de ser el auténtico… y, sin embargo, algo seguía sin encajar.
—Si eres un invento fallido, entonces estás infinitamente cerca del original —sentenció Tang Mo—. Son realmente muy parecidos. Tan parecidos que nadie podría distinguir la diferencia a simple vista.
Era imposible que alguien encontrara la diferencia entre ellos a simple vista.
—¡Yo soy el Reloj de la Verdad! —rugió el Reloj de la Verdad, fuera de sí.
—Qué lamentable —intervino Grecia con una voz cargada de una falsa reverencia—. Oh, grandioso y a la vez miserable Reloj de la Verdad, ni siquiera la Torre Negra reconoce tu identidad.
En una situación como esta, por más que intentara bañar sus palabras con respeto, estas sonaban inevitablemente a una burla cruel. Grecia esbozó una sonrisa y añadió:
—Quizá… realmente no eres el Reloj de la Verdad.
—¡Tú…! —balbuceó el Reloj de la Verdad.
Tang Mo dirigió una mirada indiferente hacia Grecia y luego volvió el rostro hacia el Reloj de la Verdad para sentenciar:
—Apenas entramos en esta habitación, declaraste que eras el gran Reloj de la Verdad y que le dabas la hora a Schrödinger. En el mismo instante en que pronunciaste esas palabras, ya era imposible que fueras el verdadero Reloj de la Verdad. Debo admitir que, al principio, no noté el error. Fue más tarde, cuando no dejabas de repetir esa misma frase y, además, hiciste otra declaración… —Tang Mo hizo una pausa y levantó la vista—. Dijiste que odiabas la Brújula de la Falacia.
—Odio la brújula de la falacia. Esa maldita Brújula es el objeto más asqueroso y repugnante del mundo. Niega toda verdad y busca falacias que trascienden la verdad misma. ¿Acaso hay algo erróneo en esa afirmación? —replicó, desconcertado, el Reloj de la Verdad.
—Esa afirmación no contiene error alguno. El error.. es que la haya venido de ti —respondió Tang Mo.
El Reloj de la Verdad, sumido en la furia y la desesperación, se negaba obstinadamente a admitir que no era el auténtico:
—¡Tú, insolente intruso de la Torre Negra! ¡Intentas engañarme! No uses tus burdas mentiras para embaucar al gran Reloj de la Verdad.
—¿Incluso ahora te proclamas el «gran» Reloj de la Verdad? —intervino Tang Mo de repente.
La entidad quedó petrificada al instante. Tang Mo mantuvo una mirada serena y continuó:
—Si cada una de tus palabras es sinónimo de la verdad… dime, ¿bajo qué verdad objetiva se demuestra tu grandeza?
Al escuchar esto, el Reloj de la Verdad guardó silencio. Zhao Xiaofei asintió y añadió:
—¡Exacto! Decir «el gran Reloj de la Verdad» o «el gran Schrödinger» no constituye la verdad. La verdad es aquello que existe objetivamente y posee una validez absoluta. Cualquier declaración que contenga un juicio subjetivo no puede considerarse una verdad.
Li Miaomiao experimentó una súbita iluminación.
—¡Exacto! Dices que eres grandioso, pero no hay nada que pueda demostrar tu grandeza. Por ejemplo, si yo digo que soy hermosa, puede serlo ante mis propios ojos, pero para los demás quizás sea fea. ¡Las palabras que contienen matices subjetivos jamás podrán convertirse en verdad! —dijo con entusiasmo—. ¡Ningún juicio subjetivo es una existencia objetiva! ¡Nada de eso es la verdad! ¡Por lo tanto, tú no eres el Reloj de la Verdad!
—Es el Reloj de la Verdad —dijo una voz grave que resonó en la estancia.
En las habitaciones de Schrödinger se almacenaban sus inventos; entre ellos, los había exitosos… y fallidos. Fu Wenduo, con semblante imperturbable, declaró:
—Es un Reloj de la Verdad fallido.
—¡¡¡LOS MATARÉ A TODOS!!!
Esa voz femenina, que siempre se había mantenido serena, estalló de pronto en una furia desbocada, como la de una persona fuera de sí por los celos. Lanzó un alarido y, desde el disco del reloj, desplegó cinco largos tentáculos azules que se abalanzaron sobre los jugadores.
Pero antes de que los tentáculos siquiera rozaran su ropa de Tang Mo giró el cuerpo para esquivarlos y, al mismo tiempo, atrapó uno de ellos con su propia mano.
Li Miaomiao y los demás, al presenciar esto, retrocedieron con una mezcla de sorpresa y regocijo.
—¿Nuestras piernas… pueden moverse?
La «verdad» había sido quebrada y los jugadores ya no estaban restringidos por las reglas de aquella habitación.
El Reloj de la Verdad rugió mientras desplegaba más tentáculos azules para atacar a todos los presentes. El primer instinto de Li Miaomiao y Zhao Xiaofei fue darse girar y correr hacia la puerta; ahora que podían moverse, huir parecía la única opción lógica. Por su parte, Grecia esquivaba los ataques con saltos ágiles, sin la menor intención de contraatacar; simplemente tomó su bastón corto y las siguió.
Tang Mo y Fu Wenduo intercambiaron una mirada y, acto seguido, se lanzaron al frente.
Desplegando su pequeña sombrilla, Tang Mo hizo que una innumerable cantidad de tentáculos rebotara contra su superficie. Fu Wenduo, por su parte, aprovechó el impulso apoyándose en el hombro de su compañero y saltó por los aires. Un arma negra de filo triangular descendió con fuerza desde lo alto, partiendo en dos el enorme reloj azul.
El hermoso reloj azul se desintegró en innumerables motas de luz que danzaron por la habitación. Pronto, aquellos puntos de luminosos volvieron a agruparse para recuperar su forma original, aunque en esta ocasión su resplandor se había atenuado considerablemente.
Tang Mo sujetaba con firmeza los tentáculos azules que aún se retorcían en sus manos, mientras que Fu Wenduo, tras girar la muñeca, hizo aparecer una daga negra, dispuesto a asestar un nuevo golpe.
Al ver esto, el Reloj de la Verdad se apresuró a suplicar clemencia:
—¡Perdónenme, intrusos de la Torre Negra! Ustedes no han perdido nada; incluso les he revelado información valiosa. ¡Tengan piedad! ¿Qué beneficio obtendrían si me matan? Todo lo que les dije hace un momento era cierto. ¡En ningún momento les causé daño alguno!
Pese a las súplicas, Tang Mo no aflojó el agarre sobre los tentáculos; al mismo tiempo, Fu Wenduo guardó la daga con un movimiento fluido y lo miró, tras lo cual ambos intercambiaron un leve gesto de asentimiento.
Tang Mo apretó los tentáculos con más fuerza y preguntó con voz gélida:
—¿Y qué beneficio obtenemos nosotros al dejarte vivir?
El Reloj de la Verdad no sabía qué decir.
¡¡¡Ya me han destrozado por completo y todavía quieren beneficios!!!
El Reloj de la Verdad probablemente nunca había visto a humanos tan audaces que se atrevieran a negociar condiciones con un monstruo de la Torre Negra. Los demás tampoco esperaban que un reloj de apariencia tan imponente resultara ser tan frágil. Respecto a su valor en combate, Li Miaomiao comentó con sorna:
—¿Por qué siento que puedo vencerlo?
Grecia le respondió:
—Porque ha perdido la protección de las Reglas de la Verdad, milady. En el mundo de la verdad, era invencible. Sin embargo, hace un momento planteamos un dilema que no pudo resolver: convertirse en la verdad o destruirla. Nosotros destruimos su verdad. Por lo tanto, ahora no es más que un invento fallido de Schrödinger, completamente común y corriente.
Tang Mo y Fu Wenduo no soltaban al Reloj de la Verdad; mientras tanto, este, temblando sin cesar, maldijo en su interior a este grupo de humanos tan excéntricos durante un buen rato. Finalmente, reprimiendo su ira, dijo:
—Yo solo soy un reloj ordinario. No soy la Torre Negra, no puedo darles ninguna recompensa. Pero es cierto que conozco la mayoría de las verdades del mundo. Puedo revelarles una pista que les ayudará a superar el juego del escondite de Schrödinger.
—¡Maldito, apestoso y despreciable reloj roto!
Una suave voz de gatito llenó la habitación. De pronto, soltó un chillido agudo —como si alguien le hubiera pisado la cola— y Schrödinger comenzó a rugir con furia:
—¡No debes decirlo! ¡No debes, no debes, no debes decirlo! ¡Si te atreves a hablar, te convertiré en un retrete apestoso y te regalaré a Santa Claus! ¿Acaso no lo sabes? ¡El trasero de Santa es enorme y apesta! ¡De verdad te convertiré en su maldito retrete!
Al escuchar estas palabras, el cuerpo azul del Reloj de la Verdad comenzó a temblar violentamente, con mayor dramatismo que cuando fue partido en dos; por poco se desintegraba de nuevo. Aquella amenaza resultó más efectiva que el golpe de la daga de Fu Wenduo.
Sin embargo, quienes controlaban la vida del pobre artefacto en ese momento eran Tang Mo y Fu Wenduo. La criatura, ahora en un estado patético, se dirigió al aire con un tono adulador:
—Oh, ilustre lord Schrödinger, como acaba de escuchar, la Torre Negra ha bloqueado mis palabras. Todo lo que he dicho está dentro de lo permitido; en realidad, no les estoy revelando cómo superar el juego.
Schrödinger soltó un bufido de furia, emitiendo un ronroneo amenazante. El Reloj de la Verdad, reuniendo valor a pesar del miedo, se apresuró a declarar:
—Intrusos de la Torre Negra, la pista que les doy es esta: tienen un total de tres rondas en este juego del escondite. Sin embargo, en esta primera ronda del juego, lamento informarles que ya están destinados al fracaso.
Schrödinger estalló enfurecido:
—¡RELOJ BASURA!
El Reloj de la Verdad, aterrorizado, tembló de pies a cabeza.
Al abandonar la habitación, los jugadores regresaron al pasillo, oscuro como la boca de un lobo. Mientras salían, el falso reloj se escondió en un rincón, como si hubiera vislumbrado su miserable destino. Tang Mo encendió la linterna y se la entregó a Fu Wenduo, quien apuntó hacia la negrura del corredor. Ante ellos, se abrían dos caminos:
Izquierda… o derecha.
Poco antes, los cinco habían bajado por la escalera del primer piso para entrar directamente en la habitación del Reloj de la Verdad, ubicada justo enfrente. Por toda la Fortaleza de Acero resonaba el monólogo de Schrödinger como un murmullo incesante; según sus palabras, había decidido dividir al Reloj de la Verdad en tres partes: con una fabricaría un retrete apestoso para regalárselo a Santa Claus; con otra, un espejo para la Abuela Lobo; y con última, un anillo de fuego para el líder del Circo Extraño.
—¡Jamás te regalaré a la Reina de Corazones! ¡Eres un invento fallido! ¡No estás calificado para formar parte de su colección junto al verdadero Reloj de la Verdad!
Las palabras venenosas del pequeño gato negro resonaban sin tregua por el pasillo. Tang Mo le hizo una señal visual a Fu Wenduo, quien, tras levantar la linterna, dijo con tranquilidad:
—Vayamos por aquí.
Solo había dos opciones y Fu Wenduo eligió el camino de la izquierda. Siguieron el corredor y encontraron dos habitaciones más, pero estaban vacías. Zhao Xiaofei no pudo contenerse y comentó:
—Hace un momento, el Reloj de la Verdad nos dijo que ya hemos fracasado en esta primera ronda. Por la reacción de Schrödinger, es evidente que lo que dijo era cierto.
—Hay tres rondas para encontrar a Schrödinger. No teníamos intención de encontrar a Schrödinger en la primera ronda, así que ¿no es normal que aún no lo hayamos encontrado? —comentó Li Miaomiao
—No es eso a lo que se refería —respondió Tang Mo.
La doctora lo miró, desconcertada.
—Esta ronda aún no ha terminado —continuó él—. Acabamos de bajar a este piso y la gran mayoría de las habitaciones de este nivel ni siquiera han sido revisadas. Sin embargo, ese falso Reloj de la Verdad afirmó con total seguridad que ya hemos fracasado. Esto solo puede significar dos cosas.
Tang Mo analizó con frialdad:
—Primera posibilidad: Schrödinger se encuentra en alguna de las habitaciones por las que ya pasamos. Se ocultó tan bien que, a pesar de haber estado allí, no logramos detectarlo.
—Eso es imposible —refutó Li Miaomiao de inmediato—. Revisamos cada habitación con sumo cuidado. Incluso inspeccionamos aquella sala de los rayos aterradores que encontramos al principio, y Schrödinger no estaba allí.
—Entonces queda la segunda posibilidad —respondió Tang Mo.
—¿Cuál?
—Que ya no tenemos oportunidad alguna de volver a entrar en la habitación donde se encuentra Schrödinger.
♦ ♦ ♦
La autora tiene algo que decir:
Santa Claus: Jejeje, la verdad es que sí necesito un retrete nuevo.
Abuela Lobo: ¿Este espejo podrá reflejar fielmente mi belleza?
Líder del circo: ¿Hmm? No necesito este tipo de cosas.
Reloj falso: … QAQ ¡¡¡Esta vida es insoportable!!!
