Traducido por Shiro
Editado por YukiroSaori
—¿Es cierto que el Dios de la Luz bautizó al sacerdote Joshua en persona? —preguntó un hombre con curiosidad.
—¡Por supuesto! Cuando el sacerdote salió de la piscina sagrada, llevaba las mismas túnicas santas que el Dios de la Luz, y pétalos de rosas rojas cayeron del cielo, cubriendo el sol. Fue una ocasión tan grandiosa que jamás la olvidaré —respondió un mago del reino de Sagya con tono nostálgico.
—También escuché que Boel Britte, para convertirse en el obispo de su reino, sedujo al papa en secreto. Luego, el papa ignoró la oposición del obispo anciano y le arrebató el título al sacerdote Joshua para dárselo a Boel. ¿Es cierto que incluso ofendieron al Padre el día antes de la ceremonia de coronación, y que el mismo Padre hizo descender el fuego divino para quemarlos vivos por sus pecados?
—La verdad es mucho más oscura de lo que imaginas —dijo el hombre con una mirada maliciosa—. Boel Britte fue consumido por el fuego divino, y al sus ropas quedar hechas cenizas, su cuerpo quedó expuesto y así quedaron en evidencia las marcas de besos. Ese aspecto lo hacía parecer como… una perra en celo. —Hizo una pausa teatral antes de continuar, como si saboreara el drama en sus palabras.
—El Papa negó rotundamente cualquier implicación con Boel, alegando que había sido obra del segundo príncipe. Este último, que había sido degradado a plebeyo, se levantó de inmediato y lo acusó de vuelta, alegando que él no había sido el único involucrado con Boel. Además de él, Boel había invitado a su lecho al rey bestia, a su hijo y joven príncipe e incluso… —El narrador bajó la voz y echó un vistazo furtivo hacia Bowen y los demás, asegurándose de que no prestaban demasiada atención, antes de susurrar con deleite morboso—: Incluso al rey elfo. Nadie aquí está libre de pecado. Siendo el Padre Celestial omnisciente, todos están a la espera de que el Padre los consuma en llamas tarde o temprano.
Los ojos del equipo de aventureros se abrieron de par en par, sorprendidos. No podían imaginar cuán encantador debía ser Boel Britte para atraer a las figuras más poderosas del continente a su lado.
¿Es realmente tan hábil en la cama?
Un torrente de imágenes eróticas cruzó sus mentes. Después de un momento de especulación, uno de ellos exclamó:
—¿Cómo puede un hombre tan lascivo estar calificado para servir al Padre? No me sorprende que el Padre esté tan lleno de ira. Empiezo a pensar que esa identidad de «favorito de Dios» fue fabricada.
—Incluso si fuera cierto, lo que hizo equivale a traicionar al Padre. Merece ser quemado vivo. Escuché que escapó, ¿sabes a dónde se fue? —añadió otro.
—No lo sé, pero escuché que un demonio poderoso lo rescató. Y, según dicen, al parecer fue un señor demonio del Abismo Tenebroso. Tal vez ahora ya se haya convertido en un sacerdote oscuro, arrastrándose bajo el mando del demonio con gemidos serviles —se burló uno de los hombres del reino de Sagya.
Los elfos y hombres bestia, con su aguda sensibilidad, pudieron escuchar con claridad la conversación a pesar de que los hombres habían bajado sus voces deliberadamente. El rostro de Bowen se ensombreció y su corazón se estremeció. Deseaba negar esas palabras, pero sus dudas surgieron, confirmando lo que habían dicho.
Si Boel fue rescatado por un demonio, entonces, ¿quién es el duque Hubert, que no se ha separado de él un instante desde que llegaron? ¿Es realmente humano? ¿Y fue el rey elfo también acogido por Boel en su lecho? ¿Cómo puede ser eso posible?
Bowen se cubrió la cara, sintiendo que trataba de engañarse a sí mismo. Era evidente que el rey y Boel siempre habían tenido una relación ambigua; todos los elfos lo habían notado. Boel había seducido a tantos hombres con su cuerpo y traicionado al Padre; su alma ya estaba corrompida. En la sociedad humana, representaba inmundicia y maldad, una existencia completamente rechazada por el Padre.
Y ahora, esa misma persona vive despreocupadamente entre los elfos y los hombres bestia, gozando tanto del amor del rey elfo como del rey bestia. Los tiene en la palma de su mano, ¡qué repugnante!
El estómago de Bowen comenzó a retorcerse de dolor.
—¡Aah! —gritó un elfo, haciendo que todos volvieran a mirarlo, incluso el sacerdote Joshua, que dormía profundamente, emitió un ligero murmullo.
El elfo rápidamente cubrió su boca, mirando con culpa las cejas fruncidas del sacerdote. Otro elfo se acercó y comenzó a cantarle una canción de cuna.
Poco a poco, el sacerdote volvió a sumirse en un profundo sueño, y todos suspiraron aliviados, aunque lanzaron miradas de desaprobación al elfo.
—Mi manta me dio una descarga estática —se defendió el elfo, con una expresión lastimera que logró captar algo de simpatía.
—Si sigues causando molestias y perturbas al sacerdote, tendrás que marcharte inmediatamente —advirtió con firmeza el mago líder.
Herman seguía siendo el papa; no podían actuar en su contra, así que deseaban que esos elfos y hombres bestia se lo llevaran. Los elfos, sin embargo, se rehusaban a dejar al sacerdote Joshua. Estar cerca de él era tan cálido y reconfortante como estar junto al Árbol Madre.
Bowen se disculpó, y todos asintieron, retomando sus conversaciones previas. Luego, en un susurro, preguntó:
—¿Qué pasa?
—Sumo sacerdote, ¿ha notado alguna diferencia entre el Bosque Élfico actual y el de medio mes atrás?
Hace medio mes, aunque el Bosque Élfico ya sufría la erosión de la niebla demoníaca, su estado no era tan grave como el actual. En ese entonces, Bowen recorría el bosque a diario, lanzando hechizos de purificación que controlaban eficazmente el avance de la niebla. Sin embargo, desde la llegada de Boel, la niebla demoníaca parecía haberse intensificado; comenzó a expandirse a un ritmo alarmante, devorando casi un tercio del bosque en un abrir y cerrar de ojos. Dondequiera que miraban, encontraban tierra y aguas negras, como si estuvieran ante una escena del infierno.
Bowen se preocupaba por esto, pero no había reflexionado demasiado sobre la causa. Ahora que alguien se lo había señalado, una idea aterradora surgió en su mente.
Sospechaba que esta catástrofe había sido provocada por Boel Britte. Al enfurecer al Padre, los elfos y hombres bestia lo acogieron, tratando al sacerdote Joshua, amado por el Padre, como un enemigo. Sin duda, el omnisciente Padre debía estar enojado con ambos clanes.
Por eso la niebla demoníaca se había vuelto incontrolable.
Más inquietante aún era el hecho de que el salvador de Boel era un señor demonio; ni siquiera el papa, en su mejor momento, habría podido dilucidar su disfraz. No conforme con eso, uno de estos había seguido a Boel hasta el Bosque Élfico, y la niebla demoníaca, sin duda alguna, respondería a su llamado.
Si sus especulaciones eran ciertas, los elfos y los hombres bestia enfrentaban una posible extinción.
Bowen estaba tan aterrado que sudor frío le recorría la espalda, y el joven elfo a su lado se encogía, temblando, al borde de las lágrimas.
—¡Sumo sacerdote, debemos regresar de inmediato! —exclamó, frotándose los ojos con ansiedad.
—Si realmente es un señor demonio, no puedo enfrentarlo. Debemos llevar al sacerdote Joshua con nosotros —dijo Bowen, agitando la mano en un gesto de frustración.
—Pero probablemente ya se habrá percatado de que Boel está en nuestra tierra; no querrá venir con nosotros. Él, al igual que el Padre, debe odiarnos —sollozó el pequeño elfo.
Cuando atacaron al sacerdote Joshua, justificaron su acción como venganza por Boel Britte. Si no supieran lo que había sucedido con él, ¿por qué estarían tan enojados? Debían haber tenido contacto con Boel después de su escape. Boel, rechazado por la sociedad humana, no tenía otro lugar donde refugiarse más que el Bosque Élfico. Cualquiera podría deducirlo.
No era de extrañar que esos humanos intentaran deshacerse de ellos. Sin duda, ya habían decidido que los elfos y los hombres bestia eran blasfemos.
El pequeño elfo estaba aún más asustado y lloraba desconsoladamente en el brazo del sumo sacerdote.
Los otros miembros del grupo se acercaron en silencio, mostrando expresiones de desesperación. ¿Cómo podían dos razas, despreciadas por el Padre, triunfar en la guerra contra los demonios? Si el Bosque Élfico caía bajo el dominio de la niebla demoníaca, significaría el fin de sus razas.
—Todo estará bien. El sacerdote Joshua es bondadoso. No ignoraría una muerte si pudiera evitarla —les aseguró Bowen, aunque en su interior sentía una creciente incertidumbre. No había olvidado cómo Joshua permaneció indiferente cuando la vida del papa estuvo en peligro. Había notado que el sacerdote era más amable durante su hora de oración; el resto del tiempo, parecía inusualmente frío.
Por eso, debían esperar hasta su hora de oración para suplicarle.
Al día siguiente, Zhou Yunsheng despertó debido a su reloj biológico. Tras asegurarse de que no había peligro afuera, levantó su dedo índice y retrajo su círculo de luz dorado. Un remolino de oro giró a su alrededor como un dragón, sumergiéndose en la punta de su dedo. La escena dejó profundamente impactados a Bowen, al papa y a los demás sacerdotes de luz.
Aunque otros pudieran no percibirlo, los sacerdotes de luz comprendían mejor que nadie lo increíblemente difícil que era controlar el poder de la luz. Una vez liberado, ese poder se disipaba; era imposible retraerlo. Solo el Padre mismo poseía la capacidad de expandirlo y contraerlo a voluntad.
¿Cuál es el verdadero estado del sacerdote Joshua? ¿Es un santo? ¿Un semidiós? ¿O acaso ya ha alcanzado a la divinidad?
Bowen temblaba, intentando reprimir su ansiedad. Probablemente, el sacerdote Joshua ni siquiera se dignaría a mirarlos.
En efecto, mientras el resto de su equipo terminaba de empacar, Joshua se sentó en el eje de su carroza y, sin mirarlos, dijo:
—El peligro ha pasado, pueden irse.
Un grupo de elfos y hombres bestia se acercó a él con ojos llorosos, como si quisieran suplicarle: «¡Por favor, tenga piedad de nosotros!»
Zhou Yunsheng simplemente se subió a su carroza y ordenó:
—Partamos.
El guía se apresuró a conducir hacia adelante.
Bowen llamó a quienes estaban a punto de seguirlos. Esperó a que el equipo humano se alejara y luego dijo:
—Sigámoslos en secreto. Esperaremos a que el sacerdote Joshua esté en su tiempo de oración para pedirle ayuda. —Luego se volvió hacia el papa y, sin piedad, proclamó—: Herman, debes regresar a la Iglesia Central; no te escoltaré.
—¿Por qué? Sabes cuál es mi situación actual. No tengo los recursos necesarios para salir del Bosque Élfico de manera segura —aseveró el papa. Solo contaba con un mago y dos guerreros, que estaban gravemente heridos. Ni siquiera podían protegerse a sí mismos, mucho menos a otros.
—Tenemos algo urgente que hacer. Herman, debes asumir las consecuencias de tus elecciones. El Padre nos observa desde el cielo, y ninguno de nosotros puede escapar de su mirada. —Después de pronunciar estas palabras, Bowen desapareció en el bosque junto a su gente, dejando al papa furioso y desesperado, gritando en aquel lugar.
