La Tierra está en línea – Capítulo 158: ¡Ah! ¡Esta frase no es la verdad en absoluto!

Traducido por Shisai

Editado por Shiro


—Grecia, tú…

¿Qué pretendes con esto?

Li Miaomiao se tragó el resto de la frase y cerró la boca de golpe. Bajo las reglas del Reloj de la Verdad, cualquier interrogante sería procesada de inmediato como una pregunta formal. Miró con un rastro de temor el reloj azul suspendido en el vacío y dijo entre dientes—. Esa pregunta que has hecho no sirve de nada.

Grecia se quitó el sombrero con una mano y dijo con total seriedad:

Milady, esta es una cuestión que me ha atormentado durante muchísimos años. —Hizo una pausa y su mirada se volvió inusualmente sincera—. He formulado esta pregunta desde lo más profundo de mi corazón.

Li Miaomiao se contuvo de responder.

¡Al cuerno con tu «sinceridad» y con tu maldito corazón!

Si ella pudiera moverse en ese momento, o si tuviera la fuerza suficiente para derrotar a Grecia, no tenía la menor duda de que estamparía contra el suelo a ese bastardo y le daría una paliza por desperdiciar una oportunidad de oro.

Solo disponían de cinco oportunidades en total. En la primera, el Reloj de la Verdad los había manipulado y la perdieron en vano. En la segunda, la Torre Negra los estafó, por lo que fue como no preguntar nada. En cuanto a la tercera, el Reloj de la Verdad respondió de manera muy ambigua: aunque explicó qué era la Brújula de la Falacia, no reveló ni el más mínimo detalle sobre las personas invisibles.

Solo quedaban dos preguntas y, para colmo, ¡Grecia le había preguntado al Reloj de la Verdad cómo podía ganar una fortuna!

¡¿Y por qué demonios no le preguntó directamente cómo hacerse rico de la noche a la mañana?!

No era solo Li Miaomiao; el resto de los jugadores también clavaba sus miradas gélidas en Grecia. El caballero, ataviado con su impecable frac granate, parecía sentirse de lo más inocente y simplemente sonrió con impotencia. Todos esperaban que dijera algo para dar una explicación, pero nadie imaginó que se daría la vuelta y le dedicaría una profunda reverencia al Reloj de la Verdad.

—Gracias por responder a mi pregunta, gran Reloj de la Verdad.

Los jugadores se quedaron mudos de la impresión. El propio Reloj de la Verdad también pareció quedarse sin palabras por unos instantes, hasta que respondió finalmente:

—No hay de qué.

La mirada de Tang Mo alternaba entre Grecia y el Reloj de la Verdad; arqueó las cejas lentamente y apretó los labios. En su interior, no dejaba de darle vueltas a las palabras que el reloj acababa de pronunciar. Su reacción no fue tan explosiva como la de Li Miaomiao, pues ya se imaginaba qué tipo de preguntas pretendían hacer ella y Zhao Xiaofei.

—¡Fantástico! —masculló Li Miaomiao—. Ahora solo nos queda una maldita oportunidad.

Li Miaomiao aún mantenía una actitud de desconfianza hacia Tang Mo y en Fu Wenduo; después de todo, ella pertenecía a Tian Xuan. Su lealtad hacia Ruan Wangshu era absoluta, pero le resultaba imposible confiar en ellos dos, por mucha experiencia que tuvieran atacando la Torre Negra. Aunque la situación la inquietaba profundamente, intentaba por todos los medios no traslucir su preocupación.

Era apenas un murmullo de queja, pero para su sorpresa, Grecia lo escuchó.

Milady —intervino él con suavidad—, ¿acaso pretendía que hiciera alguna de esas preguntas que aparentan no tener una respuesta correcta?

Grecia soltó una pregunta de improviso, provocando que los cuerpos de todos los jugadores en la sala se tensaran al instante. Cualquier pensamiento que rondara sus mentes se desvaneció de inmediato mientras Tang Mo clavaba una mirada alerta en el Reloj de la Verdad. Sin embargo, para asombro de los presentes, el reloj no reaccionó; tal vez se sentía superado ante un espécimen tan extravagante como Grecia y decidió no aprovechar la ocasión para tenderles otra trampa.

El grupo soltó un suspiro de alivio. Li Miaomiao, por su parte, tras contenerse durante un largo rato, apenas logró articular una palabra:

—Sí.

A diferencia de Grecia, ella no se atrevía a hablar con tanta ligereza.

Grecia sonrió y continuó:

—Por ejemplo: «¿Qué sientes por mí?», «¿Qué color de flores prefieres?» o «Si el juego de la Torre Negra terminara ahora mismo y saliéramos del Bosque de Acero de Schrödinger, ¿qué elegirías para comer?».

Li Miaomiao se quedó atónita y no abrió la boca. Grecia había dado en el clavo.

Ella barajaba dos tipos de preguntas. La primera era ir al grano y preguntarle directamente al Reloj de la Verdad cómo superar el juego. La segunda consistía en plantear cuestiones subjetivas; cualquier pregunta ligada a las emociones carecía de una respuesta «correcta». En este preciso instante, a Li Miaomiao podían gustarle las flores azules, pero quizá en un año preferiría las rojas. Antes, cuando Qi Heng le preguntaba qué quería comer, ella siempre respondía con un «me da igual»; y lo decía de corazón, porque no le apetecía nada en concreto: se perdía en la indecisión y lo quería todo a la vez.

Eran preguntas que ni la propia Li Miaomiao podía responder, y estaba convencida de que el Reloj de la Verdad tampoco daría la respuesta adecuada. Si el reloj ofrecía una opción, ella siempre podría sacarle algún defecto, decidir que no quería eso y, así, invalidar la respuesta.

No obstante, Grecia intervino:

—Subestiman al gran Reloj de la Verdad. Para él, una cuestión así no es más que un detalle insignificante y carente de sentido dentro de la verdad infinita.

Zhao Xiaofei no pudo aguantarse más y soltó:

—¡Aun así, no deberías por qué hacer una pregunta como esa y desperdiciar una oportunidad!

Grecia puso una expresión de fingida pesadumbre.

—¿Acaso te has enojado?

Zhao Xiaofei no supo cómo reaccionar por un instante.

—¿Eh?

—Hacer que una dama se enoje es mi mayor falta —declaró Grecia. Sin embargo, añadió—: Aunque no creo que plantear problemas que los humanos no pueden resolver logre poner en un aprieto al Reloj de la Verdad se equivoque. Mi querida lady, ¿acaso algún humano sabe qué es realmente la Torre Negra? —No esperó a que ella respondiera y continuó—: Ninguno lo sabe. Podrías preguntar sobre cualquier enigma que la humanidad sea incapaz de descifrar hoy en día, pero este reloj cuenta, sin duda, con todas las respuestas.

»Sabe mucho más de lo que imaginas, ¡porque es el gran Reloj de la Verdad! En lugar de desperdiciar una oportunidad con preguntas tan innecesarias, pensé que era mejor preguntar… ¿cómo puedo ganar una fortuna? ¿No está de acuerdo, grandioso Reloj de la Verdad?

Al Reloj de la Verdad se le subieron los colores ante tanto halago; no tenía palabras para este humano tan extravagante.

El rostro de Zhao Xiaofei se enrojeció de golpe al ver que Grecia había adivinado sus pensamientos por completo. Mientras Li Miaomiao pensaba en hacer preguntas subjetivas, Zhao Xiaofei pretendía interrogar al reloj sobre famosos misterios sin resolver o paradojas lógicas.

Por ejemplo, había considerado interrogar al Reloj de la Verdad sobre cómo resolver la Conjetura de Goldbach, o si la Teoría del Todo realmente existía y en qué consistía. Sin embargo, ignoraba que la humanidad ni siquiera era capaz de explicar la existencia de la Torre Negra. ¿Con qué derecho pretendía que el conocimiento del universo que poseía el reloj se limitara al entendimiento humano? La propia naturaleza de la Torre Negra ya superaba con creces los límites de la civilización, y el Reloj de la Verdad no era una excepción; que para ella era un enigma irresoluble, para él no era más que un juego de niños.

Tang Mo observó la expresión frustrada de Zhao Xiaofei. Él compartía la visión de Grecia: aunque el Reloj de la Verdad probablemente conociera las respuestas a esos problemas insolubles, era casi seguro que la Torre Negra bloquearía cualquier revelación.

En cualquier caso, solo les quedaba una última oportunidad.

Li Miaomiao les hizo señas desesperadas a Tang Mo y a Fu Wenduo, pero ambos la ignoraron.

Todas las miradas convergieron en Fu Wenduo. El hombre, alto y de porte imponente, mantenía una postura erguida mientras observaba de frente aquel reloj colosal. Su mirada era firme; su semblante, gélido y sereno. Las dos jugadoras se devanaban los sesos intentando dar con una pregunta que el Reloj de la Verdad fuera incapaz de responder o que lo forzara a errar. Grecia, por su parte, permanecía apoyado en su bastón corto con la actitud expectante de quien aguarda el inicio de un gran espectáculo.

Tang Mo, en cambio, no mostraba el más mínimo atisbo de inquietud.

En medio del silencio sepulcral que inundaba la sala, una voz grave resonó con fuerza:

—Mi pregunta es esta: ¿qué se debe hacer… para convertirse en el Reloj de la Verdad?

Tic.

En el enorme disco de luz azul, el segundero se detuvo en seco.

Las dos jugadoras se quedaron paralizadas al instante, mirando a Fu Wenduo con total incredulidad. Por su parte, Tang Mo curvó lentamente las comisuras de sus labios en una sonrisa imperceptible.

Fu Wenduo observaba con frialdad el enorme reloj frente a él.

De pronto, un estruendoso tañido resonó en la sala. La voz femenina, que hasta entonces se había mantenido serena, estalló en un rugido de furia:

—¡Intruso de la Torre Negra! ¡No sé de qué estás hablando! ¡Yo soy el gran Reloj de la Verdad! Tu pregunta carece de sentido… ¡estás intentando engañarme!

Fu Wenduo, imperturbable, replicó:

—¿Esa es tu respuesta?

El Reloj de la Verdad se quedó sin palabras, balbuceando:

—¡Tú…!

¡Ding, dong! La Torre Negra lo ha verificado y la respuesta es incorrecta.

Por primera vez, la Torre Negra intervenía a favor de los jugadores sin dobles intenciones, contradiciendo directamente las palabras del Reloj de la Verdad. Al escuchar su voz, un sentimiento de alivio recorrió al grupo; comparados con aquel supuesto oráculo, los jugadores preferían confiar mil veces en la Torre. Al fin y al cabo, este era un mundo bajo su dominio, donde incluso el ilustre Schrödinger se veía obligado a acatar las reglas y participar en el juego. Así que…

Li Miaomiao sentenció sin el menor titubeo:

—¡Tú no eres el reloj de la verdad en absoluto!

La voz femenina estalló de nuevo en un rugido de furia:

—¡Yo soy el gran Reloj de la Verdad! Durante el ciclo número ciento treinta y ocho, el ilustre lord Schrödinger aceptó el encargo de la Reina de Corazones y me creó como regalo para el centésimo cumpleaños de Su Majestad. ¡Yo soy el único Reloj de la Verdad en todo el mundo de la Torre Negra y represento la totalidad de la verdad existente en este universo!

—Si eres el regalo para la Reina de Corazones —intervino Tang Mo—, ¿qué haces aquí?

La voz del Reloj de la Verdad se detuvo en seco y su mirada se clavó en él. Tang Mo, situado tras la imponente figura de Fu Wenduo, pronunció cada palabra con una calma deliberada:

—Si realmente fueras el regalo de la Reina de Corazones, estarías en el Castillo de las Gemas de Su Majestad, no en el Bosque de Acero de Schrödinger. Las ciento ocho habitaciones de Schrödinger albergan sus invenciones; y deberías saber que, entre todas ellas, hay experimentos exitosos… y otros que son simples fracasos.

Hizo una breve pausa. Tang Mo alzó la cabeza para observar aquel enorme reloj cuyo segundero ya no marcaba el paso del tiempo.

—Eres el Reloj de la Verdad, es cierto, pero eres una versión fallida. La primera vez que te vi no noté nada extraño porque tu apariencia es idéntica a la del original. Pero yo… yo he visto al verdadero.

A excepción de Fu Wenduo, ninguno de los presentes sabía que Tang Mo ya se había cruzado con el auténtico Reloj de la Verdad.

—El reloj era idéntico a ti —continuó él—. Cada número, cada manecilla… no había la menor diferencia entre ambos. El tono de voz, la actitud ante la verdad; todo era exactamente igual. Sin embargo, siempre tuve la sensación de que algo los distinguía, aunque en aquel momento no lograba identificar qué era. Se parecían demasiado.

El Reloj de la Verdad, perdiendo los estribos, rugió:

—¡Yo soy el Reloj de la Verdad!

—«La verdad existe con precisión y posee una validez absoluta». Esas fueron tus propias palabras.

—¡Así es, yo lo dije! ¡Y cada palabra que pronuncio es la verdad!

Fu Wenduo soltó una risa queda, cargada de ironía.

—Sin embargo, en el instante en que nos viste por primera vez, la primera frase que dijiste… ya no era la verdad.

Las manecillas del Reloj de la Verdad comenzaron a vibrar violentamente; la entidad se esforzaba por recordar sus propias palabras. Por su parte, Li Miaomiao también intentaba hacer memoria. De pronto, Zhao Xiaofei exclamó con fuerza:

—«Bienvenidos al mundo del Reloj de la Verdad. Soy el gran Reloj de la Verdad que indica con precisión la hora para el ilustre lord Schrödinger». ¡Esa frase! ¡Esa frase es la clave!

Zhao Xiaofei gritó, estupefacta:

—¡Ah! ¡Esa afirmación no tiene ni una pizca de verdad!

♦ ♦ ♦

La autora tiene algo que decir:

Mo Tang: ¡Tengo confianza incondicional en el viejo Fu y no necesito mirarlo!

El corazón del viejo Fu: Después de esperar mucho tiempo, Mo Tang no me miró. Es muy molesto. Quiero preguntarle…

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