Te equivocaste de casa, villano – Capítulo 62: ¿Qué quieres decir con secreto de nacimiento? No tengo tal cosa (1)

Traducido por Shroedinger

Editado por Tsunai


—¿Oh? Señorita Yuri, hoy no parece de muy buen humor.

Al escuchar las palabras de Snow, fruncí ligeramente el ceño. No me había dado cuenta de que mi mal humor se reflejaba tan claramente en mi rostro.

—Uf, es porque vino un cliente extraño.

Gilbert respondió por mí. Por supuesto, ese «cliente extraño» era Damon Salvatore, quien había aparecido antes.

Al recordar el atractivo rostro del hombre que surgió de la nada diciendo tonterías absurdas como «sé mi mujer», sentí que el estómago volvía a revolverse.

Cuando Snow escuchó las palabras de Gilbert, soltó un «ah» como si lo entendiera todo.

—Supongo que alguien volvió a encontrar a la señorita Yuri.

—Ese noble también parecía perfectamente normal por fuera —añadió Gilbert.

—Con esas cosas nunca se sabe. Hay muchos hombres que parecen decentes por fuera, pero son extraños por dentro.

—Lo sé. No entiendo cómo alguien tan joven puede ser así.

Aunque Snow no sabía exactamente qué había ocurrido, asintió con entusiasmo a las palabras de Gilbert.

Ahora que lo pensaba, si Snow era Genos Sheldon, entonces conocía a Damon Salvatore. ¿Su relación era tan mala como en la novela?

Esperaba que no volviera a suceder, pero si Damon Salvatore regresaba a la cafetería, existía la posibilidad de que se encontrara con Snow.

Y, para ser sincera, la idea no me hacía ninguna gracia.

 

Se suponía que Damon Salvatore vendría a comprar aquel Fragmento de la Ruina o como demonios se llamara ese objeto.  Hacía tiempo que le había enviado una nota anónima, pero nunca recibí respuesta. Y entonces, de repente, apareció en la cafetería. Así que, para ser sincera, al principio me sorprendió un poco.

Por supuesto, no había forma de que supiera que yo era quien había enviado aquella nota.

De todos modos, Damon Salvatore parecía ser un personaje mucho más excéntrico de lo que mostraba la novela.

Mientras limpiaba una mesa vacía, deseé que no volviera a la cafetería si iba a seguir diciendo semejantes tonterías.

♦ ♦ ♦

Era de noche.

—Señor Lakis.

Yuri se acercó a Lakis después de salir del baño. Él se había aseado primero antes de cambiarse los vendajes y en ese momento estaba terminando de vestirse.

Al oír que pronunciaban su nombre, su mano se detuvo a mitad de un botón. Entonces se volvió para mirarla y, justo cuando sus miradas se encontraron, Yuri extendió la mano hacia él.

En el instante en que lo tocó, los ojos de Lakis se estremecieron.

Haaaaa~

La criatura sobre su cabeza emitió otro sonido, como si se estuviera derritiendo.

A esas alturas, Yuri ya no necesitaba tiempo para acostumbrarse a Lakis. Sin vacilar, tomó su mano primero. En cuanto sus pieles entraron en contacto, el calor empezó a subir por las mejillas de Yuri.

—Ya es tarde.

Yuri no respondió.

 —¿Cuándo te vas a dormir?

Su voz, más suave que de costumbre, le hizo cosquillas en los oídos.

Acababa de salir de la ducha y un aroma dulce la envolvía. Su largo cabello, todavía húmedo, descansaba sobre sus hombros y se balanceaba ligeramente frente a los ojos de Lakis. Incluso sus ojos rojos parecían conservar un rastro de humedad mientras lo observaban.

Lakis se quedó un poco rígido al verla así.

Por supuesto, ella no estaba intentando tentarlo.

Las palabras de Yuri siempre tenían un significado mucho más simple de lo que él imaginaba. El verdadero problema era que incluso esa inocencia le resultaba demasiado tentadora.

A Lakis le costó encontrar una respuesta.

Porque, dijera lo que dijera, nada sería capaz de expresar el torbellino de emociones que rugía en su interior.

Entonces Yuri, que había estado observándolo, inclinó ligeramente la cabeza.

—Si no sabes cuándo, entonces ve a dormir primero.

Y tiró suavemente de la mano que aún sostenía.

—De todos modos, no tienes nada que hacer.

Sinceramente, apenas había empleado fuerza.

Sin embargo, Lakis se levantó de su asiento como si hubiera sido atraído por un imán.

Yuri lo condujo así hasta su habitación.

Y un rato después…

Los dos estaban acostados en la cama de Yuri.

—Ahora que lo pienso, hoy apareció una persona muy extraña.

Su voz suave atravesó la habitación tenuemente iluminada por la luz de la luna.

—Al principio no pensé que fuera ese tipo de persona.

El dormitorio estaba en silencio.

Como la noche anterior, Yuri y Lakis permanecían acostados tomados de la mano.

Yuri estaba tendida boca arriba mientras hablaba. Lakis, por su parte, descansaba de lado, apoyando la cabeza en una mano mientras la observaba en silencio.

Bajo las sombras, un brillo profundo se reflejaba en los ojos entrecerrados de Lakis.

Varios botones de su camisa seguían desabrochados, dejando al descubierto parte de su cuello y su clavícula, una imagen bastante sugerente.

Sin embargo, Yuri no parecía prestar demasiada atención a su aspecto actual. Aquella noche estaba inusualmente habladora.

—Nunca pensé que escucharía una frase tan dramática en toda mi vida.

De vez en cuando mencionaba alguna expresión que Lakis no entendía, pero él se limitó a escuchar en silencio todo lo que decía a su lado.

Era agradable.

Quizá por eso estaba hablando más de lo habitual.

En realidad, hacía mucho tiempo que Yuri no conversaba con alguien durante tanto rato. También había pasado mucho tiempo desde la última vez que habló con alguien antes de quedarse dormida.

Hasta ahora nunca había echado de menos algo así, pero…

Mientras sostenía la mano de Lakis, sintió que podía admitirlo con sinceridad.

Tal vez, en el fondo, siempre había deseado algo parecido.

Tiempo para compartir con otra persona.

Momentos simples pero agradables, en los que podían reunirse al final del día y hablar sobre lo que había ocurrido.

—¿Quién dice «sé mi mujer» nada más conocer a alguien? ¿Es así como ligan los nobles hoy en día?

Y en el instante en que aquellas palabras salieron de la boca de Yuri, Lakis se quedó completamente inmóvil.

¿Qué acaba de decir…?

—¿Alguien te pidió que fueras su mujer?

¿Quién demonios se cree que es?

¿Qué clase de idiota tiene semejante descaro?

—¿Quién fue?

Lakis preguntó casi por instinto.

Ante la pregunta, Yuri lo miró. Pareció pensarlo durante un instante y, al final, decidió no responder directamente.

—Mm… solo alguien.

En ese momento, Lakis tomó una decisión.

Tengo que ir personalmente a esa cafetería.

Recordó a los numerosos inútiles que había visto rondando por allí y asumió que aquel sujeto debía de ser uno de ellos.

Por alguna razón, la idea lo irritó .

Después de eso, Yuri también dejó de hablar y el silencio volvió a llenar la habitación.

De repente, Lakis sintió algo moverse en su mano.

Los dedos de Yuri jugueteaban distraídamente con la mano que ella seguía sujetando con firmeza, provocándole un ligero cosquilleo.

Y, por alguna razón, aquel cosquilleo pareció extenderse también a su corazón.

Sus emociones se agitaron.

Como decía aquella molesta criatura, no tenía experiencia en ese tipo de asuntos. Sin embargo, al menos era consciente de una cosa.

Esto no era un simple juego de niños.

Los deseos que se agitaban en su interior estaban lejos de ser tan inocentes o dóciles.

Pero Yuri no tenía ni idea de lo que pasaba por la mente de Lakis.

Parpadeó lentamente, como si el sueño comenzara a vencerla, y se giró ligeramente para mirarlo.

Sus ojos se encontraron.

Y entonces, con la misma naturalidad de siempre, pronunció unas palabras que hicieron tambalear la compostura de Lakis.

—Señor Lakis, su mano está caliente. Quiero seguir sujetándola.

¿De verdad hacía esas cosas sin darse cuenta?

¿O sí era consciente de ellas?

¿Acaso pensaba que él podría permanecer impasible después de todo eso?

¿Cuánto más se suponía que debía soportar?

Finalmente, todo aquello que Lakis había estado reprimiendo se agitó con fuerza en su interior.

Al instante siguiente, una sombra cayó sobre el campo de visión de Yuri.

—Tú también…

Una voz baja escapó de sus labios mientras su aliento rozaba apenas el rostro de ella.

——Eres demasiado confiada.

Sin soltar la mano que seguía entrelazada con la suya, Lakis la sujetó con un poco más de fuerza y se inclinó sobre ella.

Hacía apenas un momento estaban acostados uno al lado del otro, pero en un abrir y cerrar de ojos la posición había cambiado.

Ahora Lakis la observaba desde arriba.

La luz de la luna se reflejaba en sus ojos azules, tiñéndolos de un tono más profundo bajo la oscuridad de la noche.

—¿Eres así con cualquiera?

Su voz grave sonó muy cerca de ella.

Demasiado cerca.

A menos que fuera una completa ingenua, no había forma de que no se diera cuenta de lo que estaba ocurriendo.

La atmósfera entre ellos estaba cargada de una tensión peligrosa.

Y, aun así, resultaba extraño.

Lakis era, sin duda, una persona peligrosa. Sin embargo, por alguna razón, cuando lo miraba a los ojos no podía imaginar que fuera a hacerle daño.

Ni siquiera en aquella situación sintió miedo o una sensación de peligro.

Por eso respondió con total honestidad.

—No. Solo soy así contigo.

Al final, fue Lakis quien perdió la compostura.

Se quedó inmóvil por un instante.

Después, bajó la cabeza hacia ella.

—¿Qué se supone que significa eso…?

Apoyó la frente sobre el hombro de Yuri y murmuró las palabras casi para sí mismo.

Sus orejas estaban ligeramente enrojecidas.

Aunque la habitación permanecía en penumbra, la vista de Yuri era mucho más aguda que la de una persona normal.

Por supuesto, lo notó.

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