Katarina – Volumen 12 – Capítulo 5: Rescatar a Fray (2)

Traducido por Shisai

Editado por Lugiia


Cuando me desperté al día siguiente, el cielo estaba cubierto de nubes. Era difícil entusiasmarse con el día que tenía por delante. Aunque no hubiera podido contar con un día perfectamente despejado, habría esperado que el tiempo fuera mejor.

Hmmm. Al menos no parece que vaya a llover. Si se nos hubiera mojado la ropa, nos habría resultado más difícil disimular nuestra presencia al colarnos en la mansión.

Como siempre, Anne me ayudó a prepararme para el día. Luego, Keith y yo nos dirigimos al Ministerio de Magia, donde habíamos quedado con los demás. Después de reunirnos en la misma sala que habíamos utilizado ayer, discutimos por última vez los detalles de nuestro plan de misión.

—Ahora bien, todo el mundo. Quiero que hagan todo lo posible por evitar correr riesgos innecesarios. En el momento en que las cosas les parezcan peligrosas, retirense inmediatamente —ordenó Lahna. Todos asintieron antes de subir a carruajes separados. El plan era que los miembros de nuestro equipo llegaran a destino en intervalos escalonados.

Keith, María, Sora, Nicol y yo formábamos la unidad que ejecutaría el rescate. Como íbamos a infiltrarnos en la mansión a escondidas, seríamos los últimos. Después de llegar a un lugar discreto cerca de la mansión Randall, esperaríamos la señal de Lahna para entrar.

Mary, Sophia y Alan marcharán audazmente hasta la puerta principal de la mansión. Lahna dijo que actuaría de forma independiente, así que tal vez ya estaría dentro. Además, aunque dijo que nos daría una señal, no teníamos ni idea de cuál sería. ¿Iba a lanzar una bengala o algo así?

Así pues, nos dirigimos a un lugar discreto con vistas a la mansión Randall. Después de mirar al cielo por encima de la finca durante un rato, de repente oímos un tremendo estruendo y vimos que se habían disparado fuegos artificiales sobre la mansión Randall.

—¿Eh? No me digas que los fuegos artificiales son la señal —solté sin pensar, sorprendida por el espectáculo.

Tras detenerse un momento, Keith confirmó mis sospechas, con una mirada distante en sus ojos. Los otros tres también parecieron quedarse sin palabras.

Independientemente de la naturaleza inesperada de la señal, la habíamos recibido, así que era hora de actuar. Usando la herramienta mágica que había tomado prestada, Keith nos hizo a todos invisibles. Luego nos dirigimos hacia la mansión Randall.

Esta herramienta de invisibilidad permitía a los usuarios, dentro de su campo de efecto, verse unos a otros, lo cual resultaba increíblemente conveniente. Era difícil de explicar, pero parecía hacer que todo lo que estuviera dentro de un área específica fuera invisible para quien estuviera fuera de ella. Si no hubiéramos podido vernos, habría sido difícil movernos, así que el efecto de esta herramienta era perfecto.

El único inconveniente era que, si alguien salía del campo de efecto, volvía a ser visible de inmediato, así que había que tener cuidado. Por esa razón, formamos una línea ordenada antes de continuar.

De vez en cuando, se oía otra explosión y se desataba otro bonito fuego artificial en el cielo sobre la mansión Randall. Vamos, Lahna, ¿cuántos fuegos artificiales piensas lanzar?

Gracias a las distracciones de Lahna y del grupo de Mary, los habitantes de la mansión Randall parecían muy nerviosos cuando entramos. Incluso los guardias de la entrada trasera parecían nerviosos ante los inexplicables fuegos artificiales y no se percataron de que nuestro grupo invisible había pasado de largo. Habíamos superado el primer obstáculo.

—¿Eh? ¿A qué vienen tantos fuegos artificiales?

—La señorita está aquí hoy. Debe estar haciendo de las suyas.

—Ah, bueno, no me extrañaría de ella.

Escuché a algunos sirvientes comentar sobre la conmoción. ¿Qué clase de percepción tenía la gente de por aquí sobre Lahna si esto no les sorprendía?

Y así, con los sirvientes todos nerviosos, pasamos desapercibidos, sin ser vistos ni hacer ruido.

Nicol, Sora, María, Keith y yo caminábamos en fila india, con Nicol a la cabeza de nuestro grupo. Él sostenía al oso, que nos señalaba el camino. Nos acercamos cada vez más al centro de la mansión. Nuestra predicción de que encontraríamos a Fray retenida en el sótano, bajo el centro de la mansión, parecía cada vez más acertada.

—Oye, esas damas de las casas de Hunt y Ascart no son ninguna broma. Incluso los sirvientes más avezados lo están pasando mal con esas bellacas.

—¿En serio? Desde la distancia, ambas me parecían encantadoras.

—En términos de apariencia, lo son. Pero parece que, cuando abren la boca, son formidables. Luce como que será una batalla prolongada. Se ha enviado un mensaje en el que se dice que todos tenemos que esperar…

—Uh… Supongo que las apariencias engañan.

Ahora teníamos información sobre Mary y Sophia. Sonaba como si ambas estuvieran dando su mejor esfuerzo. Decidí dar lo mejor de mí también, mientras nos adentramos en la mansión.

Sin embargo, esto era diferente de la vez en que me había colado en una casa de ladrones. Si los habitantes de la mansión nos descubren, tendremos graves problemas. Existía un peligro real de tropezar con cualquiera con quien nos cruzáramos aquí. Aunque no nos pudieran ver, no era como si nuestros cuerpos ya no tuvieran forma física, así que aún era posible. Si eso ocurriera, hasta los sirvientes sospecharían que algo andaba mal.

Para evitarlo, Nicol utilizó la herramienta mágica que había recibido, junto con su Magia de Viento, para captar el sonido de nuestro entorno. Cuando se acercó un residente de la mansión, hizo hábilmente señas para que nuestro grupo se detuviera y luego nos guió a un lado del corredor. Los pasillos de la mansión Randall, al igual que la casa en su conjunto, eran excesivamente anchos, así que esto fue suficiente para evitar colisiones no deseadas.

No creo que esto hubiera salido tan bien si Nicol no hubiera estado con nosotros. Por eso me alegré mucho de que se hubiera ofrecido como voluntario. Aunque estuvimos a punto de chocar varias veces, seguimos avanzando en la dirección indicada por el oso, hacia el centro de la mansión.

Finalmente, el oso señaló una puerta en particular. De alguna manera, la expresión de su cara comunicaba: «Está aquí».

Después de que Nicol comprobara cuidadosamente los alrededores para asegurarse de que no había nadie más, puso una mano en la puerta. Pensé que estaría cerrada, pero se abrió fácilmente.

Una vez dentro, inspeccionamos los alrededores y nos dimos cuenta de que estábamos en una especie de habitación de huéspedes. A la derecha de la puerta había un sofá, un escritorio y una silla. Al otro lado de la habitación había una cama. En el centro de la pared opuesta a la puerta había una estantería que no era especialmente grande.

Todo apuntaba a que se trataba de una habitación en la que podría pasar la noche un huésped. En la mansión Claes también teníamos habitaciones así. Aunque pensé que no era habitual tener una habitación así en medio de una mansión como esta. En casa, este tipo de habitaciones solía estar alejada del corazón de la mansión.

Mientras reflexionaba, Nicol, nuestro líder, entró en la habitación. Después de darse cuenta, empezó a mover la estantería. Como seguía utilizando su herramienta mágica, no hizo ningún ruido, pero yo estaba segura de que, sin ella, la estantería habría hecho un ruido sordo al deslizarse por el suelo.

Mientras todos nos quedamos boquiabiertos ante el inesperado acto de Nicol, se abrió una segunda puerta detrás de la estantería.

¡Las encuentras todo el tiempo en este juego otome! ¡Una habitación oculta!

Sin dudarlo, Nicol abrió la puerta y entró. Aunque estábamos un poco preocupados, todos le seguimos.

La puerta oculta daba a un pasillo corto. Incluso este pasillo era lo bastante ancho como para que dos personas pudieran caminar en direcciones opuestas sin rozarse. Al final del pasillo había una escalera que conducía a la planta baja.

Quizá conducía al sótano que vi en mi sueño.

Nicol se detuvo delante de la escalera y sacó el papel y el bolígrafo que había traído para comunicarse en caso de emergencia. Después de rascar algunas letras en el papel, lo volvió hacia nosotros. El papel decía: «Hay gente ahí abajo. Probablemente dos».

Quizá uno de los dos fuera Fray, pero ¿quién podría ser la otra persona? Sentí que el corazón me latía con fuerza. Le hice un gesto con la cabeza a Nicol, quien me devolvió el gesto y comenzó a bajar las escaleras con cuidado, más despacio que hace un momento. A medida que bajábamos, nuestro entorno comenzó a oscurecerse un poco. Gracias a nuestras herramientas mágicas, seguíamos ocultos y no hacíamos ningún ruido.

En estas circunstancias, no creía que nos descubrieran aunque bajáramos las escaleras, pero si Fray era realmente una de las dos personas que había en el sótano, íbamos a tener que llevarla con nosotros. Seguramente sería imposible hacerlo sin que la otra persona se diera cuenta.

Una tenue luz apareció al final de la escalera. Al parecer no había ninguna puerta en la base de la escalera. Cuando llegamos al final de la escalera, había otro pasillo corto que daba a una habitación, igual a la que habíamos encontrado arriba. Nos dirigimos hacia la habitación, la fuente de aquella tenue luz.

—¡¿Fray?! ¡¿Sarah?! —solté sin pensar. Por suerte, mi voz fue absorbida por la herramienta mágica de Nicol, así que no me oyeron. Gracias a Nicol, parecía que ninguna de las dos se había dado cuenta de nuestra presencia.

Exactamente como esperábamos, Fray, a quien buscábamos, estaba en la habitación. Lo que fue completamente inesperado fue la presencia de la mujer de cabello negro.

Sarah, quien había sido utilizada en los experimentos de Magia Oscura emprendidos por la casa Dieke y posteriormente liberada, parecía haber caído en las garras de otra persona. Al parecer, seguía involucrada en la Magia Oscura.

Después de escuchar su historia, esperaba tener la oportunidad de hablar con ella como es debido, pero hasta ahora no había sido posible. Sin embargo, dado que Sarah estaba aquí…

Miré a Fray con fijeza. Fray estaba tumbada en una cama sencilla con los ojos cerrados. Una fina niebla negra se enroscaba alrededor de su cuerpo.

Aunque la niebla no era tan oscura como cuando Keith fue sometido a algo similar, no cabía duda de que la Magia Oscura actuaba aquí. Keith había quedado debilitado por aquel hechizo hasta el punto de temer por su vida.

Parecía que lo mismo estaba a punto de ocurrirle a Fray. Cuando me giré para mirar a Sora, vi que su expresión se había endurecido. Se había dado cuenta de lo mismo.

No podíamos permitirnos quedarnos sentados a esperar, no fuera que Fray quedara sin salvación. Salté la fila que había formado nuestro grupo y corrí al lado de Fray. No es que la presencia de Sarah no me preocupara, pero mi miedo a que Fray muriera si la dejábamos en ese estado era más fuerte. La sola idea me impedía quedarme quieta.

Ahora estaba de pie junto a la cama. Sarah, que había estado mirando a Fray con ojos fríos, parecía sorprendida por mi repentina aparición.

—¡T…! —Sarah estuvo a punto de gritar algo, pero su voz se interrumpió al ser absorbida por la herramienta de Nicol.

Salté a la cama donde Fray yacía sin demora. Extendí una mano hacia la niebla negra que la rodeaba, pero descubrí que no podía tocarla.

¡Así es! No funcionará con las cosas como están.

—Pochi —llamé, invocando a mi familiar. En respuesta a mi deseo, Pochi saltó de mi sombra. En cuanto apareció, pude tocar la niebla que rodeaba a Fray. Bien, es como pensaba. Al igual que cuando encontré a Keith en este estado, logré alcanzar la niebla. Una vez que la agarré, pude arrancarla de encima, como si fuera un grumo de polvo en el suelo. Incluso yo me quedé un poco sorprendida por lo fácil que fue despegarla.

Una vez que la quité por completo, le hablé a Fray, tal y como había hecho después de rescatar a Keith.

—¡Fray, Fray! —grité mientras la levantaba y la abrazaba. Sus párpados, que habían estado tan cerrados, se agitaron brevemente antes de que abriera lentamente los ojos—. ¿Fray, estás bien? —Miré directamente a los ojos de Fray, que aún estaban legañosos y sin expresión alguna.

Pasó un momento antes de que ella respondiera.

—No puedo creer que de verdad haya venido a salvarme —dijo en voz baja, pero parecía feliz y sonrió antes de volver a cerrar los ojos.

—¿Fray?

Entré en pánico e intenté despertarla de nuevo, pero solo oí su suave respiración mientras dormía. Lentamente, la bajé de nuevo a la cama.

María se acercó y le aplicó su Magia de Luz antes de decir:

—No parece tener heridas graves.

Escuchar eso fue, al menos, un alivio. Finalmente me giré para mirar a Sarah y ver que la habían sujetado. Mis amigos de confianza habían actuado por mí.

—Perdón por actuar sin pensar otra vez —me disculpé, inclinando la cabeza hacia mis amigos.

—Dadas las circunstancias… Bueno, no se podía evitar. Si no hubieras actuado primero, yo podría haber hecho lo mismo.

—Yo también.

Sora y María, quienes recordaban lo sucedido con Keith, no me regañaron.

—El resultado es que Fray Randall ahora está a salvo. No hay problemas —dijo Nicol.

Todos fueron muy amables. Aun así, tendría que tener más cuidado en el futuro.

Y así, después de disculparme con todos, me giré para mirar a Sarah, a quien Sora sujetaba, con los brazos atados a la espalda con una cuerda. Entonces Sarah me miró y nuestras miradas se cruzaron.

—Así que nos volvemos a encontrar —dijo Sarah con indiferencia. Me inquietaba que no pareciera prestar atención ni a Sora ni a sus ataduras.

—¿Por qué usaste Magia Oscura con Fray? —le pregunté.

—Porque me lo pidieron. El señor de esta mansión me dijo que hiciera lo necesario para que su hija le hiciera caso. Pero esta chica tiene una voluntad férrea. De verdad que se resistió —respondió Sarah con frialdad.

Así que el marqués Randall, frustrado por la reticencia de Fray a obedecer, había pedido que se usara Magia Oscura contra su propia hija. Qué persona tan horrible.

—No queremos que Fray tenga que seguir viviendo con este hombre terrible, así que hemos venido a rescatarla. Nos iremos con ella ahora —le anuncié a Sarah, agarrando la mano de Fray mientras seguía durmiendo.

—Haz lo que quieras —respondió Sarah—. Hice lo que me pidieron, así que no me importa lo que pase después.

Todos quedaron impactados por la respuesta. En cuanto vimos a Sarah allí, probablemente todos se prepararon para un combate mágico con ella. Yo había pensado lo mismo al principio.

Sin embargo, al disipar la Magia Oscura que rodeaba a Fray, me impresionó lo fácil que resultó. No parecía la magia habitual de Sarah. Me había cruzado con ella varias veces, así que me di cuenta. No me dio la sensación de que hubiera lanzado este hechizo en serio.

Sarah, que había pasado su vida bajo el control de aristócratas, probablemente no se había sentido muy entusiasmada por usar Magia Oscura contra Fray tras enterarse de lo similares que eran sus circunstancias. Al menos, eso fue lo que supuse.

Así que no me sorprendió su actitud indiferente en esta situación. Incluso pensé: «Justo lo que esperaba».

—¿Qué harás? ¿Te gustaría venir con nosotros? —Sin darme cuenta, le pregunté esto a Sarah, tendiéndole la mano.

Sarah abrió mucho los ojos. Mantuvo esa expresión de asombro durante unos instantes, antes de fruncir el ceño.

—De verdad que me dan escalofríos cada vez que nos vemos.

—¿Eh? ¿Escalofríos…?

—He terminado mi trabajo, así que me voy a casa por hoy —dijo Sarah. Al mismo tiempo, la oscuridad sobrenatural que la había visto convocar antes se expandió de repente a su alrededor.

—¿Eh? ¿Qué pasa? —Sora, quien sujetaba a Sarah, gritó confundido.

Entonces, la oscuridad que la había envuelto se desvaneció. Una vez que nuestra visión se aclaró, Sarah desapareció.

—Por eso no pareció oponer mucha resistencia. Sabía que podía escapar fácilmente en cualquier momento —reflexionó Sora después de un momento, sujetando la cuerda que Sarah había dejado.

—Puede que haya ido a informar al marqués Randall de nuestra intrusión. ¿No crees que deberíamos darnos prisa y salir de aquí? —preguntó Keith con inquietud.

—No creo que debamos preocuparnos por eso. Tampoco parecía muy entusiasmada por usar Magia Oscura en Fray —respondí.

María abrió los ojos de par en par, sorprendida.

—Señorita Katarina, ¿cómo lo supo?

—He luchado contra su magia varias veces, así que le he agarrado el truco —respondí. Todos los demás parecían terriblemente sorprendidos.

—Bueno. Hay mucho que pensar, pero Keith tiene razón. Por ahora, deberíamos irnos rápido. Dejando de lado lo que pueda hacer la mujer llamada Sarah, es peligroso que nos quedemos aquí indefinidamente —dijo Nicol. Todos asintieron y comenzamos a prepararnos para irnos.

Como Keith y Nicol usaban las herramientas de invisibilidad y de borrado de sonido, Sora terminó cargando a Fray, quien aún dormía. Esperaba que la tomara en brazos, como a una princesa, pero en su lugar la llevó a caballito. Al parecer, sería más fácil de llevar así.

Una vez que terminamos de prepararnos, nos dirigimos hacia las escaleras, aunque con mucho más cuidado al regresar al primer piso de la mansión.

Fuimos cautelosos porque aún pensábamos que Sarah podría haber anunciado nuestra presencia, en cuyo caso el marqués Randall habría enviado a sus guardias, pero no encontramos a nadie esperándonos. Parecía que aún no nos habían descubierto al regresar a los amplios pasillos del primer piso.

Gracias a los esfuerzos del grupo de Lahna y Mary, los residentes de la mansión seguían enloquecidos. Con cara de irritación, los sirvientes corrían de un lado a otro. Quizás por la emergencia, todos caminaban casi en el centro del amplio pasillo, así que no se percataron de nuestro grupo mientras nos deslizábamos por un lado.

Aun así, sabíamos que nos descubrirían si tropezábamos con alguien, así que avanzamos con cuidado. Un poco más, un poco más, pensé. Al acercarnos a la salida, nos topamos con un hombre que irrumpió de pronto en el pasillo.

—¡Qué patético! ¿Se hacen llamar sirvientes de la casa Randall? —gritó el hombre. Al verlo, los sirvientes se retiraron rápidamente hacia las paredes del pasillo. Reaccionamos de inmediato y nos apartamos antes de quedarnos quietos en un lugar donde no había sirvientes. Sin embargo, había sirvientes a ambos lados de nuestro grupo. Estaban tan cerca que si alguno se movía un centímetro en nuestra dirección, nos encontrarían. Era una situación tensa.

—¿Quién se cree que es mi hija? ¡Llevénsela de inmediato a casa, junto con esas damas que vinieron a quejarse! —espetó el hombre, irritado.

—Disculpe, mi señor, pero esas damas son hijas de familias conocidas, así que no podemos echarlas tan fácilmente —explicó uno de los sirvientes con nerviosismo.

En respuesta, el hombre se acercó al sirviente y levantó el brazo. La mano cayó con un golpe fuerte y el sirviente se desplomó en el suelo.

—¿No es tu deber hacer algo al respecto? ¡Imbécil!

Aún en el suelo, el sirviente solo pudo inclinar la cabeza y decir, con voz débil:

—Mis más sinceras disculpas…

Sentí ganas de apartar la vista de la violencia sin sentido que ocurría frente a mí. Qué hombre tan terrible.

—¡Si comprenden su deber, entonces pónganse a trabajar, imbéciles! —despotricó el hombre. Todos los sirvientes se estremecieron de terror antes de irse corriendo, presos del pánico. En ese momento, uno de los sirvientes pasó justo delante de nosotros. Apenas rozó a Sora, quien se había quedado inmóvil por nuestra situación.

El sirviente tuvo la sensatez de darse cuenta de que había tocado algo donde parecía no haber nada.

—¡¿Eh?! ¡¿Qué demonios?! —exclamó con una expresión de desconcierto.

—¡Oye, zoquete! ¿Qué haces? ¡Muévete! —gritó el noble al ver al sirviente confundido.

—¡Ah! —El sirviente soltó un grito ahogado—. Disculpe, mi señor, pero parece que hay…

Así que este hombre era el marqués Randall. Encajaba a la perfección con la descripción que me habían dado. Estamos a punto de ser descubiertos por la última persona que queremos que nos encuentre. ¡Esto es terrible! Supuse que todos los demás de nuestro equipo de rescate pensaban lo mismo.

—¿Está inundando a sus sirvientes de violencia y abusos una vez más, marqués? —Se oyó una voz inusualmente tranquila dadas las circunstancias, seguida de una hermosa mujer de cabello oscuro y un aire sensual.

—¡Uf, Susanna! ¿Sigue aquí? —dijo el marqués con una mirada álgida.

—Vaya, vaya. Su hija ha venido a visitar la casa donde creció después de tantos años, ¿y así es como la recibe? ¡Qué poco acogedor de su parte, marqués! —dijo la mujer, Susanna Randall, con una elegante sonrisa.

—¿Qué quieres decir, hija? Después de todas las veces que me has desobedecido, ya no te considero mi hija. Si quieres que vuelva a considerarte de esa manera, cásate con el príncipe Jeffrey. Considéralo un hecho consumado y dame un nieto de inmediato —exclamó el marqués Randall, casi escupiendo las palabras.

Susanna no mostró ninguna molestia. Simplemente sonrió.

—No me importa en absoluto que alguien como usted no me considere su hija. Debo rechazar su oferta.

Al oír esto, el marqués Randall se puso rojo como un tomate.

Acercándose a Susanna, levantó la mano, igual que antes con su sirviente. Parecía decidido a golpearla. Di un respingo, pero gracias al silenciador, no emití ningún sonido.

Susanna ni siquiera se inmutó. Con la mirada fija en el marqués, declaró:

—Si me golpea, una herramienta que llevo para informar a los demás de cualquier amenaza a mi seguridad contactará al príncipe Jeffrey. Eso podría bastar para que te cueste tu puesto al frente de su facción.

Su tono de voz era despreocupado.

El marqués se estremeció y detuvo la mano un instante antes de que golpeara a Susanna. Apretó los puños. Hizo una pausa y soltó las siguientes palabras:

—¡Basta! ¡Sal de esta casa de inmediato!

—Ya veo. Bueno, entonces le daré un regalo más como despedida —dijo Susanna, antes de sacar algo parecido a un cohete de botella de su manga y lanzarlo hacia el centro de la mansión. Cuando el cohete pasó zumbando junto a varios sirvientes, todos se dispersaron presos del pánico.

El marqués Randall se puso aún más rojo antes de gritar:

—¡Deja de hacer tonterías, peste! ¡Oigan, idiotas, hagan algo de inmediato!

Creí sentir a Susanna mirando en nuestra dirección después de lanzar el fuego artificial. ¿Podría habernos visto? Sin tener la oportunidad de averiguarlo, aprovechamos el alboroto para huir de la mansión Randall.

Para mayor seguridad, nos mantuvimos invisibles hasta llegar a nuestro carruaje.

Una vez que subimos a nuestro vehículo de escape, cuidadosamente escondido, por fin pudimos tomar un respiro.

Tras un momento de felicitaciones, partimos rápidamente.

20

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Contenido protegido