Traducido por Ichigo
Editado por Shiro
—Jesse… —Christine, al verlo alejarse, lo llamó apresurada.
Pero Vincent, que estaba a poca distancia, le dirigió una mirada de advertencia. No había sido fácil obtener una oportunidad para estar junto a Jesse, ¿cómo permitir que esa mujer la arruinara?
Al recibir la gélida mirada de aquel hombre peligroso, Christine se estremeció. Un sudor frío recorrió su espalda. ¿Cómo había podido olvidar que ese tal Centvin no era débil? De hecho, probablemente su fuerza superaba a la de todo su grupo de mercenarios. Si él decidía proteger a Jesse, no habría quien pudiera impedirlo.
—Se fue —murmuró Lucy, que había permanecido en silencio a cierta distancia.
No se acercó; simplemente contempló cómo Shao Qian se reunía con aquel rubio y se marchaba con él.
—Sí… —Christine, distraída, abrió la bolsa de cuero que Shao Qian le había entregado y, al ver su contenido, soltó un grito ahogado.
Acto seguido, como una ladrona, miró nerviosa a su alrededor. Al comprobar que nadie la observaba, cerró la bolsa con premura y arrastró a la confundida Lucy hacia otro lugar.
—¿Christine? ¿Qué te pasa?—preguntó Lucy, aún nostálgica por la partida de Shao Qian. Ni siquiera el aire de misterio de Christine lograba despertar su interés.
Tras asegurar la puerta, Christine abrió la bolsa de cuero.
—Mira lo que nos ha dado Jesse.
Lucy se inclinó y, al ver los nueve rollos negros en su interior, exclamó aterrada:
—¡¿Cómo puede ser esto?!
Los pergaminos alquímicos se dividían en cuatro categorías: blancos, negros, plateados y dorados. Los blancos eran los más comunes; los dorados, considerados de nivel divino. En una época en la que los alquimistas escaseaban, un solo rollo negro podía hallarse únicamente en subastas y alcanzaba precios astronómicos. Era algo en lo que ni siquiera se atrevía a soñar. Y sin embargo, ahora tenía nueve frente a sus ojos…
—Guárdalos rápido. —Christine cerró con fuerza la bolsa—. Si alguien llegara a verlos, nuestra vida estaría en peligro.
Ambas se miraron, atónitas. Con sus habilidades actuales, era imposible que pudieran proteger semejante tesoro. Al final, no parecían capaces de corresponder al gesto de Jesse.
♦ ♦ ♦
—Jesse, ¿a qué vamos a la Guarnición del Bosque de la Niebla Ilusoria? —preguntó Vincent, dolido.
Llevaba días sin poder hablar con él como antes. Ya había establecido el contrato, ¿por qué Jesse seguía sin prestarle atención?
—Soy un híbrido humano-bestia. Mis padres vivían originalmente allí. Quiero descubrir la verdadera causa de la muerte de mi padre. —Shao Qian no dudó en darle la explicación.
Aunque aún no entendía cómo había terminado en ese mundo, mientras este hombre fuese realmente la reencarnación de Song Dao, podía estar tranquilo.
A Shao Qian no le importó contarle a Vincent la razón. Aunque no tenía claro cómo había cruzado y llegado aquí, mientras este hombre fuera la reencarnación de Song Dao, estaría tranquilo.
Vincent soltó una risa tonta. Jesse, su Jesse, debía quererlo mucho. De otro modo, ¿por qué le confiaría un asunto tan importante?
Sin embargo, lo dicho sobre la muerte de su padre debía investigarse con cuidado. Solo las bestias mágicas de rango sagrado podían adoptar forma humana y abandonar el bosque, y un ser así era mucho más fuerte que cualquier guerrero del mismo nivel. ¿Cómo podría haber muerto alguien tan poderoso?
—Descansaremos aquí hoy. Partiremos mañana al amanecer —dijo Shao Qian, cerrando puertas y ventanas antes de transformarse en pantera.
Tal vez por su vínculo con las bestias mágicas de este mundo, siempre se sentía más cómodo en su forma animal.
Vincent lo observó fascinado: el esbelto y ágil felino de pelaje negro saltó sobre la cama con gracia y se estiró. Aunque parecía delgado, la fuerza latente en su cintura era desbordante.
La nuez de Adam de Vincent se movió dos veces. Avanzó unos pasos, con una sonrisa embelesada, lamiéndose los labios secos.
—J-Jesse…
—¿Qué? —replicó Shao Qian, apoyando el mentón sobre sus patas delanteras y cerrando los ojos, la cola moviéndose con indolencia en el aire.
Vicente recorrió con la mirada la cintura de Shao Qian hasta su cola oscilante. Sus ojos siguieron el vaivén de la cola y, como si se hubiera dislocado un tendón, su mano se crispó a un costado. Nadie supo lo que pensaba cuando dos hilos de sangre brotaron de su nariz…
Las bestias eran sensibles al olor de la sangre. Shao Qian giró de inmediato la cabeza y, al ver el sangrado de Vincent y su sonrisa bobalicona, no pudo evitar torcer la boca.
—Tú… vete a limpiarte.
Vincent se enjugó la nariz con la manga, frunciendo el ceño ante la mancha roja sobre el blanco inmaculado. Luego usó un rollo de purificación para limpiarse, y dio por cumplida la tarea.
Al comprobar que el sangrado había cesado, Shao Qian lo ignoró y volvió la cabeza. Sin embargo, la cola que se balanceaba libremente quedó oculta bajo la manta, cubriendo también sus caderas. No podía soportar más esa mirada incandescente. Que estuviera excitado incluso viéndolo en su forma de bestia… ¿acaso sus inclinaciones eran tan graves?
Vincent, en cambio, encontraba atractivo cualquier aspecto de Jesse. Para él, la forma animal resultaba incluso más tentadora… después de todo, en esa forma no había ropa que ocultara nada.
Shao Qian no era consciente de que ya había sido mancillado por la mirada de Vincent. Por suerte lo ignoraba, de lo contrario sin duda le habría estampado dos sonoras bofetadas en el rostro. Era, en verdad, motivo de celebración.
A la mañana siguiente, ambos hombres abandonaron la posada. Aquello hizo que el grupo de mercenarios de Christine —que había pasado la noche entera discutiendo hasta decidir devolver los pergaminos— se encontrara con las manos vacías.
La velocidad de Shao Qian y Vincent no podía calificarse de lenta: en apenas media hora ya habían alcanzado la Guarnición de la Niebla Ilusoria. Siguiendo las indicaciones del sistema, hallaron la residencia donde antaño vivieron Jesse y sus padres. Para su sorpresa, aún había alguien morando allí.
Shao Qian quedó perplejo. Si la casa estaba habitada, ¿no significaba eso que sería imposible investigar?
Cuando aún vacilaba sobre si llamar a la puerta, esta se abrió desde dentro. Una mujer vestida de blanco salió al umbral; al verlos allí de pie, quedó pasmada.
—Ustedes…
—Buenos días, señora —respondió Shao Qian, sin saber muy bien cómo abordar el asunto.
Recordaba que la guarnición tenía una regla peculiar: las viviendas sin dueño eran reasignadas por el alcalde. ¿Sería esta dama la nueva inquilina oficial?
—¿Eres… eres Jesse?—La mujer, súbitamente alterada, avanzó unos pasos; no obstante, Vincent se interpuso antes de que pudiera acercarse demasiado.
—¿Quién es usted? —preguntó Shao Qian, desconcertado.
Hacía diez años que no pisaba la Guarnición de la Niebla Ilusoria. En teoría, nadie aquí debería reconocerlo.
—¡Jesse, hijo mío! ¡Soy tu madre! —La voz de la mujer se quebró por la emoción. Superando con facilidad la barrera de Vincent, se lanzó a rodear a Shao Qian con los brazos—. Mi pobre niño, al fin, mamá te esperaba de vuelta.
El ceño de Vincent se ensombreció. Había percibido de inmediato la fuerza formidable que ocultaba aquella mujer. Su modo de esquivarle no había sido casualidad; esos pasos, tan simples en apariencia, eran en verdad aterradoramente veloces.
De haber sido Jesse el auténtico, quizá habría sido engañado por esas lágrimas. Pero Shao Qian no era Jesse. Aunque no la evitó, tampoco estaba desprevenido.
Además, la sensación que le había transmitido aquella mujer al burlar a Vincent confirmaba que no era alguien sencilla. Y más aún…
Si el padre, una bestia mágica de rango sagrado, había muerto, ¿cómo podía la madre, supuestamente una simple humana, seguir con vida?
—Perdona, es que mamá está demasiado feliz. —La mujer se apresuró a soltarlo al ver que Shao Qian no reaccionaba—. Pensé siempre que tú y tu padre… Mientras tú estés bien, basta.
—¿Podrías contarme lo que ocurrió entonces? —preguntó Shao Qian con una sonrisa apacible, secándole las lágrimas con suavidad—. Cuando desperté, descubrí que estaba en un bosque. Como no podía hallar la salida, viví allí hasta que conocí a Centvin, quien me llevó afuera.
La mirada de la mujer se deslizó, oscura, hacia Vincent antes de mostrar un gesto dolorido. Palmeó el brazo de Shao Qian.
—Buen hijo, entremos y hablemos dentro. Debes de estar cansado. Mamá te preparará algo de comer.
Al escucharla, Shao Qian se llevó la mano al estómago.
—Entonces, le molestaré.
—No necesitas ser tan cortés con tu madre —sonrió ella débilmente, invitándolos a pasar y cerrando con naturalidad el portón tras de sí.
Al atravesar el patio, lo primero que hicieron los dos hombres fue observar los alrededores. No había apenas flores ni plantas, salvo un macizo de rarísimas «flores lunares». Estas solo florecían bajo la luna llena, durante unos segundos, sin importar frío o calor.
Eran tan caras que ni siquiera la nobleza podía permitirse poseer una sola. Resultaba sorprendente encontrar más de una decena en aquel patio modesto.
—Tu padre solía sentarse ahí a contemplar las flores lunares —dijo la mujer, mirando hacia el racimo—. En estos años, solo yo quedé para mirarlas.
Shao Qian dirigió la vista al banco de piedra cercano y arqueó una ceja. Recordaba que esa flor había aparecido en la trama original, y no en un buen contexto. Su nombre era hermoso, su aspecto deslumbrante… pero en realidad era venenosa, más aún: letal para las bestias mágicas.
No creía que su padre, siendo una bestia sagrada, desconociera el peligro que entrañaban.
—Todos estos años, siempre que pensaba en ti y en tu padre, me sentaba aquí —la mujer enjugó sus ojos húmedos y forzó una sonrisa—. Mira lo que digo… Siéntense primero, voy a traerles algo de beber.
