El contrato de la Princesa y la Duquesa Monstruosa – Capítulo 16

Traducido por Ichigo

Editado por Lucy


Charla estúpida, charla estúpida, charla estúpida. Pero Leslie no detuvo al marqués y se quedó mirando en silencio.

—Hace poco me di cuenta de que te he estado tratando mal. Así que pensé y me arrepentí mucho. Por favor, perdona a tu padre por no haber sido capaz de apreciar tu valor a simple vista, y hagamos que sea una cosa que nunca ocurrió.

En cuanto al marqués Sperado terminó de hablar, Leslie se levantó de un salto.

La silla en la que estaba sentada retrocedió de repente y cayó hacia atrás con un fuerte ruido, pero nadie en el comedor podía apartar los ojos de Leslie.

—No me pidas perdón. No tengo intención de perdonarte.

Leslie, que había estado callada hasta ese momento, se acercó un paso más al marqués Sperado y habló en voz baja.

Antes de darse cuenta, sus ojos aletargados se mancharon de ira.

—Nunca le perdonaré, marqués Sperado.

Y al final, Ellie le habló al Marqués, que estaba de pie de forma estúpida.

—Espera, eso es raro. ¿Qué quieres decir con “mi culpa”?

Empezó a gritar y Leslie pasó por delante de los dos hacia el pasillo.

Ya no tenía razones para quedarse en el comedor.

Está bien. La oscuridad estaba quieta. Si no quería, nadie debería enterarse si tenía poder o no.

Pero había una variable.

Al pasar por el pasillo y dirigirse a su habitación, Ellie, que salió corriendo del comedor, la agarró del hombro con brusquedad y la obligó a detenerse.

—¿Lo has dicho? ¿Lo has dicho?

—No.

Ellie debió notarlo también. Tal vez por eso corrió a toda prisa y le preguntó sin saber que tenía el cabello revuelto.

—¿No lo dijiste?

Leslie sospechaba de Ellie. Porque la única variable era ella.

Era una de las dos personas que sabía que Leslie tenía poder.

—¿Estoy loca? ¿Por qué haría algo así?

—Pero, ¿cómo se enteró el marqués? ¿No has dicho algo de más?

—¿Qué? ¡Tonta…!

Ellie se estremeció mientras levantaba la mano para abofetear su mejilla como de costumbre. Antes de que ella lo supiera, la oscuridad se envolvió alrededor de su muñeca.

La oscuridad desapareció de su mano sólo cuando Ellie hizo un ruido extraño, incapaz de superar su rabia, y sacudió a Leslie con brusquedad.

—Hermana.

Leslie miró a Ellie, que temblaba de rabia. Antes de que lo supiera, la multitud de sirvientes estaba murmurando sobre las dos.

—Vamos a llevarnos bien. No se peleen, ¿de acuerdo?

Leslie, que hasta ahora no había dicho nada más, se dio la vuelta y volvió a la sala.

♦️ ♦️ ♦️

—¡Qué molestia!

Una botella pasó junto a Leah, que estaba en el estudio para hacer un informe, y se rompió con un fuerte ruido, y el terrible olor a alcohol empezó a expandirse por la habitación.

El olor era tan fuerte que a la criada le dolía la nariz, y comenzó a llorar y a moquear.

El marqués se encontraba ahora en un estado desorientado, debido a dos razones.

Una, era el obstinado rechazo de Leslie, y la otra era el tamaño de su poder.

Era bueno ser el segundo caballero oscuro, pero el marqués no tenía ni idea de lo fuerte que sería su oscuridad.

¿No necesitan los mercaderes conocer el valor de su mejor mercancía?

Incluso si se ataca a una persona con palabras contundentes, era difícil venderla a un buen precio si se bloqueaba su visión durante un tiempo o si seguía ocultando la magnitud de sus poderes.

Así que era molesto perseguir a Leslie para averiguar su poder, pero la criada a la que se le dijo que consiguiera esa información estaba aún más enfadada porque era inútil.

—¡Me estoy arriesgando así, qué tiene de malo ser tan arrogante! ¡Es mi hija! ¿No crees que mi hija debería escucharme?

Desde hace unos días, Leslie sólo mostraba una fría reacción ante el marqués, que se enfadaba al verla. Hace medio mes, era una niña muerta.

—¡Dios mío!

—¡Cuidado!

Esta vez, tiró la taza y miró a Leah.

Los ojos en su cabeza parecían desorbitados como los de una persona loca.

—¿Has sabido algo más?

—Oh, eh… sí… lo siento.

La criada sacudió su cuerpo distraída. Cada vez que venía a escribir un informe, algo se rompía y tenía que escuchar muchos gritos.

Así que ella también estaba a punto de morir de odio por Leslie, que no era capaz de aceptar al marqués. ¿Es Leslie lo que le causa este dolor?

—¿Qué has podido enterarte?

—Lo he intentado, pero es de corazón frío.

—¡Entonces tienes que hacerla buena! Tú, ¡debes hacerlo!

Frente a sus narices, la criada se agachó todo lo que pudo. El sonido de la música solitaria se extendía por todo el lugar, y la canción sonaba.

—¿Has encontrado algo? ¡Algo especial! Dime, ¡está bien si es algo pequeño!

Una mano fuerte y firme agarró el hombro de Leah. El dolor apareció, y ella gritó en silencio y lloró, pero el marqués Sperado no aflojó la fuerza de su mano.

—Oh, eh… bueno, uno. ¡Tengo algo!

—¿Qué es?

—¡Tiene miedo del fuego! Hace unos días, Leslie había ido al jardín un rato, vio un fuego quemando basura y chilló.

Aunque estaba a una distancia considerable, la tez de la niña palideció al acercarse al fuego para entrar a la mansión.

Entonces, cuando el fuego estalló, Leslie se desplomó en el lugar con un pequeño grito y comenzó a respirar con dificultad.

Nunca había visto algo así antes. Y eso era lo que Leah había descubierto.

—Fuego…

Los ojos del marqués brillaron.

Entonces, ¿por qué no lo pensó? Debió haber desarrollado un miedo hacia él, ya que entró en el fuego y se cayó por el precipicio.

Podemos usar eso, ¿no? Pongámosla en el fuego. Entonces usará su fuerza para vivir. Sólo tengo que mirarlo con claridad y comprobar su valor exacto, luego veré cuando puede ser vendida. Pero, ¿cómo?

El marqués Sperado se tocó la frente. Esa niña cada vez era más desconfiada con el paso de los días.

Una niña que seguro no le hará caso vaya a donde vaya. Pero no quería incendiar esta histórica mansión.

—Disculpe, marqués.

La puerta del estudio se abrió con un golpe y apareció el mayordomo.

—¿Qué pasa?

El mayordomo, que miraba en silencio la botella y las copas rotas, se volvió hacia el marqués como si no pasara nada. Tenía un aspecto familiar, como si esto hubiera pasado antes.

—Me gustaría ir al templo.

—¿El templo?

—Sí, mi oración habitual es mañana, marqués.

—¡Diles que se ocupen de ello! Ahora mismo estoy ocupado. No, espera, ¿el templo?

El marqués se detuvo de repente, murmurando que no podía ir al templo. De repente, la cara del marqués formó una extraña sonrisa.

—El templo, deberíamos ir. ¿Qué es más importante que rezar a Dios?

Riendo por lo bajo y en tono sombrío, el marqués miró al mayordomo.

Incluso el mayordomo familiarizado con el marqués ahora mismo desconfiaba de él y frunció un poco el ceño.

—Llevemos a Leslie también.

Muy, muy buena idea.

Se sirvió un plato de tocino entero al horno, sazonado con hierbas. Delicioso.

♦️ ♦️ ♦️

La mitad estaba completa, pero la otra mitad estaba cortada en trozos pequeños para que Leslie pudiera comerlos de un solo bocado.

Al lado había una patata asada con mantequilla, un pan crujiente cubierto de azúcar que les encantaba a los niños, y un postre lleno de frutas que no se veían en esta temporada.

Leslie miró los apetitosos platos sin ninguna emoción. Era debido al marqués. Cada día le servía un plato nuevo.

Incluso el marqués y Ellie, que tenían un aspecto tan lujoso, debían comer alimentos de menor calidad.

—Deshazte de eso.

Leslie cogió un par de panes y miró a Leah, que traía la comida.

Después de encontrarse con el marqués en el comedor, la niña no había vuelto a bajar, así que siempre subía y bajaba con su comida al ático.

—Oh, mi señora. Venga a comer un poco más. Estoy muy preocupada porque está muy delgada.

Eran palabras muy pretenciosas.

Leslie sonrió. Fue Leah quien se puso al lado del marqués con pasión cuando le dio de comer tanto como le daría a un pájaro, diciendo que podría engordar.

—¿No dijiste que me veía fea porque había ganado mucho peso?

—Oh, eso es lo que dijo Leah porque estaba preocupada por ti. Es de verdad agradable que hayas tenido eso en cuenta.

La criada miró a Leslie con un gesto hosco y siguió hablando.

—No tenía nada en mente. Una transición redonda y suave también es una buena idea, señorita Leslie.

Sin contestar, la niña se sentó en una pequeña silla bajo la ventana, ignorándola.

—De nuevo estás comiendo allí, no en la mesa.

Leah fingió estar preocupada por ella de nuevo y la regañó, pero Leslie pensó en todo momento en que esto solo duraría un mes.

El marqués sólo le había abandonado unos días, pero se estaba cansando.

Quería volver con la duquesa y conseguir vivir en ese nuevo castillo tan rápido que no podía entender cómo había vivido aquí durante doce años.

Comida deliciosa, ropa suave de cama, té caliente. Sobre todo, Leslie echaba de menos a la duquesa porque ahí había gente que la acogía con amabilidad y calidez.

El marqués también era más amable con ella, pero estaba desilusionada porque no la veía a ella como persona, sino como una herramienta.

Así que Leslie solía sentarse en esta silla y mirar por la ventana. La única ventaja de haber vivido en el ático.

Mirando desde la ventana desde aquí, se sentía un poco aliviada por la amplia vista, así que incluso comía aquí estos días.

Leah, que estaba refunfuñando porque la niña ni siquiera respondía a sus palabras, levantó la cabeza como si se le hubiera ocurrido algo, y abrió la boca con fuerza.

—Sabes que hoy vamos al templo, ¿verdad? Cómetelo todo y prepárate.

¿Era hoy? Leslie parpadeó.

Había días en que las familias iban al templo a rezar. En el caso de la duquesa Salvatore, era durante su tiempo libre, y para el marqués Sperado era hoy.

Como era una ceremonia importante, Leslie podía participar en el día de la oración del marqués.

Y era la única salida de Leslie.

—El templo…

—No vas a ir de nuevo, ¿verdad? Es importante. Y hoy, el marqués dijo que estaría bien ir en el carruaje. Es muy dulce al pensar en ti de esa manera. Así que para ya, cariño, deja esa rebeldía que no te sienta bien…

Leah, que tenía la comida en la mano, interceptó rápido a Leslie por si decía que no iba a ir de nuevo.

Sin embargo, la miró con disimulo y se preguntó qué iba a hacer si seguía siendo testaruda.

Leslie pronunció una palabra y volvió a girar la cabeza porque pensó que se le pudriría el cerebro si oía algo más salir de la boca de la criada.

—Voy a ir.

Fuera donde fuera, pensaba que se sentiría mucho mejor fuera de esta mansión.

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