El contrato de la Princesa y la Duquesa Monstruosa – Capítulo 15

Traducido por Ichigo

Editado por Lucy


No podía creer el regalo de Ellie. De forma absurda, Leslie levantó los labios y se rió.

Además, era un vestido que su hermana llevaba meses esperando de una famosa modista.

Ellie no era tan “amiga” como para regalarle un vestido así.

¿Había recibido alguna vez en su vida un trozo de tela de ella?

Aunque merecería que le regalara a Leslie vestidos viejos que le habrían quedado pequeños, Ellie siempre desfilaba hermosos vestidos delante de ella con una sonrisa ruborizada.

Sus pálidos ojos verdes se burlaban todas las veces.

Leslie, molesta por la respuesta de Leah de que nunca tendría un vestido así, tuvo pequeñas náuseas y se recostó en la cama. Cuando la mucama vio la escena, gritó de forma apresurada.

—¡Señora!

—Sal. Estoy cansada. Me voy a dormir.

—No, no, no. El marqués me pidio que usted lo acompañara a cenar hoy. Así que tienes que ponerte ese vestido.

—¿El marqués?

Leslie se sorprendió por las palabras y volvió a mirar a Leah. ¿Qué había oído recién ahora?

—El marqués. Debería llamarlo padre. Vamos sígame, vamos a ver a su padre.

—Deja de hablar de eso. ¿El marqués quiere verme?

Sabiendo que Leslie no tenía intención de cambiar la manera de llamarlo, Leah continuó refunfuñando.

—Sí, hace mucho tiempo que su familia no se reúne para comer. Hoy van a preparar un plato especial solo para usted, señorita Leslie.

Leah le tendió entonces el vestido. Tenía la intención de prepararla y bajarla al comedor.

Pero la cabeza de Leslie estaba llena de otras ideas. Era una comida familiar, pero, ¿había participado en una cena de este tipo antes?

Me había sentado sola en un rincón de la sala, sin que se reuniera una gran cantidad de miembros de la familia. La vieja silla incómoda hacía que captara la atención de la gente, porque chirriaba, haciendo demasiado ruido, cuando se movía aunque fuera un poco.

¿Cómo había sido la comida? Pan duro en una sopa de papa fría.

Delante de sus narices habían estado los alimentos más grasientos y apetitosos, y los tres se reían mientras los comían.

Leslie se reía como si fuera muy feliz, haciendo la vista gorda.

—No voy a ir.

Leslie se volvió a tumbar en la cama. Esta vez, la mucama dio vuelta a la manta.

—¡Señora! El marqués quiere verla.

Leah intentó tranquilizarla con un poco de desesperación al ver a Leslie.

—Venga, vamos.

Se sintió más irritada cuando la mucama le tomó de la mano para llevarla al comedor.

Le había hecho una petición parecida hace unos años. Le dolía la pierna que el marqués le había golpeado, así que le pidió a Leah que le cogiera de la mano mientras bajaba por las escaleras. Por supuesto, la había rechazado.

—No quiero verlo.

—Señorita…

Leah, que se dio por vencida cuando Leslie se subió la manta a la cabeza, había sido persistente hoy.

—Si no vienes a la comida, Ireah será castigada.

El marqués era un hombre que a menudo levantaba la mano no sólo a ella, sino también a los sirvientes, que siempre se reían de ella, pero hoy estaba ansiosa porque podrían ser golpeados.

¿Pero qué tiene que ver eso conmigo…?

Leslie cerró los ojos sin responder esta vez. Si no hago esto, me cansaré de mi propio acto.

—Señorita Leslie, ¿no es usted agradable? Vamos a comer juntos. El cocinero me dijo que prepararía la comida que le gusta a la señorita. Y debería darle las gracias al marqués. Si da las gracias mientras come, el ambiente será mejor. Al marqués le cuesta mucho controlar el humor de sus subordinados estos días.

Al final, Leslie se levantó por las palabras de Leah. Aunque pareciera extraño, se levantó después de escuchar que esto era debido a la amabilidad del marqués. Leslie, quien parpadeó un momento, asintió con la cabeza. La cara de la criada se iluminó con la mirada.

—De acuerdo, allí estaré.

Tengo que averiguar qué demonios estás tramando, pensó la niña para sí misma mientras se ponía los zapatos de interior.

Leah la miró con ojos brillantes como si fuera una salvadora. Parecía que le preocupaba que la golpearan más si no fuera.

Mirando a la mucama, Leslie añadió algo más.

—No me pondré ese vestido, en su lugar, voy a usar otra cosa.

No quiero llevar este vestido asqueroso.

♦️ ♦️ ♦️

¿Qué es esto?

El rostro blanco de Ellie estaba arrugado. Sus hermosos ojos esmeralda, que se veían bajo sus abundantes pestañas, estaban irritados y enfadados.

¿Por qué está eso ahí? Desde ayer habían ocurrido una serie de incidentes molestos. El vestido de la tienda más preciada de Arlong desapareció, y ninguna de las criadas que la acompañaba sabía dónde estaba.

Su irritación se disparó hasta el punto de que decidió tachar de ladrona a la criada que se encargaba de sus vestidos y echarla de la casa. Le dio un par de bofetadas en la cara cuando lloriqueó mientras decía que no lo era, y luego se calló.

Hoy bajé al comedor para refrescarme con el nuevo vestido de mi madre.

—¿Por qué estás sentada ahí? ¡Ese es mi asiento! ¿Por qué estás en el comedor en primer lugar?

Nada más entrar al comedor, noté a una mendiga de cabello plateado.

La niña de pelo plateado se había sentado en su soleado y cálido asiento, observando la vajilla que siempre había utilizado. Es mi sitio, es mío.

Era evidente, había nacido para servirme a mí, pero Leslie estaba más inquietante estos últimos días.

¡¡Has nacido para mí, por lo que estás debajo!!

De repente, las cosas cambiaron y eso la molestó. Además, Ellie se había sentido incómoda por la amabilidad de todos los demás para con ella en los últimos días.

—¡Apártate de mi camino!

¿Por qué tengo que venir al comedor y ver la causa de tanta ansiedad e irritación en mí?

Ellie gritó y se dirigió hacia Leslie. Luego alargó la mano y trató de agarrarla por el pelo.

—¡Ellie!

Para su tristeza, había sido detenida por su amoroso padre.

Al llegar al comedor, el marqués miraba a su encantadora hija Ellie con ojos de decepción.

—Qué estupidez. No puedo creer que intentaras agarrar a tu hermana por el cabello.

—¿Padre?

Ellie miró avergonzada a su padre. ¿Él le había gritado justo ahora? ¿Le había regañado?

Ella nunca había sido regañada por su padre ni por su madre en todos sus quince años.

Su padre era el que nunca se enfadaba con ella, hiciera lo que hiciera, aunque jugara con los sirvientes, aunque se comprara vestidos cada vez más caros.

—Padre, pero, ¿esta cosa inútil se sentará en mi asiento? Mira allí. Esos son mis platos y los va a usar la mascota.

En un instante, los ojos de Ellie se llenaron de lágrimas, y sus ojos estaban rojos. Cuando se interponían en su camino, aunque sea un poco, comenzaban a caer sus lágrimas.

Si Ellie hacía esto, su padre siempre la escuchaba, por supuesto que lo volvería a hacer una y otra vez.

—No puedo creer que golpearías así a tu hermana. Qué decepción, Ellie.

¿Qué?

Después de ignorarla, abrió los ojos sorprendida, la pequeña Leslie sonrió. Sus ojos azules la recorrieron con rapidez.

—Mi querida hija Leslie. ¿Cómo has dormido? Pero, ¿por qué no te pusiste un vestido? Escogí a propósito un vestido bonito que combina con el color de tus ojos. Oh, ¿no te ha gustado? No te preocupes. Tu padre te comprará un vestido mucho más bonito que ese.

—Cariño, cariño…

La figura de aspecto dulce congeló a Ellie y a la esposa del marqués, que entraba en ese momento en el comedor.

Pero hubo una palabra que hizo que Ellie moviera su cuerpo. El vestido… Mi vestido púrpura…

—¡Padre! ¿Le diste mi vestido a esa? Sabes lo mucho que he guardado ese vestido.

Al final, las lágrimas comenzaron a caer de los ojos de Ellie.

—¡Eso es demasiado, simplemente demasiado!

El marqués empujó con brusquedad el brazo de Ellie y la observó con unos ojos afilados de forma espantosa.

—¿Cómo puedes ser su hermana y negarle tus vestidos? Mira tu armario. Hay cientos de ellos apilados. ¡No creo que vayas a ir por ahí desnuda sólo porque te he quitado uno! Además, estás asustando a Leslie.

El grito del marqués no terminó ahí. De repente, cuando giró la cabeza y miró a su mujer, el marqués empezó a criticarla en voz alta.

—De ti también estoy decepcionada. Mira a mi hija. ¿Cómo puedes dejar que una niña de diez años esté tan delgada? ¡Ni siquiera te preocupaste! Te he estado vigilando porque eres la que mantiene la casa, ¡pero hoy no puedo ni siquiera verte!

—¿Qué me estás diciendo, tú? Dios mío, ¿cómo has podido hacerme esto?

Después de pasar con astucia la culpa a su esposa y a Ellie, el marqués ignoró con facilidad lo que le dijo su esposa y sonrió a Leslie con alegría.

—Vamos, Leslie. No tienes que preocuparte más. Tu padre te protegerá.

Leslie abrió la boca mientras se tocaba la punta de la barbilla sin decir una palabra.

—Tengo doce años. No diez, sino doce.

Luego se volvió con ojos alargados y miró al marqués.

Como las pupilas de sus ojos se habían hundido, hasta el marqués se estremeció por un momento. Pero fue muy breve.

Leslie siempre había sido una bella hija para el marqués.

Aunque había cambiado un poco estos días, era una niña que no podía resistirse a sus palabras y siempre quiso su amor.

Así que sería fácil, demasiado fácil, caerle bien.

Eso pensaba él.

—Pero, ¿por qué haces esto?

Aunque se sentía reticente, el marqués sonrió y miró a su pequeña y encantadora hija.

—¿De qué estás hablando? ¿Qué hay de malo en que un padre cuide de su hija?

—No sueles hacerlo. Siempre me pegas, gritas, maldices, me oprimes…

Los ojos de Leslie, quien jugueteaba con su cabello, parecieron brillar como el fuego por un momento.

Para ser exactos, sus ojos lilas demostraban llamas ardientes dentro de ellos.

—Hace poco han pasado otras cosas.

El marqués, la marquesa y Ellie se estremecieron, pero los demás sirvientes inclinaron la cabeza sin darse cuenta.

—¡Oh! Por supuesto que sé que este padre no lo ha hecho muy bien, Leslie. Tu padre ha sido indiferente, así que entiendo que muestres este comportamiento. Pero, por favor, entiende que todo se debe a que te quiero mucho.


Ichigo
¡Hola a todos! Esta novela ha estado un tiempo inactiva, así que he decidido unirme a Lucy para darle continuación, ¡Espero que nos apoyen mucho en este proyecto!

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