El contrato de la Princesa y la Duquesa Monstruosa – Capítulo 62

Traducido por Ichigo

Editado por Lucy


—Bienvenida, amor. Por favor, toma asiento. Hablemos de algunas cosas.

La Duquesa se levantó de su silla y cruzó la habitación, dando la bienvenida a Leslie a los sofás. Allí se sentaron cómodas y Jenna preparó rápido una mesa de té, pero con chocolates calientes en lugar de té.

Esto me recuerda al primer día que la conocí.

Leslie tomó una taza humeante de tesoro achocolatado cubierto con muchos malvaviscos. Parecía que todo había sucedido hacía tanto tiempo cuando, en realidad, solo habían pasado un par de meses desde que pisó por primera vez el Ducado. Había sido un invierno frío, pero ahora las cálidas brisas de la primavera le daban la bienvenida a un nuevo año.

Y el chocolate caliente siempre está rico.

Aunque Madel insistía en que el chocolate caliente era mejor que las gélidas noches de invierno, Leslie pensaba que el chocolate caliente era perfecto para cualquier ocasión.

Para ser exactos, no soportaba la idea de solo poder tomar chocolate caliente en invierno.

La duquesa Salvatore rió en voz baja al ver a la niña beber el líquido dulzón y enfermizo, dejando estelas de él por todos sus labios. Sacó un pañuelo y le limpió la boca a Leslie. Leslie también se rió al sentir el calor que se extendía por su estómago, sintiendo cosquillas.

—Hoy te he llamado porque ahora voy a enumerar los términos del contrato, ya que eres de forma oficial miembro de los Salvatore.

Las risitas de Leslie cesaron de inmediato.

Ah, claro. Su corazón se desplomó en un instante y su humor se volvió sobrio de repente.

Se había olvidado por completo del contrato, demasiado contenta por lo bien que había salido todo. Pero había propuesto el contrario, y por eso estaba aquí ahora. Y las condiciones eran que abandonaría el Ducado en cuanto fuera mayor de edad.

Por desgracia, la Duquesa vio el cambio en la niña porque empezó a doblar su pañuelo.

—Sí, ¿qué debo hacer?

Leslie cambió rápido su expresión con una rígida sonrisa ocultando a la Duquesa su ansiedad y agridulzura. Bajó la cabeza y empezó a fingir que contaba los malvaviscos en su taza.

—Puedo hacer cualquier cosa. He estudiado mucho y ahora sé mucho más. Aprendo rápido y capto las señales con rapidez Puedes consultarlo con el hermano Ruenti para confirmarlo.

Las palabras le salían rápida y de forma automática. Sentía la punta de la lengua entumecida y las palabras le resultaban antinaturales. Hacía apenas unas horas, llamarlos “madre”, “padre” y “hermanos” le resultaba tan fácil y la llenaba de una satisfacción abrumadora. Pero ahora sentía un dolor punzante.

¿Puedo modificar el contrato?

No lo sé. Frustrada, se concentró en los malvaviscos rosas.

Iré a la biblioteca y buscaré más información sobre contratos. No le preguntaré a Ruenti, ya que podría darse cuenta de lo que quiero hacer. Iré a los libros y leeré en mi habitación. Pero, ¿qué libros podrían contener información sobre contratos?

—Leslie.

—¡Sí!

Leslie levantó la cabeza cuando la Duquesa la llamó. La duquesa escrutó en silencio el rostro de Leslie. La niña sonreía, pero notaba que lo hacía de manera forzada, tratando de reprimir sus emociones.

—Mis únicas condiciones para el contrato son que entres en los templos el Día Bendito como mi hija….

—¿El Día Bendito?

El Día Bendito es un día de salvación por los dioses del Imperio. Hace mucho tiempo, incluso antes de que hubiera un Imperio o reinos, la tierra estaba plagada de algún tipo de mal. Hacía que la gente enfermara y muriera. No tenía cura y se extendía tan rápido que la gente no podía hacer nada. Montañas de cadáveres envenenaban las aguas y los suelos, contaminando las cosechas y matando al ganado. Muchos sufrieron no solo la enfermedad, sino también la maldición del hambre. Los bandidos campaban a sus anchas, y los gritos de los hombres resonaban horribles por toda la tierra.

Los dioses oyeron al pueblo gritar en agonía y suplicar su misericordia. Incapaces de soportar el terrible destino de los hombres, los dioses convocaron a la plaga y la contuvieron en una pequeña caja. Pero ya había hecho demasiado daño en el mundo. Aún así, lloraron y gritaron de sufrimiento.

Los dioses lucharon y discutieron durante muchos días y noches. Al final del día más largo, por fin dijeron que los hombres ya habían sufrido bastante. Así que eligieron a diez mujeres y diez hombres, hundiéndose con trozos de sus poderes. Y con esto, los diez hombres y las diez mujeres viajaron por todo el mundo para curar a la gente, difundiendo la salvación.

Así se conoció como el Día Bendito, el día de la gracia salvadora en el que el pueblo celebra y alaba a los dioses por su misericordia. Cada ocho años, el templo abría sus puertas incluso a los plebeyos y permitía que llegaran muchos de todo el mundo para dar gracias a los dioses.

Y se celebra cada ocho años porque significaba el tiempo que tardaban los diez hombres y las diez mujeres en completar su viaje de salvación y reunirse de nuevo. Por tanto, marcaba el final del viaje y la culminación de la salvación

Pero, ¿qué quiere decir que vaya a los templos como su hija? se preguntó Leslie. La duquesa vio una expresión de curiosidad en el rostro de Leslie. Sonrió con amabilidad y explicó.

—Para el Día Bendito, los templos seleccionan a diez niños y diez niñas para representar la salvación. Estos niños suelen ser de noble cuna, solteros y menores de edad para significar pureza e inocencia.

Ah, lo recuerdo. Oí a Eli hablar de ello hace mucho tiempo. Había puesto el grito en el cielo porque era lo primero que se le negaba. Leslie recordó con desagrado.

♦ ♦ ♦

—¿Por qué me hicieron daño justo ahora?

Eli se cayó por las escaleras y se lesionó de gravedad una pierna. Cuando le anunciaron el diagnóstico, gritó y gimió con fuerza en brazos de su madre.

—Aprobé la candidatura, pero ahora no puedo ir por esto. El cura dijo que tardaría meses en curar el hueso roto… Estoy muy enfadada, madre.

—Esta no será la última oportunidad para que te presentes. De seguro se te dará la oportunidad ocho años después, mi hermosa niña. Alguien tan guapa e inteligente como tú será elegida sin ninguna duda.

—¿De verdad?

—¡Por supuesto! No hay princesa ni duquesa en el Imperio. Eres la mujer más preciosa de todo el Imperio, así que por supuesto, ¡te elegirán a ti! Por tus venas corre sangre sagrada. Ninguno de esos idiotas te hará fuerte.

—¡Pero tengo que esperar ocho años! ¡Está tan lejos, y quiero participar ahora!

—Oh, mi dulce guisante No te enfades. Además, la próxima Arabella será elegida entre las mujeres. Así que espera con paciencia y cuida mucho tu belleza. Te lo prometo: serás la próxima Arabella y la más santa de toda la historia del Imperio.

Antes de que acabara el día, Eli llegó cojeando al desván de Leslie. Las palabras de la marquesa no fueron suficientes para consolarla, y había venido a descargar sus frustraciones sobre Leslie. Ese día fue el primero en que Eli utilizó una herramienta para golpear a Leslie hasta hacerla papilla.

♦ ♦ ♦

Sí, eso pasó.

Leslie frunció el ceño con dolor al recordarlo, pero también se aseguró de completar el rompecabezas sobre el Día Bendito utilizando las pistas de su memoria. Ni princesa ni duquesa, sino la sangre más sagrada de veinte niños de noble cuna.

—Son seleccionados por la jerarquía de su sangre, ¿no?

La Duquesa asintió, satisfecha por la deducción de Leslie.

—Sí, tienes razón. Empiezan desde arriba con la sangre más noble. Antes no había discriminación, pero las reglas han cambiado con el tiempo.

La duquesa dio un sorbo lento a su té antes de continuar.

—La última vez que se abrió para la celebración fue hace cuatro años. Así que la próxima vez que se abra será dentro de unos cuatro años, cuando cumplas dieciséis. Quiero que estés allí como mi hija y la única Dama Duquesa del Imperio que se convertirá en uno de los veinte primeros sacerdotes y sacerdotisa.

Entonces, sus ojos se volvieron de lo más serios mientras sostenía la atenta mirada de Leslie y dejaba su taza de té.

—¿Qué voy a hacer allí?

Cuando se contrataron por primera vez, la Duquesa prometió a Leslie contarle las condiciones cuando Leslie se convirtiera de manera oficial en una de los Salvatore. Así que ahora, ella estaba lista porque era, por fin, Leslie Shuya Salvatore.

Debo escuchar con atención y hacerlo bien.

Leslie enderezó su espalda y se concentró en la Duquesa. Sentía que tenía que portarse bien y, en última instancia, tener éxito en el cumplimiento de los términos del contrato. Esperaba que tal vez, si cumplía fiel su parte del trato, todo lo que tenía ahora podría convertirse en real y más permanente.

La Duquesa rompió el contacto visual para tomar su taza de té y dar otro sorbo largo y lento.

—Quiero que te conviertas en la gran sacerdotisa Arabella.

—La Arabella.

Arabella. Era un nombre también familiar para Leslie. La primera de los veinte sacerdotes y sacerdotisas que adoraban a los dioses con más fidelidad. Se decía que los dioses la habían bendecido con sus poderes de salvación y también con el poder de transferir los poderes divinos a los otros 19 sacerdotes y sacerdotisas. En otras palabras, era la intermediaria y el puente entre los dioses y sus seguidores.

—El sexo de Arabella no se especifica en la historia. Por eso, en cada celebración, Arabellas masculinas y femeninas se turnan para dirigir la ceremonia. Como ya habrás adivinado, el día de la celebración anterior se eligió a un Arabella masculino, por lo que en la siguiente será el turno de una Arabella femenina. El concurso para la candidatura de 20 sacerdotes y sacerdotisas comienza a finales del invierno anterior al año de celebración. La primera ronda suele centrarse en teología, lenguas sagradas y antiguas, filosofías de diversas escuelas de pensamiento fundadoras y materias académicas básicas. A través de la prueba de inteligencia, comienzan las eliminaciones.

Leslie asintió decidida a la información. Se sentía segura con todas las asignaturas mencionadas, y aunque no lo estuviera, se las ingeniaría para convertirse en la Arabella elegida, pasara lo que pasara. Solo entonces podría convertirse en una verdadera Salvatore.

—Sí, lo entiendo. Me convertiré en Arabella.

Leslie respondió con alegría, y la Duquesa tuvo que contenerse para no añadir más. En lugar de lo que fuera a decirle a la niña, sonrió con cariño y la miró de forma amorosa.

—Sé que lo harás. Te lo dejo a ti entonces, Leslie.

♦ ♦ ♦

—¿Quieres que me convierta en Arabella…?

Con el rostro pálido, Eli miró con atención al hombre sentado frente a ella. Sintió los ojos helados que la miraban. Su rostro palideció y su respiración se aceleró cuando el hombre mantuvo el contacto visual con cierta frialdad en su voz.

—Sí.

El hombre era el príncipe Arlendo Perre Recardius, el primero en la lista de sucesión. Se inclinó en su silla y evaluó con frialdad a la muchacha que tenía delante. Cuando sus ojos recorrieron su pálido rostro, no sintió compasión. Más bien, sintió que su temperamento se exaltaba.

—Mi padre, el Emperador, está bastante furioso con tu padre.

Entrelazó sus largos y delgados dedos sobre su regazo y miró a Eli. El blanco rostro de Eli enrojeció de humillación ante sus palabras. Una vez más, Arlendo no sintió compasión. Chasqueó la lengua fuerte y Eli bajó la cabeza avergonzada.

Eligió a Eli como compañera política no solo porque se lo había sugerido su padre, sino también por su noble elegancia, belleza, confianza y autodisciplina. Sabía utilizar lo que tenía de la forma más eficaz y precisa.

Era una joven atractiva, astuta y codiciosa. Sabía cómo comportarse para promocionarse en la alta sociedad, lo que sería una gran ventaja para Arlendo si se casaba con ella. Así que se anticipó a su utilidad y trazó estrategias para que ella y el marqués le ayudarán a conseguir el trono. Ella era la mejor candidata, pero él la sobreestimó. El juicio de los nobles escandalizó por completo al marqués, y ella se había quedado más tiempo del que le correspondía.

No podría importarme menos que golpearan o mataran de hambre a la chica mientras no los atraparan.

Era típico de la nobleza,y todas las Casas tenían un secreto o dos. Era una regla tácita, a menos que se descubriera por alguna razón. Ahora, sus trapos sucios estaban al descubierto, y ya no podían callarse.

Lo que era aún más molesto era que Arlendo había convencido a su padre para abrir el juicio. Fue él quien lo hizo posible. Por eso, la derrota y la vergüenza del marqués eran también suyas; estaban juntos en esto. Además, salieron a la luz historias de enfermedades genéticas y abortos espontáneos, que eran muy privadas e indignas. Un error de cálculo momentáneo les había condenado a la muerte social para siempre.

No tiene sentido volver después de todo eso. Por lo tanto, Eli no era más que una bonita muñeca rota sin sus cuerdas.

La única razón por la que seguía aquí era que le quedaba algo de utilizada y quizá porque sentía un tinte de apego emocional hacia ella aunque no era culpa, simpatía o amor. Era una especie de sentimiento que un granjero común podría sentir con un cerdo que va a ser sacrificado.

Así que esta era su forma de mostrar misericordia, la última oportunidad para Eli.

—Si no puedes cambiar el corazón de mi padre, el compromiso será anulado.

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