Matrimonio depredador – Capítulo 54: Gitanos

El cielo estaba oscuro. El aire húmedo que cubría el bosque, agitaba las hojas; presagiando lluvia. Decenas de personas se agolparon en la zona para respirar aire fresco, en el habitual evento de cacería del príncipe.

Un sabueso recorrió la tierra húmeda mientras los escuderos ahuyentaban a las presas más pequeñas, despejando el camino al príncipe que iba en compañía del conde Weddleton, padre biológico de Cerdina, quien se vio obligado a ir de cacería.

El conde sacó a relucir varios temas antes de abordar el que le interesaba. Seguí leyendo “Matrimonio depredador – Capítulo 54: Gitanos”

El contrato de la Princesa y la Duquesa Monstruosa – Capítulo 79

—¡Mira esto, Madel!

Los ojos de Leslie brillaban de alegría mientras miraba el centro de la ciudad. La niña se había emocionado demasiado y había salido del Ducado demasiado pronto. Tenía más de una hora por delante antes de sus clases con Konrad y, después de pensarlo un poco, decidió dar un paseo por el centro. Después de todo, no había podido explorar el lugar la última vez que estuvo allí con Bethrion y Madel. Seguí leyendo “El contrato de la Princesa y la Duquesa Monstruosa – Capítulo 79”

Violet Evergarden Ever After – Capítulo 5: Cazadores de sueños y la muñeca de los recuerdos automáticos

Lo más probable es que todos los continentes tuvieran una ciudad así.

Una ciudad a la que se dirigían las chicas solitarias que no tenían adónde ir y los chicos que solo tenían grandes sueños después de huir de sus hogares, llevando solo un poco de equipaje y dinero para el viaje. Un lugar donde apostarían toda su vida para emprender un gran desafío al subir al tren nocturno. Tanto la gente que conocía esa tierra como los que no, aconsejaban a otros que fueran a ella si tenían un sueño que querían realizar. Les decían que fueran a Alfine, la ciudad de los cazadores de sueños. Seguí leyendo “Violet Evergarden Ever After – Capítulo 5: Cazadores de sueños y la muñeca de los recuerdos automáticos”

Un día me convertí en una princesa – Capítulo 127

¿Acaso este hombre realmente perdió la memoria?

Esta vez entrecerré los ojos y examiné su rostro detenidamente, pero Claude apenas mostró algún cambio en su expresión. Entonces, al final, no tuve más remedio que asentir con la cabeza e ir tras él, que había comenzado a avanzar delante de mí.

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¡No quiero ser Princesa! – Capítulo 131: Ella y su infructuoso esfuerzo (1)

—¿Me pregunto si podríamos ir en este momento al lugar que deseo? —me preguntó Freed mientras salíamos del almacén general.

Desde el principio, hoy no ha hecho otra cosa más que acompañarme a los lugares que yo quería. Así que, por supuesto, no tengo inconveniente en acompañarle a donde quisiera ir. Asentí de buena gana. Seguí leyendo “¡No quiero ser Princesa! – Capítulo 131: Ella y su infructuoso esfuerzo (1)”

¡Juro que no volveré a acosarte! – Capítulo 84: La persona ideal

Violette mantuvo la cabeza gacha hasta que sonó el timbre de clase, pero Rosette no se entrometió. Solo preguntaba si Violette estaba bien, sin esperar de Violette más respuesta que un “lo siento” o tal vez un “estoy bien”. Entonces Rosette la tranquilizaba a su vez con una cálida sonrisa. Al parecer, la chica conocía bien la línea que separa la amabilidad de la imposición. Forzar más allá de las barreras podía resultar eficaz para ciertas personas en crisis, pero viendo que Violette no podía verbalizar sus propias necesidades, agradeció la contención de Rosette.

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Te equivocaste de casa, villano – Capítulo 49: Acercándonos lentamente… (4)

—Probablemente habrá una diferencia notable esta vez.

Instantáneamente, la mirada de Bastian cambió levemente. Estudió el rostro de Kalian y luego preguntó rápidamente:

—¿Estás en contacto con el caballero de Selena, el profeta, o como se llame? Seguí leyendo “Te equivocaste de casa, villano – Capítulo 49: Acercándonos lentamente… (4)”

Villana en un otome, ¿cómo acabaron las cosas así? – Capítulo 112: La promesa de Claudia

—Oye, ¿no es esa Claudia?

Justo después de que me cargaran con algo molesto debido al acoso de los Nordsturm, escuché una voz retumbante que venía de al lado mientras hablaba con Claudia y el Marques Molton. Cuando me giré para ver quién era el dueño de la voz, vi una cabeza de cabello rubio miel brillando a la luz del sol. Es un joven de semblante sereno que tiene los ojos grises del color de la piedra, pude decir de inmediato por su apariencia que definitivamente está relacionado de alguna manera con Claudia. Casi seguro que es un pariente cercano suyo. Seguí leyendo “Villana en un otome, ¿cómo acabaron las cosas así? – Capítulo 112: La promesa de Claudia”

Villana en un otome, ¿cómo acabaron las cosas así? – Capítulo 111: Acoso por parte de los Nordsturms

Como esperaba, la agenda para la reunión de hoy en la Cámara de los Lores comenzó con una discusión sobre la amenaza que supone la posible desaparición del Reino de Rindarl.

Este se encuentra en el centro de los cuatro ducados del este y tiene profundos lazos históricos y culturales con los otros países que intentan unirse en la Unión de Rindarl, que lleva el mismo nombre. Seguí leyendo “Villana en un otome, ¿cómo acabaron las cosas así? – Capítulo 111: Acoso por parte de los Nordsturms”

Mi discípulo murió una vez más – Capítulo 50: Terceros Viendo la Conmoción

Wang Xuzhi frunció el ceño, atrapado en una posición incómoda. No podía simplemente apartar a Xiao Yi, y no se sentiría cómodo si se alejaba, por lo que optó por bloquear el camino de Xiao Yi frente a Zhu Yao.

Zhu Yao encontró gracioso ver al joven actuando como una madre gallina protectora, bloqueando el camino frente a ella. Su corazón se llenó de calidez, y sintió que “su hijo finalmente había crecido y sabía cómo proteger a esta anciana”. Seguí leyendo “Mi discípulo murió una vez más – Capítulo 50: Terceros Viendo la Conmoción”

Sin madurar – Capítulo 60: El destino cambiado (10)

Después de comer, entré en la tienda, tendí una manta en el suelo y me tumbé. Usé la gruesa túnica como manta y me tapé. Hacía tiempo que no acampaba, por lo que mi cuerpo estaba cansado, pero mi mente seguía bien despierta.

Pasó un rato y seguí sin poder conciliar el sueño, así que me eché la túnica sobre los hombros y salí. Alrededor de la fogata, que se estaba apagando, dormían los caballeros con las vainas al alcance de la mano. Seguí leyendo “Sin madurar – Capítulo 60: El destino cambiado (10)”

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