La Emperatriz se volvió a casar – Capítulo 100: Continúa consintiéndome

Traducido por Adara

Editado por Sakuya


Incluso después de que el Vizconde Roteschu se marchara, su mente agitada no se calmó fácilmente. Rashta se paseó por su habitación mientras miraba el reloj. Sovieshu no iba a volver hasta más tarde.

Rashta salió nerviosa al pasillo, miró a su alrededor y se dirigió al Palacio del Oeste. Tras la partida de la Emperatriz, el Palacio del Oeste permaneció tranquilo y silencioso.

Todas las bulliciosas damas de compañía del Palacio Oeste volvieron a sus casas, mientras que el número de criadas y sirvientes se redujo considerablemente. Sólo venían una vez al día a limpiar los pasillos, pero Rashta sabía que aún no era hora de que las criadas vinieran a limpiar. Entró rápidamente en el Palacio Oeste.

Este era su nuevo pasatiempo.

Entraba en la habitación de la Emperatriz para mejorar su estado de ánimo.

Cuando le pidió la llave a Sovieshu, a éste le pareció absurdo, pero se la dio sin problemas. De todos modos, era una habitación vacía, así que no le importaba lo que ella hiciera.

El interior de la habitación ni siquiera se había limpiado porque aún no se había elegido a la nueva Emperatriz, así que Rashta entraba y salía de ella evitando las miradas de la gente.

Hoy era lo mismo. Rashta cerró rápidamente la puerta al entrar en la habitación. Se sintió mejor después de cerrar la puerta tras ella. Rashta se apoyó en la puerta y contempló la glamurosa habitación vacía. Los muebles seguían ahí, pero nadie los utilizaba. Extrañamente, este lugar se sentía extremadamente lúgubre.

Mejorará si lo uso, pensó Rashta mientras recorría la habitación. Aunque sólo estuviera deambulando, Rashta ya se sentía mejor.

Se sentía como la Emperatriz y sonreía mientras imitaba los movimientos corporales que había visto hacer a Navier. No se le daba bien estudiar. Por mucho que estudiara, no obtenía buenos resultados. Pero su forma de hablar y de comportarse ya era bastante noble.

Una de las profesoras de etiqueta, que había enseñado a Navier, se sorprendió tanto que preguntó: —¿Cómo puedes parecerte tanto a Navier?

Lo importante es la etiqueta, la forma de hablar y de comportarse.

Estaba segura de que todos los que la comparaban con la antigua Emperatriz se sorprenderán el día de la boda. Esto hizo que el humor de Rashta mejorara mucho. Definitivamente, mucho mejor. Desde que llegó, Rashta empezó a revisar uno por uno todos los muebles de la habitación. Entonces, de repente, encontró algo extraño.

¿Qué es esto?

La parte superior de la silla, que a primera vista no parecía extraña, sobresalía un poco.

Cuando quitó el cojín de la silla, se encontró inesperadamente con una caja de madera. Lo que ella pensaba hasta ahora que era una simple silla, en realidad ocultaba una caja de madera. Pero eso no era lo más sorprendente ni mucho menos. Había un montón de documentos dentro de la caja de madera.

¿Son documentos de la Emperatriz depuesta?

Rashta sacó los documentos por curiosidad.

¿Solicitud de financiación estatal?

Algunos de los documentos estaban relacionados con ese tema. Otros estaban relacionados con los orfanatos.

Tras mirar el reloj y confirmar que aún tenía tiempo, Rashta se sentó y examinó los documentos con atención. Los documentos estaban escritos con palabras fáciles de entender, por lo que podía saber de qué trataban si los leía con atención. Incluían orfanatos, residencias de ancianos, centros de apoyo para padres solteros, hospitales gratuitos, servicios de comidas, entre otros.

Eran instituciones que la Emperatriz Navier había patrocinado personalmente en nombre de la Familia Imperial.

Además, había incluso una carta al final de los documentos. Rashta sostuvo los documentos con una mano y la carta con la otra.

[Para la señorita Rashta…]

La carta tenía un estilo tranquilo, en el que expresaba que no podía seguir manteniendo estos lugares después del divorcio porque los apadrinaba bajo el nombre de la Familia Imperial. También mencionaba que ahora no era posible solicitar fondos estatales, porque la financiación del Estado se renovaba cada año.

Había preparado una solicitud de fondos públicos de antemano para cuando Rashta se convirtiera en Emperatriz, así que cuando llegara ese momento, debería presentar esta solicitud de fondos públicos bajo su nombre.

Sin embargo, ahora había muchas organizaciones que recibían financiación estatal, por lo que podría ser rechazada por problemas presupuestarios. Si eso ocurría, Navier indicó que Rashta debía seguir adelante con su propio dinero bajo el nombre de la familia imperial, como hacía antes.

Aparte de eso, no habló de nada más.

Era una carta monótona, como la que uno daría a su sucesor.

Si había un punto en el que revelaba sus sentimientos, era cuando señalaba que Rashta no debía patrocinarlos bajo su nombre porque las cosas podrían complicarse. Después de leer la carta, Rashta se sintió realmente extraña. Como para agravar esta sensación, se le cayó algo.

Eran dos pagarés de una suma enorme.

Si el contenido de la carta era cierto, se trataba de la cantidad de dinero necesaria para poder patrocinar estas instituciones durante dos años.

La entrevista era cierta. Realmente sabía lo del divorcio.

Rashta frunció el ceño. Le resultaba aún más desagradable sentir lástima por la Emperatriz en su interior, pero no podía admitir que Navier había sido una Emperatriz formidable.

Reconocerlo la haría sentir mal por deshacerse de una buena Emperatriz.

Pero Rashta no podía pensar en sí misma como una mala persona.

La Emperatriz tuvo la suerte de nacer como tal, pero a Rashta le costó llegar hasta aquí. Incluso después de llegar aquí, seguía luchando por sobrevivir.

Aunque Rashta no había causado ningún daño a la Emperatriz, la Emperatriz Navier trató de alejarla. ¿No intentó la Emperatriz Navier deshacerse de Rashta, pero acabó siendo expulsada por sus propias acciones?

Eso es cierto. ¿No habría sido diferente si ella no hubiera usado píldoras abortivas o pedido a su hermano que me atacara en primer lugar?

Entonces habría vivido sin ser destituida de la posición de Emperatriz. La Emperatriz destituida se lo había buscado ella misma. Rashta no podía creer que ahora hubiera escrito una carta que podía hacer reír a cualquiera. Era hipócrita.

Ella desprecia a Rashta, ¿verdad?

Totalmente convencida, Rashta cogió con rabia los pagarés, la carta y los documentos.

¿No deberían estar patrocinados a nombre de Rashta?

Rashta resopló con disgusto.

¿Las cosas se pueden estropear? Sólo lo dijo porque no quería que la reputación de Rashta aumentara.

El patrocinio de estas organizaciones permitiría a cualquiera ganarse la confianza de la gente.

Lo haré todo bajo el nombre de Rashta. ¿No es Rashta quien lo hará? ¿Por qué debería escribirlo bajo el nombre de la Familia Imperial?

♦ ♦ ♦

Pasaron unos días desde que mi hermano partió a la expedición de los caballeros.

—¿No son Lord Koshar y Su Majestad la Reina, gemelos? —preguntó inesperadamente Mastas, que pulía diligentemente la lanza que tenía en su regazo.

Ella me miró mientras reflexionaba sobre el motivo de la pregunta: —No somos gemelos.

Cuando respondí con una sonrisa, dijo: —Oh… —y luego asintió.

Al ver esto, Rose sonrió con maldad y le dio un suave codazo a Mastas en las costillas.

—¿Te interesa?

Mastas asintió con indiferencia: —Sí.

Cuando Rose la miró sorprendida por su respuesta tan segura, Mastas continuó hablando despreocupadamente: —Mi hermano dice que es muy fuerte. Me gustaría ponerlo a prueba.

—Por poner a prueba, te refieres a una pelea, ¿verdad?

En cuanto Rose preguntó con suspicacia, Mastas asintió: —Sí —respondió mientras miraba a Rose como si fuera una pervertida.

—¡Reina! ¿No crees que la mente de la señorita Rose está muy sucia?

Después de estar juntas durante varios días, las dos parecían llevarse mucho mejor. Cuando llegaran Laura y la Condesa Jubel, este lugar estaría aún más animado. Echaba de menos a la Condesa Eliza y a las otras damas de compañía, pero afortunadamente, también estaba contenta con las nuevas que conoció aquí.

¡Ah!

Es cierto. Mientras sonreía a ambas, se le ocurrió de repente una buena idea.

—Señorita Rose.

—Sí, Su Majestad.

—¿Quién es la persona más popular de la alta sociedad del Reino Occidental?

Rose asintió y nombró a dos personas: “El Duque Liberty y la señorita Merlaney.

—¿Dos personas?

—Originalmente el más popular era Heinley. Le siguen en popularidad el Duque Liberty y la señorita Merlaney, pero ahora las cosas han cambiado. Nadie puede tratar a Su Majestad como una persona socialmente popular ahora que ha ascendido al trono. —Rose añadió tras un momento de reflexión—: Ah, el Duque Liberty y la señorita Merlaney son parientes cercanos. El Duque Liberty es el hermano de la madre de la señorita Mullaney.

—¿Sería posible conocerlos a ambos? —En cuanto pregunté, Rose sonrió como si se hubiera dado cuenta de mis intenciones.

—¿Quieres convencer a los dos, no? —pero lo siguiente no fue positivo—: Es una buena idea, pero no será fácil.

—¿Son los subordinados de Christa?

—El Duke Liberty, sí.

—¿Y la señorita Merlaney…?

—Ella y Christa no se llevan muy bien, incluso, tuvieron una pelea una vez.

En ese caso, supongo que está bien, ¿no? Cuando levanté una ceja, Rose negó con la cabeza y continuó: —La señorita Merlaney era originalmente una de las candidatas a Reina.

—Eso está bien.

—No sólo eso. También es una joven muy ambiciosa con una personalidad dominante. No creo que le guste servir a los demás…

—Eso sigue estando bien. Ella no tiene que ser mi subordinada.

La Duquesa Tuania tampoco era mi subordinada. Sólo era mi amiga.

Rose pareció preocupada por mis palabras, pero respondió: —Concertaré una cita.

Asentí y me levanté de mi asiento. Al pensar en la duquesa Tuania, se me ocurrió una idea aún mejor.

¿Por qué no se me ocurrió antes?

—¿Su Majestad? —preguntó Rose.

—Necesito ver a Sir McKenna.

—¿No al Rey Heinley?

Llevando conmigo a Rose y a Mastas, que se sorprendieron, fui a ver a McKenna.

McKenna pareció desconcertado al verme, pero me saludó con una suave sonrisa. Después de que todos salieran del despacho para poder hablar con él en privado, le pregunté con cuidado: —Sé que puedes convertirte en un pájaro… ¿Puedo hacerte una pregunta sobre eso?

McKenna pareció más desconcertado cuando saqué el tema, pero se limitó a responder: —Sí.

Me di cuenta de que a McKenna le preocupaba que me enfadara por haberme engañado. Pero no he venido hasta aquí por esa razón.

—En forma de pájaro, ¿cuánto tardarías en encontrar a alguien?

Cuando McKenna escuchó mi pregunta, respondió con un poco de alivio: —¿Hay alguien a quien quieras encontrar?

—Sí. ¿Es posible?

—¿Conoce su ubicación?

—No. Estoy segura de que no está en el Imperio del Este, pero no sé nada más.

—En ese caso, sería un poco difícil.

Sin embargo, al contrario de lo que se esperaba, McKenna dijo que era un poco difícil encontrar a alguien así. Incluso si buscaba en forma de pájaro, tendría que comprobar las caras una por una. Sería posible si conociera la ubicación aproximada, pero era difícil encontrar a alguien guiándose sólo por “ella no está en el Imperio del Este”.

—Podría funcionar poner carteles de búsqueda —dijo McKenna con una sonrisa.

Pensé que bromeaba, pero al ver la sonrisa en su cara, parecía hablar en serio.

Volví al palacio independiente. La persona que buscaba era la Duquesa Tuania. Aunque no podía encontrarla, no por eso pondría su nombre en carteles de “se busca”.

Me lo pensé un momento y esta vez le pregunté a Rose: —¿Te acuerdas del periodista que me entrevistó antes?

—Sí. La entrevista de ese periodista con la Reina apareció en un periódico y se convirtió en tema de conversación.

—¿Ese periodista sigue en el palacio real?

—Probablemente.

—¿Puede llamar al periodista? De pelo azul marino…

—Sí.

Unas dos horas después de pedirle a Rose que llamara al periodista, pude encontrarme con el periodista que había visto antes.

—Me llamo Janan, Su Majestad.

El periodista parecía nervioso porque no sabía por qué le había llamado. Sin embargo, cuando me miró había un brillo de inteligencia en sus ojos.

—Te he llamado porque me gustaría que escribieras un artículo en el periódico como si fuera otra entrevista.

—De qué quieres que trate el artículo…

—Sobre lo bien que me estoy adaptando al Reino Occidental.

—¿Sí?

Janan pareció no entender por qué quería que escribiera algo así. Sin embargo, asintió con más calma y respondió con seguridad: —No es difícil.

—Quiero que escriba que me estoy adaptando bien al Reino Occidental, que hay mucha gente buena aquí, pero que a veces echo de menos a mis antiguos amigos… algo así.

—¿Es eso todo lo que Su Majestad necesita…?

—También me gustaría que los nombres de mis amigos aparecieran en el artículo.

Janan estaba confuso, pero asintió y sacó su cuaderno. Mencioné entre los nombres de mis damas de compañía, el de la Duquesa Tuania.

Cuando Janan se fue. Me quedé junto a la ventana sintiéndome satisfecha, mientras Rose y Mastas traían la cena.

Llamé al periodista para encontrar a la Duquesa Tuania, así que puse intencionadamente su nombre entre los de mis damas de compañía.

La Duquesa Tuania era inteligente y perspicaz, así que después de leer el artículo de la entrevista se daría cuenta enseguida de que la estaba buscando.

Prometió ayudarme algún día. Si eso era cierto, ella vendría a verme…

Si la Duquesa Tuania viene aquí, ella también dominaría tarde o temprano la alta sociedad del Reino Occidental.

La única manera de ser amado por el pueblo es demostrarlo con acciones. Al final, el pueblo amaba a la reina por lo que ofrecía y no por sus discursos.

Pero en la alta sociedad era diferente. Ya eran personas de enorme riqueza y reputación. Era difícil acercarse a ellos simplemente interpretando bien el papel de Reina. Tenía que acercarme a ellos personalmente, y para eso necesitaba una dama de la alta sociedad. Una dama de la alta sociedad que estuviera de mi lado.

La Duquesa Tuania podía desempeñar ese papel bastante bien.

En ese momento, llamaron a la puerta, así que dejé de lado mis pensamientos y abrí rápidamente. La persona que estaba en la puerta era Heinley, y no mis dos damas de compañía.

—¿Heinley?

El rostro de Heinley parecía algo abatido, así que pregunté confundida: —¿Qué ocurre?

Me miró con expresión pesada, luego tomó mi mano con suavidad, besó el dorso de la misma y respondió a mi pregunta con otra: —Reina, ¿te sientes sola?

Adara
Quiero alguien que se preocupe así por mi…

¿De qué estaba hablando? ¿Por qué lo preguntaba de repente? Era extraño.

—¿No?

Sin duda echaré de menos a mis padres en el futuro. Pero no ha pasado tanto tiempo como para llorar de soledad.

Heinley me miró con ojos húmedos. Aunque no me sentía sola, parecía no creer lo que estaba diciendo.

—¿Heinley?

¿Ha oído algo de alguien?

Preocupado, susurró: He oído… sobre un artículo que dice que Queen está muy sola…

¿Se lo dijo el periodista? ¿Tan rápido?

—En mi camino me encontré con el periodista. Cuando le pregunté qué había pasado, me dijo que la Reina le pidió que publicara un artículo en el periódico sobre su soledad…

No sé si el periodista se lo inventó a propósito o si me entendió mal.

La situación era incómoda, pero también bastante divertida, así que negué con la cabeza y contesté: —No es así, Heinley.

—No quiero que te sientas sola, Reina.

—Realmente estoy bien.

—Si lo deseas… puedo pasar la noche a tu lado como “Queen”.

—¡!

—Hagas lo que hagas, me quedaré quieto. Seguiré siendo lindo como antes. ¿Te haría sentir mejor?

No sabía qué expresión había puesto, pero Heinley hablaba como si lo estuviera diciendo en serio. Me alegró escuchar eso, pero por alguna razón me sentí incomoda.

Le advertí con calma: —La próxima vez que vengas como “Queen”, te pondré ropa.

Fingí ser considerada, pero sólo estaba bromeando con Heinley por lo que acababa de decir.

Sonrió, como si estuviera de acuerdo que lo vistiera cuando se convirtiera en Queen.

—¿Me vestirás tú? ¿Debemos vestirnos igual como pareja?

Pero justo cuando iba a responder, vi a mis dos damas de compañía por encima del hombro de Heinley. Parecían haber traído la cena. En lugar de responder a Heinley, pensé en llamarlas primero.

Las dos damas de compañía parecían estar a punto de quedarse boquiabiertas.

Pero… ¿por qué esconden sus caras de esa manera?

Parecían avergonzadas, sus caras completamente rojas.

Cuando pensé por qué tenían esa expresión, me di cuenta de que las palabras de Heinley eran muy ambiguas.

Especialmente la parte de “pasar la noche a mi lado como Queen”, deben haberlo malinterpretado.

No sabían que Heinley era “Queen”, así que puede que pensaran… ¡que Heinley estaría conmigo por la noche usando mis vestidos!

¡Oh, no!

Sacudí la cabeza frenéticamente y arrastré rápidamente a Heinley a mi habitación.

—Ven conmigo.

Ahora era mi marido. No podía dejar que surgieran este tipo de rumores sobre él.

Entrando a toda prisa, cerré la puerta con más fuerza de la esperada. Al oír el portazo delante de mí, naturalmente, fruncí el ceño.

Me pregunté si Heinley estaría bien. Me volví hacia él y sus ojos estaban muy abiertos, su cuerpo atrapado entre mi brazo y la puerta.


Adara
Waaaaaaaa >o<

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