La Emperatriz se volvió a casar – Capítulo 109: Vuelve, Navier

Traducido por Adara

Editado por Sakuya


Rashta se puso nerviosa cuando me acerqué. Cuando le tendí la mano y la invité a bailar, sus ojos se abrieron de par en par.

—¿Eh?

Parecía que nunca se lo hubiera esperado. Los nobles de alrededor también estaban desconcertados.

Aunque teníamos la cara cubierta por una máscara, los presentes podían reconocer claramente que éramos la nueva Emperatriz y la antigua Emperatriz.

A todos les pareció extraño que de repente sacara a bailar a Rashta.

En silencio, señalé con la otra mano el escenario de baile. Rashta parecía confusa, pero se levantó y me siguió, quizá para evitar que dijera algo incómodo en voz alta.

Cuando nos pusimos en medio del escenario, la música se detuvo con un inusual chirrido de violín, los músicos también se sorprendieron.

Hubo un momento de silencio. Luego, unos 30 segundos después la música volvió a empezar.

Probablemente por consideración hacia nosotras, la música que sonaba no estaba destinada a que bailaran un hombre y una mujer. Los pasos de baile eran idénticos, así que sólo había que moverse igual.

Rashta preguntó con calma mientras adoptaba una postura de baile.

—¿Tanto quieres derrotar a Rashta?

La miré confundida y ella continuó.

—Bailas mejor que Rashta, eso es lo que quieres oír ahora.

Ella tenía una imaginación realmente única. Pero no había razón para elogiarla, mucho menos para perder el tiempo en cosas sin importancia.

—Hagamos ver que eres una buena bailarina.

Concluí con firmeza, y fui al grano: —Si alguna vez te encuentras en apuros junto al Barón Lant, pide ayuda al Marqués Karl.

—¿Eh? ¿Qué?

Rashta se quedó aún más perpleja, sus ojos volvieron a abrirse de par en par.

Como si no entendiera por qué lo decía de sopetón. No quise ahondar demasiado en el tema. Así que simplemente continué.

—El marqués Karl es un subordinado de Su Majestad, pero es un hombre justo que no se deja llevar por sentimientos personales. Si es por el país, te ayudará.

—¿Qué estás…?

—No es necesario apartar por completo a quienes solo buscan el poder y el beneficio. Incluso algunas de esas personas tienen talento, solo que persiguen objetivos diferentes. Sin embargo, no deben formar parte de los ayudantes cercanos de uno, y en caso de que lo sean, siempre hay que vigilar lo que persiguen.

»Será mejor que te mantengas alejada de la persona que te ha elegido el vestido hoy.

Rashta estaba completamente aturdida, incluso tropezó un poco en el baile. Sus ojos estaban llenos de confusión.

Ya lo sé. No tengo que decirle nada de esto. Pero…

—No lo hago por ti. Es un consejo por el bien de mi país.

Después de añadir eso fríamente, la mirada de Rashta finalmente se volvió ligeramente altiva.

—¿Y los pagarés que te di? ¿Se los has dado ya a alguien?

Sin embargo, su mirada altiva desapareció rápidamente tras esas preguntas. Dejó de mirarme al mencionar los pagarés, su mirada se desvió con una tez pálida.

—Hm… Rashta no entiende muy bien de qué estás hablando…

—Si puedes recuperarlos, hazlo. Si no puedes, a partir de ahora tendrás que financiar las instituciones con tu propio dinero.

Rashta resopló. Pensó que lo decía porque no quería que se aprovechara de mi dinero.

Pues no, Rashta.

Temía que surgiera un problema a causa de ese dinero y que las instituciones que había financiado se vieran implicadas.

Legalmente, que surgiera un problema para Rashta no significaba que esas instituciones también lo tuvieran, pero un patrocinador no donaría a una institución implicada en un escándalo.

Sin embargo… en lugar de señalar posibles escenarios, decidí detenerme aquí. Me limité a decirle cómo prevenir lo peor. Si entraba en detalles podría acabar disparándome en el pie.

No tanto por el dinero que le di, sino porque Rashta ya ha culpado a otros de sus errores en diferentes ocasiones. Si le daba más información, podría prepararse para volver a culpar a alguien en caso de que surgiera algún problema más adelante.

En ese momento, Rashta se desplomó de repente en el suelo y empezó a gritar.

—¡Ah, mi estómago! —empezó a gemir de dolor—: ¡Me duele el estómago!

Miré a Rashta en silencio. No sé si era verdad o mentira, pero continuó cubriéndose el vientre.

—¡Rashta!

Sovieshu se acercó corriendo, asombrado. Rashta sollozaba y se agarraba a su brazo.

—¡Majestad, me duele mucho el estómago…!

Sovieshu dirigió su mirada hacia mí. Nos miramos sin expresión. Le temblaban los labios, pero en lugar de decir nada, se limitó a coger a Rashta en brazos. Sin embargo, no dejaba de mirarme a la cara.

Aunque supuestamente yo había herido a Rashta, su cara no reflejaba tal pensamiento.

Literalmente, sólo me miraba a la cara.

¿Por qué? ¿Estaba recordando la vez que bailamos juntos antes de que me abandonara y se fuera con Rashta?

—Santo cielo.

Heinley se acercó a mí, me cogió de la mano y aconsejó a Sovieshu con voz suave.

—Majestad, será mejor que la lleve pronto al médico del palacio.

Rashta se retorcía en el aire, con las manos pálidas. Al ver que sudaba frío, debía de ser cierto que le dolía el vientre.

Sovieshu se marchó finalmente con Rashta en brazos.

Los nobles miraron en mi dirección. Podía sentir claramente sus ojos clavados en mí, pero cogí despreocupadamente dos copas de champán de un criado que pasaba por ahí.

Le di una a Heinley e inmediatamente bebí un sorbo de la mía. Era bueno haber hablado delante de los nobles. Me doliera o no, Rashta me echaría la culpa.

♦ ♦ ♦

—¿Y bien?

Ante la fría pregunta de Sovieshu, el médico de palacio sacó su estetoscopio y contestó rápidamente.

—Sólo fue un susto, ella está bien.

—¿Qué fue lo que le sucedió?

—Parece ser debido al estrés.

—¿Estrés?

Sovieshu lo miró con cara de “¿Qué estrés puede tener?”

El médico de palacio sonrió torpemente. Eso era algo que Sovieshu debería saber mejor que él.

Cuando el médico acabó por marcharse, Sovieshu se acercó a Rashta, que estaba tumbada en la cama, y la cogió de la mano.

Rashta se aferró con fuerza a la mano de Sovieshu.

—Majestad, ¿ha visto? La emperatriz me ha chantajeado. Tengo miedo.

—No vi nada.

—La Emperatriz me chantajeó.

Sovieshu suspiró ante las palabras de Rashta.

—¿Con qué te chantajeó la Emperatriz?

—Ella…

Rashta vaciló.

Para que alguien te chantajee, esa persona debe conocer un punto débil tuyo con el que presionarte. Ella lo sabía mejor que nadie porque ya la habían chantajeado antes por culpa del vizconde Roteschu.

Por lo tanto, era difícil inventar sus palabras ante Sovieshu. Obviamente, no podía mencionar los pagarés. Al final, Rashta se cubrió con las sábanas, con los ojos llenos de lágrimas. Sovieshu suspiró al verla.

Parecía estresada.

Desde el punto de vista de Sovieshu, la Emperatriz no era alguien que se aprovechara de las debilidades de los demás para chantajearlos. Sin embargo, las intenciones del que habla y del que escucha no siempre coinciden. Rashta podría haberse tomado las palabras de la Emperatriz como un chantaje.

En cualquier caso, Rashta estaba visiblemente asustada en ese momento.

—Descansa.

Sovieshu le acarició el pelo ondulado, dio varias palmadas en las sábanas y se marchó.

Ambos habían llamado inconscientemente Emperatriz a Navier.

Rashta frunció el ceño al darse cuenta de este hecho.

Estúpida.

Rashta culpó a su propia boca. La había llamado Emperatriz tantas veces que seguía saliendo de su boca involuntariamente.

La ceremonia de boda se celebró ayer, y ahora la Emperatriz del Imperio del Este soy yo. No hay razón para llamar Emperatriz a la Reina.

¡Y aún se comporta como si fuera superior… insolente!

Rashta, cuyo orgullo había sido herido, se arrepintió de no haber hecho nada y volvió a cubrirse el vientre debido al creciente dolor.

—Ugh…

No fingía. Sin saberlo, enfrentarse a Navier ejercía una enorme presión sobre ella.

Ahora no sólo va a por mí, sino también a por mi bebé.

Rashta consideraba todo esto como un plan de Navier. Era una mujer inteligente, así que tenía que ser un ataque psicológico. Sin embargo, a medida que el dolor disminuía, las palabras de Navier empezaron a inquietarla.

¿De qué estaba hablando?

Para Rashta, lo de pedir ayuda al marqués Karl y sobre que no era bueno tener cerca a quienes solo venían por poder, eran tonterías.

¿Cree que soy tan estúpida que no he aprendido nada?

Pero le preocupaba la cuestión de los pagarés.

¿Pasa algo con los pagarés?

Rashta los había examinado cuidadosamente, pero no recordaba ningún nombre en los pagarés. Se torturó ansiosamente, pero estaba segura de que eran pagarés sin nombre.

Además, ya había entregado los pagarés al barón Lant.

Los dos últimos días han sido de celebración, así que el Barón Lant aún debe tener los pagarés. ¿Estaría bien preguntarle?

Rashta cambió de idea tras pensárselo un momento.

Si le decía que quería volver a comprobar los pagarés, el Barón Lant se quedaría perplejo. Sin embargo, eso no significaba que pudiera retirar los pagarés y entregar el dinero en efectivo.

Sólo decía tonterías.

Rashta reprimió su nerviosismo e intentó calmarse.

¡Sonríe! Debes mostrar una imagen digna a Su Majestad a partir de ahora.

♦ ♦ ♦

No quería que Sovieshu me malinterpretara, así que le dejé los pagarés a Rashta en su lugar.

Mírame. ¿No soy una buena Emperatriz? ¿Todavía quieres divorciarte de mí?

Habría parecido que le decía eso a Sovieshu.

Olvídalo. Ya está fuera de mis manos.

Sacudí la cabeza y dejé eso a un lado, luego abandoné el Palacio del Sur.

En unos días, dejaré el Imperio del Este. Después de eso, rara vez vendré aquí. Esta podría ser incluso la última vez, así que quería despedirme por completo de este lugar.

… ¿Cuánto tiempo he caminado?

No muy lejos, vi una luz brillante.

¿Qué era aquello?

Seguí la luz y, para mi sorpresa, el Duque Elgy estaba sentado en una enorme roca.

La pequeña luz provenía del collar que llevaba en la mano.

¿Debía fingir que no lo había visto?

Pero al oír mis pasos, volvió la cabeza. Ahora no tenía elección, me acerqué y le pregunté: —¿Qué es eso?

El Duque Elgy no esperaba encontrarme en este lugar, parecía tan sorprendido como yo. Entonces sonrió y abrió la palma de la mano,

—Es un collar. Un collar con un poco de magia.

Hizo rodar el collar en su palma como si quisiera mostrármelo. Entonces el collar brilló aún más, como si una pequeña luciérnaga se paseara por su interior.

Mientras lo miraba con curiosidad, Duke Elgy preguntó: —¿No te sientes triste?

Fue una pregunta inesperada.

¿A qué se refería? Aparté los ojos del collar y lo miré sin comprender.

Duke Elgy me miró en silencio a la cara, con la misma expresión de ayer. La misma expresión sombría que tenía cuando bailábamos.

Era amigo de Heinley, pero también de Rashta. Era un momento muy feliz para Rashta. Entonces, ¿por qué tenía esa expresión? Es extraño.

¿Puede ser? En ese instante, me vino un pensamiento a la cabeza,

Tal vez…

—¿Le gusta la señorita Rashta?

¿Así que tenía esa expresión porque Rashta se casó? Ahora que lo pienso, ya no es “señorita Rashta”.

—¿Le gusta la Emperatriz Rashta?

Cuando pregunté, corrigiendo mis palabras, el Duque Elgy levantó las cejas y se rio.

Pero lo siguiente que dijo fue la misma pregunta de antes.

—¿No te sientes triste?

—¿Triste…?

—Por lo que pasó en el desfile.

¿Lo dice porque la gente me ignoró durante el desfile? ¿Por eso su expresión era tan sombría? Lo que pasó en ese momento no tenía nada que ver con él.

Me pareció extraño, pero respondí con sinceridad: —Era inevitable.

El Duque Elgy repitió mis palabras —Era inevitable… —y luego murmuró fríamente—: La gente es así. Sólo recuerdan lo último. Independientemente de lo que uno haya hecho, si no les gusta lo último, te dan la espalda enseguida y olvidan todo lo demás.

En lugar de responder, me limité a mirarlo fijamente a los ojos. A menos que fuera tonto, parecía que lo sucedido le traía malos recuerdos.

¿Fue alguien de su entorno o él mismo que había experimentado algo parecido?

En ese momento, el Duque Elgy sonrió mientras se guardaba el collar en el bolsillo.

—Reina, es usted realmente comprensiva. Si yo estuviera en su lugar, me enfadaría un poco.

Sus palabras de simpatía mezcladas con un tono burlón eran como de costumbre. Sin embargo, parecía más afligido que de costumbre.

¿Fue por el repentino cambio en su expresión?

Si fuéramos cercanos, ahora es cuando le preguntaría: “—¿Qué te ha pasado?”.

No obstante, como no teníamos ese tipo de relación, me resultaba incómodo hacerle una pregunta tan personal.

Así que asentí, señalando con el dedo en la dirección en la que me dirigía.

—Siento haber interrumpido su tiempo a solas. Me retiro.

El Duque Elgy sonrió dulcemente y se levantó de la roca.

—La acompañaré en su camino.

♦ ♦ ♦

Hoy era la última recepción de la boda y se suponía que iba a pasar mucho más tiempo con Heinley.

Ayer, antes de separarnos para ir a nuestras habitaciones, Heinley me cogió firmemente de la mano y refunfuñó: —Desde que vinimos aquí, sólo pasas el rato con tus amigos. Por favor, pasa el rato conmigo también.

Llevaba una expresión triste, sus anchos hombros caídos. Me dio pena, así que le prometí que hoy pasaría más tiempo con él.

Pensándolo bien, era verdad.

Antes de las celebraciones, salí con mis amigos. Sólo bailé con él una vez el primer día.

El día del baile de máscaras, después de que Sovieshu se llevara a Rashta, me quedé un poco más y luego regresé a mi habitación.

No era de extrañar que Heinley se sintiera solo.

Lo que más deseaba era saltarme el último banquete de bodas, pero me puse un vestido morado que hacía juego con el color de ojos de Heinley y fui a buscarlo.

Yo misma iba a sacarle de su habitación para intentar animarle. Después de divertirnos un rato, le llevaría a dar un paseo…

Sin embargo, cuando estaba a punto de llamar a la puerta de Heinley.

—Navier.

Oí a Sovieshu decir mi nombre.

Al darme la vuelta, lo vi acercarse sin escolta. En cuanto le vi, recordé a Rashta cubriéndose el vientre en el baile de máscaras.

¿Está aquí para hablar del incidente de ayer?

Dije con firmeza: —Los presentes deberían haberlo visto todo. Yo no hice nada.

Sovieshu se acercó y preguntó sorprendido.

—¿De qué estás hablando?

¿De qué estoy hablando?

—¿No estás aquí para culparme del colapso de la Emperatriz Rashta?

Cuando se lo pregunté fríamente, Sovieshu exclamó como si le hubiera abofeteado.

—¡Demonios! ¿Qué tontería estás diciendo? Nunca lo creería.

¿Nunca se lo creería?

¿No recuerda las veces que me culpó de lo que le pasó a Rashta?

Mirándolo en silencio, Sovieshu se puso rígido como si también hubiera estado pensando en eso. Sin embargo, como había dicho, no parecía estar aquí para hablar de lo que le pasó a Rashta en el baile de máscaras.

Pero no bajé la guardia, Sovieshu murmuró: —¡Dios mío! —y se llevó la mano a la frente.

—¿Qué te trae por aquí?

Cuando pregunté, eliminando toda posible emoción, Sovieshu señaló mi habitación con la mirada. Como si quisiera que entráramos para hablar.

Negué con la cabeza.

—Si tienes algo que decir, hazlo aquí.

Aunque como reina extranjera no era la actitud adecuada hacia el emperador de un país poderoso, como ex esposa era natural actuar así con su ex marido.

No quería estar a solas con él en la misma habitación.

Los ojos de Sovieshu se crisparon.

¿Tan importante era lo que quería decirme?

Pensé que se marcharía enfadado. Pero después de mirarme atentamente un momento, Sovieshu abrió la boca: —Vuelve.

Lo miré sorprendida.

—No quiero que seas la mujer de otro hombre.

♦ ♦ ♦

—No quiero que seas la mujer de otro hombre.

Al oír la voz procedente del otro lado de la puerta, Heinley se quedó helado.

Acercó la oreja a la puerta y se apretó la mano contra el corazón. El corazón le latía con fuerza.

¿Qué significa esto?


Sakuya
Ah! Pero tú sí puedes ser el hombre de otra mujer! Qué descaro -_-

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