Traducido por Lily
Editado por Herijo
Kaitel retiró su mano de mi cara en un instante, dejándome con un puchero y sin un solo momento para saborear la breve sensación que había dejado su contacto. Se giró, y el sirviente se estremeció notablemente. Me sentí mal por él.
—Bueno, um…
Cuanto más tarde, peor será… Mis pensamientos resultaron ser correctos. Justo cuando Kaitel comenzaba a hervir de ira, el sirviente inclinó la cabeza como si suplicara clemencia.
—¡Ha habido un ataque en la Prisión de Kaldoras!
Perdel se levantó de un salto.
—¿Qué?
La reacción de Kaitel fue igualmente intensa. Espera, ¿atacaron una prisión? ¿Qué era una prisión? ¿Se come allí? ¿Se festeja? ¿Se encierra a la gente? ¿Qué está pasando?
—F-fue atacada por asaltantes no identificados…
Perdel agarró al sirviente por los hombros y lo sacudió, haciendo que el hombre entrara en pánico y se turbara aún más. Me aferré al cuello del vestido de Silvia. Ella también parecía conmocionada por la escena.
—Repítelo.
La espada había sido invocada de nuevo y ahora estaba clavada contra el cuello del sirviente. No lo había cortado, pero la hoja estaba peligrosamente cerca. Un poco más y pasaría de ser una marca en la piel a una herida. La furia, la dureza y la intención asesina en el rostro de Kaitel lo hacían parecer una persona diferente.
—S-Su Majestad.
El cuerpo del sirviente temblaba como una hoja en el viento. Era lamentable verlo. ¿Por qué la mayoría de la gente que se presentaba ante mi padre terminaba así? Y el hecho de que yo estuviera observando desde la distancia no significaba que la energía asesina no me afectara.
Daba miedo. Podía sentir incluso a Silvia temblar sutilmente mientras me sostenía.
—Kaitel.
Perdel, el único entre nosotros que no temblaba, se adelantó para intentar calmarlo. Ser su amigo parecía tener algún efecto. Kaitel retiró su espada.
Aunque no la hizo desaparecer por completo, fue suficiente para que el cuello del sirviente se salvara de ser rebanado en cualquier momento. El sirviente dejó escapar un suspiro de alivio. Parecía que Kaitel había recuperado algo de control… pero la intención de matar aún persistía. Quizás era porque yo era un bebé, pero realmente se me estaba haciendo difícil respirar. Daba miedo.
Kaitel agarró de repente al sirviente por la nuca y lo levantó con una mano. Con una voz grave e intimidante, murmuró:
—Si descubro que algo de lo que has dicho es mentira, te arrancaré la lengua.
El sirviente se agarró la garganta y apenas logró asentir. Era lo mejor que podía hacer con el cuello presionado de esa manera.
—Vamos. —Kaitel arrastró al sirviente fuera del palacio.
Los observé irse con preocupación. Perdel comenzó a seguirlos, pero se detuvo y se giró para mirarnos.
—Silvia.
—¿Sí?
El rostro de Perdel se contrajo con lo que parecía una mezcla de culpa y preocupación.
—Por favor, cuida de la princesa.
Silvia asintió en silencio. Perdel sonrió y luego abandonó rápidamente el palacio.
—Me pregunto qué estará pasando… —dijo Silvia con un suspiro.
Eso digo yo. ¿Qué está pasando?
Pero, pobre Silvia… Su esposo tuvo que salir corriendo al trabajo en su primer día de matrimonio. Sintiéndome mal por ella, agarré el cuello de su vestido y froté mi mejilla contra su brazo. Silvia me abrazó más fuerte y me dio unas palmaditas en la espalda.
—Está bien, Princesa. Todo saldrá bien.
No, no es eso lo que me preocupa.
Pero su calor en mi mejilla se sentía muy bien. Con una mirada preocupada, Silvia apretó su mejilla contra la mía mientras dejaba escapar un suave gemido. ¿Estás bien? ¿Hm?
—Ah.
¿Hm? ¿Qué? Cuando la miré, Silvia sacó mi dedo de mi boca y me dedicó una pequeña sonrisa.
—¿Vamos ahora al Jardín de la Serenidad, Princesa?
¿Jardín de la Serenidad? ¿Por qué al jardín de repente…?
No me entusiasmaba demasiado, pero Silvia parecía tan encantada como una niña. Limpió la saliva de mi mano con mi babero. Ugh. No puedo evitar las ganas de morder mis manos y dedos.
—He oído que le encanta el jardín. Haré que Serira se nos una también.
—¡Jadín!
Pero el jardín no era el problema. Si viene Serira, probablemente traerá mis juguetes, ¿verdad? Últimamente me ha dado por jugar con la pelota. ¡Oh, espero que también traiga al conejo! ¡A Cito! ¡Quiero jugar con el regordete de Cito! Me reí y aplaudí, y Silvia también se rio.
—Cucú-tras, Princesa.
—¡Cucú-tas!
Soy buena en el cucú-tras. Bastante buena, sí señor.
Silvia me dio un beso en la frente por un trabajo bien hecho. Después de ponerse un abrigo, salió conmigo en brazos. Las doncellas del Palacio Verita la siguieron.
Vaya, es invierno. Los inviernos en el palacio imperial no eran tan fríos. O quizás era porque el invierno no había llegado del todo, pero no se sentía un frío mortal. Como mínimo, hacía más calor que en Incheon, donde había vivido antes. Ahí, tenías que abrigarte hasta las cejas en cuanto llegaba el otoño.
No es que intente comparar necesariamente, pero todos los recuerdos que tengo son de mi vida pasada, así que mi mente no puede evitar irse por ahí. En aquella época, ni siquiera había soñado con reencarnar en otro mundo…
—¿Oh?
¿Hm? ¿Qué pasa, Silvia?
Silvia se detuvo de repente en seco, con la mirada fija en algo.
¿Qué es? Me giré para ver qué estaba mirando, y allí había un hombre. No estaba demasiado cerca, pero tampoco demasiado lejos. Se encontraba a una distancia moderada.
Se siente como el invierno. Fue un pensamiento extraño, pero fue lo que me vino a la mente. Su rostro estaba cubierto por una máscara negra —así que no se podían ver sus facciones—, pero su pelo atrajo extrañamente mi atención. ¿Pelo plateado? Podría incluso ser azul…
—Vámonos.
¿Eh? ¿Nos vamos sin más? ¿No vas a saludar? ¿No era alguien que conocías?
Pero cuando volví a mirar a Silvia, su rostro parecía muy rígido. ¿Qué pasa? ¿Es tu ex novio o algo así? Estaba desconcertada, pero como solo era un bebé, nadie notó mi perplejidad. ¿Será de verdad un ex?
Mientras Silvia se dirigía hacia el Jardín de la Serenidad, intenté girar la cabeza para volver a mirar al hombre. Pero cuando lo hice, ya había desaparecido del lugar donde había estado.
Eh… Esto se siente raro. Como si me hubieran hechizado. ¿Fue un sueño? Pero la única impresión que me quedó fue una sensación de frialdad.
♦♦♦
La primavera había llegado y ya se encaminaba hacia el verano. El Jardín de la Serenidad estaba tan hermoso como siempre. Tal vez porque se decía que el árbol de invierno albergaba el espíritu invernal, el jardín, a pesar de estar al aire libre, mantenía la misma temperatura durante todo el año. Daba igual que estación fuera.
Según Serira, el árbol absorbía el frío en invierno, haciéndolo más cálido, y lo liberaba en verano, haciéndolo más fresco. De hecho, en verano hacía más frío alrededor del árbol que en invierno. Quizás era porque liberaba todo ese frío invernal, y siempre se sentía más calor al acercarse al árbol durante el invierno. Las hojas blancas del árbol, que nunca se marchitaban a lo largo del año, eran especialmente hermosas.
—¡Princesa, por favor, no corra!
¡Como si fuera a hacerte caso! Bueno, va, no correré. ¡Soy una niña bien educada que escucha lo que le dicen!
—¡Serira!
Ya tenía dieciocho meses. Aunque dieciocho meses es solo un año y medio, durante este período que parecía corto y largo a la vez, dependiendo de cómo se mirara, había aprendido a hacer muchas cosas por mi cuenta. Ahora podía caminar sola, correr sola, estar de pie durante mucho tiempo, pero lo más importante…
—¡Serira!
¡Podía pronunciar las palabras correctamente! ¡Muhahaha! ¡Qué glorioso triunfo de la humanidad! Aunque empecé a hablar más o menos al mismo tiempo que otros niños, mi pronunciación era definitivamente superior.
Ah, soy un genio. Lo sé. Vaya, ¿cómo escondo este talento genial? Incluso si estuviera enterrada entre incontables granos de arena, mi brillantez resplandecería como una gema. Oh, solo estoy diciendo tonterías, por supuesto. ¡En fin!
—Diga “ahh”.
Últimamente, a Serira le había dado por revisarme el interior de la boca cada vez que tenía oportunidad. Abrí la boca para ella como de costumbre y, tras una seria inspección, Serira sonrió radiante.
—Parece que pronto le saldrán todas las muelas. ¿Le hace cosquillas?
—¡Nop!
Siendo sincera, dolía más de lo que picaba, pero era soportable. Asentí y Serira volvió a sonreír.
Oye, mamá, ¿sabes que últimamente sonríes mucho? Me encantaba ver a Serira sonreír. Abrí los brazos y me incliné para abrazarla. Hundí la cara en su pierna y, pronto, una mano familiar me dio una suave palmadita en la cabeza.
—Nuestra bonita princesa.
—¡Sip! ¡Soy bonita!
Asentí con sinceridad, y eso hizo reír a Serira. ¿Qué pasa? ¿Te ríes de mí? ¡Pero si lo soy! Realmente soy bonita. ¿Qué le voy a hacer? ¿Te ríes de mí porque creo que soy bonita? Qué mala. ¡¿Y así te haces llamar mi mamá?!
—¡Vaya, Alteza, qué bien habla ya!
Estaba sentada allí refunfuñando cuando Elene se acercó y se acuclilló a mi lado. La miré. Hace solo un año, cuando era un bebé, Elene parecía muy joven e inexperta, pero últimamente se había convertido en una dama de compañía bastante competente.
Me invadió una extraña sensación difícil de describir. Era como si sintiera el paso del tiempo… Oh, ¿qué estoy diciendo? Ni siquiera tengo dos años.
—Sip. Soy mejor que tú.
Elene bajó la cabeza sin decir palabra. La forma en que su rostro se ensombreció demostraba que se lo había tomado bastante en serio. Luego, murmuró con sinceridad:
—La odio, Princesa.
¡Oye, no tengo ni dos años! ¡No te lo tomes tan a pecho!
Quería ignorarla y fingir que no me había dado cuenta, pero quizás porque la conocía desde que era tan pequeña, no me animé a darle la espalda tan fácilmente.
Oh, qué más da. Al final, agarré la ropa de Elene y la miré con ojos inocentes. Soy inocente. No sé nada.
—¿De verdad? ¿Me odias? ¿En serio? ¿Incluso si hago esto?
—¡Ahhh, qué linda!
Fue un tiro certero.
Yo y mi ternura. Vaya, con esto, podría incluso ser capaz de dominar el mundo… ¡Es broma, es broma!
Vale, pero Elene, por favor. Lo entiendo, pero ¿puedes no apretarme tanto? ¡Me estás aplastando! Podría asfixiarme y morir.
—¡¿A quién se parecerá nuestra Princesa para ser tan adorable?!
A mí misma. Me parezco a mí misma. ¿No es obvio? ¿A quién me iba a parecer? ¿A quién podría ser?
Por un momento, consideré que podría haberme parecido a mi padre, pero… Si ese fuera el caso, sería un desastre. A mi edad, estaría tirando sonajeros, haciendo berrinches y quién sabe qué más. Qué desastre habría sido. Sí, desde luego. En cuanto a mi madre, no sabía lo suficiente sobre su personalidad como para opinar.
Nunca me había gustado ni me había sentido cómoda con el contacto físico, pero después de pasar un año y seis meses en este cuerpo, me había acostumbrado a que Elene me abrazara, me besara, frotara sus mejillas contra las mías y mucho más. Antes odiaba que la gente me tocara.
¿Cómo he acabado así? Maldita sea. Los humanos son criaturas realmente adaptables.
—Suéltame —refunfuñé, odiándome de repente por haberme acostumbrado tanto a esas cosas.
Pero, por supuesto, mis palabras no tuvieron ningún efecto.
—Awww, ¿por qué es tan adorable, Princesa? ¡Es taaan linda!
Maldita sea. ¡¿Por qué?! ¡Ahora puedo hablar correctamente! ¡¿Por qué no podemos comunicarnos?! Parece que mis problemas de comunicación no se debían a mi falta de pronunciación, después de todo. Ugh, ¡¿entonces cuál es el problema?! Pensé que por fin había visto la luz ahora que mi pronunciación era casi perfecta… Pero no. Al parecer, no estaba ni cerca. Maldita sea.
—Graecito, saluda a la princesa —dijo Serira.
Graecito frunció el ceño y se escondió tras la falda de su abuela. Yo miraba sin expresión, en brazos de Elene. Serira se mordió el labio nerviosamente.
Ugh, qué molesto. No disgustes a Serira, maldito conejo.
—Tonto —mi voz fue muy, muy baja, solo lo suficientemente alta para que yo la oyera. Pero vi al niño fruncir el ceño inmediatamente al leer mis labios.
Me has entendido, ¿eh? Es increíble que todo lo que sepas hacer sea aferrarte a la falda de tu abuela y mirarme, y aun así consigas entender un insulto. Argh… ¿Cómo he acabado aquí?
—Princesa. —Serira me miró. Parecía culpable. Agg, no pretendía hacerla sentir así. Oh, bueno.
Simplemente sonreí inocentemente, como si no supiera nada. Esa era siempre la decisión más sabia, después de todo.
—¡Quiero helado! ¡Helado! —dije.
Elene me bajó y se levantó para ir a buscarlo, cuando Serira la detuvo para decir que iría ella. Parecía que Serira se sentía fatal.
Después de ver a Serira alejarse, me giré para mirar a Graecito.
Qué fastidio que todo esto hubiera empezado después de mi cumpleaños. Por alguna razón, desde entonces, mi maldito padre empezó a invitar a Graecito al palacio de vez en cuando. Así es. Este arreglo era todo obra de Kaitel.
Me da igual si ahora era el momento adecuado para interesarme por otros niños de mi edad. ¡No quiero pasar el rato con nadie que me odie! Además, Graecito me fulminaba con la mirada como si fuera su enemigo mortal. Todavía era un bebé, así que no había razón para que le guardara rencor a nadie.
¿Qué era este resentimiento que albergaba hacia mí? ¡Yo también soy un bebé! Podría ser indulgente si me mirara mal una o dos veces, pero ya han pasado seis meses. ¿Cómo no iba a ofenderme? Nos veíamos dos veces por semana, y cada vez, se escondía detrás de su abuela y me miraba fijamente.
¿Cuál es el problema? ¡¿Qué pasa?!
—Tonto. —Aunque lo dije con una sonrisa, me fulminó con la mirada de inmediato.
Es tan joven, y ya sabe que eso es un insulto. Hmph. Vale. Es bastante impresionante, lo admito. Y aunque me odia, todo el mundo piensa que me gusta, así que supongo que tendré que seguir actuando como si así fuera.
Me acerqué a él y le tendí la mano para agarrar la suya, pero Graecito la apartó de un manotazo de inmediato. Por suerte, Serira no estaba allí para verlo.
—¡Grae! —Su abuela lo agarró, sorprendida. Mientras tanto, yo solo dejé escapar un suspiro. No era nada nuevo, después de todo. Qué mocoso…
—P-princesa.
No hay necesidad de entrar en pánico. Sabía que esto pasaría, y lo hice de todos modos.
Pero no evité la mano de Elene cuando me hizo un gesto para que volviera con ella. Ugh. ¿Por qué tengo que esforzarme tanto? Ni siquiera me gusta tanto. Pero tenía que asegurarme de que pudiera seguir visitando el palacio, así que tenía que fingir que me llevaba bien con él.
Esto era todo por el bien de Serira, por supuesto. Ahora podía ver a su hijo ocho veces al mes en lugar de solo una. ¿Cómo iba a impedir que eso sucediera?
—¿Hm? ¿Qué ha pasado? ¿Grae ha vuelto a hacer algo? —preguntó Serira a Elene, que acababa de regresar.
Qué oportuno. ¿Qué podía decir Elene en esta situación? Solo sonrió y negó con la cabeza. Corrí hacia Serira.
