La Emperatriz se volvió a casar – Capítulo 92: Lo que quería hacer Heinley

Traducido por Shröedinger

Editado por Sakuya


—Bien. Es un asunto serio… No lo tomes a la ligera.

—Está bien. ¿Quieres que sea amigable con todos los periodistas? Eso es todo, ¿verdad?

—Realmente, no.

Rahsta no entendió sus palabras.

—Alguien que es amigo de mi enemigo y de mí, no es un aliado después de todo, ¿verdad?

Rashta quería llorar.

Le gustaría hablar sobre la emperatriz depuesta y luego sobre sus nuevos padres. Sin embargo, el Duque Elgy estaba hablando actualmente de un tema demasiado aburrido para Rashta.

—Señorita, ¿sabe cuántos tipos de periodistas hay?

—No lo sé.

—Sólo hay dos tipos.

—¿Buenos periodistas y malos periodistas?

—Periodistas que son amigos de la nobleza y periodistas que son hostiles a la nobleza.

—Dado que los periodistas amigos de la nobleza también serán amigos de la familia imperial, ¿debería Rashta permanecer cerca de estos periodistas?

—No es tan simple.

Lo miró con duda.

—El hecho de que sean amigables con los nobles, no significa que sean amigables con la familia imperial, ni ser hostiles con los nobles significa que son hostiles con la familia imperial.

Rashta se agarró la cabeza con ambas manos.

Tenía ganas de gritar “¡Basta!”

—Si la relación entre el emperador y la nobleza es mala, el emperador debe estar cerca de periodistas hostiles a la nobleza. En otras palabras, es una guerra de ingenio.

—Ah, sí. Entiendo.

—Pero los plebeyos son indudablemente hostiles a la nobleza, señorita. Sea consciente de esta diferencia y decida con quién estar cerca.

Rashta suspiró y respondió.

—Rashta necesita el apoyo de los plebeyos, por lo que Rashta necesita estar cerca de los periodistas amigables con los plebeyos.

—Así es. Pero tampoco debes ser odiado por los periodistas amigos de la nobleza.

—Uh… ¿Cómo sé quién es amigable con los plebeyos y quién es amigable con la nobleza?

—Solo hay que leer los artículos de los últimos tres años.

Rashta finalmente se puso en cuclillas y agitó las manos.

—¡Mi bebé no quiere escuchar eso! ¡Cuéntame una historia divertida!

El Duque Elgy miró a Rashta y pronto se echó a reír.

Cuando Rashta lo miró haciendo pucheros, el Duque Elgy sacudió la cabeza riendo. Este lado de ella era muy lindo. Sin embargo, no la elogió abiertamente.

Finalmente, Rashta miró hacia abajo con una sonrisa.

♦ ♦ ♦

La gente espera dos cosas cuando lee un periódico. La verdad o la respuesta deseada.

Lo que se necesitaba para la pregunta actual no era la verdad, sino una respuesta deseada.

Entonces, ¿cuál era la respuesta que la gente del Reino Occidental quería…?

La mayoría de la gente odiaba que su Rey se convirtiera en el hazmerreír por caprichos amorosos. Tales caprichos amorosos solo eran divertidos en la realeza, cuando el Rey y los príncipes herederos no estaban involucrados.

Sería lo mismo para la gente del Reino Occidental, especialmente porque el hermano de Heinley tenía varias concubinas. Deben estar cansados de este tipo de historias…

Bueno, sería mejor resaltar el romance sin mezclar lo político. Sin embargo, si el romance es demasiado intenso, se convierte en un asunto, por lo que es necesario no cruzar la línea.

Me gustaría hablar con Heinley antes de responder, pero…

Si pospone su respuesta una vez y dice que responderá en otro momento, la respuesta posterior carecerá de credibilidad.

En ese momento, no importa cuán buena sea la respuesta, cualquiera pensará que está inventada, así que responderé ahora.

Tan pronto como terminé de reflexionar, respondí con una leve sonrisa.

—Arreglé todo antes de mi divorcio.

La incredulidad e incertidumbre aparecieron en el rostro del periodista.

—Su Alteza el Rey me dio la fuerza en ese momento.

Por supuesto, al responder, hay que dejar un cebo para que muerda la parte contraria. El astuto periodista comprendió las implicaciones de mis palabras y preguntó sorprendido.

—¿Sabías de antemano que te ibas a divorciar?

—… Lo escuché.

Podría haber respondido con más claridad, pero esto fue suficiente.

El periodista abrió la boca con sorpresa y la expresión de Rose también fue de sorpresa. Luego, me miró con lástima.

♦ ♦ ♦

Alrededor de las seis de la tarde.

Como el palacio independiente no tenía cocina, Rose fue personalmente al palacio central para encargarse de mi comida.

Naturalmente, Rose se reunió con su hermano, Yunim.

Tan pronto como Yunim la vio, le preguntó qué pensaba de la reina, y Rose respondió con sorpresa.

—No muestra sentimientos ni en las buenas ni en las malas situaciones.

—¿Qué quieres decir?

—Literalmente eso.

Yunim agregó, después de pensarlo por un momento.

—Estás tratando de apaciguarme.

—¿Es eso lo que piensas?

—¿Crees que no puedo ver eso?

—Así es.

Después de eso, Rose se levantó un poco la falda y señaló sus pies hinchados.

—¿Ves esto? He estado caminando todo el día, mostrándole el palacio real.

—¿Qué tan lejos tuviste que caminar para que tus pies se hincharan tanto?

—Ni siquiera lo menciones, no sabes lo meticulosa que es. —Rose se estremeció, agitando las manos ligeramente.

La Reina entró en cada habitación, revisando cada centímetro del interior, como si fuera una espía y no la Reina.

Naturalmente, se encontraron con varios cortesanos, y fue extraña la reacción de algunos al ver a la Reina.

—En lugar de un recorrido por el palacio real, parecía una forma de que la gente viera su rostro… —Cuando Rose inclinó la cabeza, Yunim le preguntó.

—¿Cómo la compararías con Christa?

—Solo estuve a su lado por un día. No sé mucho.

—¿Qué pasa con su personalidad?

—Es difícil saberlo en un día.

—¿Y qué hay de su competencia?

—Le irá bien, hay rumores de que esto circula por todas partes. No he visto nada malo con mis propios ojos. —Rose respondió con franqueza, luego vaciló y admitió—: Para decirte la verdad, no me disgustó. Como mucho, mientras camine un poco menos, puedo seguir siendo su dama de honor.

Yunim frunció el ceño ligeramente, como si hubiera esperado tal respuesta.

♦ ♦ ♦

Rose aún no había llegado.

¿Cuánto tiempo ha pasado desde que se fue?

Mientras miraba el reloj, traté de calcular la distancia entre el palacio central y el palacio separado, después de caminar por aquí todo el día.

No era una distancia corta. Ir y venir con las piernas cansadas también la haría caminar un poco más lento…

Sin embargo, incluso considerando lo anterior, estaba tardando demasiado en regresar. Entonces, debe estar hablando con alguien. ¿Quién podría ser?

Probablemente se reunió con su hermano.

No, no creo que sea Christa, ya que lo haría en otro momento o no hablaría tanto como ahora.

Si fuera para apuñalarme por la espalda, no tardaría tanto, así que supongo que es Yunim.

En ese caso, ¿de qué está hablando? Tal vez se esté quejando de que le duelen los pies porque caminó mucho hoy…

Apreté las comisuras de mi boca para contener la risa.

Llamaron a la puerta.

Oh, supongo que está aquí.

Rápidamente quité los dedos de mis labios y me puse de pie. Sin embargo, los golpes no parecían provenir de la puerta. De hecho, esos golpes venían de la ventana.

Fue como ayer.

Cuando abrí la ventana, Heinley estaba ahí.

La única diferencia era que hoy, en lugar de un ramo de joyas, sostenía una lonchera con una hoja de oro color marfil.

—Heinley, ¿eso es…?

—Reina, ¿podemos comer juntos?

—La señorita Rose aún no ha regresado.

Heinley sonrió, golpeando la lonchera que sostenía.

—Es para que comamos los dos.

Esto me recordó una época de mi infancia cuando Sovieshu me traía galletas.

Me quedé desconsolada por un momento, pero rápidamente dejé de pensar en eso y acepté con una sonrisa.

Heinley saltó por la ventana inmediatamente. De nuevo.

Cuando levanté las cejas, ya era demasiado tarde, pero… debería cambiar ese hábito suyo, ¿verdad?

Lo regañaré cuando estemos un poco más cómodos el uno con el otro. Con esta promesa en mente, me senté cara a cara con Heinley en la mesa.

Heinley dejó la lonchera, quitó la tapa y preguntó:

—¿Qué tal tu día?

—Conocí a un periodista.

—¿Periodista? ¡Ah! Hay tres dando vueltas.

Por supuesto, Heinley parecía saber quiénes eran, y sus ojos se curvaron de manera extraña.

—¿Cuál conociste?

—Tenía el pelo azul marino, recogido en una cola de caballo…

—Oh, yo sé quién es.

Le conté las preguntas que me hizo y las respuestas que le di.

—Aunque omitiste muchas cosas, eso es cierto.

—Incluso ahora sigo pensando… que siempre te estaré agradecida.

—Reina, siempre te lo he dicho. Era yo quien deseaba tenerte como mi reina.

Cuando terminó de hablar, su mano avanzó lentamente, como un caracol. Llevó su mano a mi lado de la mesa y se detuvo.

¿Me estaba pidiendo que tomara su mano?

Cuando miré hacia abajo con torpeza y puse mi mano sobre la suya, Heinley rápidamente agarró mi mano como una planta carnívora esperando a su presa y me preguntó:

—¿Qué pensaste de la señorita Rose?

—Una planta carnívora…

—¿Qué? ¿Es ella tan mala?

—¿Perdón? Oh, no. Ella es inteligente.

Heinley hizo otra pregunta, inclinando la cabeza, sin darse cuenta de que cuando dije ‘planta carnívora’, me refería a su mano.

—¿Quieres alguna otra dama de honor además de la señorita Rose?

—Tendré que pensarlo detenidamente.

Mientras respondía, saqué mi mano de la suya.

Durante los días de ser una princesa heredera, naturalmente sabría a quién mantener a mi lado y a quién mantener alejado.

Incluso si no fuera la princesa heredera, siempre que fuera del Reino Occidental, primero tomaría a mujeres con buena reputación o aquellas que estaban cerca de mí como damas de honor. Sin embargo, yo no estaba en ninguna de las dos posiciones, por lo que elegir una dama de honor no era tarea fácil.

Heinley murmuró: — Entiendo… —mientras miraba con pesar mi mano, que quité de la suya.

La tristeza en sus ojos era evidente, junté mis manos y sonreí con torpeza.

A menudo es así cuando estoy con él. Es incómodo, pero al mismo tiempo cómodo y cosquilleante. No obstante, también estaba preocupada.

Si tuviéramos una boda, tendríamos que tener nuestra noche de bodas.

Ya es tan incómodo…

Estaba preocupada antes de que llegara la noche de bodas, por lo que sucedería en la noche de bodas y por ver su rostro después.

Incluso entonces… ¿Todavía podríamos vernos como colegas?

Pensando en la noche de bodas, siento como si un gatito me lamiera el corazón con su lengua áspera, me sentía aún más incómoda…

Este sentimiento era extraño, así que miré deliberadamente la lonchera y felicité a la persona que había preparado la comida, aunque no sabía quién era.

—Lo hice yo mismo.

Sin embargo, la respuesta que recibí fue totalmente inesperada.

—¿De verdad?

Le pregunté sorprendida porque era algo en lo que nunca hubiera pensado. Heinley asintió y susurró:

—Reina, ¿puedo pedirte un favor?

—¿Favor?

—Somos una pareja ahora.

—… Así es.

¿Por qué lo mencionó de repente?

Mientras lo miraba ansiosamente, Heinley dijo en voz baja.

—Hay algo que quiero hacer.

Contuve la respiración ante las palabras de Heinley y miré a mi alrededor. Hay algo que quiere hacer ahora que somos pareja… ¿Qué quiso decir?

Estaba perpleja, no sabía en qué estaba pensando cuando hacía una pregunta como esa.

No, de hecho tuve una idea.

Beso… ¿Podría ser un beso? Quizás quiera un contacto físico más intenso.

Estaba inexplicablemente nerviosa.

Lo miré incómoda, con las manos entrelazadas.

¿Cómo besé a Sovieshu? No lo sé. Desde mi niñez, todo había progresado tan naturalmente…

¿Debo rechazar o debo aceptar? Cuando miré sus labios, se veían muy puros y seductores.

Bueno, somos pareja, así que no podemos vivir sin besarnos.

Después de una breve consideración, decidí aceptar su beso. Así que me preparé mentalmente, fingí estar tranquila y dejé que lo hiciera.

—Puedes hacerlo.

Definitivamente no fue por los hermosos labios de Heinley que le permití besarme.

Heinley sonrió ampliamente y rápidamente tomó el tenedor.

¿Tenedor?

Luego pinchó el pescado blanco en la lonchera, me lo llevó a la boca y dijo: — Ah.

Abrí la boca, desconcertada. Entonces algo sabroso entró en mi boca.

Mastiqué el pescado sin pensar y lo tragué. Heinley me miró con ojos brillantes mientras yo todavía estaba perpleja.

—¿Qué significa esto?

¿Y el beso? Cuando le pregunté avergonzada, susurró con una suave sonrisa.

—Este ha sido siempre mi deseo.

Susurré aún más desconcertada.

—… Yo también tengo manos.

Era claramente una voz de perplejidad, pero las palabras que salieron de mi boca fueron demasiado duras para que él las notara.

Cuando lo miré, arrepintiéndome de mis palabras, Heinley se disculpó avergonzado.

—¿A Reina no le gusta esto? Lo siento.

—No es eso, yo… —Apreté los labios con fuerza.

¿Cómo podría decirle que estaba preparada para un beso?

No estaba impaciente por besarlo, solo cometí un error de juicio y me preparé para ello. Pero si digo esto, sonaría como si estuviera esperando que me besara. En lugar de explicárselo con sinceridad, agarré los tomates cherry de la lonchera y se los metí en la boca, uno tras otro.

—¿Reina? Demasiados, demasiados. Ve más despacio.

—Abre la boca.

—Reina, solo un poco más lento…

—Dijiste que querías esto como pareja casada.

—Uf, Reina, comencemos con…

—No derrames nada. Comételo todo.

♦ ♦ ♦

Rose se detuvo frente a la puerta y retrocedió asombrada por los gemidos de súplica del rey provenientes del interior de la habitación.

Miró a la puerta con los ojos bien abiertos. No pasó mucho tiempo antes de que su rostro se sonrojara.

Se decía que la Emperatriz del Imperio Oriental tenía una personalidad aguda. En muchos sentidos, parecía ser cierto.

Ella actúa sin dudarlo…

Rose apretó su mejilla con una mano y rápidamente salió del pasillo del palacio separado con el cuenco en la mano.

♦ ♦ ♦

Después de darle todos los tomates cherry, la boca de Heinley se tiñó de rojo por todas partes.

Gruñó levemente con disgusto mientras se limpiaba la boca con un pañuelo.

—No esperaba esta violencia.

Pero después de pensarlo un momento, cambió sus palabras con una sonrisa.

—Aun así, me gustó porque Reina lo hizo.

Él fue tan comprensivo. De repente, sentí remordimiento por desquitarme con él debido a mi propio error.

—Lo haré por ti.

Al final, no pude soportarlo. Me levanté, me paré a su lado, agarré el pañuelo y le limpié la boca.

Dejó su rostro a mi cuidado en silencio, aunque hubiera preferido que cerrara los ojos.

Heinley me estaba mirando. Cuando parpadeó, sus pestañas doradas brillaron suavemente. Mientras observaba sus ojos morados aparecer y desaparecer, me recordó a Queen.

Oh, hablando de eso…

—Quería preguntarte algo. Ahora lo recuerdo.

Ante mis palabras, Heinley se rio.

—Pregúntame lo que sea, Reina.

—¿Es McKenna, por casualidad, tu pájaro azul?

Quedó pasmado.

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