Un villano puede salvar el mundo por amor – Capítulo 16: Al fin me siento en casa

Escrito por Iszeth

Asesorado por Maru

Editado por Tanuki


Una de las tradiciones más emblemáticas de la sociedad noble de Lothien era la acción de gracias a los dioses cuando un niño había sobrevivido a la fiebre de mana. Mi nueva yo era una de esas afortunadas que habían pasado aquel trago amargo antes de la edad en la que aquello era inofensivo, por lo que mi familia estaba obligada a dar una gran suma de dinero a la iglesia.

Para mí, aquello era ridículo, porque en realidad sabía que la verdadera Canaria no había sobrevivido, o quizá yo era esa Canaria pero mi mente había sido fragmentada como un efecto secundario a esa enfermedad tan común en los círculos de la nobleza humana. En realidad, seguía confundida y ya estaba empezando a asimilar que seguramente lo estaré para toda la vida.

Según la información que pude recopilar al respecto, sólo los humanos que poseen la línea de sangre de los primeros reyes de Lothien padecen la fiebre de mana; eso no significa que sean los únicos que pueden usarla, ya que los demihumanos y los mestizos entre demihumanos y humanos pueden hacerlo, pero ellos nacen con la capacidad de absorber el mana del ambiente mientras que la nobleza de Lothien produce su propio mana.

Por tanto, eso explicaba el por qué los nobles tenían tan pocos hijos, ya que muchos niños morían si la fiebre aparecía antes de los seis años.

La fiebre no sólo marcaba la capacidad de un niño de la nobleza, si no que también, como uno de los efectos secundarios, develaba las habilidades de nacimiento en cuanto se iba. Así pues, la iglesia acaparó entonces la capacidad de determinar las habilidades de nacimiento y el registro de éstas.

Los únicos de los que no se tenían registros de las habilidades eran la familia real. Si en determinado momento, algún miembro de la nobleza pasaba a ser parte de ella, sus registros eran borrados. Se rumoraba que las prometidas de los príncipes herederos se habían elegido conforme a sus habilidades innatas en cuanto se develaron, sólo unas pocas reinas y concubinas fueron elegidas por el bien diplomático en lugar de su capacidad de nacimiento.

Y entonces, luego de una semana de calma en mi nueva vida con mi nueva familia, a la espera de que mi padre actual regresara de la frontera norte debido a algunos problemas diplomáticos, mi madre me notificó que había fecha para mi ceremonia de Acción de gracias.

Estaba nerviosa. Se decía que para la ceremonia se necesitaba sangre del que iba a presentar los honores. No me gusta la sangre, nunca me ha gustado, mucho menos si se trata de que sea la mía.

Por otro lado, en uno de esos días en los que mi actual madre se reunía conmigo para leer, llegaron misivas del duque Von Lancet, mi padre.

Una era para mí, en la cual me felicitaba por haber salido sana y salva de mi enfermedad, recalcando que estaba orgulloso por mi valentía al recuperarme tan rápido y sin dificultades, esperando verme pronto.

La otra estaba dirigida expresamente a mi madre. Por la seriedad con la que la leyó, imaginé que las noticias eran severas. Ella no dijo nada, simplemente guardó la misiva rápidamente y cambió el tema, aunque salió mucho antes de la sala de lectura de lo habitual.

Pocos días después, una diseñadora de modas llegó a casa, con cientos de prospectos para el vestido que debería utilizar en la ceremonia; su nombre era Anastasia Wirth. Ella era una joven que parecía tener la edad en la que yo morí, aunque luego supe que, en realidad, podría ser mi abuela. ¡No podía creer lo bien conservada que estaba! Su estilo de vestimenta también era jovial y lindo, y a pesar de que la moda en éste mundo se asimilaba a la vestimenta de la época victoriana del mundo de dónde provenía, el uso del corsé no era obligatorio, así que se veían naturales y elegantes.

Los colores ceremoniales eran azul, negro y blanco; el diseño podría ser libre, pero por lo regular se requería una capa sobre los hombros y una espada; la idea era ofrecer el poder otorgado al servicio de los dioses y la corona, por lo que un representante del emperador tenía la costumbre de asistir. Eran pocas las ocasiones en la que el gobernante mismo asistía, así que no debía preocuparme por ello por el momento.

Lo único que me preocupaba, eran los sentimientos encontrados que tenía al respecto de mi actual padre. Una parte de mí, la Canaria original, anhelaba verlo, también, estaba preocupada porque sabía que no teníamos tiempo. El moriría luego de mi compromiso con el príncipe heredero, en una revuelta que nadie esperaba. Otra parte de mí, trataba de verlo de manera fría, sin embargo, no podía. No podía negar que me importaba ya sea como su hija o como persona.

Al final, mi madre y la señora Wirth habían elegido un conjunto bastante bonito, como el de las muñecas de colección que tenía en mi otra vida. La señora Wirth estaba realmente emocionada por la idea de trabajar en tan maravilloso diseño, aunque no tenía mucho tiempo para terminarlo, ya que la ceremonia se haría un mes después.

Pero, aunque todos parecían expectantes, mi madre se notaba preocupada por algo desconocido. La noté muchas veces pensativa, y otras, como si tratara de decirme algo importante pero no sabía cómo.

Al final, ella no me dijo nada, y papá llegó una semana antes de la ceremonia.

Tal y como lo recordaba, él era demasiado guapo. ¡Dios, si no fuese su hija, creo que me enamoraría de él! Su cabello era del mismo color que el mío, sin embargo, sus ojos eran de un rosado intenso, casi rojo, haciendo notar su historial familiar apegado a la familia real. Él era cerca de veinte años mayor a mi madre, y a pesar de que ello era común en los enlaces de la nobleza, parecía que se habían desposado por amor y no por alianzas políticas o económicas.

También, papá en realidad era un hijo bastardo del anterior monarca.

El hecho de que actualmente él era el duque Von Lancet se debía a que la familia de mi madre lo había adoptado previamente al matrimonio. En su juventud, él había sido un brillante caballero de la guardia real que había ascendido rápidamente, sin codiciar el trono, al servicio de su medio hermano. Ahora, él estaba al mando de la familia militar de mayor renombre, como el escudo de Lothien.

El duque Nefarian Von Lancet, mi padre y el defensor del reino, volvió a casa con una sonrisa. Su mirada parecía cansada, como si hubiese visto cosas que la mayoría de la gente no soportaría, pero también, era amable, tan amable que al verlo tenías la sensación de que podrías confiarle tu vida. Yo estaba realmente nerviosa pero alegre, mi corazón se calentó al verlo dirigirme una sonrisa tranquila con esos ojos cansados de un color rosado casi rojizo.

Sin seguir el protocolo, simplemente se arrojó hacia mí en un abrazo de oso, levantándome abruptamente, cosa que me sorprendió, aunque de buena manera. MI corazón latió rápidamente por la incertidumbre de cómo tratarle, por el miedo de que se diera cuenta de que yo no era la hija que él conocía, no obstante, acercó su frente a la mía y me llenó de un amor paternal que casi me hace llorar.

—Te extrañé tanto, pequeña. Has crecido mucho. —Su voz era como una brisa refrescante, como una llamada a mi viejo yo para que despertara y le entregara la verdad de mi actual ser. Mis lágrimas no pudieron soportarlo más. ¿Así era como estaba lidiando con toda ésta confusión? No lo sabía, pero sentía tantas cosas al respecto que lo único que pude hacer fue derramar lágrimas, llamando a mi padre. A mi padre actual y al pasado.

Limpió mis lágrimas cálidamente mientras mi actual madre nos observaba; el cuadro era de una familia amorosa, una familia que tenía el suficiente tiempo para pasarla juntos. Contrastando aquello con lo que había vivido antes, me sentí afortunada. En mi vida pasada, mis padres se esclavizaron al igual que yo en la adultez, haciendo que las pocas veces que nos veíamos ni siquiera fueran de calidad. Los amaba, pero el estilo de vida del mundo al que pertenecía nos obligó a crecer separados, alejados para poder llevar el pan a nuestra mesa.

Ahora, tenía una madre que se ocupaba de mí casi todo el tiempo, amorosa y gentil, y un padre que, a pesar de que se ausentaba por largas temporadas, cuando volvía no tenía reparo en gastar su tiempo con una niña que lo extrañaba, a pesar de su cansancio.

Los días pasaron plácidamente, con la cotidianidad de una familia común de la nobleza, o eso creo. Mi pasatiempo de leer libros empezó a acrecentarse debido a que en éste mundo, no había tantas herramientas como la televisión o las computadoras para entretenerse. Por otro lado, yo quería dibujar.

Extrañaba diseñar personajes, trabajar en un lienzo y colorear mundos nuevos y backgrounds de fantasía. Nunca fui demasiado buena para otras cosas, así que solicité a la linda Nicole cosas que podría utilizar para ese tipo de actividades.

Entonces, descubrí el lápiz mágico.

Era una especie de pluma metálica con una punta brillante y algo extraño con forma de alverja en la parte donde uno normal tendría una goma; cuando lo acercabas a algún objeto con el color que deseabas, el lápiz maravillosamente captaba el color y podías utilizarlo. Su consistencia se parecía al de los lápices de colores de alta calidad, y su precisión se podía ajustar con sólo girar una parte de la estructura. Además, la parte que parecía una alverja era en realidad una pequeña piedra que borraba lo que habías hecho con el lápiz si era necesario.

Éste fue el mejor descubrimiento en el mundo al que había llegado hasta ahora.

Dibujé como nunca, todo lo que veía, diseños viejos de mi vida pasada, flores que recordaba que en éste mundo no existían y también las que empecé a reconocer de éste mundo, fantásticas plantas que sólo imaginé en mis sueños y animales fantásticos que encontré entre los libros de la biblioteca sobre el nuevo continente.

Mientras dibujaba, no noté que Nicole me había observado durante largo rato, maravillada.

—¡Por los dioses, señorita! ¿Será acaso que su don es el talento o ha despertado una especie de comprensión sobre ciertas cosas de manera superior? Su dibujo está a la altura de los pintores de renombre de Lothien.

No pude evitar avergonzarme. Me había dejado llevar como antes y ahora estaba expuesta. No tardó mucho en llevar mis dibujos a mis padres, con una cara de completa alegría y asombro. Ellos lo tomaron de manera tan natural, que me dio miedo.

Un poco fastidiada y molesta, con todos los cambios que había experimentado últimamente, exploté. No podía aceptar que mis actuales padres aceptaran los cambios en su hija, así como así.

—¿Es que ustedes no sospechan nada? ¿No temen por el hecho de que su hija de pronto haya cambiado tanto? Ni siquiera sé con seguridad si sigo siendo yo misma…. Si de alguna manera soy su hija.

Ellos me miraron con tristeza, con una especie de comprensión más allá de lo que yo podía entender. La voz de mi madre, acercándose lentamente mientras mi cara roja por la ira y el llanto de frustración se sentía palpitar.

—Es natural que no entiendas cómo te sientes… —La mano delicada de mi actual madre acarició mi cabeza, mientras mi padre se acercaba también hasta donde estaba. —Todos los niños luego de la fiebre de mana tienen cambios, algunos bastante agudos.

¿Natural? ¿Cómo podría ser natural lo que estaba viviendo? A ratos, deseaba despertar de éste sueño. No tenía ni la menor idea de cómo moverme, estaba aterrada. Quería darme ánimos, quería pensar que quizá podría tener una buena vida, pero en el fondo, sabía que moría de miedo, que quería volver al confort y la seguridad de mi antiguo yo.

—Si tienes algo que decir, te escucharemos. —Añadió mi actual padre. —Así hayas cambiado por completo, eres nuestra hija.

—¿Qué hice para merecerlos? —Me pregunté. Sabía que no podía decirles toda la verdad, pero mi miedo logró desvanecerse un poco. Mi confusión, empezó a aminorar. Extrañaba a mi yo anterior, extrañaba mi vida sin más preocupaciones que entregar mi trabajo a tiempo, extrañaba la tecnología, las series de tv, la comodidad de lo cotidiano en el mundo en el que viví por más de treinta años.

Y, sin embargo, ahora, de alguna manera, empecé a sentirme en casa en este lugar desconocido con gente a la que aún no consideraba del todo mi familia.

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