Traducido por Maru
Editado por Freyna
De hecho, esto era una oportunidad, pero Lucius I lo sabía mejor; hubiera estado mal que usará la muerte de su esposa para engañar a la mujer que amaba. El funeral de su esposa fue hace solo dos días, entonces, ¿cómo podría siquiera considerar tal cosa?
El emperador se odiaba a sí mismo.
Lucius I apartó a Pollyanna. Se echó en la boca lo que quedaba de la botella. El licor claro rodó por sus mejillas en lugar de sus lágrimas. Le dijo a Pollyanna con dureza:
—Fuera, no quiero verte ahora.
El rostro de Pollyanna se arrugó ante el rechazo del emperador. Ver a Pollyanna herida también hizo que Lucius I se enfadara, pero no pudo evitarlo. El emperador necesitaba algo de tiempo para sí mismo.
Lucius I podría haber sido el emperador del reino más grande, pero no era perfecto. No siempre podía permanecer tranquilo y sereno. Debido a que era el emperador, ni siquiera podía mostrar sus verdaderos sentimientos a los demás. Ni siquiera se le permitió llorar delante de nadie. La tristeza y la desesperación que sentía por él y por su hija, que crecería sin su madre, eran inmensas, pero ni siquiera podía expresar estos sentimientos libremente porque él era el emperador.
Entonces, Pollyanna se acercó a él. Apenas se aferraba a su cordura, pero cuando la vio, no pudo hacerlo más.
Lucius I era un hombre codicioso. Por eso soñaba con unir todo el continente. El emperador también era un hombre cariñoso. Por eso no le confesó su amor a Pollyanna.
Si ella permanecía en esta habitación por más tiempo, Lucius I sabía que terminaría diciéndole cómo se sentía. Terminaría obligándola a hacerla suya. El emperador no tuvo la paciencia de permanecer cuerdo frente a ella.
Así que le gritó:
—¡Fuera, Winter!
Lucius I amaba a Acreia. Le encantaba todo, incluso el duro clima frío. Todos los habitantes de Acreia amaban el invierno, aunque lo padecían mucho. La temporada amarga los representaba; era el símbolo de los verdaderos acreianos. Estaban orgullosos de ser los que pudieron sobrevivir a un clima tan duro generación tras generación. Creían que eran mejores que el resto del continente. Cuanto más duro era el invierno, más fuertes se volvían los acreianos.
Pollyanna Winter, cuyo nombre le dio Lucius I, era el invierno del emperador. Ella era su amor y su motivación; ella era la única que podía moverlo.
Lucius I amaba a Pollyanna Winter, y como la amaba, sintió la mayor desesperación y conflicto. Sin embargo, Pollyanna Winter también fue su mayor orgullo.
El emperador le suplicó. Le rogó que lo dejara. Quizás para ella, sonaba como una orden, pero no importaba. Esto era lo mejor que podía hacer en ese momento.
—Simplemente no puedo hacer esto ahora mismo. Necesito estar solo. No quiero que me veas así, así que vete.
Las mandíbulas de Pollyanna se tensaron. Lucius I quería golpearse a sí mismo por molestarla. Sabía que le faltaba un molar, lo que significaba que no era una buena idea apretar así. Deseaba poder acariciarle la cara para que ella la abriera, pero sabía que, si la tocaba, el emperador no podría detenerse.
No esperó tanto y pasó por tantas dificultades solo para usar su cuerpo en una noche como esta. Si la tomaba ahora, Lucius I sabía que ella nunca volvería a ser verdaderamente feliz.
Mientras tanto, Pollyanna se enfadó consigo misma por no darse cuenta de lo que necesitaba el emperador. También se sintió avergonzada de haber sobreestimado su importancia para el emperador.
Pollyanna se dio la vuelta para agarrar la puerta. Tan pronto como se fue, se dio una bofetada.
¡Anímate!
Lucius I acaba de perder a su esposa y Pollyanna perdió a su amiga. En verdad, sin el emperador, Pollyanna nunca habría conocido a Rebecca. Era obvio que el emperador era el que estaba más triste, pero Pollyanna era lo suficientemente estúpida como para pensar que podían hacerse sentir mejor el uno al otro.
¿Desde cuándo empezó a cuestionar la orden del emperador? ¿Desde cuándo creía que sabía más que su soberano?
Contra la orden del emperador, Pollyanna dejó a sus dos esposas en Nanaba y regresó a Jaffa. Le ordenó que protegiera a sus esposas, pero ella lo desobedeció. El maestro Chail le dijo que el emperador no quería a nadie en su habitación esta noche, pero ella pensó que lo sabía mejor y entró en contra de su orden.
¿Desde cuándo se volvió tan arrogante? Ella nunca quiso convertirse en una persona tan egoísta, pero parecía que era demasiado tarde.
Cuando el maestro Chail vio a Pollyanna salir pálida de la habitación del emperador, se sorprendió. Él preguntó:
—Marquesa, ¿se encuentra bien?
—Cometí un gran error. Le falté el respeto al emperador y tengo que ir a pensar en lo que hice.
Sir Ainno estaba de pie junto al maestro Chail con una botella de vino en la mano. Estaba esperando afuera porque el maestro Chail le dijo que Pollyanna estaba adentro con el emperador.
Pollyanna no podría estar más avergonzada. ¿Desde cuándo pensó que estaba al mismo nivel que Sir Ainno?
Sir Ainno miró a Pollyanna, que todavía estaba muy pálida, y suspiró profundamente. Le entregó la botella al maestro Chail y puso su mano sobre el hombro de Pollyanna.
—Marquesa, ¿puedo hablar contigo en privado?
—¿No tienes que entrar para ver a su alteza ahora mismo?
—Está bien. Lo que su alteza necesita ahora mismo no es vino; necesita algo de tiempo para pensar.
Esta situación era muy perturbadora. Comprendió lo horrible que fue que Rebecca falleciera, pero lo que lo angustió, aún más, fue el hecho de que debido a esta muerte real, su plan de matrimonio se retrasó al menos un año. Ni siquiera tuvo la oportunidad de hablar con sus padres sobre su plan.
Además de eso, el emperador estaba arruinando su relación con el amor de su vida. Pollyanna parecía devastada, molestándolo sin fin. Estaba teniendo problemas con su propia vida amorosa, pero aquí estaba, teniendo que arreglar la vida amorosa de su emperador.
Se volvió hacia Pollyanna y le preguntó:
—¿Qué pasó? ¿Qué ocurre?
