Traducido por Adara
Editado por Sakuya
Definitivamente no debo ser una buena persona. Sé que muchas personas desean que su ex pareja sea feliz. Sin embargo, creo que sería muy injusto que las dos personas que me echaron vivieran felices para siempre. Así que el único pensamiento que tenía en la cabeza era: “Espero que no sean felices”.
Pero, no hasta el punto de, “¡Púdranse en el infierno!”
—Vamos a invitarlos, —susurró Heinley suavemente a mi lado.
¿Se dio cuenta de mis pensamientos?
—Invitemos a esos dos también.
¿Asistirán sólo porque los invitemos? No lo creo.
Cuando su cálida mano tocó la mía, mi mente, perturbada por un momento, volvió a la normalidad. Su susurro y su tacto me hicieron sentir mejor.
—No pasa nada, —susurré, cogiéndole la mano.
Mientras entrelazábamos nuestros dedos, me reconfortó tener un lugar al que agarrarme con fuerza.
Pero de repente sentí una mirada sobre mí y me di cuenta de que Sovieshu nos estaba mirando.
Otras personas también.
Deliberadamente agarré con más fuerza la mano de Heinley.
¿Siente que su ex esposa le está arruinando la boda? La expresión de Sovieshu se distorsionó. Incluso Rashta, que estaba radiante a su lado, se dio cuenta y siguió la mirada de Sovieshu. Al mirarme, Rashta frunció ligeramente el ceño.
♦ ♦ ♦
El siguiente acto tras la ceremonia fue el desfile.
Un desfile donde el Emperador y la Emperatriz recorrerían la capital en el mismo carruaje. Aunque completar el recorrido en un carruaje ordinario no llevaría mucho tiempo, en un carruaje de desfile se tardaría de tres a cuatro horas porque se movía a un ritmo más lento.
Llegados a este punto, surgió un pequeño problema. Tenían que subir a la carroza justo después de la ceremonia.
Rashta, que se dirigió al carruaje con la ayuda de la vizcondesa Verdi, fue detenida por Sovieshu.
—Cámbiate de ropa, —le dijo.
Tradicionalmente, los novios desfilaban con su atuendo nupcial para mostrar a su pueblo el aspecto que tenían al sellar sus votos matrimoniales. Otros nobles también se reunían para observar.
Pero, cuando Sovieshu le pidió de repente que se cambiara de ropa, no sólo Rashta se sorprendió, sino también los demás nobles.
Tras reflexionar, los nobles asintieron rápidamente a las palabras de Sovieshu. Si aparecía vestida así delante del pueblo, podría ser un desastre.
Rashta refunfuñó con expresión triste, parecía gustarle mucho su glamoroso vestido.
—A Rashta le dijeron que fuera vestida así al desfile.
Sovieshu intentó parecer más decidido, pero al final suspiró y le ordenó.
—Al menos quítate esos accesorios. Se ven ridículos.
—Ridículos…
—Pareces un árbol de Navidad.
Ante las duras palabras de Sovieshu, Rashta se vio obligada a entrar en una habitación vacía cercana junto a la vizcondesa Verdi. Al cabo de un rato, Rashta salió. Tras quitarse todos los accesorios, estaba realmente hermosa como un ángel.
Aunque el vestido seguía siendo extremadamente glamoroso, Rashta destacaba por encima de él. Sin embargo, subió al carruaje con expresión triste, pareciendo preferir su aspecto anterior.
Sólo entonces subió Sovieshu al carruaje y movió ligeramente la cabeza como si quisiera mirar hacia nosotros. Al final, no lo hizo y se limitó a decir: —Vámonos.
En la parte trasera del carruaje que partía, ondeaban hermosas cintas de seda blanca con bordes dorados.
Mientras contemplaba esta escena, subí al siguiente carruaje con Heinley. Un poco nerviosa, me agarré con una mano a la barandilla y con la otra a la mano de Heinley.
El carruaje del desfile no tenía cubierta, así que tuve que ir de pie todo el trayecto. En otras palabras, tendría que enfrentarme a las miradas de la gente del Imperio del Este que dejaba atrás.
No pude evitar estar nerviosa. Ahora no era el momento de prestar atención al vestido de Rashta.
El Reino del Oeste también era un país poderoso, así que estaríamos justo detrás del carruaje de la Emperatriz y el Emperador… Era la posición perfecta para que la gente nos viera a Rashta y a mí alternativamente.
Respiré hondo varias veces para parecer lo más indiferente posible y me agarré con fuerza a la barandilla del carruaje cuando éste empezó a balancearse.
Oí una fuerte ovación cuando empezamos a movernos por las calles. Era la gente del Imperio del Este animando a Rashta.
—¡Caramba! Parece un ángel.
—¡Rashta!
—¡Por aquí!
Había oído que Rashta era increíblemente popular entre los plebeyos. Se notaba claramente al pasar por las calles.
Los vítores de la gente para Rashta eran más fuertes de lo que habían sido en el desfile de Sovieshu conmigo en el pasado.
El ambiente entre los nobles y los plebeyos era completamente opuesto.
Probablemente aliviada por los fervientes vítores, Rashta sonreía ampliamente y saludaba a todo el mundo. Su aspecto brillante y encantador hizo que la gente se emocionara aún más. Sin embargo, los vítores se convirtieron en un silencio casi sepulcral cuando pasé junto a Heinley.
Había oído que aproximadamente la mitad de la gente no se oponía a mi matrimonio. Al parecer, ni siquiera esa gente esperaba que yo asistiera personalmente a la boda de Sovieshu.
Por donde pasaba, se hacía un silencio asombroso.
Intentaba ocultar mi vergüenza manteniendo la barbilla alta mientras hacía un esfuerzo por mantener la compostura.
Heinley me agarró la mano con más fuerza.
El banquete se celebró por la noche. Me quité mi vestido sencillo y me puse uno adecuado para bailar.
Mientras me cambiaba de vestido, mis damas de compañía tenían caras sombrías. Aunque no estuvieron a mi lado en el desfile, probablemente fue porque vieron las reacciones de la gente del Imperio del Este.
Intenté animarlas, pero fue en vano, así que al final, guardamos silencio juntas. De hecho… yo tampoco estaba en posición de animar a nadie. No me sentí nada bien al ser rechazada por la gente a la que apreciaba. Además, me daba mucha pena que Heinley, un hombre deslumbrantemente guapo desde lejos, también fuera ignorado por estar a mi lado.
No me extrañaba que no le cayera bien a Yunim.
Suspirando, terminé de cambiarme de ropa antes de darme cuenta. Fui a la sala de banquetes con Heinley.
Afortunadamente, no había nadie en la sala de banquetes ignorándome.
La familia Troby seguía en el Imperio del Este y tenía una gran influencia. A diferencia de los plebeyos, que podían ignorarme si querían, los nobles tenían muchos intereses, por lo que no podían ignorarme imprudentemente.
Muchas personas cercanas a mí estaban presentes…
Era embarazoso ver sus caras por lo ocurrido en el desfile, pero por suerte todos eran lo bastante sensatos como para fingir que no sabían lo que había pasado antes. Al cabo de unos treinta minutos, pude mezclarme con mis amigos, riendo como si no hubiera pasado nada durante el desfile.
Sin embargo, la situación fue la misma cuando Sovieshu tuvo el primer baile con Rashta. Los nobles me miraron con lástima, pero esta vez me sentí bastante bien.
Comparado con las tres horas durante el desfile en silencio sepulcral, esto era mucho mejor.
Finalmente, el baile de Sovieshu y Rashta terminó. Cuando los demás pudieron bailar, Heinley me tendió inmediatamente la mano.
—Reina, ¿me concede este baile?
Coloqué mi mano sobre la de Heinley y nos dirigimos al centro para bailar.
Podía sentir los murmullos a mi alrededor y la mirada de Sovieshu sobre mí, pero fingí no darme cuenta y me concentré en el baile con Heinley.
Más tarde, el Duque Elgy se me acercó inesperadamente y me sacó a bailar.
¿Por qué le interesaba?
No podía entenderlo, era amigo de Heinley y miembro de la Familia Real de Bohemia Azul. Incluso me escondió en un carruaje para que pudiera escapar del Reino Occidental.
Aunque me sentía incómoda, acepté bailar con él y le pregunté en medio del baile.
—¿Por qué me sacó a bailar?
Pero el duque Elgy se limitó a bailar al ritmo de la música con el rostro pesado y perturbado. No respondió a mis palabras, parecía sumido en sus pensamientos. No sé qué podía estar pensando mientras bailábamos.
Cuando por fin terminó la música, nos soltamos las manos.
Sólo entonces el duque Elgy habló con cuidado: —Su Majestad Navier.
Sin embargo, antes de que pudiera continuar sus palabras.
—Reina Navier.
Sovieshu se acercó y me pidió que bailara.
—¿Puedo solicitar un baile?
En un instante, el silencio se extendió por la sala.
♦ ♦ ♦
Honestamente, yo era reacia a la idea.
Pero Sovieshu era el Emperador del Imperio del Este. Después de negarme a dar un paseo, era difícil rechazar la petición del novio. Además, sería descortés por parte de los invitados a la boda rechazar a los recién casados en la recepción.
Era inevitable.
Acepté bailar con Sovieshu y nos dirigimos al centro. Cuando aparecí junto a Sovieshu, la gente de ahí retrocedió rápidamente como si estuvieran evitando una trampa.
Al mirarnos cara a cara antes de que sonara la música, me invadió una sensación de déjà vu. Era tan fuerte que se me puso la piel de gallina.
Pero, cuando empezó la música, mis pies, a diferencia de las emociones complejas, se movieron con naturalidad.
Hacía poco que nos habíamos divorciado y, además, habíamos bailado juntos la mayor parte de nuestras vidas.
Mi cuerpo lo aceptó naturalmente como mi pareja de baile.
Mientras bailábamos, Sovieshu no dijo ni una palabra. Se limitaba a mirarme, tomándome y soltándome las manos repetidamente.
Luego, cuando llegó la parte en la que teníamos que tomarnos ligeramente de las manos, me preguntó en voz baja.
—¿Cuál es tu respuesta?
Inmediatamente comprendí a qué respuesta se refería.
—¿No te lo ha dicho el emisario? —Le pregunté.
—¿Tenías algo que decir?
—No, nada.
Oí a Sovieshu rechinar los dientes. Sin embargo, en ese momento estaba haciendo un giro, así que no estaba segura de haber oído bien.
Tras terminar el giro, Sovieshu parecía tranquilo. En ese estado, volvió a preguntar: —¿No tienes nada que decirme?
—¿Qué quieres que te diga?
—Yo… no quería perderte.
—Hoy es la boda de Su Majestad.
¿No quería perderme?
Estuvo tomado de la mano amorosamente con Rashta durante todo el desfile.
No pude evitar soltar un bufido.
Sovieshu me miró sorprendido.
Entonces, le pregunté porque tenía mucha curiosidad.
—¿Creías que me haría feliz recibir una carta en la que me dijeras que volverías a convertirme en emperatriz dentro de un año?
Sovieshu se estremeció.
No sé si era porque había dado en el clavo o porque no se le había ocurrido, pero seguí hablando.
—¿Cómo estás tan seguro de que un año no se convertirá en dos? Y si tienes un segundo hijo en ese tiempo, ¿se alargará?
—Navier.
—Un año después, aunque cumplas tu palabra…
Justo entonces se acabó la música. Sovieshu y yo nos detuvimos por reflejo. La distancia entre nosotros seguía siendo corta debido a nuestra postura al final del baile.
Continué rápidamente en voz baja.
—No quiero criar ni ser la madre del hijo de Su Majestad con Rashta, no me gustaría que después de criar a ese niño me rechazara al crecer, oyendo palabras como “la enemiga de su madre”.
Cuando terminé de hablar, retrocedí dos pasos y me quedé mirándolo.
Sovieshu parecía aún más sorprendido. Tenía la boca ligeramente abierta y la tez pálida. Cualquiera que lo mirara se daría cuenta de que le había dicho algo.
Al cabo de un momento, me incliné cortésmente, me di la vuelta y me alejé.
Sólo habíamos intercambiado unas palabras, pero yo ya estaba cansada. Afortunadamente, después de que Heinley, el Duque Elgy y Sovieshu me sacaran a bailar uno tras otro, nadie más lo hizo.
¿También era mentalmente agotador para él? Miré a Sovieshu mientras sorbía mi bebida, él también estaba sentado en una silla y no volvió a bailar.
El Duque Elgy estaba hablando con otros jóvenes nobles.
Heinley, que estaba a mi lado, parecía querer volver a bailar conmigo…
—Lo siento.
No tenía fuerzas, así que no quise volver a bailar.
—No pasa nada. Mañana tendremos otra oportunidad.
Mañana será la segunda recepción, que probablemente tendrá como tema un baile de máscaras.
La simple mención de “baile de máscaras” me trajo malos recuerdos. Incluso la idea de tener que asistir a una tercera recepción me hacía sentir terriblemente agotada. Pero no quería que Heinley se preocupara, así que sonreí y asentí.
En ese momento, oí muchas voces a lo lejos. Eran voces de sorpresa y admiración.
¿Qué ocurre?
Mirando en esa dirección, vi a mucha gente reunida en esa zona. ¿Alguien está haciendo alguna hazaña interesante? Aunque tenía curiosidad, no me apetecía ir a verlo.
Me tranquilicé y me comí las rodajas de piña que me había traído Heinley.
Rose, que llevaba un rato paseando, se acercó a mí y me dijo: —Su Majestad la Reina. Esa… persona.
Rose parecía reacia a decir su nombre, pero pude imaginar a quién se refería.
Estaba hablando de Rashta.
Rose estaba de mi lado, así que le resultaba difícil llamar a Rashta “Su Majestad la Emperatriz” delante de mí.
Cuando asentí y la miré fijamente, Rose susurró: —Para celebrar su matrimonio, donará una gran suma de dinero a numerosas instituciones necesitadas de ayuda, como orfanatos y asilos de ancianos.
—¿En serio?
—Sí, unos veinte millones de krangs.
—¿En serio?
—Es una cantidad enorme. Por eso todo el mundo está tan impresionado.
Veinte millones de krangs…
Intentando contener la risa, abrí mi abanico para taparme la boca. Era exactamente el importe de los pagarés que me quedaban.
Le aconsejé que no los usara a su nombre porque podría acarrearle problemas.
¿Cómo pudo hacerlo de una forma tan pública? ¿Rashta es inteligente o todo lo contrario?
Pero ya está hecho. Esto podría aumentar su reputación o causarle problemas. Ahora todo dependía de su suerte por ignorar mi advertencia.
♦ ♦ ♦
Sin embargo, después de volver a mi habitación ese día, no podía dejar de pensar en ello.
¿Debería haber sido más específica en la carta?
No le di una explicación exacta de por qué no debía usar ese dinero en su beneficio.
En cierto modo… No lo hice porque pensé que Rashta lo entendería naturalmente en cuanto viera los pagarés.
Si las cosas no se iban a complicar, podría haberlo dejado pasar esta vez. Pero después del comportamiento de Rashta hoy, me pregunté si debía explicarle la situación con más detalle.
Otra parte de mí objetó: ¿Por qué debería hacerlo? Ahora es la emperatriz. Además, no era una Emperatriz que dejó su cargo por voluntad propia, sino una Emperatriz que fue destituida y obligada a divorciarse.
Tras pensarlo detenidamente, finalmente tomé una decisión: sólo le diría lo necesario para tranquilizarme.
Y al día siguiente, comenzó el baile de máscaras y en cuanto entré, vi a Rashta.
Ahí estaba.
Pero cuando estaba a punto de llamar a Rashta para hablar, me preocupé al recordar cómo se había tirado al suelo e insistía en que mi hermano la había empujado.
¿Hay alguna garantía de que no vuelva a hacerlo mientras hablamos?
Pensándolo un momento, se me ocurrió una idea. Una excelente idea para poder hablar a solas con Rashta y evitar que volviera a mentir de esa manera.
Esperé la oportunidad pacientemente, luego me acerqué a Rashta y le propuse: —Su Majestad la Emperatriz, ¿bailaría conmigo?
