Prometida peligrosa – Capítulo 187

Traducido por Herijo

Editado por YukiroSaori


Giyom se giró al oír el chasquido. Reaccionó con una rapidez que ella no previó: su brazo se interpuso y cerró la puerta en apenas un par de segundos.

Por suerte, Marianne era más baja que él.

Sus brillantes ojos verdes centellearon bajo la luz de la tarde mientras aprovechaba el hueco bajo el brazo extendido de Giyom para echar un vistazo al interior. Fue solo un instante, pero suficiente para captar la escena como si memorizara una pintura. Todo sucedió en un abrir y cerrar de ojos.

—¿Qué estás haciendo aquí? ¿No está Ober? La criada que encontré en la puerta principal dijo que está en el despacho… —preguntó con descaro y retrocedió.

—Giyom, escóltala al interior.

Como si ya hubiera oído su queja, la voz de Ober se oyó desde detrás de Giyom.

Solo entonces Giyom le hizo una reverencia y se apartó de la puerta. Recobrando el sentido con retraso, Cordelli la asistió.

Cuando entró en la estancia, Annette, de pie frente a un armario lleno de estantes, la saludó levantando ligeramente el borde de su vestido.

Ober caminó hacia ella a grandes zancadas.

—Que la diosa conceda su bendición a esta encantadora dama —murmuró mientras tomaba su mano, su aliento cálido se dispersó sobre los finos guantes de encaje de ella—. ¡Le deseo la bendición de la diosa Anthea!

En el instante en que Marianne intentó retirar la mano, Ober tiró de ella con brusquedad. El tirón la desequilibró por completo; se sintió mareada y, antes de que cayera, él la atrapó por detrás. La rodeó por la cintura con firmeza, obligándola a sentirse incómoda por su respiración en su cuello.

—Percibo un aroma muy agradable en ti. ¿Te revolcaste en el jardín de flores antes de venir aquí?

¿Está loco este tipo? ¿Es un pervertido?

Conteniendo el impulso de gritarle, le hizo una señal secreta a Cordelli con la mirada.

Cordelli, que se puso roja como una manzana, captó la señal y torció la boca. Dado que el abanico en su mano temblaba, Marianne contuvo las ganas de usar las habilidades de defensa personal que aprendió de la señora Charlotte.

—Bueno, tomé un baño con perfume de rosas esta mañana… Quizás sea por eso.

Ante aquella respuesta, Ober inclinó la cabeza. Cordelli, de pie frente a él, se esforzó por mantener una expresión suave, pero le fue imposible evitar que el ceño se le frunciera por la indignación.

Marianne, por su parte, se sintió invadida por la náusea cuando el aliento del hombre más desagradable del mundo rozó su piel. En ese instante, pensó que incluso tocar a un sapo repulsivo sería preferible a soportar aquel contacto.

—Pronto conseguiré algunos frascos de perfume nuevos para ti. Lirios, rosas, acacias y los narcisos que tanto te gustan… ¿Qué más quieres? Dime cualquier cosa. Déjame conseguírtelo todo.

—Gracias. Es suficiente —Marianne respondió rápidamente, girándose en sus brazos. Los brazos de él alrededor de su cintura parecían haberse aflojado un poco, pero la abrazó con fuerza—. Ober, pareces un poco cansado. ¿Estás bien?

Extendió la mano y tocó suavemente las mejillas de él. Por supuesto, el rostro de Ober estaba bastante bien, y a ella no le preocupaba en absoluto aunque empeorara mucho más que ahora. Pero tenía que hacerlo para cambiar de tema.

Se convenció a sí misma de que era otra persona quien la sostenía en brazos ahora.

Alguien como Eckart, cabello dorado y ojos azules tan brillantes como para cegarla, un hombre siempre abrumado por mucho trabajo que no puede dormir fácilmente hasta que desaparece la luz de las estrellas del primer amanecer, un hombre sentado a su lado sujetando sus mangas en la noche de truenos y lluvia, un hombre que sintió celos de un pasado que ya no existía…

Pronto, sus ojos que miraban a Ober se llenaron de extrema ansiedad. Estaba casi llorando.

—Estoy bien. ¿Te parezco tan pálido?

—Sí, te ves algo demacrado… Ah, tuviste un invitado especial de Faisal ayer. ¿No dormiste bien porque tuviste que prepararte?

—Bueno, me acosté un poco más tarde de lo habitual…

—Ya ves, no puedes engañar a mis ojos. ¿Cuándo regresa Akad? A menos que tengas que ocuparte de ello en persona, ¿por qué no dejas que tus sirvientes lo hagan? Él dijo que vino a expresar sus condolencias por el difunto duque Hubble, no a verte a ti. Creo que ya cumpliste con tu deber al brindarle comodidades.

—Bueno, ya estoy actuando así. Probablemente regresará hoy o mañana, así que no te preocupes demasiado.

Aunque no podía confiar plenamente en sus palabras, Shahar partiría pronto de Milán si lo que Ober decía era cierto. Tal vez regresaría al imperio Faisal o elegiría un destino distinto. De lo contrario, si nada de eso ocurría, significaría que simplemente se había desvanecido y nadie sería capaz de encontrarlo.

—Por cierto, mañana tenemos el torneo de artes marciales —murmuró Ober como si no fuera gran cosa, mientras ella intentaba recopilar información para Eckart.

Pero ella pudo sentir algún tipo de presión en su corta respuesta.

—Oh, cielos. No lo sabía. ¿Ya mañana? Parece que fue ayer cuando estaba muy preocupada por cuándo terminaría la temporada de lluvias.

—Como hace buen tiempo, el banquete será divertido.

—Lo he estado esperando con ansias.

—No has olvidado el regalo que preparé para ti, ¿verdad? —dijo Ober significativamente. Marianne sonrió brillantemente y asintió.

—Por supuesto. Dijiste que era un gran caballero. De hecho, tengo muchas expectativas por eso. Todos en la capital saben que tienes el mejor discernimiento, así que creo que el caballero que mencionaste será fantástico. Ni siquiera puedo imaginarlo. Parece que es un caballero mucho más fuerte que Iric.

—No importa lo que imagines, probablemente no te decepcionará.

Ober no consideraba la humildad una virtud. Y ella lo sabía bien, así que se sintió un poco nerviosa al oír eso.

Si ese caballero es tan fantástico como dice, me pregunto si podría ser uno de los más competentes. Quizás sea Kiara, la asesina.

Aunque Iric permanecía mayormente a su lado, temía no poder moverse libremente si el infiltrado de Ober le era asignado como guardaespaldas después de obtener buenos resultados en el torneo de artes marciales de mañana. Pero sus movimientos precipitados solo atraerían la sospecha y el resentimiento de Ober, así que le resultaba difícil impedir que sus hombres obtuvieran buenas puntuaciones aunque conociera sus esquemas.

—Oh, por cierto… —Tras cierta angustia, miró a Ober de nuevo. Su mirada, mezcla de vivacidad y agotamiento, se fijó en él de cerca, cuando dijo—: ¿Cómo sabré que ese caballero es tu regalo para mí? ¿Podré identificarlo si simplemente sigo esperando?

—Lo sabrás naturalmente antes de que comience el torneo.

—¿De verdad? Parece un juego divertido, como las búsquedas del tesoro que hacía cuando era joven.

Marianne puso una expresión emocionada a propósito.

—Esa fue una fantástica metáfora. Si encuentras mi regalo y lo pones en el lugar correcto, ganas.

Considerándola estúpida, Ober le sonrió. Su mirada hacia ella, como si mirara a una niña inmadura, era, de hecho, una trampa definitiva para engañarse a sí mismo.

Pensaba que Marianne era una valiosa rehén a la que podía utilizar. Era como una pieza de ajedrez que nadie se atrevía a tocar a menos que él la empujara primero al centro del tablero. Era como un comodín escondido en su mano desde el principio. Era como una carta ganadora decisiva que, incluso si estuviera en manos de otra persona, él finalmente recuperaría.

—Que la Diosa de la victoria Kader bendiga tu decisión mañana.

Ober disfrutaba plenamente la insensatez de Marianne, pero aún no se daba cuenta del hecho de que la traición de ella siempre estaba implícita en todas las traiciones que él tramaba. Tampoco se daba cuenta de la verdad de que su ignorancia y amor permanecerían inalterados bajo el desprecio y las mentiras.

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