Traducido por Kavaalin
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Ese día, mientras comía mi almuerzo en la cafetería, Banach vino a nuestra mesa. Excepto por mí, Julia, Roland y Michael le sonreían. Les debo respeto por ser capaces de retratar una sonrisa tan pura a pesar de su perversidad. Dios, en realidad no había nada bueno en eso.
—Señorita Banach, ¿qué pasa?
Los ojos de Banach brillaron por la pregunta de Michael, antes de responder vacilante. Seguí leyendo “Dinero de Consolación – Capítulo 20: ¿No es peligroso caer de las escaleras? (POV del Príncipe)”
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Los documentos que mi hija me pidió eran fáciles de preparar.
Ella era alguien que estaba llena de ideas geniales. Era hermosa e inteligente. Convirtió a los plebeyos en sus aliados mientras manipulaba libremente a aristócratas. Por eso, no quiero que ella se case con la casa del Marqués.
A pesar de eso, mi hija también era alguien tan sensata que pensó que sería más rentable para ella hacerlo. Maldije a mi hijo, así como a todo el mundo, el día en que se decidió su compromiso.
Pero, esa hija mía estaba pensando en anular su compromiso. Supongo que no había otra opción más que ayudarla. ¡Sólo quería destruir este contrato de acuerdo matrimonial! Seguí leyendo “Dinero de consolación – Capítulo 19: La firma del documento… (POV del Conde Knocker)”
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Veía seguido a Michael y a Su Alteza juntos en la Academia. Trataba de dar lo mejor de mí para verlos a ambos como un conjunto. Además, últimamente, había dejado de ir a la cafetería, pero hoy decidí echarles un vistazo. Vi que Su Alteza había elegido el menú A, mientras que Michael se había inclinado por el menú B.
También fui capaz de ver como Banach se aproximaba a ellos desde atrás. Estaba tratando de usar el impulso para chocar contra Su Alteza, pero a Michael se le ocurrió rápidamente una idea y tomó en brazos a Su Alteza para evitarlo. Seguidamente, Banach cayó espléndidamente al suelo. Seguí leyendo “Dinero de consolación – Capítulo 18: Michael se muda”
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Mi madre era una plebeya. Y a pesar de eso, ella trabajaba como una sirvienta en el Palacio Real para sobrevivir. A la vez, era bastante conocida debido a su herencia banshee.
Las banshees son criaturas mitológicas que, anuncian la muerte de su señor, a través de su llanto. Pero, también son hadas conocidas por su arduo trabajo al ayudar a sus ocupados señores en el cuidado de los niños.
Debido a esa leyenda, mi madre fue designada como la sirvienta personal de la Reina. Y durante esa época, ella conoció a mi padre.
Mi padre cayó enamorado de ella y la tomó como su esposa. Ya que el parto de la Reina fue cercano al de mi madre, fue seleccionada como la nodriza[1] de los hijos de la Reina. Por lo que yo nunca me sentí solo durante mi infancia ya que crecí junto a Su Alteza. Seguí leyendo “Dinero de consolación – Capítulo 17: Reunión con mi padre (POV de Michael)”
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— ¿Qué es esto?
—Es la profecía.
Le entregué la novela, que traía escondida, al Primer Ministro. Este mostró una reacción normal ante el libro. Seguí leyendo “Dinero de consolación – Capítulo 16: El Primer Ministro también es mi amigo”
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Ese día, un baile estaba siendo llevado a cabo en el castillo. Y con el fin de ver a mi padre, decidí asistir.
Usualmente nunca me molestaría en asistir si no poseía un nuevo vestido y/o joyas que vestir. Ya que sin ninguna nueva mercancía de la que hacer publicidad, era más que probable que no haría ningún acto de presencia en ninguna clase de baile. Esta era una táctica de ventas clásica. Pero, decidí hacer una excepción por esta vez, sólo para poder encontrarme con mi ocupado padre.
Si el baile iba a ser llevado a cabo en el castillo, entonces todos esos poderosos aristócratas estarían obligados a asistir. Mi padre no era la excepción. Seguí leyendo “Dinero de consolación – Capítulo 15: Conseguiré que el Primer Ministro también se involucre”
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Mi nombre es Renard. Soy una estudiante de primer año de la división de plebeyos. Amo la moda y soy bastante conocida por este hecho entre los plebeyos.
Un día, vi los zapatos que calzaba la señorita Knocker de la división de aristócratas, quien también era conocida como la Diosa de hielo y oscuridad, y le hablé impulsivamente. Con una sonrisa digna en su rostro, la señorita Knocker respondió a mi pregunta. Seguí leyendo “Dinero de consolación – Capítulo 14: La persona por la que estaba esperando (POV de Renard)”
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Banach apareció repentinamente desde detrás de mi prometido y miró al Príncipe con ojos brillantes.
—Lo siento por chocar con usted el otro día. Así que es el Príncipe. No me di cuenta…
Mi hermano, el Príncipe y yo, estábamos estupefactos con Banach, quien empezó el evento de su presentación por cuenta propia. Banach comenzó a pronunciar la frase que la Heroína de la novela diría cuando el hijo del Marqués la presentara ante el hijo del Conde y el Príncipe. Seguí leyendo “Dinero de consolación – Capítulo 13: Protegeré a Su Alteza (2)”
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La forma más fácil para mí de proteger a Su Alteza, era haciendo que se quedara junto a mi hermano todo el tiempo.
El personaje de mi hermano en la novela era alguien sumamente posesivo.
Mi corazón se rompe cada vez que te veo hablando con otro hombre, ¿quién sería capaz de decir colosal frase?
Esa es la razón por la que para Banach, quien también tenía en la mira a mi hermano, le sería impensable acercarse a Su Alteza estando mi hermano en los alrededores. Además, por hoy, yo estaba almorzando con ellos. Seguí leyendo “Dinero de consolación – Capítulo 12: Protegeré a Su Alteza (1)”
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Me sentí triste cuando leí la nueva trama de la novela que escribía la señora Mathilda. Y la razón es porque tengo plena confianza en que Julia, nunca en su vida, tendría tan linda reacción en el hipotético caso de que estuviera enamorada de alguien.
No, la real Julia era alguien que siempre pensaba en dinero.
A veces me hacía sentir desorientado porque, a pesar de su adorable rostro, sería realmente difícil que alguien se enamorara de ella si tomamos en consideración su defectuosa personalidad.
— ¡Eso es! ¡Esto venderá! Fufujajajajajaja. Seguí leyendo “Dinero de consolación – Capítulo 11: ¿Puedes comprar ayuda con dinero? (POV del Príncipe)”
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Vi a la hija del Conde llorando en la glorieta, que estaba rodeada de flores en plena floración. Al principio, pensé que alguien había invadido mi lugar para tomar la siesta. En esos momentos, me sentía un poco enfadado dado a que no importó cuánto me esforcé, comparado a lo afectuosa que era mi persona amada con ese hombre, todo había sido para nada.
Coincidentemente en ese tiempo me enteré de que la hija del Conde, quien se encontraba llorando con un rostro inexpresivo en la glorieta, era la ex prometida del hombre que mantenía una afectuosa relación con la persona en lo profundo de mi corazón. Ella estaba pasando por las mismas circunstancias que yo. Y por un capricho, decidí hablarle.
En esa normal glorieta, sentí como si hubiese olvidado cómo hablar, mientras me dirigía a esa chica que lloraba con un rostro inexpresivo. Seguí leyendo “Dinero de consolación – Capítulo 10: Un poco de la novela”
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En ese instante en el que señor Olga estaba arrastrando a Michael, otro vendedor apareció rápidamente y continuó atendiendo a los clientes. Nuestros empleados son verdaderamente maravillosos.
Me volteé para mirar al Príncipe.
— ¿Qué? Seguí leyendo “Dinero de consolación – Capítulo 9: Gracias por su compra”
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Durante el feriado, llevé conmigo el nuevo diseño de zapatos y ropas mientras me dirigía a la fábrica, la cual se ubicaba en la parte posterior de nuestra tienda. Al mismo tiempo, sería capaz de ver cómo les iba.
Después de que despaché silenciosamente al mayordomo y al carruaje, estaba llegando a la tienda a pie cuando divisé a dos personas de la cafetería de la Academia, que previamente me habían dado sugerencias sobre el color de los zapatos, paradas frente a esta.
—Buenos días. Seguí leyendo “Dinero de consolación – Capítulo 8: Bienvenidos a mi tienda”
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Mientras observaba como el Príncipe leía el libro profético, mi hermano me entregó una taza con té.
—Si me hubieses preguntado, podría haberlo hecho por ti.
—Puedo moverme libremente por esta habitación. Aun así, ¿qué es eso? Seguí leyendo “Dinero de consolación – Capítulo 7: No es una trampa”
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Julia me seguía desde detrás. La guié hacia una oficina temporal que había sido preparada para mí. Roland ya se encontraba allí y me saludó sorprendido al ver que la traía conmigo.
—La escena en donde conoce al Príncipe ocurre en el segundo volumen.
Cuando esa chica sacó la novela con ese estúpido título, comencé a pasar las páginas rápidamente. Empecé a temblar a medida que leía. Seguí leyendo “Dinero de consolación – Capítulo 6: Es una profecía, creo (POV del Príncipe)”