Baño de la Diosa – Capítulo 11: Incendio

Traducido por Endgame

Editado por Sakuya

Corregido por Maru


Hecho a medida.

Definitivamente debió de ser hecho a medida.

Mientras miraba el manto azul colgado en el cordel, no podía evitar fruncir el ceño.

El manto que le dio el hombre perdido en el desierto, “El Rey Huuron”, era más grueso de lo esperado. Debido a que en el desierto hace calor de día y frío de noche, esto es algo que debió haber esperado.

De cualquier manera, el manto era ciertamente grueso y nada más, por lo que Izumi no debería de preocuparse.

El bordado estaba decorado de la misma forma  que el paño, y su artesanía era claramente mejor que cualquier cosa que ella hubiera visto. De hecho, había hablado mucho respecto a lo costoso que le había parecido.

Hasta ahora, había recibido dos botellas del más fino licor, tres bolsas de hahanero, e incluso un mapa, por lo que seguramente no era gran cosa recibir un manto que se veía costoso.

Izumi no quiso pensar tanto, después de todo.

El manto era simple y espléndido. Seguramente ella conocería a otra persona la siguiente vez, por lo que que seguramente su destino más próximo, sería ser vendido para obtener fortuna. Aun así, seguía siendo técnicamente el manto del rey de Yohk’Zai. Probablemente al venderlo se ganaría algo de atención. Por lo tanto, parece que sería mejor devolverlo.

Sin embargo, no esperaba volver a verlo. La razón por la que ella no pensaba mucho en que las personas la encontraran desnuda, era, en gran medida, por el hecho de que no los volvería a ver. Ahora ya no estaba tan segura de eso, así que comenzó a preocuparse algo más de su apariencia.

Izumi miró la bolsa de vinilo que se encontraba en la esquina y la colocó dentro su bata de baño recién comprada. Esta vez estaría preparada para cualquier cosa que se presentara en el otro mundo que se conecta a su ventana.

Quizás esta vez podría relajarse más.

Dejando ese problema de lado, mientras sacudía el manto, de manera segura dentro de la secadora, se “rompió” la cabeza pensando en cómo devolverle ese manto al Rey Huuron.

De repente, el grito de “¡Fuego!” se superpuso al sonido de la máquina. ¿Ese grito vino desde su mundo o desde el misterioso mundo al otro lado de la ventana?

Apagando la secadora, sacó el manto y lo colocó en el cordel, después abrió la ventana.

Se conectó con algún lado de una casa que no conocía.

Había unas paredes de ocre algo mugrientas, una cocina aparentemente tallada en piedra y unos acogedores muebles de madera. Además de dos personas con ropa de color blanco.

Ellos aún no se habían dado cuenta de la presencia de Izumi, de hecho solo miraban por la ventana que daba hacia afuera. Tras esa ventana, alrededor de un metro después, se encontraba una ventana de otra casa ubicada de manera diagonal.

Izumi observó cuidadosamente a los dos. Sus brazos eran de un color pardusco, lo que le trajo a la mente la gente del desierto. Pero sus ropas eran completamente diferentes. Su ropa blanca se parecía a un antiguo Kantoui o túnica atada con una correa blanca con un brillo parecido al de la seda. Las dos túnicas iban más allá del trasero, y mientras una llegaba hasta los tobillos, la otra llegaba hasta las rodillas. Por las siluetas, podría decirse que aquel que usaba la túnica hasta las rodillas era hombre, y quien la usaba hasta los tobillos era mujer.

—¿Qué deberíamos hacer kyousui-san? ¡Puede que hayan dejado algún niño atrás! ¡AAHH! ¿Por qué nadie va a salvarlos? ¿Debería llevar agua?

—Sería inútil, con tus habilidades motoras tendríamos que salvarte también a ti. Los soldados llegaran pronto.

—Eso puede ser verdad pero aun así…

El hombre miraba la cara de la chica a su lado. Según lo que podía ver Izumi, él tenía unos ojos amistosos mientras seguía pendiente de lo que ocurría fuera, además de unos llamativos y brillantes pendientes rojos.

Cuando la mujer lo miró de vuelta, ella notó a Izumi.

Sus ojos se agrandaron tanto que parecía que saldrían de sus cuencas.

—¿Eh? ¿Ehh? Umm… ¿¡EHH!?

Ella señaló a Izumi mientras luchaba torpemente para poder decir algo, debido a esto, el hombre también la vio.

—Hola. Umm, quizás ustedes no me crean, pero no soy alguien sospechosa. De todas formas, ¿están teniendo problemas de algún tipo?

—Oh, gracias por presentarte. —Dijo el hombre, mientras hacía una reverencia. Fue una respuesta completamente estándar, mostrando claramente su estado de shock.

Tras eso el hombre corrió rápidamente al lado de Izumi.

—¡La verdad es que tenemos un problema terrible, señora maga!

Izumi no dijo nada, por su experiencia sabía que corregirlos a esta altura  era inútil.

—¡La casa de al lado se está quemando, y puede que aún haya niños dentro! ¡Por favor, préstenos su ayuda!

Izumi estaba en problemas. El hombre respondió de manera tan intensa que, probablemente su próstata llegase a explotar en cualquier momento.

—Ummmmm.

Ella se dio vuelta hacia su baño. La única cosa que miraba que podía ser de ayuda era el manto que se mecía frente a sus ojos. Así que lo agarró, abrió la perilla de su ducha y puso el manto bajo el agua.

—¿Quizás podrías cubrirte tú mismo con esto y salvar a esos niños? Aun así, no intentes lo imposible tampoco.

Izumi forzosamente se guardó el “Porque pareces ser algo lento” lo más profundo posible.

—Oohh, qué confiable. Seguramente con este manto dado por la señorita mágica no tengamos problemas.

Solamente es un paño normal, de lujo…

Izumi no podía ayudar pero se sentía muy nerviosa.

—¡Querido, espera un momento!

Kyousui intentaba parar al hombre, pero él ya vestía el manto y estaba por saltar hacia la ventana. El trató de hacer un salto valiente, pero su pierna se quedó enganchada con el manto haciendo que se golpee con la ventana.

Izumi escuchó claramente el ruido sordo del impacto.

—¡Te dije que era imposible para ti! —le dijo Kyousui, mientras lo miraba inclinándose a la ventana.

Fue en ese momento que Izumi miró un radiante pelo rojo aleteando.

—¡Tomaré prestado este manto! —dijo una voz que llegó a su oído, el tono era bajo y calmado, sin lugar a dudas de una mujer.

¿Quién era exactamente? Izumi no pudo ver.

La mujer se encontraba afuera completamente envuelta en el paño, su pelo rojo fuego que antes tocaba su cadera, fue atado en una sola coleta.

Su piel blanca estaba ligeramente bronceada en un tono oliva, mientras que su aguda ceja, su franja nariz y sus claros ojos azules, daban la imagen de una mujer de un fuerte carácter. Aquellos ojos estuvieron un tiempo mirando a Izumi. De hecho al momento en que se encontraron, Izumi pudo notar asombro en su cara, pero inmediatamente recuperó su compostura.

Envuelta en el manto de Huuron, salió corriendo hacia fuera sin vacilación. No pasó mucho tiempo para que desapareciese en el callejón entre las casas.

—Owowow…—murmuró el hombre mientras se ponía de pie frotando sus caderas.

Desde afuera Izumi podía escuchar gritos que oscilaban entre llantos aterrorizados y vitoreos de alegría.

Humo negro se levantaba desde la casa colindante, mientras las flamas se escuchaban chirriar.

—Querido, apresúrate adentro —gritaba Kyousui.

Su grito trajo a Izumi de vuelta a sus sentidos.

Con prisa salió del baño, tomó cada cubeta y balde que pudo encontrar, y cuando volvió a buscar también se llevó los floreros.

Cuando regresó al baño, Kyousui estaba justo en la verja arrastrando al hombre detrás suyo.

—Vamos a hacer unos relevos de baldes —dijo Izumi.

—¿Eh?

Sin demora Izumi le pasó un balde con agua en sus manos.

—¡Vamos, apúrate! ¡Llévaselo al hombre de afuera!

Antes de llevar el balde, Kyousui no pudo evitar hacerle una reverencia a Izumi.

—¡Querido, es agua, corre!

El hombre estaba distraído, pero tras escuchar la voz de Kyousui, se dio la vuelta rápidamente hacia donde estaba ella.

Recibiendo el balde, tiró el agua hacia la ventana en llamas. Cuando ya estaba terminando, llega Kyousui con un segundo balde, uno tras otro, Izumi agarraba con las dos manos los baldes llenos y se los entregaba a Kyousui, uno tras otro. En el momento en que el hombre terminaba con uno, tenía que intercambiar su balde vacío por uno que traía Kyousui en sus manos. Como medida improvisada hacían un muy buen trabajo.

Cuando una gota de sudor comenzaba a formarse en sus frentes, una ráfaga de viento entró a través de la ventana.

De repente, apareció la chica pelirroja cargando a una persona rodeada por el manto prestado. La misma chica de pronto saltó a través de la ventana, cayendo suavemente en el suelo, dejando también el bulto mientras lo desplegaba del manto azul. Donde apareció un niño de unos cuatro o cinco años de edad. Tenía los ojos rojos, a causa de las lágrimas y miraba preocupadamente alrededor. Aunque trataba de apretar su labios no podía evitar que sus sollozo se escaparan. De todas formas no estaba herido y no había ni una simple quemadura en él.

—Señor, le dejaré este niño a usted. Y señora, ¿podría hacerme un favor y esconderme? Los soldados están por llegar y tengo razones para no dejar que me vean.

Justo después de que ella terminara de hablar, ya había dejado a cargo al niño y saltaba a través de la ventana para entrar a la casa.

Kyousui mostró su consenso buscando las persianas de la ventana.

—Querido, te dejo este niño a ti.

—¿Hm? Umm, ¿ehh? ¡Ah espera Kyousui-san!

La voz del hombre desapareció al cerrar la ventana.

Kyousui sacó un pañuelo mojado para la mujer que se encontraba llena de hollín. Lo aceptó con agradecimientos y comenzó a limpiar sus mejillas y brazos.

Mirándola de cerca, se hacía obvio que las puntas de su cabello y su ceño se encontraban quemados y la parte posterior de su mano derecha comenzaba a ponerse roja.

—Ven aquí —le decía Izumi —Limpiaremos tus manos con agua corriente.

Aunque la mujer inclinó su cabeza en clara señal de confusión, de todas formas hizo caso a la sugerencia.

Mientras ponía el agua helada en la bañera, Izumi tomó la mano de la mujer y la metió bajo el agua.

—Perdón por las molestias —Dijo la mujer mientras le dejaba su mano a Izumi

Fue en ese momento en que la mujer se dio cuenta del manto en su otra mano y no pudo evitar deprimirse.

—Mirando cuidadosamente ¿no es el bordado de este manto asombroso? Es la primera vez que veo un diseño tan elaborado y hermoso. Lo siento señorita, no creo que pueda reembolsar algo así pero, haré lo mejor para intentar recompensarlo.

—No, eso no es nuestro, es de la señorita mágica.

—¿Mágica?

Sometida a las miradas, Izumi no pudo evitar sacudir su cabeza.

—No, bueno, eso no es exactamente mío… Bueno, salvó la vida de un niño así que supongo que el dueño original estará complacido.

—¿De verdad? Genial… —dijo mientras observaba el manto.

Los bordes del mantos estaban carbonizados, el resto estaba sucio con agua y lleno de hollín. Sus intrincados patrones estaban ahora deshilachados y se veían sin posibilidad de reparación

En la otra mano, la hoja envuelta alrededor de su cintura lucía espléndida, su tintura degradada intentaba imitar el cielo de la mañana.

En los ojos de Izumi, esto también podría ser llamado una obra de arte.

No, de hecho la verdadera lástima no era la banda que estaba en su frente…

—Parece que las puntas de tu pelo están quemadas.

El cabello, que era largo hasta la cintura, rojo como la sangre, era obvio para cualquier ojo que había sido muy cuidado.

El manto y la banda de su frente habían sufrido bastante, pero había sido el pelo de la mujer lo que más había lamentado Izumi.

—Volverá a crecer pronto —le sonrió la mujer. Aún cuando había sido casual, su sonrisa parecía el florecer de una hermosa flor.

—Ahora bien, sírvanse ustedes —Anunció Kyousui mientras servía comida y algo para beber —No estoy segura de que esto sea de su gusto, pero por favor, coman.

—Está bien, gracias. Para serte sincera no comí esta mañana —dijo la mujer mientras ponía el manto en el suelo y dirigía la bebida a su boca. Sin demora, su mano continuó hacia el pan de pita que tenía pasta verde encima

—Señorita maga, por favor sírvase usted también, es Naan con pan de Zora.

—Gracias.

Izumi tomó algo de Naan sin reserva.

El pan era crujiente, tostado y tenía pasta verde encima que tenía una textura no muy diferente al sabor del pan con pasta roja. Aún cuando podría ser hecho con un poco más de sal tenía un sabor gentil y liviano

—Muy delicioso —murmuró la pelirroja.

Izumi estaba de acuerdo, pero por alguna razón la mujer tenía una cara de tristeza. Cuando levantó su cabeza encontró a Kyousui frunciendo el ceño.

—Umm. ¿Podría ser usted la princesa Hitow?

—¡¿Ehh?!

Izumi no pudo evitar mirar hacia la pelirroja

—De hecho… yo soy Hitow.

—¿¡Una princesa!?

—¡¡SHH!! Están siento muy ruidosas

Cuando Izumi accidentalmente levantó la voz, Hitow colocó su dedo en los labios de Izumi.

¡Ohhh! Entonces en este mundo también se hace este gesto.

—¿Y qué? Ahh, ¿es por eso que no quieres ser encontrada por esos soldados?

Ahora ella sabía por qué Hitow no quería que gritara, pero cuando lo hizo no sabía de esto.

—Aún no me queda claro por qué, creo.

El franco cuestionamiento de Izumi provocó que la princesa bajara su cabeza silenciosamente.

Su desordenado cabello ocultaba su cara. Lo que hizo que a Izumi le entrara el pánico.

—Um, lo siento mucho, pregunté algo muy personal, pero eso no implica que tengas que responder mi pregunta.

Hitow levantó e hizo un movimiento de negación con su cabeza.

—No, es natural tener preguntas. Creo que no soy merecedora de lo que soy, aun cuando soy de la realeza, de manera vergonzosa provoco molestias en los ciudadanos, mis disculpas.

Su reverencia fue tan perfecta que la gente podría pensar que fue hasta obsesiva.

Para comenzar, Izumi no era ciudadana, así que no había una razón para disculparse. De hecho mientras ella pensaba en como comenzar a explicarse, Hitow siguió hablando.

—Como verán tuve una discusión con algunos de mis oficiales, así que deseaba algo de tiempo a solas y me fuí del palacio para despejar mi cabeza.

Viendo cómo surgía un sentimiento de pena en las agraciadas facciones de la cara de Hitow, Izumi abrió su boca para decir algo, pero volvió a cerrarla momentos después.

Ella se dio cuenta que la piel de la princesa era perfecta, excepto por las bolsas bajo sus ojos.

La chica se veía alrededor de los veinte años. Esa era una edad que venía con sus propios problemas, pero junto a la carga de pertenecer a la realeza deberían tomar toda una nueva escala, ¿cómo Izumi podría aconsejar a alguien así?

El tono del cielo se iba volviendo ligeramente oscuro como si fuese a llover, ese fue el momento donde Kyousui rompió el silencio tímidamente.

—Creo que sería presuntuoso para mi preguntar, pero, puede que la proposición de matrimonio por parte del rey Cornou de Tohji ¿la está atormentando?

Hitow había abierto tremendamente los ojos.

Sus mejillas comenzaron a ruborizarse rápidamente.

—¿Cómo puedes tú…?

—Así como puedes ver, soy una inmigrante, y cuando llegaba a la nación, estaba en shock por lo cercana que era la familia real con los ciudadanos. Todos eran tan acogedores y honestos que no pude sentir la muralla del estatus… Por eso es que están todos tan preocupados. Aun cuando su alteza que ha sido tan tímida y alegre cada vez que escucha del rey Cornou se ha visto triste.

La princesa enterró su cara entre sus piernas.

—¿Todos se dieron cuenta de eso? Qué inmadura he sido.

Con una reacción así, Izumi no pudo evitar mirarla.

—Nuestro encuentro seguramente es cosa del destino, así que cuéntanos cuanto quieras. Creo que podemos ser más francas que tus asesores.

—No puedo entender sobre cosas de política, pero según lo que humildemente puedo ver, podría decir que ese no es el tipo de problemas que tiene su alteza ¿no? Así que en lugar de señores canosos, quizás nosotras dos podríamos ser más de ayuda —agregó Kyousui.

La princesa Hitow levantó su cabeza.

Si intentase no decir nada de sus mejillas, o de sus orejas, aún así sería imposible no decir que estaba completamente roja como un tomate.

—¿Me escucharán? Es patético, me imagino, seguramente estarán decepcionadas.

—Por supuesto que escucharemos.

Las dos intentaron tranquilizarla.

Después de un largo suspiro, la princesa Hitow dijo simplemente tres palabras.

—No puedo comerlo.

—¿Hah?

—¿Qué?

Las dos intentaron sobreponerse.

El corazón de Izumi se preguntaba, si lo que dijo la princesa fue un eufemismo sexual pero parecía no ser el caso.

—¿Qué no puedes comer? ¿Qué cosa no puedes comer? —agregó Kyousui.

—No puedo comer comida de Tohjian.

Izumi estaba algo decepcionada.

—La mayoría de la comida Tohjian incluye coconasso. Y no puedo hacer como si no existiese, osea, tiene sabor a sacarina. Curry, Naan, todo tiene coconasso… Una vez visité Tohji y pude forzarme solamente dos días, mientras ingería bebidas, pero ese fue mi límite. ¿Se puede vivir en Tohji sin comer coconasso? El Rey Cornou estaría estupefacto, así incluso, podría intentar posponer el matrimonio. En este mismo momento, me encuentro en una especie de entrenamiento especial diseñado para forzarme a comerlo, pero parece ser imposible para mi…

—Eso es terrible, supongo…

Es algo infantil el ser quisquilloso con algunas comidas, pero todos tenemos algo en lo que somos malos. Y si ese algo que odias, está en todo lo que comes, seguramente la vida será algo difícil.

Antes Izumi había sido algo incrédula, pero después, imaginó toda su comida llena de hongos shiitake y cambió completamente de opinión.

—¿Podrías preguntarle al resto, si pudieran sacarle el coconasso a tu comida? Seguramente incluso, se demoren menos en servir tu comida.

La princesa  agitó su cabeza.

—El coconasso es especial para el Rey Cornou.

—¿Especial?

—De hecho, hace diez años, Tohji fue golpeada por el hambre. Aún entonces, el coconasso era comido en solo una región de la nación, pero debido al hambre, el rey mandó a difundir su uso y a aumentar su producción, ya que madura rápidamente y es fuerte contra las pestes, además de  proporcionar un alimento espléndido. He oído de los ciudadanos de Tohji, que muchos bebés se salvaron gracias ella. Con un lugar en el corazón de Rey Cornou y sus ciudadanos, ¿cómo podría decir que no pude comerlo?. El Rey Cornou seguramente me odiaría.

Hmmmmm.

Izumi cruzó sus brazos mientras pensaba.

Si no habían comido hasta hace diez años, entonces es posible que esté bien rechazarlo. Pero hablando de un alimento que salvó una nación, rechazarlo podría ser tomado como extravagancia también. ¿El Rey Cornou cómo lo tomaría?

—¿Qué clase de persona es Rey Cornou?

En el momento que Izumi preguntó, la princesa Hitow no pudo evitar suspirar y destellos aparecieron en sus ojos.

—¡Un caballero maravilloso! Es reflexivo y más sabio que nadie, y aun cuando su aspecto es suave, nunca se aleja de nadie ni de nada. Él es estricto consigo mismo y se esfuerza en todo. Siempre lo he admirado.

 —Ya veo.

Como Hitow dijo cada palabra con los puños apretados, Izumi sólo podía asentir rígidamente.

¿Acaso Superman realmente existe?

—Huhuhu.

La risa venía de Kyousui.

¿EH? ¿Era algo para reírse?

Izumi miraba a Kyousui mientras un sudor frío recorría su frente.

—Lo siento. Su Alteza era simplemente adorable, así que…

Escondiendo la boca detrás de una mano, Kyousui sonrió una vez más, dejando a la princesa desconcertada y luego forzando su ceño.

Después de que su sonrisa desapareciera, Kyousui dio a Hitow una mirada cálida, como la de una hermana mayor a su hermana menor.

—Parece que su Alteza se ha enamorado del Rey Cornou.

La princesa se sonrojó otra vez.

—Ah… no, en vez de enamorarme es más como… respeto…

No, definitivamente está enamorada, pensó Izumi.

—A veces, enamorarse de alguien vuelve a una mujer frágil. No quieren ser odiadas y no quieren perderlo, pasan los días pensando en nada más que en el otro. Una vez me pasó así. Entonces, no había nada más aterrador para mí, que la idea de perderlo… aunque supongo que no ha cambiado mucho…

Kyousui sonrió otra vez, pero esta vez no era una sonrisa feliz. En cambio, fue una sonrisa solitaria y como si estuviese recordando algo.

—Debido a algunas circunstancias entre nosotros, no teníamos ninguna otra opción que abandonar nuestro país. Con la cooperación de mi hermano mayor, logramos salir, pero hasta que pasamos las fronteras, ningún día se sentía como si viviera. Incluso cuando llegamos a esta nación, estábamos aterrados de perdernos el uno al otro y pasamos ese día con miedo. Incluso entonces, a menudo decía que en mi patria era audaz como mi hermano, ¿sabes? Pero luego me enamoré de él, y cambié.

Para Izumi, Kyousui parecía que vivía una vida feliz con su desordenado pero buen marido. Al parecer Kyousui había vivido una vida dura. Mientras la vida tormentosa de Kyousui había entristecido a Izumi, al mismo tiempo también la hizo sentir envidia. Después de todo, los miedos  de Kyousui eran testimonio de la fuerza de sus sentimientos por ese hombre.

—Pero, está bien. Enamorarse vuelve débil a una mujer, pero construir ese amor concede fuerza. Y una vez que aquella da a luz,  se convierte en lo más fuerte en el mundo, o eso decía mi hermano a menudo.

Cambió totalmente su humor triste de antes, la expresión de Kyousui era comprensible.

—Después de todo, no serás capaz de vivir si no deja de preocuparse.

—Bueno, es cierto que la energía de las amas de casa en el mercado, incluso me asusta a veces.

Izumi recordó a las mujeres mayores durante las ofertas. La increíble osadía de ellas era ciertamente temible.

—Sé que sonará muy mal si lo digo así, pero por favor sé más descarada. Durante la hambruna, ciertamente no había posibilidad para ser desconsiderada, pero las cosas son diferentes ahora. ¿No es deber de su Alteza, trabajar duro con el rey Cornou para que eso nunca vuelva a suceder?

—Desde el momento en que fui elegida como la compañera del rey Cornou, él pasó problemas tras problemas. Sin embargo, se enfrentó a todos sin dificultades… Yo quería convertirme en su fuerza… pero antes de darme cuenta, ya estaba pensando que no quería que me odiaran.

Poniéndose de pie, la princesa le dio un abrazo a Kyousui.

—Gracias por ser honesta conmigo. Voy a tratar de decirle, aún cuando podría odiarme, pero voy a dar mi mejor esfuerzo.

Bajo el brillante pelo rojo, los ojos de Kyousui se  ampliaron. Finalmente le dio unas palmaditas a la princesa en la parte posterior, casi como una hermana mayor elogiando a su hermana menor.

El estado de ánimo se prestaba para aplaudir, y parecía como si las cosas se solucionaron,  justo cuando Izumi se preguntaba si podría cerrar la ventana, una gran explosión sonó fuera.

La puerta se abrió de golpe y por ella apareció el hombre de antes, el niño que Hitow había salvado y finalmente un extraño grande con una barba larga.

El momento en que la puerta se cerró, el barbudo hombre inclinó la cabeza. Cuando lo hizo, Izumi cogió un vistazo dentro de la canasta en su espalda.

—Princesa Hitow, gracias por salvar la vida de mi hijo.

El niño pequeño se inclinó también.

—Gracias, su Alteza.

Hitow se separó de Kyousui y caminó al lado del niño, se puso en cuclillas hasta estar a la altura de los ojos de él.

—De nada —dijo mientras acariciaba la cabeza del niño, y le sonreía, ya que le hacía cosquillas.

—El fuego se ha acabado, además  no le dije nada a los soldados, ¿está bien? Y él dijo que quería agradecerle no importaba qué, así que lo traje aquí, pero… ¿eso no estuvo bien?

Miró a Kyousui para ver su expresión.

—No, está absolutamente bien.

Al escuchar la respuesta de Kyousui, floreció una sonrisa en su rostro.

—Gracias a Dios. Eres terrible cuando estás enojada, Kyousui.

Ahí todos tenían su propio gusto en parejas románticas, aun cuando ese hombre era poco fiable, era puro. Izumi miraba a la dulce pareja, y sentía como si tendría que aprender una lección respecto a la complejidad del corazón humano.

—Su Alteza saltó al fuego mismo.  ¿Cómo le puedo dar las gracias? Haré todo lo que esté en mi poder.

En respuesta a las palabras sinceras del hombre barbudo, la princesa se volvió hacia Izumi.

—Si usted quiere dar las gracias a alguien, debería darle las gracias a la señorita maga. Ella me prestó su manto, aun cuando es lo suficientemente lujoso como para alimentar a una familia durante un año.

Ella sabía que era caro, pero no que fuese tan caro…

Y si se reuniese con Huuron una tercera vez, ¿qué cosa en la tierra se supone que ella le diga?.

Mientras Izumi oraba para no encontrarse con él otra vez, el hombre barbudo se acercó a ella.

De la canasta en su espalda, él sacó un par de tijeras largas. El mango era bastante largo y de cerca se asemejaba a podadoras de setos.

—Solía utilizar estas cuando era un artesano. Es lo más importante después de mi vida. Se que no se puede comparar a este manto, pero por favor acéptala.

—No, tomar algo tan importante para usted es un poco…

Izumi agitaba sus manos intentando negarse, pero solo causó que el hombre barbudo  frunciera el ceño.

Viendo eso, el esposo de Kyousui repentinamente tomó las tijeras.

—Señor Karasu…

El hombre con barba le dio una mirada de alivio.

Esposo de Kyousui, Karasu, le hizo una reverencia y puso las tijeras ante Izumi.

—Por favor acéptelo. Si rechazas, lo hará sentir incómodo, y la gente que a menudo dice que hará algo sin recibir algo a cambio, suele recibir cosas después de todo.

Aun así, Izumi no estaba segura sobre esto. Pero cuando miró hacia el hombre, se encontró con él y el niño inclinándose hacia ella. Así que, recibió las tijeras. Si eso ayudaba al hombre a estar en paz, ella lo aceptaría.

—Que estén bien.

Después de despedirse de ellos, con las tijeras en la mano, Izumi cerró la ventana.

| Índice |

Un comentario en “Baño de la Diosa – Capítulo 11: Incendio

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *