El emperador y la mujer caballero – Capítulo 192

Traducido por Maru

Editado por Freyna


Lucius I saludó feliz a Pollyanna.

—¿Viniste aquí porque pensaste que tal vez no tendría tiempo para hacerlo yo mismo? Qué persona tan reflexiva eres. Eres la mejor, Sir Pol.

Oh, me siento culpable… En realidad fue Sir Ainno quien me pidió que hiciera esto…

Pollyanna puso una sonrisa brillante y no dijo una palabra. Lucius I continuó.

—Veo que estás admirando los anillos de mis padres. De hecho, iba a usar el anillo de mi madre para proponer matrimonio cuando me case, pero…

Lucius I se acercó a Pollyanna rápidamente y la miró con tristeza, esperando que de alguna manera adivinara cómo se sentía él. Pollyanna asintió, pero por una razón diferente. Ella asumió erróneamente que el emperador estaba molesto porque ya no estaba soltero.

Lucius I jugó con uno de los anillos de su amigo y murmuró:

—Entonces, la cosa es, Sir Pol… Este anillo… —Estaban solos, pero el emperador aún susurró, queriendo que Pollyanna fuera la única que escuchara sus palabras.

Sólo entonces…

—¡Oh, su alteza!

—¿Qué? ¿Su alteza está aquí? ¡Oh, ahí está!

Las señoritas Stra y Tory aparecieron repentinamente de una de las habitaciones juntas. Lucius I escondió rápidamente el anillo de su madre en su bolsillo y se alejó de Pollyanna. Saludó a sus esposas.

—Hola. ¿Qué les trae por aquí, señoras?

—La marquesa Winter nos pidió que nos uniéramos a ella.

—Así es. La señorita Tory también se ofreció a darnos un recorrido por este lugar y explicar la historia detrás de él, así que estábamos disfrutando de nuestro tiempo aquí.

Lucius I asintió con la cabeza.

—Oh… Eso es… Qué amable de tu parte. Y muchas gracias, Sir Pol, por invitar a mis esposas a visitarnos aquí. Qué persona tan amable eres.

Pollyanna negó con la cabeza.

—Para nada, su alteza. De nada.

El emperador se volvió hacia sus esposas y también les agradeció:

—Gracias por visitar el lugar de mis antepasados.

Lucius I estaba a punto de entregarle el anillo de su madre a Pollyanna, pero la repentina aparición de sus esposas arruinó el momento. Jugó torpemente con el anillo en el bolsillo. El anillo era tan pequeño que solo le habría quedado en el meñique de Pollyanna, pero el emperador aún quería que ella lo tuviera.

♦ ♦ ♦

Después de completar gran parte de sus trabajos, Lucius I comenzó a enfocarse en la caza. Era costumbre crear la fiesta del Día Nacional con lo capturado durante las cacerías, por lo que los hombres se sentían presionados. Aquellos que no tenían éxito a menudo eran ridiculizados durante meses, por lo que todos estaban decididos a dar lo mejor de sí mismos.

Pollyanna se agarró la frente y murmuró:

—¡Maldita sea! —Le estaba dando dolor de cabeza por su situación actual. Sir Ainno y sus guardias de la Primera División, que se suponía que custodiaban al emperador, desaparecieron en el bosque para cazar—. Abandonaron sus posiciones y simplemente se fueron! ¡¿Cómo pudieron?!

Sir Mahogal respondió con calma:

—Sir Pol, no te preocupes por eso. Va a estar bien.

—Sir Mahogal… lamento que hayas tenido que cargar con este trabajo.

Pollyanna era el jefe de la Segunda División, mientras que Sir Mahogal era el segundo de la Primera División. Esto hizo que Pollyanna ocupara un lugar más alto que Sir Mahogal, pero aun así lo trataba con gran respeto. Era porque solía tener un rango más alto que ella durante mucho tiempo durante la guerra, y a Pollyanna también le gustaba mucho. Él la ayudó mucho en el pasado, por lo que sentía una gran admiración por él.

Sir Mahogal sonrió y respondió:

—Bueno, ya me voy. Gracias y buena suerte.

—¿Perdón? ¿Sir Mahogal? ¿De qué estás hablando? ¿Sir Mahogal? ¡¿Adónde vas?!

Sir Mahogal, que era un acreiano de pies a cabeza, corrió hacia el bosque para alcanzar a los otros hombres. Pollyanna levantó el puño con enojo tras él, pero fue inútil.

Todos los de Primera División, que eran originarios de Acreia, se habían ido. Los únicos que quedaron fueron la Segunda División y los guardias personales del duque. Los de segunda se quedaron porque temían lo que les haría Pollyanna si abandonaban sus puestos.

—¡Prometieron que se turnarían para cazar! —gritó ella enfadada.

—Sir Pol, no se puede evitar. Todos querrían ser los primeros en irse porque los animales se esconderán rápidamente. Siempre es más ventajoso cazar al principio —explicó uno de sus guardias.

—Así es, jefa, mantendremos este lugar seguro, así que debe ir y unirse a ellos. ¡Estoy seguro de que atrapará algo hoy! Has estado practicando tu tiro con arco muy duro —intervino otro guardia.

¡Ciertamente no podía irse como los demás! Si lo hiciera, los guardias que se quedaron aquí no tendrían ninguna guía. ¡Pollyanna no podía creer cómo Sir Ainno, Sir Mahogal y muchos de los escoltas de Primera División podían dejar sus puestos así porque querían cazar!

—¡Es todo por Sir Ainno! —refunfuño Pollyanna—. Él es el jefe, lo que significa que debería haber sido un buen ejemplo. ¡No culpo a sus hombres por irse ya que solo estaban siguiendo su movimiento!

—En realidad, es un poco extraño, sir Pol. Es muy impropio de Sir Ainno irse así…

Los guardias de Pollyanna parecían confundidos. Era cierto que a Sir Ainno le encantaba cazar, pero no abandonaría su deber de esa manera. Si estuviera desesperado por cazar, habría ido junto al emperador para poder cazar y proteger a Lucius I al mismo tiempo.

Pero hoy, Sir Ainno fue en la dirección opuesta a donde planeaba ir el emperador. Además de eso, impidió que alguien fuera en la misma dirección que él, declarando que quería cazar solo.

Al final, los que quedaron fueron Pollyanna, las dos esposas del emperador, y algunos guardias. Pollyanna se sintió preocupada por la situación actual. Lucius I, como emperador, debería haber sido más cauteloso, pero también le encantaba cazar. Cabalgó emocionado y nadie pudo detenerlo. Pollyanna consideró seguirlo para protegerlo, pero se quedó atrás debido a las damas.

Cuando la señorita Stra pidió unirse a la cacería, todos se sorprendieron al escuchar su solicitud. La forma en que cazaban los acreianos era muy diferente de cómo se hacía en su reino, y parecía que la señorita Stra no estaba al tanto de esto. Como no podía ser la única dama en la caza, la señorita Tory se ofreció a acompañarla.

La señorita Stra, ahora confundida y sorprendida cuando la mayoría de los hombres se fueron, murmuró:

—Tal vez no deberíamos haber venido…

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