El emperador y la mujer caballero – Capítulo 268

Traducido por Maru

Editado por Freyna


—¿Cómo podré pagar por un crimen así? —dijo Pollyanna. Parecía decidida a arreglar esta situación de una forma u otra. Pollyanna estaba dispuesta a apuñalarse con su propia espada si era necesario. Para empezar, tenía tendencias suicidas, así que todo lo que necesitaba era una orden.

Lucius I comenzó a concentrarse en detenerla.

—No has hecho nada malo, sir Pol. Nada en absoluto. Claramente, todo es culpa mía.

—¡No, su alteza! ¡Todo esto es mi culpa! Si no hubiera traído ese maldito barril de alcohol… Si no me emborrachara tanto… ¡no habría cometido el atroz crimen de aprovecharme de usted!

—Pero escúchame. No hay pruebas de que haya hecho lo que crees, sir Pol. Estoy seguro de que fui yo quien se aprovechó de ti.

—¡Su Alteza! ¡Una vez me dijo que preferiría dormir con una puta sucia que con una mujer fea como yo! Quería decir lo que dijo y nunca he olvidado sus palabras. Entonces, para que yo le haga algo como esto… he roto su confianza en mí…

Lucius I cerró la boca. No recordaba las palabras exactamente, pero era obvio que Pollyanna sí.

Dios, ¿todavía lo recuerda? ¿Ha estado pensando en eso hasta ahora? ¡Maldita sea! ¿Por qué no puede olvidarse de cosas así…?

Si pudiera retroceder en el tiempo, querría golpearse a sí mismo y golpearse en la boca. ¡Si tan solo supiera en ese momento lo importante que sería esta mujer en su vida! Si hubiera sabido que se enamoraría de esta mujer en diez años, ¡lo habría abordado de manera diferente!

Por alguna razón, había tantas cosas por las que el emperador necesitaba disculparse cuando se trataba de Pollyanna. ¿Era este el destino? ¿Significaba esto que estaban destinados a serlo?

Lucius I se estremeció, sintiendo que su cuerpo se enfriaba. No podía retractarse de lo que dijo en el pasado. Si le decía ahora que era hermosa, Pollyanna no le creería.

—¡Su alteza! —continuó Pollyanna—. ¡Sé muy bien que nunca me verá como una mujer a menos que todas las demás mujeres de este mundo mueran! ¡Esa es la verdad! Además, ¡prefiere bellezas frágiles que una mujer robusta como yo! ¡Yo sé esto! Entonces, ¿cómo me atrevo a aprovecharme de usted? ¡Debo haber perdido la cabeza…!

Continuó y no había forma de que Lucius I la detuviera. El emperador se preguntó qué pasaría si le confesaba su amor por ella en este momento y le pedía que se casara con él.

No iba a funcionar.

La autoestima de Pollyanna ya estaba por los suelos por culpa de ese buscador de oro bastardo. Ella nunca creería sus palabras en este momento. El emperador sabía que Pollyanna pensaría que estaba proponiendo matrimonio solo porque durmieron juntos y él estaba tratando de ser responsable. Incluso podría pensar que él la compadecía.

—Escucha, sir Pol —dijo el emperador—. Yo era muy joven en ese momento. Me equivoqué. Quiero decir, eres muy linda y bonita. Me gusta la forma en que te ves. Para mí, te ves muy hermosa.

Pollyanna negó con la cabeza enfáticamente. Ella ya tomó una decisión y se negó a escucharlo. Pollyanna creía firmemente que era ella quien se aprovechaba del emperador anoche.

—En la ley militar, violar a otro miembro del ejército se considera un delito grave —respondió Pollyanna—. Si un caballero se acuesta con la dama a la que sirve, pierde su título y es exiliado a una tierra extranjera…

—¡Pollyanna, sal de ahí! ¡No tiene ningún sentido! En primer lugar, este continente es un solo reino, lo que significa que no hay “tierra extranjera”. Además, ¡este ya no es tiempo de guerra! Así que…

Lucius I descubrió de repente una solución a esta situación. No era un gran plan, pero pensó que podría ser el mejor que tiene. El emperador continuó:

—¿Recuerdas lo que te dije antes? ¡Te dije que, si causas algún problema estando borracha, yo me ocuparé! ¡Te lo dije muchas veces! ¡Y ahora, es hora de que haga esto por ti! ¡Yo lo arreglare! ¡Me ocuparé de esta situación!

Pollyanna no pudo entender ni aceptar la oferta del emperador. Para ella, esta situación tuvo una clara víctima y agresor. Entonces, ¿cómo podía decir que él, la víctima, asumiría la responsabilidad? No tiene sentido. No siguió la ley de ningún reino. Ciertamente, no siguió la ley de Acre.

—¡Definitivamente no, su alteza!

—¡Sir Pol! ¡Necesitas calmarte! ¡Ambos!

Pollyanna al menos estuvo de acuerdo con sus últimas palabras. Era cierto que necesitaban mantenerse tranquilos y pensar con claridad. Hizo todo lo posible, a pesar de que su corazón estaba acelerado y su respiración era irregular. Pollyanna inspiró y espiró profundamente para calmarse, pero eso solo la hizo sentir aún más emocional.

—¡Su alteza! ¡No creo que deba ser perdonada!

—Sir Pol, te estoy diciendo que sí, así que ¿por qué sigue tratando de castigarte de esa manera? ¡Te digo que estoy bien!

—Pero incluso si me perdona… ¡No cambia el hecho de que he cometido un crimen! ¡Su perdón aún no hará que todo esté bien!

—¡Pero te lo estoy diciendo! ¡Sir Pol! ¡Te perdono!

La situación se estaba saliendo de control ahora. Ninguno de los dos estaba en su sano juicio, y Lucius I continuó balbuceando. Estaba tan desesperado que terminó soltando la verdad.

—¡Sir Pol! ¡Todo está bien! ¡Está bien porque probablemente me gustó! ¡Estoy seguro de que lo disfruté!

—¡Eso no puede ser! ¡Te obligué, alteza…!

—¡Todos los hombres disfrutan de estas cosas!

—¡Eso no es cierto! ¡Donau me dijo que no siempre es bueno para los hombres!

El hermano adoptivo de Pollyanna era un joven sobresaliente y adecuado. Conocerlo le permitió a Pollyanna creer que no todos los hombres eran esclavos de la lujuria. Había conocido a muchos hombres que no podían controlar su deseo sexual, pero hubo excepciones en este mundo.

Lucius I no pudo discutir con ella. Si le decía que estaba equivocada, significaba que estaba diciendo que todos los hombres de este mundo eran esclavos de su lujuria. Él era el emperador de todo este reino y un hombre él mismo, y como tal, no podía hacer tal afirmación.

Entonces, al final, el emperador no tuvo más remedio que reclamarlo solo para él.

—¡Yo soy así!

La situación se estaba volviendo más extraña. La “víctima” afirmaba que le gustaba ser “utilizado”, mientras que el “atacante” rechazaba la idea. Al final, a Lucius I se le ocurrió una prueba lógica.

—Mira nuestros cuerpos, sir Pol. ¿Parece que solo lo hicimos una vez?

Pollyanna pensó por un momento. Ella hizo lo que le pidió y examinó sus cuerpos. Lentamente, se dio cuenta de que el emperador tenía algún sentido.

—¿Ves, Pol? Tienes que admitir que claramente lo hemos hecho más de una vez. Quiero decir, parece que lo hemos hecho al menos tres veces…


Maru
Me río pero quiero que solucionen el malentendido o traerá problemas jajaja. Cuánta fogosidad.
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