Matrimonio depredador – Capítulo 35: El rey es como un niño

Traducido por Yonile

Editado por Meli


Leah esbozó una sonrisa tensa. Encontró adorable que Melissa haya cambiado la forma en que solía llamarlos: de bárbaros a kurkanos.

Sabía que incluso cuando tenía una excusa, con las negociaciones del tratado de paz, no podía limitarse a quedarse en el palacio, necesitaba reunir información, así que, a través del conde Valtein enviaba y recibía noticias Entre ellas, Laurent del Ministerio de Finanzas, le informó que estaba listo para proponer un nuevo plan de reforma tributaria en la próxima reunión del Gabinete.

Estaba claro que los nobles, liderados por Byung Gyongbaek, protestarían ferozmente. Por eso pretendía combinar el tratado de paz con el plan de reforma y así disminuir la influencia de éste.

Leah y la condesa Melissa estaban hablando sobre el tratado de paz cuando una doncella entró en la oficina y anunció la llegada de un artículo.

—Parece que Byun Gyongbaek envió otro regalo. —La condesa Melissa murmuró irritada y salió de la habitación.

Leah, que se quedó sola, fue a mirar por las ventanas. Sintió curiosidad por el nardo en el jardín. Todas las noches, las atractivas flores estarían en plena floración.

Leah pensó en él, se dio cuenta de que hacía algún tiempo que no lo veía. Pero sabía que este era el paso correcto en la relación entre ellos. Era natural que no se viesen en ninguna circunstancia aparte de las reuniones públicas.

Continuó mirando a la ventana en silencio, pero no tenía el lujo de estar absorta en sus pensamientos sin sentido cuando tenía una pila de documentos en su escritorio.

—¡Princesa….! —La condesa Melissa entró a la habitación con algo en sus manos.

Era un ramo de nardos, todos cortados pulcramente y atados con cintas blancas a juego. Tan pronto como llamaron su atención, descubrió que no podía apartar la mirada de ellos.

La condesa colocó el ramo en su escritorio y sacó algo de debajo y se lo entregó a Leah.

Era un vestido estilo Kurkan hecho de seda morada con estampados de colores.

Leah silenció su grito con la mano cuando leyó la nota en el regalo: “¿Estás bien? Ha sido difícil encontrarnos.”

Estaba escrito en el idioma continental, los trazos de las letras parecían torcidos y ásperos. El mensaje era suave y las palabras parecían garabatos de un niño, pero se encontró sonriendo. Podía imaginarse las espesas cejas de Ishakan cruzadas mientras sostenía tinta y papel en sus grandes manos, tratando con todas sus fuerzas de garabatear letras comprensibles.

Consciente de que alguien podría ver su reacción, corrigió su expresión. Sin embargo, era demasiado tarde, porque ya había captado la mirada de las sirvientas que la rodeaban quienes fingieron no haber notado nada. Salvo la baronesa Cinael, quien hizo un escándalo con la tela.

—¡Ay Dios mío! ¡Es un vestido de seda morada! La seda púrpura de las túnicas que usaban los bárbaros en ese momento era tan hermosa que todos los nobles hablaban de ella… Todos han estado buscando lo mismo. —jadeó con obvia envidia.

Incluso preguntó si podía tocar el vestido solo una vez, con los labios abiertos de anticipación, casi como si fuera a terminar babeando. Solo recuperó los sentidos cuando la condesa Melissa le lanzó una mirada de reojo acompañada de un ceño fruncido.

Leah solo recibió la nota y las flores y le devolvió el vestido a la condesa Melissa, no podía permitirse el lujo de aceptar algo tan caro. Especialmente con la negociación en curso, se parecería demasiado a un soborno.

—Por favor devuelva el vestido.

—¡Princesa! —La baronesa Cinael golpeó el suelo con los pies, obviamente indignada por su decisión.

—Pero princesa, el mensajero que trajo el regalo dijo que si alguno de los regalos era devuelto… —Tragó saliva por los nervios—. El rey no asistiría más a los banquetes.

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