Solo soy la hija “normal” de un duque – Capítulo 43: Mi amiga (Punto de vista de Sui)

Traducido por Lugiia

Editado por Yonile


Nací de la unión entre un elfo y un espíritu de la naturaleza. Mi padre era un elfo y mi madre un espíritu. Mi padre falleció hace mucho tiempo, así que no lo recuerdo bien. ¿Mi madre? De cierta forma, murió también…

La aldea me consideraba una molestia ya que no les gustaban los herejes. Creo que me hostigaron porque, muchas veces, los de raza mixta deformaban sus poderes. Sin embargo, no me callé ante su acoso.

Me llamaron asqueroso. El cabello rubio, las orejas puntiagudas y los ojos verdes son rasgos distintivos de los elfos. Por lo tanto, no hay elfos con cabello verde como el mío. Incluso yo mismo encuentro este color desagradable.

En medio de eso, descubrí a una niña extraña. Aunque ella tenía dos almas, era muy hermosa. Decidí jugarle una broma, pero no se la tomó como tal.

En cambio, parecía estar en problemas debido a mí mientras me preguntaba qué quería lograr.

Al verla en problemas, me di cuenta que, en realidad, quería hacerla feliz. Sabiendo que nunca me daría uno, le exigí un nombre.

—Claroh. Eresh tan hermoso como un jade, ¿qué tal Sui?

Aquella niña dijo sin malicia alguna que el color de mi cabello, el cual yo odiaba tanto, era hermoso. Además, me dio un nombre.

Me convertí en Sui y le di mi protección.

Dentro de la chica, había una beneficiaria, una muy peculiar a la que no le desagradan los herejes.

Cuando Hal confesó que era un hereje, ella solo dijo:

—No lo comprendo del todo, pero Hal es Hal. ¿No está bien ser un poco diferente? Además, la magia combinada sería demasiado difícil de otra manera, así que estoy agradecida. Gracias, por encontrarme y darme tu protección.

Simplemente sonrió y le dio las gracias. No se pudo evitar que Hal comenzara a llorar. Por lo general, nadie le hablaría así.

Después de eso, tuve un poco de miedo de que mis mentiras fueran expuestas. Aunque soy un hereje, mis poderes son más fuertes que los de un espíritu ordinario. No podía decirle la verdad a una niña que creía que era un espíritu normal. Me asustaba exponer mi forma que no era de elfo ni de espíritu, pero tenía curiosidad por lo que diría, así que se la mostré.

—Ohh, un niño bonito. ¿Eh? Tu pronunciación es normal, ¿no?

Como si fuera algo normal, me elogió. Más bien, me pareció extraño que estuviera más centrada en algo tan irrelevante como mi pronunciación.

—Siento haberte engañado.

Aunque dije eso, todavía no le había dicho toda la verdad.

—¿Qué? No lo haces a propósito y yo soy igual, ¿no? No creo que estés fingiendo tus apariencias para engañarme, así que no te preocupes —respondió a mis palabras.

Me alegré mucho al saber que confiaba en mí. Después de responderle, me apoyé en su hombro. A pesar de estar en uno de sus sueños, me pareció que era una persona muy cálida.

Después de eso, le regalé una Magchelia en su cumpleaños. No deseaba que muriera. Le pedí a la Magchelia que la protegiera cada día. Y así, día tras día, la cuidé con esmero. Gracias a eso, la maldición de la daga que estaba clavada en la garganta del dragón pudo ser repelida. Me sentí un poco orgulloso de mí mismo.

Ese medio espíritu de dragón…, Kou, también se encariñó rápidamente con Rosarin.

Creí que Rosarin me aceptaría aunque le dijera la verdad, pero como carecía de valor, el tiempo pasó y seguí sin decirle.

Después de tres años, Rosarin se dirigió a la aldea de los Elfos. Desde que le pedí al viejo que me hiciera los pendientes, no había visitado la aldea…

Los aldeanos me consideraban una molestia, como siempre, pero Rosarin siguió siendo la misma. Además, ignoraba las palabras de su entorno.

Mi amiga dijo que los que muestran desprecio por mí son sus enemigos. Nadie me dijo tal cosa antes.

Hal es mi amigo, pero, a diferencia de mí, se llevaba bien con los aldeanos. Era aceptado por ellos. Además, de alguna manera hizo que incluso se preocuparan por él.

Yo era culpable de muchas travesuras, así que no me decían nada más que una refutación.

Mientras decía que era lindo, Rosarin parecía feliz comiendo cosas deliciosas. Mientras la miraba sonreír, mi corazón se apretó.

Fue algo inesperado escuchar que Rosarin me observaba con detenimiento. Más bien, me dio mucha vergüenza oírla decir eso. No pensé que incluso mis sentimientos de querer ser mimado fueran descubiertos por ella.

Gracias a Rosarin, los aldeanos comenzaron a entenderme un poco. Y, por primera vez, se disculparon sinceramente conmigo.

No le diré esto a Rosarin, pero la quiero mucho. No soy la bestia sagrada, pero ahora que ella ha recibido mi protección, quiero hacerla feliz.

Pensando en dar lo mejor de mí mañana también, abracé la felicidad que sentí, después de mucho tiempo, en la casa del viejo y me quedé dormido.

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