Una Verdadera Estrella – Volumen 4 – Capítulo 46: Fiesta de cumpleaños (2)

Traducido por Shisai

Editado por Sakuya


—Ruth, el doctor Harvey dijo que bebiera menos vino.

Una joven de unos veinte años se acercó poco después de que Harvey se marchara.

La mayoría de los invitados a la fiesta eran jóvenes, y no prestaron mucha atención a la anciana que apareció de repente. La mayoría se limitó a echar una mirada curiosa antes de volver a su propia diversión.

—Hoy es el cumpleaños de Gino. En un día tan feliz, debo beber algo, y es vino tinto. No me hará daño. No seas tan regañona, querida. Siempre dicen que regaño, pero mírate; eres mucho más regañona que yo —dijo la anciana, poco dispuesta a dejar su copa de vino.

La chica pareció enfadarse un poco y se adelantó para arrebatársela.

—No, dame el vino, Ruth.

—¡El doctor Harvey no me lo ha impedido!

La anciana, bastante animosa para su edad, estaba claro que no cedería fácilmente. Pero justo cuando discutían, la copa de cristal se estrelló contra una mesa cercana y se hizo añicos, produciendo un sonido crujiente acompañado de un líquido rojo deslumbrante.

Los fragmentos de cristal cortaron la palma de la mano de la anciana y de la herida empezó a manar sangre.

La muchacha parecía sorprendida por la escena y se quedó de pie, indefensa, sin saber qué hacer.

Otros jóvenes observaban con curiosidad desde lejos o cuchicheaban sobre la procedencia de la anciana y cómo se había metido en la fiesta. Algunos gritaron que buscaran ayuda rápidamente, pero, evidentemente, los invitados no tenían ni idea de dónde estaban los médicos del barco o incluso de si había alguno.

Al fin y al cabo, no era más que una anciana de aspecto corriente cubierta de sangre, y no muchos estaban dispuestos a meterse en líos.

—Parece que estás herida, Ruth —un joven de pelo negro surgió de entre la multitud, pronunciando el nombre de la anciana mientras se acercaba a su lado.

—Sí, sólo quería un trago.

La anciana no parecía asustada; se limitó a mirar al joven, el cual se arrodilló a su lado sin vacilar y se arrancó un trozo de su camisa limpia y de buena calidad.

—Ese vino debe de saber muy bien.

Sin seguir dándole vueltas a la herida, Tang Feng charló con la mujer para distraer su atención.

Afortunadamente, después de haber estado enfermo en su otra vida, hablaba a menudo con médicos y enfermeras y había aprendido algunos primeros auxilios básicos. Revisó la palma de la mano de la anciana en busca de fragmentos de cristal y, por suerte, sólo se trataba de una herida punzante en la que no quedaban pequeños fragmentos.

—Está bien, pero no es ni de lejos tan bueno como mi alijo privado. La próxima vez, te invito a una copa, pero que no se entere Gino; es un chico amable y filial.

Al hablar de Gino, la mujer parecía bastante contenta, desviando rápidamente la atención de su herida.

—Ruth debe de ser la abuela de Gino. Ambos comparten personalidades similares, francos y muy adorables —dijo Tang Feng con una sonrisa, envolviendo la palma de la mano con un paño. Supuso que Harvey volvería pronto, y que detener la hemorragia era la prioridad.

—Pensé que era obvio, pero está claro que la mayoría de la gente, excepto tú, es un poco lenta. Eres un joven inteligente; veré tus películas, —añadió Ruth—. Espero que sepas actuar mejor que Gino, o me decepcionarás.

—Las películas que protagonizo son un poco intensas, jaja —Tang Feng terminó de envolver la palma de la mano de Ruth y le hizo un lazo; era una pequeña costumbre que arrastraba de su vida anterior.

No por ninguna razón, sólo pensando que era divertido y lindo.

—Me gustan las películas intensas. No asumas que soy demasiado mayor para beber o ver películas emocionantes. ¿Debería esperar tranquilamente a morir? Odio ese tipo de vida.

Ruth parecía estar disfrutando de la conversación con Tang Feng, claramente habiéndose olvidado de su herida hasta que Gino se apresuró a acercarse, todavía agarraba al actor y lucía reacia a soltarlo.

—Abuela, dios mío, estás herida —Al ver la sangre en su mano, Gino se acercó corriendo presa del pánico, gritando—: ¡Doctor Harvey!

—No grites así; asustarás a los demás invitados. Estoy bien, de verdad —dijo Ruth, aunque sonrió feliz al ver a su nieto tan preocupado por ella.

El doctor no tardó en acercarse y, naturalmente, se percató de la herida de Ruth, ya vendada, y sus ojos se abrieron de par en par por la sorpresa. Reprimiendo su asombro, trató de calmar a Gino.

—No es nada grave. La herida ya está vendada. Sólo tienes que aplicarle un poco de medicina y vendarla de nuevo cuando llegues a casa.

La reverencia familiar y la forma en que estaba vendada la herida hicieron que Harvey sintiera momentáneamente como si Fiennes siguiera vivo. ¿Era realmente una coincidencia?

—¿Quién vendó la herida? —preguntó.

—¿No está bien vendada? —Gino se apresuró a comprobar la herida de su abuela, sólo para descubrir que la tela utilizada para el vendaje era claramente arrancada de la ropa de otra persona.

—No, no, no, está muy bien vendada —se apresuró a explicar Harvey—. Gino, creo que deberías darle las gracias.

—No hace falta ser educado —dijo con una sonrisa Tang Feng, quien había sido ignorado hasta entonces.

Sólo entonces Gino y Harvey se dieron cuenta de que la ropa oscura del hombre estaba salpicada de sangre y que su camisa también estaba rota.

—Dios mío, gracias, Tang Feng —dijo Gino, dando un paso adelante disculpándose. Se sentía un poco incómodo por haberlo ignorado, especialmente porque era quien había ayudado a vendar la herida de su abuela.

—Muy bien, no pierdan tiempo aquí —instó Tang Feng, empujando a Gino hacia delante como si le urgiera a marcharse—. Date prisa y lleva a Ruth abajo para tratar su herida como es debido. Sólo he hecho un vendaje casual; hay que limpiar la herida inmediatamente para evitar infecciones.

—De acuerdo, iré a buscarte más tarde —Gino sabía que había una prioridad en el manejo de las cosas. Aunque estaba agradecido con su amigo, lo más importante era bajar a su abuela para que le hicieran un vendaje adecuado.

Al ver la conmoción no muy lejos, Lu Tian Chen se acercó rápidamente. Se colocó junto a Tang Feng, mirando la sangre en las manos y la ropa del hombre, y dijo: —Vamos a lavarnos.

—De acuerdo.

Caminando junto a Lu Tian Chen, Tang Feng no se dio cuenta de la mirada curiosa que el doctor Harvey le lanzó.

Esa mirada estaba llena de confusión y profunda curiosidad.

♦ ♦ ♦

La repentina lesión de Ruth en la fiesta no fue más que un pequeño episodio que no desanimó a los invitados. Afortunadamente, la herida no era grave, lo que permitió a Gino relajarse un poco.

—Abuela, ¿por qué no me avisaste de que venías? —preguntó Gino, sentado junto a Ruth en la habitación del barco. El doctor Harvey acababa de vendar de nuevo la herida.

—¿Avisarte? No, sólo quería darte una sorpresa —dijo la mujer, levantando la mano herida—. ¡Sorpresa!

Gino se quedó sin palabras y abrió los brazos para abrazar a su encantadora abuela.

—Eso fue un susto, no una sorpresa.

—Estoy bien; tu alboroto me hace sentir como si estuviera a punto de morir —Ruth le dio un pequeño golpe con la mano, indicando que estaba bien, pero luego añadió—: Tráeme un vaso de vino.

—¡Abuela! —Gino suspiró impotente—. Sólo medio vaso.

—Está bien, es mejor que nada.

Tras abrazar de nuevo a la anciana, Gino le sirvió medio vaso de vino tinto.

—Se hace tarde; deberías dormir.

—Gino —gritó Ruth.

—¿Mm?

—Búscame alguna película para ver. He oído que esa estrella llamada Tang Feng está en una película muy intensa —recordó lo que el joven había dicho durante su conversación anterior.

Gino se rió.

—¿No será demasiado intensa? Yo le besé en la película.

—Vaya, eso suena interesante —Ruth levantó las cejas, pareciendo emocionada.

El actor rió entre dientes.

—No hay problema, pero temo que mi padre me mate si se entera.

—¿Se atreve? —se burló Ruth, levantando la barbilla.

—Ahora mismo voy por el DVD.

Gino salió del dormitorio en busca de una copia de «El callejón de Satanás», que se alegró de haber traído. Al salir, encontró al doctor Harvey de pie en el pasillo, ensimismado.

—Doctor Harvey, ¿qué ocurre? Gracias por lo de hoy; me alegro de que haya estado aquí.

—Deberías agradecérselo a Tang Feng; trató la herida rápida y correctamente, evitando que la herida de Ruth se infectara. Estamos junto al océano, y las infecciones podrían ser problemáticas; carecemos de muchos suministros médicos.

Harvey se quedó pensando en el tratamiento de la herida por parte de Tang Feng. ¿Era realmente una coincidencia?

—Sí, debería agradecérselo —suspiró Gino, con una sonrisa en los ojos—. Es estupendo tener amigos como tú.

Amigos…

Sí, amigos…

Harvey sacudió la cabeza. Tal vez fuera sólo una coincidencia, después de todo; no es que sólo Fiennes tuviese el hábito de hacer un lazo mientras vendaba heridas, aunque se dio cuenta de que la forma en que estaba atado era exactamente la misma que él le había enseñado a Fiennes.

Y la primera vez que vio a Tang Feng fue delante de la tumba de Fiennes, junto con un ramo de rosas de color rojo fuego.

Shisai
Al final eran solo amigos, así que no debería seguir dando vueltas con el tema y seguir adelante.

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