Una vez más en la luz – Capítulo 1: En la oscuridad

Traducido por Den

Editado por Damian


No entraba ni un solo rayo de luz dentro de esta celda en esta prisión subterránea. Incluso entrecerrando los ojos seguía sin conseguir ver algo.

¿Cuándo traerán la comida hoy…?

Era lo que pensaba, mientras humedecía con la lengua mis labios secos.

Una rebanada de pan y un vaso de agua, eso era todo lo que repartían una vez al día. Y yo esperaba y aguardaba ese momento como un perro adiestrado. Porque ese era el único estímulo que podía conseguir aquí.

¿Qué será de mí? 

Me mordí los labios, preocupada. A pesar de ser la cuarta princesa, me encerraron en esta mazmorra sin protección y juicio adecuado alguno.

En este momento, solo pensaba en el incidente que ocurrió hace unos días y el cual me llevó hasta esta celda sombría, donde estaba enloqueciendo por la soledad y el aburrimiento.

Ese día, el cielo estaba azul y la luz del sol era cálida. Las flores, que se abrían bellamente, y los árboles verdosos eran demasiado hermosos para contemplarlos sola. Así que, después de mucho tiempo, invité a Marianne a tomar el té en el jardín.

Fue así que esa niña vino de visita al palacio real y conversó conmigo. Me contó historias riendo alegremente, mientras yo le respondía gratamente.

Fue un momento divertido. Nada diferente de lo habitual.

Entonces, de repente se desmayó, vomitando sangre. El mantel blanco de la mesa se tiñó de un rojo escarlata.

—¿M-Marianne…? —pregunté sin comprender mientras la miraba fijamente.

Es como si estuviese en un sueño.

Ella me observó con intensidad. La sangre carmesí fluía por su boca y le temblaban las manos.

—Hermana mayor… —respondió, para luego cerrar los ojos.

Permanecí de pie, aún sin saber qué sucedía, pero los caballeros me alejaron rápidamente de ella. La gente se apresuró a decir que intenté envenenar a Marianne.

Mi padre, su majestad el emperador, la quería mucho y actuó tan rápido como le permitió su amor por ella. Siendo así que me encerró en esta celda aislada del calabozo, sin investigar las circunstancias previas o posteriores.

Fue la primera vez que agradecí no haber sido torturada por ser un miembro de la familia imperial. Sin embargo, la soledad, el silencio y la oscuridad parecían consumir todo mi cuerpo.

Me habría vuelto loca hace mucho tiempo si no fuera porque traían pan y agua una vez al día a la celda.

¿Cuándo saldrá a la luz que me han incriminado? Ya ha pasado una semana desde mi encarcelamiento. ¿Y si me tienen encerrada por el resto de mi vida?

Rápidamente sacudí la cabeza.

Estoy segura de que demostrarán que es una falsa acusación. 

Sin embargo… hasta ahora no han hecho nada para sacarme de prisión.

Mi corazón latió con fuerza, ansioso. En ese momento, se escuchó un sonido inusualmente fuerte.

Pestañeé.

Son pasos… 

No era solo el sonido de mis latidos. Los pasos venían de lejos. Traté de retener mi conciencia nublada.

Creo que la comida ha llegado. 

Levanté la mitad de mi cuerpo. Mi espíritu adormecido se alegraba con solo un vaso de agua y un trozo de pan.

Pero, a diferencia de lo que había imaginado, no se abrió el pequeño agujero “de perros” para la comida, más bien fue la puerta de hierro de la celda.

Abrí mucho los ojos de la sorpresa. La tenue luz de la antorcha del pasillo me hizo abrir los ojos.

—Salga.

—E-Espera… —dije mientras los carceleros me levantaban con rudeza.

Temblé ante su brusquedad. Hasta hace unos días no hubiera imaginado recibir este trato, porque soy una princesa. Sin embargo, en apariencias su actuar era lógico.

Me mordí los labios suavemente. Bueno, para ellos no era más que una mujer malvada que intentó matar a su celestial hermana menor.

Pronto me exonerarán de las falsas acusaciones…

Me tranquilicé. Cuando salí de la mazmorra al exterior, la luz me cegó. Después de tomarme un momento para adaptarme a ella, finalmente pude ver el hermoso paisaje del palacio imperial.

Era marzo, y afuera las flores estaban brotando.

Ahh. 

Me emocioné. La luz del sol era tan cálida y hermosa. El mundo exterior era un lugar tan misterioso y asombroso.

El cielo azul, las flores y la brisa fresca, que no había visto durante una semana entera, parecían ser más preciosos que cualquier otra cosa en el mundo. Aunque no pude admirar ningún pájaro porque los guardias me arrastraron rápidamente.

Mis manos intentaron tocar en vano el final del jardín.

Me trasladaron a la sala de recepción del emperador. Luego, tocaron la pesada puerta y esta se abrió sin vacilar.

A la izquierda de padre se encontraban, en fila, el primer príncipe, Lakias, y el segundo príncipe, Elses; mientras que, a la derecha, estaban la tercera princesa, Adeline, y el sexto príncipe, Lers. Pero detrás de él, se hallaba sentada la quinta princesa, Marianne.

¡Mari! 

Pude sentir cómo la ansiedad que perduraba en el fondo de mi corazón se desvanecía. En todo este tiempo, seguí preocupada por lo que le pudo haber pasado después de la hora del té en el jardín. No obstante, Marianne se veía muy sana, a excepción de su rostro pálido.

Menos mal, estás bien… 

Sentí que lloraría de alivio. Después de varios días, por fin veía a mi preciosa familia.

Padre, hermanos mayores, hermana mayor, hermanitos… 

Miré fijamente sus rostros, solo quería correr hacia ellos y decirles que era inocente. Sin embargo, vacilé en el momento siguiente, sus ojos eran demasiado fríos.

En ese instante, la voz grave de mi padre cortó el aire.

—Comienza el juicio penal.

Abrí mucho los ojos, sin poder creer lo que había oído.

—¿J-Juicio…? —pregunté con una voz muy temblorosa.

Tenía conocimiento sobre los juicios a la familia imperial. Por lo general, era un juicio nominal en el que los miembros de la familia imperial discutían sobre lo correcto e incorrecto entre ellos. Esto debido a que la ley no puede prevalecer sobre la nobleza de la familia real.

Pero nunca esperé que tuviera lugar aquí y que yo sería la protagonista. Nunca, ni en un sueño, lo hubiese imaginado.

—La criminal, la cuarta princesa Alisa.

Padre me habló con voz fría.

—¿Admites que estabas celosa de tu hermana menor Marianne y trataste de envenenarla?

Abrí la boca sin comprender nada.

¿Estaba celosa de Marianne y la envenené?

¿Qué acababa de escuchar? ¿Por qué estaría celosa de ella?

Como permanecí con la boca abierta sin decir nada, la tercera princesa Adeline gritó nerviosa:

—¡Responde a la pregunta, criminal!

Lo dijo con tanta vehemencia que me sorprendió. Temblé de miedo y me puse pálida.

—Y-Yo…

Mi cerebro no funcionaba bien. Podría ser debido a que estuve encerrada en una celda, y durante esa semana apenas comí una rebanada de pan y un vaso de agua al día.

Era el momento de defenderme, pero mi boca no funcionaba correctamente. Cuando no pude hablar, mi hermano menor Lers se rio de mí con frialdad.

—Conoces el crimen que cometiste, así que no pongas excusas.

El niño lindo y amable hablaba como si tuviera una daga en la boca, solo había desprecio en su mirada.

No logré volver a mis sentidos.

Fue entonces que una de las doncellas de mi palacio apareció siendo arrastrada desde una esquina. Su rostro estaba rígido.

Mi padre le hizo una señal con la barbilla.

—Dime clara y detalladamente lo que viste.

—S-Sí. Contestaré…

Mis ojos temblaron mucho.

¿Qué demonios vio? 

Pensé que estaría segura sin importar lo que dijera. Porque, en realidad, no había hecho nada.

Sin embargo, sus palabras fueron muy inesperadas.

—El día en que Su Alteza la princesa Alisa y Su Alteza la princesa Marianne pasaron la hora de té juntas… —Hizo una pausa por un momento, como si fuera difícil de decir—, vi a Su Alteza la princesa Alisa echando un polvo blanco en su taza de té.

—¿Qué…? —murmuré atónita.

Juro que… nunca toqué su taza. 

Sin embargo, la gente escuchaba en silencio lo que decía como si fuera un hecho consumado.

La doncella prosiguió.

—Cuando lo vi, pensé que era azúcar. No sabía que era veneno…

Ante sus palabras, padre asintió con la cabeza y la echó de la sala.

—Como resultado de la inspección de tu habitación, encontramos restos de veneno en polvo en tu armario. Era del mismo tipo que hallamos en la taza de té de Marianne.

—N-No puede ser…

No podía hablar porque estaba demasiado desconcertada.

—Como sabes, un intento de asesinato a un miembro de la familia imperial se castiga con más severidad que cualquier otra cosa. Más aún si es un miembro el que intentó matar a otro.

La voz de mi padre resonó en mis oídos, solo entonces volví en mí.

—Yo… —dije, entreabriendo la boca.

—¿Tú?

Sentía que mi cabello se estaba emblanqueciendo.

Esto no era lo que me había imaginado tras haber pasado acostada en una celda solitaria y oscura mientras sentía que enloquecía día tras día.

Pensé que cuando descubrieran que fui incriminada dirían: «Lamentamos el malentendido. Estábamos totalmente equivocados», y me abrazarían.

Sin embargo, ahora toda mi familia me miraba con desprecio y hostilidad. Nadie estaba de mi lado.

Esto no puede estar pasando. Yo no cometí ningún crimen. 

—Yo… nunca he intentado matar a Marianne —hablé con voz temblorosa.

Apenas había terminado de pronunciar aquellas palabras cuando voces atónitas estallaron en varios lugares.

—¡Cómo te atreves…!

—Descarada…

Pero estaba desesperada. Miré a mi alrededor sin decir nada y me detuve en Lakias. Éramos hermanos de la misma madre. Incluso si todos los demás en el mundo no me creían, pensé que de alguna manera él sí lo haría. Confiaba firmemente en eso.

—H-Hermano Lakias.

No podía caminar correctamente porque me temblaban las piernas, así que me arrastré hacia él.

—Yo… no hice eso. Lo sabes.

Hablaba por primera vez después de una semana, por lo que mis palabras eran torpes. No obstante, traté de transmitir mi voluntad.

—¿Por qué querría lastimar a Marianne? Por favor, por favor, créeme…

Lakias me miró por un momento. Nacimos del mismo vientre, por lo que nos parecíamos. Sus ojos azules y mis ojos verdes se enfrentaron.

¿Cuánto tiempo nos miramos el uno al otro hasta que caminó hacia mí?

Ah. 

Sentí que iba a llorar.

Sí, me crees. Debes saber que no intenté hacerle daño a Marianne.

Estará de mi lado y me salvará. Me abrazará y me consolará.

Sin embargo… me pegó una bofetada.

Por un momento, no pude entender lo que había pasado. El dolor vino después de la sorpresa. Mi mejilla izquierda ardía como el fuego.

—Te volviste loca de celos.

Sus ojos azules, llenos de desprecio, me observaron fijamente. Lakias, mi hermano mayor, me había dado una bofetada. Mi boca estaba hinchada.

Luego, se volvió hacia mi padre.

—Padre, ya no tienes que esperar más. Esta prisionera miserable ni siquiera admite sus propios crímenes… —Sus palabras fueron como un veredicto—. ¿Por qué no la condenas a pena de muerte…?

Abrí mucho los ojos.

¿Pena de muerte? ¿Pena de muerte? ¿Quieres decir que me van a… ejecutar?

Miré a todos los presentes con ojos temblorosos, esperando que lo que había oído fuera mentira. Pero solo me contemplaron con frialdad. Entonces, posé mis ojos en Marianne, como si me estuviera aferrando a mi último salvavidas.

Ella sabía… que de verdad no intenté hacerle daño. ¿Por qué estaría celosa y la lastimaría? Ella se mordió los labios cuando hizo contacto visual conmigo.

—Padre, tengo miedo… Estoy asustada… —dijo Marianne, apoyando su cabeza en el hombro de padre.

Era natural que los rostros de mi familia se volvieran hostiles y me trataran de la misma manera ante eso.

—La ejecución será dentro de cuatro días ¡Hasta entonces, no le den al prisionero nada más que agua sucia! —ordenó padre, furibundo.

—N-No… —negué con la cabeza.

I-Imposible. ¿Volveré a esa celda? 

Quería evitar eso, prefería morderme la lengua y morir aquí.

Ah, sí. Me morderé la lengua y moriré. Entonces, ya no sufriré más. 

Con aquello en mente, intenté llevarlo a cabo de inmediato.

Sin embargo, mi hermano Elses me sujetó la barbilla con fuerza cuando me vio sacar la lengua. Como era un fiscal muy perspicaz, parecía haber predicho todo lo que haría.

—Insecto, recibirás un castigo justo —dijo con sus fríos ojos turquesas, albergantes de ira.

Agarraba mi mandíbula con tanta fuerza que dolía y sentía que iba a romperse.

—¿Duele? —se burló con frialdad cuando vio mis lágrimas porque no podía soportarlo.

—U-Ugh…

—Marianne sufrió mucho más que tú. Aun así, te atreves a…

Lloré mientras gritaba para mis adentros: No fue culpa mía. Yo no lo hice. ¿Por qué nadie me cree?

Miré a Marianne.

Por favor, espero que me salve. 

Si me creyera, esto nunca estaría sucediendo. Pero, al momento siguiente, sufrí un shock. Escondida detrás de padre, me miró con una sonrisa grotesca. Como si estuviera tan entusiasmada que no sabía qué hacer. Como si mi muerte la hiciera muy feliz.

Me quedé anonadada ante su rostro diabólico.

Y así, me arrojaron de nuevo a un oscuro calabozo.

♦ ♦ ♦

Fui una tonta. Si hubiese sido inteligente, no habría estado encerrada en esta mazmorra por más de una semana sin siquiera ver la luz. Y no me habrían incriminado de intentar envenenar a mi hermana menor.

Ahora mismo, me encontraba tumbada en la celda, aturdida.

¿Marianne me tendió una trampa? 

Pensé al recordar la extraña sonrisa de la niña, la cual no era propia de una persona que trataba de vengarse de quien intentó envenenarla. En cambio, parecía muy feliz de ver cómo me desmoronaba…

La malicia estaba por toda su cara.

Me di cuenta por primera vez en mi vida de que Marianne podía hacer ese tipo de expresión.

Pero ¿por qué? 

Marianne era hija de una doncella. El día de mi cumpleaños número 11, la niña que vivía en la calle entró oficialmente al palacio imperial. Fue cuando ella tenía diez años, es decir, hace ya tres años.

Pudo ser reconocida como un miembro legítimo de la familia imperial debido a sus ojos dorados.

En el imperio, ese color era considerado como un símbolo de nobleza. Se debía a que Selena, la diosa más importante de Idenbell, tenía ojos dorados.

Además, los ojos dorados, que se manifestaban ocasionalmente entre los miembros de la familia imperial, poseían incluso el derecho a la sucesión. A pesar de que Marianne no podía convertirse en una sucesora, fueron evidencia suficiente para demostrar su linaje.

Aunque fue reconocida como una de nosotros y finalmente entró en el palacio, pensé que le resultaría difícil desempeñar su papel de princesa de la noche a la mañana en un lugar desconocido. Por eso, siempre traté de ser amable con ella. Le daba consejos cuando tenía alguna dificultad y la auxiliaba devotamente cuando necesitaba ayuda.

Nunca le había hecho nada malo como para que me guardara rencor. Por tanto, ¿por qué? Todo era confuso.

Fue entonces que… escuché pasos a lo lejos.

Aún no es hora de comer.  

Entreabrí los ojos. Estando en la oscuridad, mi noción del tiempo se había vuelto sensible. Ciertamente, todavía faltaba mucho para la distribución de la comida.

En ese momento, escuché una hermosa voz de alondra hablándole al guardia.

—A partir de aquí, iré sola.

—Pero, Su Alteza Marianne, es peligroso.

—Está bien. De todos modos, está encerrada en una celda, ¿verdad? Solo estaremos hablando.

Sentí que mi corazón latía rápido.

Era ella. 

Los pesados pasos del guardia se alejaron y, al instante, se oyeron pisadas ligeras como si bailara. Y pude escuchar al pequeño agujero sobre la puerta de hierro abriéndose.

En un principio era un agujero para vigilar a los prisioneros. Por ello, podía imaginarme que Marianne me miraba.

—Hermana mayor.

Era una voz increíblemente alegre.

—Tú… —respondí con voz ronca porque no había podido beber agua.

—¿Estás pasando por un momento muy difícil?

Curiosamente, se veía muy feliz.

—Es duro, ¿verdad?

Parecía convencida.

—Jo, jo, jo…

Y se echó a reír como loca.

—¡¡¡Jo, jo, jo, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja!!!

Había locura en su voz.

—Ja, ja, ja, ja —reía a carcajadas— Ah, ¿qué debería hacer? ¡Qué debería hacer…! ¡Esto es lo mejor, de verdad…!

Todo mi cuerpo temblaba.

—¿Marianne…?

Debía estar loca. De lo contrario, no podría haberse reído tan alegremente al verme en este estado.

—T-Tú… ¿Qué… demonios…? —pregunté tartamudeando, pero ella se limitó a seguir riendo… durante mucho tiempo.

Mi miseria pareció darle más placer.

—Vas a morir injustamente, ¿cierto?

Trató de disimular su risa.

—Quieres salir de aquí, ¿no?

—Por… supuesto.

Se rio a carcajadas ante mi débil voz.

—Eso no va a suceder. Los otros miembros de nuestra familia me quieren mucho ¿Sabes?

A-Así es.

—Vine aquí para ver tu triste aspecto antes de morir, y me alegro de haberlo hecho —prosiguió con júbilo.

—Tú…

—Nos vemos en el patíbulo [1], hermana mayor.

Cerró la puerta pequeña de golpe.

—¡Ah! ¿Sabes qué? Hermana, serás decapitada.

Se alejó de la prisión con una carcajada. Seguí yaciendo allí, sintiéndome inútil.

Decapitada.

Esas palabras calaron hasta mis huesos.

♦ ♦ ♦

Me di cuenta de la verdad demasiado tarde, mientras me mordía los dedos hasta sangrar.

¿Qué debo hacer? ¿Qué puedo hacer para limpiar mi nombre? No quiero morir así. 

Pensé desesperadamente, pero fue en vano.

A menudo me elogiaban por ser inteligente, sin embargo, como no comía ni bebía nada, comencé a volverme tonta poco a poco.

No puedo hacer nada.

Ahora todo el mundo le creía a Marianne, mientras que nadie a mí. Basándose en pruebas y testimonios insignificantes, todos ignoraron mis palabras.

Sentí un ardor debido al flujo del jugo gástrico de mi estómago. Fue horrible.

¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?!

Las lágrimas se deslizaron por mis mejillas ante mi frustración.

No había nadie que me ayudara estando en el umbral de la muerte. Aunque tenía pocos amigos, el mundo exterior parecía desconocer de mi encarcelamiento. Por tanto, nadie vendría a salvarme.

Derramé lágrimas de emoción.

Arrepentimiento y resignación, incredulidad y traición. Todas esas emociones me invadieron de golpe.

Cuatro días no fueron mucho tiempo. Más aún si sufrías de insomnio constante y pasabas la mayor parte del día volviéndote media loca.

Finalmente, el último día, los guardias me sacaron arrastrándome de las manos como la última vez.

Por un lado, como no me permitían nada más que un trocito de pan, mi cuerpo estaba muy delgado. Por otro lado, hoy era mi último día de vida.

Contemplé el cielo resplandeciente de primavera durante mucho tiempo.

Los guardias de la prisión me condujeron a un terreno vacío y secreto del palacio imperial. Allí estaban sentados mis hermanos y hermanas, y su majestad el emperador, observándome. Detrás de ellos, solo había unos pocos sirvientes y doncellas, pero no se hallaba ningún noble.

Al menos no parecía que mi último día fuera a ser un espectáculo. Me sentí aliviada por ese hecho. Todavía conservaba mi orgullo como cuarta princesa.

Sin embargo, al momento siguiente, me puse nerviosa.

Había una guillotina plateada.

La guillotina, que exhibía con orgullo su afilada hoja bajo la luz del sol de la mañana, parecía invitarme a que fuera.

Mi rostro se distorsionó.

Fue entonces cuando… una piedra voló hacia mí. Era pequeña, pero su fuerza era amenazadora. Me golpeó en la cabeza.

A duras penas pude volver la cabeza, no obstante, vi al sexto príncipe Lers resoplando.

—Tú… ¡Sucia bastarda!

Estaba tan enfadado que no pude encontrar en él su dignidad como miembro de la familia imperial.

—Le… rs… —me temblaban los labios.

Frunció el ceño tan pronto como escuchó mi voz. Parecía incluso aborrecer mi voz. Y no era solo él. Mi familia me escupió, me tachó de bruja y me señaló con el dedo.

Era la cuarta princesa del Imperio Idenbell. Sin embargo, en un instante me convertí en una criminal a la que iban a matar.

El carcelero me acercó a la guillotina.

Al final, voy a morir así. A los catorce años.

—¿Tienes algunas últimas palabras? —dijo el emperador, como si estuviera haciéndome un favor.

Últimas palabras.

Entreabrí los labios. Sus miradas llenas de hostilidad y odio me atravesaban.

¿Tenía algo que decir?

Sonreí con indiferencia. Dentro de la prisión, anhelaba desesperadamente… que todo esto fuera un sueño y que, cuando abriera los ojos, me esperara mi vida cotidiana y mi familia sonriente.

Sin embargo, fue solo un dulce sueño. Era tan gracioso que hubiera tenido un sueño así que no pude evitar reírme.

Entonces escuché una voz furiosa:

—¿Cómo te atreves…?

Era el segundo príncipe, Elses.

Me reí de nuevo. Fue una pena que no pudiera soltar una carcajada porque mi cuerpo estaba cansado.

—Si hablo… ¿al menos escucharás? —pregunté, después de reírme durante mucho tiempo.

No lo hice yo. No fui yo, no fui yo.

Hoy, Marianne estaba sentada detrás del emperador. Y me mostró una sonrisa secreta.

Esa sonrisa horrible y grotesca.

La recordé riéndose como loca en la prisión.

Pero, ¿quién me creería si lo decía? Tenían absoluta confianza en ella.

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué no me creen?

—Sé… que ni siquiera tienen la intención de creerme.

Lágrimas de emoción brotaron de mis ojos. Hice fuerza para contenerlas.

—¿Cómo te atreves a mirarme así cuando eres una prisionera? —dijo Adeline, la tercera princesa, con voz cansada.

—No debes mirar a los ojos a un criminal condenado a muerte. Porque tendrás mala suerte —intervino Lers desde un costado.

—No reconoces tu crimen hasta el final —dijo el emperador con voz grave.

—Yo… no lo hice.

Insistí en mi inocencia hasta el final.

—¿Por qué envenenaría a Marianne…? ¿Por qué estaría celosa de ella?

El emperador no respondió. Simplemente levantó la mano y le ordenó a otro sirviente:

—Ponedle una mordaza y cubridle los ojos.

Temblé ante sus palabras. Poco después, el sirviente hizo lo que le ordenó.

Lo conocía. Era una persona que me recibía alegremente cuando visitaba, cada cierto tiempo, el palacio de mi hermano mayor, Lakias.

—Cierre los ojos —susurró.

Pero solo los abrí ante sus palabras.

Soy inocente.

Traté desesperadamente de pensar en ello. Sin embargo, fue entonces cuando… los ojos dorados de Marianne, que me sonreía grotescamente desde lejos, de pronto se tiñeron de rojo.

Eran de un color muy lúgubre y aterrador.

¿Qué…?

Pero no pude contemplarlos durante mucho tiempo porque una venda me cubrió los ojos.

La mordaza en la boca era dolorosa y tenía miedo, ya que no podía ver nada.

Me mordí el labio. Dolía mucho, pero extrañamente, me reí.

Toda la familia que amaba me traicionó y nadie me creyó.

Todo fue en vano.

Mátame rápido. 

Como si escuchara mi deseo, el carcelero me llevó frente a la guillotina.

No podía ver porque había perdido la vista. Simplemente lo percibí. Sentí frío.

Diosa —Le recé a Selena, la diosa del imperio, que también era la diosa de la luna y de la venganza fría—. ¿Realmente no tengo ninguna oportunidad de vengarme o aclarar esta injusticia? Si es así… Por favor, mátame rápido y sin dolor. Y no permitas que renazca como humana de nuevo. Para no amar a nadie, para que nadie me traicione y, para al final, morir habiendo vivido una vida pequeña e insignificante. 

Me reí.

Todo fue en vano.

Soy Alisa de Idenbell, la cuarta princesa del Imperio Idenbell, de 14 años. Fue una vida corta. 

La cuchilla descendió.

♦ ♦ ♦

Hacía frío y calor. También sentí que algo cálido me envolvía.

De vez en cuando, escuchaba algo parecido a una voz. Estaba borroso frente a mí, como si estuviera cubierto por un telón, pero pude suponer vagamente que era la voz de una mujer y un niño.

Aunque algunas veces podía escuchar varias voces, las de ellos dos siempre estaban a mi lado.

—Ojalá nazca pronto.

La voz del chico me desconcertó.

¿Nacer? 

—Su Alteza el príncipe heredero, ¿lo está esperando con tantas ansias? —preguntó alguien con una voz risueña.

Seguidamente oí la voz de la mujer que siempre estaba a mi lado.

—Ja, ja, Isis. Incluso si no lo hace, definitivamente nacerá en unos meses.

—Pero ya quiero conocerla.

¿Príncipe heredero? 

¿Conocer? 

De sus bocas seguían saliendo palabras que me eran desconocidas. Pero lo más curioso de todo era que estaba muy familiarizada con su idioma. Era el lenguaje del Imperio Elmyrrh, el rival del Imperio Idenbell durante generaciones.

Como parte de mi formación como princesa de Idenbell, había aprendido un poco del idioma de ese lugar.

Ahora bien, ¿por qué escuchaba ese lenguaje en mi cabeza?

Mi incertidumbre no duró mucho tiempo, porque cuando intentaba pensar más en ello, sentía sueño.

Volví a quedarme medio dormida y antes de que me durmiera por completo, alguien me acarició suavemente. Era el niño de antes.

—Ven rápido, mi preciosa hermanita —dijo con una risa llena de calidez y afecto— . Todo el mundo te ama.

Su calidez impregnó todo mi corazón.

♦ ♦ ♦

¿Cuántos días transcurrieron así? Mi vida consistía en dormir cuando tenía sueño y beber continuamente algo cuando tenía hambre.

Cuando trataba de pensar profundamente, me sentía aturdida y no podía hacerlo correctamente, llevaba una vida bastante próspera. De hecho, no tenía que mover ni un dedo.

Entonces, un día, sentí algo extraño.

El entorno que siempre me había mantenido cálida me aplastaba y una presión desconocida me empujaba hacia abajo.

Duele… 

Hice lo mejor que pude para resistir ante la fuerza que me empujaba hacia afuera. Porque no quería dejar este lugar.

¡¿Por qué me estás haciendo esto?!

Pero fue inútil. La fuerza que me atormentaba persistió.

Al final, me expulsaron al exterior. Hacía frío afuera.

Tosí varias veces porque me asfixiaba.

No tardé mucho tiempo en aprender a respirar y a exhalar por los pulmones. Porque era una sensación instintiva grabada en todas las formas de vida.

Abrí los ojos. Todo estaba borroso, como si hubiera una sustancia extraña extendida en ellos. Sentía mucho frío porque mi cuerpo estaba húmedo y tenía adherido una cosa que no sabía qué era.

Sin embargo, por un momento, me sentí un poco aturdida.

Es la luz. 

Ha pasado mucho tiempo desde que sentí la luz del sol.

Podía escuchar a la gente hablando a mi alrededor.

—Su Alteza es una hermosa princesa.

—Felicidades.

—Mi hija… —musitó una mujer con voz cansada.

Tan pronto como escuché esas palabras, mi cabeza de bebé lo entendió.

Renacimiento. Hice lo que había oído en el pasado.

Renací como humana, como la princesa del Imperio Elmyrrh.

J-Ja, ja… 

Maldije a la Diosa. No quería renacer. Confiar en alguien y amar a alguien era demasiado difícil ahora mismo.

Estaba harta de todo.

¡¿Por qué?! ¿Por qué la Diosa me hizo renacer como humana? Te maldigo. 

Selena, la diosa de la venganza y la luna, no se puso de mi lado hasta el final.

Al final, lloré amargamente como un bebé.

Al oír mi llanto, sin darme cuenta, la gente aplaudió con fuerza y se regocijó.


[1] El patíbulo es el tablado o lugar en que se ejecuta la pena de muerte.

Den
Me sorprendió mucho cuánto cambió la escena de la muerte de Alisa en esta versión. Fue bastante menos cruel que la anterior… pero aún así dolió. Mi pobre niña o(╥﹏╥)o Por otro lado, me disculpo por la tardanza en traer la nueva versión de esta novela. Son capítulos muy largos y no me gusta separarlos por partes, pero al final he tenido que hacerlo u.u Nuevamente, lamento la larga espera y gracias por su apoyo <3

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