Al límite – Capítulo 164: Finalmente se dio cuenta

Traducido por Soyokaze

Editado por Tsunai


—¿Aún quieres que recupere lo que falta? —preguntó Han Dong con cautela.

Wang Zhong Ding asintió, sin mostrar emoción alguna.

Han Dong volvió a manipular el bolígrafo. Ni siquiera él tenía claro si su motivación era descubrir la verdad o si, en el fondo, solo quería volver a oír noticias de Ye Cheng Lin.

Veinte minutos después, el fragmento restante del audio fue recuperado por completo.

—¿Yo? He estado aquí todo este tiempo. No está nada mal. —Ese día incluso cogí el autobús a la ciudad para ver el estreno. Su interpretación fue muy buena; de verdad tiene talento para eso. —No pienso ponerme en contacto con él. —Vivimos en mundos diferentes.

Han Dong se mantuvo tranquilo al escuchar las dos primeras frases, pero su corazón se agitó al oír las dos últimas.

El audio se escuchaba de forma intermitente, con un tono parecido al de una voz manipulada. En realidad, se trataba de un diálogo entre dos personas, aunque la otra voz había sido completamente recortada.

En cuanto a la identidad de la otra persona, Han Dong la tenía muy clara.

—Este es el bolígrafo grabador que Xiao Liang encontró en la habitación contigua a la tuya. Tú ya habías escuchado esta voz, así que, de forma inconsciente, caminaste hasta la habitación situada en diagonal a la tuya, ¿verdad? —dijo Wang Zhong Ding.

Deseaba que lo negara, aunque podía leer la verdad en su mirada.

Por desgracia, Han Dong lo admitió.

—Vivió en la habitación en diagonal a la mía durante tres años.

Wang Zhong Ding no se enfadó, ni tenía motivos para hacerlo.

Han Dong solo había ido una vez al club nocturno y había caminado hasta allí estando sonámbulo. Ye Cheng Lin, en cambio, había vivido durante tres años en la habitación en diagonal a la suya. Entonces, ¿qué demostraba realmente aquel momento en el que Han Dong había seguido ese sonido?

Además, aquella grabación también confirmaba que Han Dong nunca había tenido ese tipo de sentimientos hacia Yi Lu, lo que equivalía a demostrar su inocencia. Wang Zhong Ding no solo no podía reprocharle nada, sino que además debía consolarlo.

De hecho, también adoptó una actitud recta y contenida.

—Bueno, te culpé injustamente.

Han Dong dejó escapar un profundo suspiro de alivio en cuanto oyó esas palabras.

—Yo pensaba que tú… —empezó a decir, pero se interrumpió a sí mismo, emocionado.

—¿Qué yo, qué? —preguntó Wang Zhong Ding.

Han Dong sonrió.

—Nada, nada. Tú no eres ese tipo de persona de mente estrecha.

Después de eso, ambos se bañaron juntos, como de costumbre.

Wang Zhong Ding siguió ayudando a Han Dong a lavarse y, aprovechando la ocasión, no pudo evitar tocarlo mientras fingía una expresión impasible.

Lo mismo ocurrió luego en la cama.

Han Dong pensó que Wang Zhong Ding lo castigaría con dureza, pero no esperaba que siguiera siendo tan considerado y que, al contrario, se mostrara especialmente atento.

Aquella noche, antes de dormirse, Han Dong volvió a frotar juguetonamente al “pajarito” de Wang Zhong Ding para comprobar su reacción.

Wang Zhong Ding lo miró con desconfianza.

—¿Qué estás haciendo?

—Nada, solo estaba probando para ver si no estabas enfadado.

—¿Y por qué iba a estarlo? —respondió Wang Zhong Ding, como si el asunto careciera de importancia.

Han Dong lo abrazó y le dedicó una sonrisa descarada.

—De ser así, me quedo más tranquilo.

En los días siguientes, ambos convivieron con aparente armonía. Wang Zhong Ding seguía siendo duro de palabras y blando de corazón. Continuaba con sus “pequeños hurtos”[1]  con Han Dong en la oficina y seguía regresando a casa con él…

En la superficie, Wang Zhong Ding se controlaba bastante bien, pero por muy impecable que fuera la fachada de hombre íntegro que mostrara, siempre habría fisuras mientras tuviera sentimientos.

Y esas fisuras se notaban en su mirada.

Antes, los ojos de Wang Zhong Ding se posaban constantemente en el cuerpo de Han Dong; ahora, en cambio, vagaban por todas partes salvo cuando era estrictamente necesario.

Sin embargo, aquella “táctica de alto nivel” no surtía el menor efecto contra alguien tan despreocupado. Cada día, Han Dong seguía comiendo, bebiendo y durmiendo en la almohada junto a Wang Zhong Ding como si nada.

No obstante, empezó a repetirse otra situación con mayor frecuencia.

A veces, Han Dong se dormía antes, caminaba sonámbulo hasta el despacho y llamaba a la puerta siempre que Wang Zhong Ding estaba atendiendo una llamada allí dentro.

Wang Zhong Ding abría la puerta y Han Dong, con expresión agraviada, le aclaraba:

—No me acosté con ella.

No era la primera vez que decía esa frase. Parecía que cada vez que Wang Zhong Ding hacía una llamada en esa habitación, Han Dong acudía a llamar a la puerta para repetir lo mismo.

Wang Zhong Ding pensó que Han Dong había percibido inconscientemente el cambio en su actitud, mientras que Han Dong atribuía todo simplemente al resentimiento que Wang Zhong Ding le guardaba por haber entrado en la habitación de Yi Lu.

Este malentendido fue hundiendo cada vez más el ánimo de Wang Zhong Ding, hasta que decidió dejar de abrirle la puerta.

Al principio, Han Dong seguía plantándose frente a ella y golpeándola, empeñado en decirle la misma frase a la cara. Más tarde, al no obtener respuesta, no tuvo más remedio que pronunciarla ante la puerta cerrada antes de marcharse.

♦♦♦

Los fines de semana, Han Dong solía acompañar a Yu Ming de compras.

—¿Estás libre mañana? —preguntó Yu Ming.

Han Dong estaba a punto de responder que sí, cuando se dio cuenta de que Yu Ming estaba hablando por teléfono y que la pregunta no iba dirigida a él.

Tras un momento, Yu Ming volvió a hablar:

—Voy al teatro.

El contenido de la conversación era un misterio, pero Yu Ming lanzaba miradas furtivas hacia Han Dong.

—Últimamente está muy ocupado. No quiero molestarlo.

Han Dong no tenía ni idea de que ese “él” al que Yu Ming se refería era él mismo, así que siguió caminando sin reaccionar.

Cuando Yu Ming colgó la llamada, Han Dong le preguntó:

—¿Con quién hablabas?

—Con un amigo —respondió Yu Ming de forma vaga, para enseguida cambiar de tema—. ¿Sabías que la empresa quiere organizar un acto de selección?

—¿Para qué papel? —preguntó Han Dong, intrigado.

—Para “La diosa con las piernas más bonitas”.

Soyokaze
No me engañan, eso lo están organizando gracias a Wang Hai Zhi.

Han Dong se quedó atónito, preguntándose a quién se le habría ocurrido una idea tan absurda.

Yu Ming se burló de él.

—¿Sabes que, en cuanto oí la noticia, pensé inmediatamente en ti?

—¿De verdad crees que no te golpearé hasta dejarte medio muerto?

Yu Ming decidió no decir nada más.

Ambos charlaron durante todo el camino hasta el dormitorio. Entonces, Yu Ming le preguntó a Han Dong:

—¿Cómo van las cosas entre tú y el jefe Wang últimamente?

—¿Nosotros? ¡Estamos muy bien!

Yu Ming asintió y no añadió nada más.

De repente, Han Dong notó un cambio evidente y le preguntó:

—Estás preguntando por mí y por Wang Zhong Ding… ¿por qué rechinas los dientes?

Yu Ming preferiría morirse antes que admitirlo.

—¿Cuándo he rechinado yo los dientes?

Han Dong se rió, pero no insistió.

Yu Ming salió huyendo rápidamente, con una expresión incómoda en el rostro.

Esa noche, Han Dong fue a la puerta de la habitación de Yu Ming para despedirse.

—¡Me voy!

Yu Ming asintió a modo de despedida sin levantar la cabeza.

Han Dong volvió a provocarlo:

—Oye, ahora mismo, ¿por qué no me preguntas cuándo voy a volver de casa del jefe Wang? Recuerdo que antes siempre hacías esa pregunta, y se te notaba tenso.

—¿Ya has terminado de hablar? ¿No te gusto y aun así quieres que piense en ti todo el día? —replicó Yu Ming, molesto.

Han Dong soltó una risa descarada y, con un tono retorcido, preguntó:

—Ming’er, no importa a qué hora vuelva, seguirás aquí esperándome, ¿verdad?

—Lo siento, no me faltan tutores.

Han Dong se quedó sin palabras.

Muy entrada la noche, Wang Zhong Ding estaba en su despacho, en mitad de una llamada telefónica, dando instrucciones a Feng Jun para que enviara los estados financieros.

Acababa de colgar cuando oyó los pasos de Han Dong detenerse justo al otro lado de la puerta.

Wang Zhong Ding no lograba entenderlo. ¿Por qué Han Dong era tan sensible cada vez que él hablaba por teléfono?

Esta vez, Han Dong se limitó a quedarse unos segundos tras la puerta antes de regresar a su habitación sin decir una sola palabra.

Al poco rato, Wang Zhong Ding volvió a escuchar un sonido inusual de movimiento procedente del exterior.

Han Dong recogió sus cosas con calma, se vistió y se marchó en silencio.

Todo ocurrió tan deprisa que, cuando Wang Zhong Ding reaccionó y salió corriendo de la casa, ya no había rastro de él.

Poco después, Yu Ming llamó a Wang Zhong Ding para informarle de que Han Dong había regresado a la residencia.

Han Dong había caminado sonámbulo desde su dormitorio a otros lugares en innumerables ocasiones, pero aquella era la primera vez que, en ese estado, había salido de un lugar distinto y luego había vuelto a su habitación.

Wang Zhong Ding sintió como si le arrancaran una parte enorme del corazón.

Yu Ming ya sabía del “incidente” ocurrido entre Han Dong y Yi Lu en el hotel y también era consciente de que había problemas entre Han Dong y Wang Zhong Ding, pero no sabía cómo aconsejarlo.

Lo único que pudo hacer fue abrir la puerta y, tras ver a Han Dong regresar con gesto abatido, taparlo con la colcha.

Después, en silencio, murmuró:

—Claro que te esperaré.

♦♦♦

Después de que Han Dong se marchara, a Wang Zhong Ding le resultó aún más difícil dejarlo ir. Repasaba una y otra vez su extraño comportamiento de los últimos días y seguía sintiendo que algo no encajaba en algún punto. Por eso pidió a Er Lei que le buscara a un psicólogo al que pudiera consultar sobre el comportamiento sonámbulo de su amante.

—¿Dice que siempre viene y llama a la puerta cuando usted está hablando por teléfono? —preguntó el psicólogo.

Wang Zhong Ding asintió.

—Es posible que perdiera una llamada telefónica que le provocara un sentimiento de remordimiento a nivel subconsciente. Piénselo con calma: ¿le llamó antes del incidente?

Wang Zhong Ding ya había reflexionado sobre ello en numerosas ocasiones. Han Dong le había hecho varias llamadas antes de que ocurriera el incidente, pero en ese momento él estaba en el avión, así que ninguna pudo entrar.

Aun así, Wang Zhong Ding respondió:

—No reacciona a todas mis llamadas. Recibo llamadas en el salón, la cocina y el dormitorio, y no ocurre nada. Solo reacciona cuando hablo por teléfono en el despacho.

—¿Cuál es la relación espacial entre el despacho y su dormitorio? —preguntó el psicólogo.

—Están situados en diagonal.

—¿Y la relación entre su dormitorio y el de él?

—Están uno al lado del otro.

Nada más decirlo, el semblante de Wang Zhong Ding cambió bruscamente. Llamó de inmediato a Xiao Liang para que se acercara.

—Hemos pasado por alto una información muy importante.

Xiao Liang no lo entendió y preguntó:

—¿Cuál?

—Solo revisamos la habitación contigua a la de Han Dong, pero no comprobamos la habitación situada en diagonal a la suya.

—¿No sería demasiado tarde para comprobarlo ahora?

—No, no lo es. Ella cree que, como ya tengo en mis manos el bolígrafo grabador, no registraré la otra habitación. Desde el principio nunca pensó en ocuparse de las consecuencias, así que es muy probable que el objeto que utilizó siga escondido en el hotel.

Soyokaze
Se refieren a Yi Lu.

Al oír esto, Xiao Liang asumió la misión sin dudarlo. Condujo hasta la provincia de Guizhou sin detenerse y regresó al día siguiente con el botín.

Wang Zhong Ding reprodujo el audio en la grabadora, y su propia voz emergió del dispositivo:

—Oye…

En el instante en que escuchó su voz, el corazón de Wang Zhong Ding se hizo pedazos.

Yi Lu había dispuesto un elaborado juego de trampas encadenadas.[2]

El primer paso consistía en hacer creer que Han Dong tenía intenciones hacia Yi Lu, y después inducir la idea de que, al no encontrarla en la habitación contigua, había ido a la que estaba en diagonal. Todo esto estaba destinado a engañar a Wang Hai Zhi.

El segundo paso era hacer que Han Dong escuchara la voz de Ye Cheng Lin, llevándolo a creer que se encontraba en la habitación contigua. Debido a esa respuesta condicionada, cuando no lo encontró allí, se dirigió a la habitación en diagonal. Esta parte del plan estaba pensada para engañar a Wang Zhong Ding.

Pero la verdad era otra.

Yi Lu había utilizado grabaciones de audio en ambas habitaciones en las que se alojó. El cebo fue la grabación de Ye Cheng Lin en la habitación contigua y la de Wang Zhong Ding en la habitación situada en diagonal.

El bolígrafo grabador de la habitación contigua parecía haberse estropeado tras reproducir el audio, pero en realidad ya estaba averiado desde el principio y nunca llegó a emitir ningún sonido.

¿Cómo se podía estar tan seguro de que había sucedido así?

Porque, si Yi Lu quería engañar por completo a Wang Zhong Ding, tenía que utilizar una grabación de voz que funcionara. El supuesto fallo del bolígrafo no era más que una excusa.

Por lo tanto, Han Dong solo escuchó la voz de Wang Zhong Ding y nunca llegó a oír la de Ye Cheng Lin. La razón por la que fue a la habitación contigua fue que, en la casa de Wang Zhong Ding, su dormitorio y el de él estaban uno al lado del otro.

Soyokaze
(aclaración): Para quienes estén confundidos: el bolígrafo grabador “estropeado” era de un solo uso. Si Yi Lu lo colocaba en la habitación contigua, no podía usarlo después en la habitación en diagonal, porque la grabación ya se habría borrado. Esto significa que la grabación con la voz de Wang Zhong Ding se reprodujo dos veces después de que Yi Lu cambiara de habitación. La primera vez que Han Dong oyó la voz de Wang Zhong Ding, fue a la habitación contigua, porque en la casa de Wang Zhong Ding esa era la ubicación habitual de su dormitorio (la habitación libre que usaba Xixi estaba al otro lado del dormitorio de Wang Zhong Ding). Al no encontrarlo allí, volvió a su habitación. La segunda vez que se reprodujo la grabación, Han Dong se dirigió a la habitación situada en diagonal, ya que en la casa de Wang Zhong Ding allí se encontraba el despacho. Al no encontrarlo en “su habitación”, fue al “despacho”.

De todo aquel elaborado montaje se podía apreciar la profundidad de la astucia de Yi Lu.

Aquella noche, la llamada de Han Dong a Wang Zhong Ding no logró entrar, así que se durmió con la mente cargada de preocupaciones. Por eso, acabó reaccionando a aquel «oye…» de la grabación y saliendo de la habitación.

Y también por esa misma razón, Han Dong había ido a llamar a la puerta cada vez que Wang Zhong Ding atendía una llamada telefónica en el despacho.

Sin embargo, Wang Zhong Ding aún no lo había comprendido del todo. ¿Por qué Han Dong seguía diciendo: «No me acosté con ella»?

Hasta ese momento, Wang Zhong Ding había creído que ese “ella” se refería a Yi Lu. Ahora, ya no lo creía así.

El psicólogo dijo:

—Tal vez sea algo que, de forma inconsciente, quería decir, pero nunca tuvo la oportunidad de hacerlo.

Al escuchar esas palabras, Wang Zhong Ding se convenció aún más de que esa “ella” no era Yi Lu. Han Dong ya le había explicado hacía tiempo el malentendido con ella, así que dudaba mucho que quisiera volver a repetirlo.

Es decir…

El rostro de Wang Zhong Ding se tensó de nuevo y preguntó:

—¿A qué distancia está el aeropuerto del club nocturno?

—Del club nocturno al aeropuerto hay unos cuatrocientos metros.

Wang Zhong Ding cogió el periódico principal y miró la fotografía en la que Yi Lu rodeaba con las manos el brazo de Han Dong. El cuerpo de Han Dong apuntaba hacia el club nocturno, pero uno de sus pies estaba orientado hacia el este.

Soyokaze
Es decir, Han Dong se dirigía al aeropuerto cuando Yi Lu lo detuvo convenientemente frente al club nocturno, provocando el malentendido tanto para Wang Zhong Ding como para su miserable tío.

En realidad, Han Dong sólo se había detenido de forma momentánea y nunca tuvo intención de entrar.

En realidad, la persona que esperaba ver no era a la acompañante del club nocturno[3], sino a Wang Zhong Ding.

Y, en realidad, la razón por la que repetía una y otra vez “no me acosté con ella” no tenía nada que ver con Yi Lu, sino con aquella joven.

De principio a fin, la única persona en la mente de Han Dong había sido Wang Zhong Ding, aunque quizá ni él mismo era consciente de ello.

Por esa razón permanecía lúcido cuando escuchó accidentalmente la grabación de Ye Cheng Lin y, aun así, seguía caminando sonámbulo hasta la puerta cada vez que Wang Zhong Ding atendía una llamada telefónica.

Y también por esa razón, tras no obtener respuesta una y otra vez ante la puerta cerrada, acabó marchándose en silencio.

 

 


[2]  juego de trampas encadenadas = es una estratagema donde una serie de mentiras se hizo para desviar la atención del enemigo.

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