Traducido por Shiro
Editado por YukiroSaori
Los hombres bestia que habían llegado estaban decididamente dificultando las cosas para el joven, sin hacer el mínimo esfuerzo por ser amables.
—¿Por qué no ayudaste? Claramente tenías la capacidad de hacerlo, ¿no es así? —preguntó un corpulento hombre bestia mientras se acercaba al carruaje de Zhou Yunsheng. Su carácter directo no dejaba lugar a dudas sobre lo que pensaba.
Zhou Yunsheng lo miró con desprecio. Sus ojos azul profundo y sus rasgos faciales, más hermosos que los de un elfo, dejaron a los hombres bestia atónitos.
Un elfo que custodiaba el carruaje, al escuchar el intercambio entre el sumo sacerdote y el papa, enseguida sacó una flecha de luz de su carcaj encantado, la apuntó al joven y gritó:
—¡Él es Joshua, el que atacó a Boel! —La flecha había abandonado su mano antes de que su voz se desvaneciera.
Boel era un gran benefactor tanto para los elfos como para los hombres bestia, y su grito sacudió a todos los presentes, quienes de inmediato tomaron sus armas para atacar.
Zhou Yunsheng esbozó una sonrisa burlona, levantó un dedo índice y convocó una afilada espada dorada de luz que partió todas las flechas en dos. Sin recitar un hechizo, invocó de inmediato una fila de flechas de luz y las lanzó, convirtiendo a los arqueros de nivel emperador en coladores. No atacó sus puntos vitales; solo perforó sus extremidades, dejándolos paralizados en un charco de sangre.
—Herman, tú y Boel fueron rechazados por el Padre. Él recuperó la luz almacenada en sus cuerpos, ¿verdad? Por más mentiras que uses para encubrirlo, tu oscuro corazón será expuesto ante el mundo. Yo, Joshua, desprecio viajar con tontos como ustedes. Adiós, y espero que logren conservar sus vidas —concluyó su declaración y volvió a levantar su cuchillo para continuar tallando figurillas.
Los guerreros y magos de su equipo se levantaron del suelo y, ordenadamente, continuaron la procesión, riendo y lanzando burlas. Un tercio del bosque estaba cubierto por niebla demoníaca, repleta de bestias oscuras y plantas demoníacas. Incluso si sus extremidades estuvieran intactas, les sería difícil sobrevivir; ahora, su situación era aún más grave.
—¡Qué arrogante! —exclamó Bowen, incapaz de contenerse, mientras saltaba del carruaje e invocaba su enorme espada de luz para atacar.
Cuando la espada se dirigió a la cabeza de la caravana, una explosión de luz dorada brilló repentinamente, absorbiendo la espada hasta hacerla desaparecer. La ira de uno de los sacerdotes de luz más poderosos del continente fue absorbida sin esfuerzo, sin que se escuchara ni un leve golpe.
Cuando los sonidos de los cascos de los caballos se desvanecieron, Bowen salió de su asombro y corrió hacia sus compañeros para examinar sus heridas.
Los agujeros sangraban abundantemente, y los bordes estaban ennegrecidos, quemados por un poder de luz puro. Bowen lanzó varios hechizos de curación, pero no logró sanar ni la mitad de las heridas.
—¿Cómo puede tener un poder tan inmenso? Esto no debería ser posible —dijo Bowen, mirando al papa con desconfianza.
Un hombre con un corazón oscuro no debería poder ganar el favor del Padre ni recibir tal poder de luz, pensó para sí.
El papa ya estaba preparado para esa pregunta y respondió con dificultad:
—¿No viste su rostro? ¿No notaste el color único de su cabello y sus ojos? Es uno de los hijos más queridos por el Padre.
Bowen sacudió la cabeza en señal de negación.
—No, el Padre nunca sería tan superficial. No favorecería a una persona despreciable solo por su apariencia. Herman, no vuelvas a decir eso en el futuro. —A pesar de sus dudas, decidió no insistir más en el tema.
En ese instante, los sacerdotes de luz que acompañaban al papa interrumpieron:
—Su santidad, lord Bowen, hemos decidido seguir al sacerdote Joshua y recorrer el continente. Esto es un adiós. —Uno de ellos, al concluir, hizo una reverencia y corrió para alcanzar la caravana que se alejaba.
Varios guerreros y magos que conocían la verdad también se marcharon de inmediato. Habían sido testigos del esplendor del bautismo del sacerdote Joshua, quien emergió de la sagrada piscina dorada vestido con una túnica divina y rodeado de luces brillantes, como si un dios descendiera a la tierra. Si se atrevieran a usar palabras un tanto audaces, dirían que su presencia rivalizaba con la del Padre.
El Padre había hecho llover pétalos de rosas rojas desde el cielo en su honor. Cualquiera con un mínimo de sentido común podía percibir el profundo amor que el Padre sentía por él. Por un lado, había un sacerdote poderoso destinado a estar con Dios; por el otro, un papa que había sido rechazado y ocultaba esa verdad con mentiras. La razón de su cambio de lealtad era más que evidente.
Sin embargo, no se atreverían a revelar la verdad a los elfos ni a los hombres bestia. Todo el continente sabía que estas razas eran extremadamente tercas; una vez que creían en algo, jamás cambiaban de opinión, a menos que se les presentaran pruebas irrefutables.
A raíz de sus palabras y acciones anteriores, era probable que Boel se estuviera escondiendo en sus tierras tras escapar de la cárcel. Proteger a alguien rechazado por el Padre era una blasfemia; tarde o temprano, pagarían el precio, así que lo mejor era mantenerse alejados de ellos.
El papa observó con tristeza las espaldas cada vez más distantes de quienes se marchaban, y luego giró para encontrar la mirada inquisitiva de Bowen.
—Vámonos. Han sido hechizados por Joshua —dijo, fingiendo cansancio.
Bowen desvió la mirada y lideró al grupo en silencio. Varios de los heridos aún se sentían intimidados por la inmensa fuerza del joven, incapaces de liberarse de la opresiva sensación que les había dejado.
El guía que Zhou Yunsheng había elegido era humano y no conocía el territorio de los elfos, por lo que vagaron durante días. Después de tres o cuatro días, lograron alcanzar a Bowen y su grupo, quedando frente a ellos. A pesar de que estaban viajando en círculos, mantenían un círculo de luz y eliminaban cualquier bestia oscura o planta demoníaca, lo que hacía el trayecto relativamente tranquilo. No aceptaron a los ex miembros del equipo del papa, pero tampoco los expulsaron; simplemente les ofrecieron asilo en silencio.
Esto no era típico de Zhou Yunsheng, quien era frío y calculador; era más bien una decisión del amable y bondadoso fanboy descerebrado. Él era sensible y frágil; podría describirse con las palabras más hermosas. Su carácter contrastaba con el de su parte racional.
Ocasionalmente, salía de su subconsciente, apoyaba la cabeza en el alféizar de la ventana y miraba al mundo con curiosidad, sosteniendo la figurilla del Dios de la Luz en devota oración.
En ese momento, mientras se preparaba para rezar, divisó una espesa niebla negra que cubría todos los árboles y el cielo, acompañada de un leve sonido aleteante en la distancia.
La niebla negra avanzaba lentamente, acercándose al grupo. Al mirar más de cerca, todos mostraron expresiones de horror.
¿Qué es esa niebla?, se preguntaron.
Era una masa compuesta por innumerables mariposas infestadas con niebla demoníaca. Estas podían rociar veneno desde sus bocas, y sus alas esparcían un polvo altamente tóxico. Enfrentar a una o dos mariposas podía ser manejable, pero enfrentarse a un grupo tan abrumador solo podía resultar en ser consumido hasta convertirse en un charco de sangre.
A su paso, dejaban un rastro de muerte; incluso las poderosas bestias oscuras y las plantas demoníacas eran destruidas sin piedad.
Todos se dieron la vuelta de inmediato para prepararse para la retirada, pero una voz clara resonó desde el carruaje:
—Reúnanse a mi alrededor, no salgan de mi círculo de luz.
Una barrera dorada en forma de semicírculo envolvió al grupo, desintegrando en polvo a las mariposas que chocaban contra ella. El equipo avanzó lentamente por el camino despejado, mientras todo a su alrededor parecía tranquilo, sin el estruendo de alas batiendo.
Zhou Yunsheng abrió la cortina del carruaje y se sentó junto al guía, sosteniendo una figurilla del Padre mientras rezaba. Sin importar cuán aterrador fuera el demonio al que enfrentaban, ni cuán sombrío el mundo exterior, su fe en el Padre disipaba todo miedo. La barrera de luz dorada brillaba intensamente gracias a su devota creencia, incluso logrando ahuyentar levemente la niebla negra.
Sin embargo, las mariposas eran criaturas fototácticas; no retrocedían ante la barrera, sino que se agrupaban en multitudes más densas. Tan pronto como un grupo se desvanecía en humo, otro lo reemplazaba. Con el tiempo, el equipo de Zhou Yunsheng se convirtió en el foco de la niebla negra, lo que aliviaba en gran medida la presión sobre los otros viajeros cercanos.
Apenas quedaba una delgada capa del círculo de luz de Bowen tras el ataque de las mariposas; estaba a punto de desaparecer y dejarlos expuestos a cualquier ataque. El poder de luz en su cuerpo se agotaba, y su cetro apenas podía emitir brillo; su frente y su espalda estaban empapadas de sudor.
Recientemente, el Bosque Élfico había empezado a volverse cada vez más peligroso, como si tratara de fusionarse con el Bosque Oscuro. Aunque había enfrentado muchas calamidades, esta era la primera vez que Bowen sentía verdadero miedo a la muerte. Sabía que pronto su círculo de luz desaparecería por completo y que todos serían devorados por las mariposas, convirtiéndose en charcos de sangre.
—¡Hay un sacerdote de luz adelante, corramos! —gritó de inmediato.
La multitud abandonó su carruaje y corrió hacia la fuente de luz.
—¡¿Qué, eres tú?! —Al ver a las personas dentro de la barrera de luz, Bowen quedó sorprendido.
Zhou Yunsheng acababa de terminar sus oraciones y los miró con expresión serena. Si su parte racional hubiese estado al mando, probablemente no les habría ofrecido ayuda. Sin embargo, el joven actual no estaba interesado en presenciar muertes innecesarias. Sin decir palabra, agitó la mano, extendiendo su barrera unos metros más para envolver al equipo de Bowen.
Un cálido y puro poder de luz fluyó por el aire, contrastando con la oscuridad del exterior. Bowen percibió un rastro de fe devota en el ambiente que aún no se había disipado; suaves cánticos sagrados resonaban, haciendo que su cuerpo se relajara inconscientemente.
Bowen observó al joven con una mezcla de perplejidad y desconfianza. No podía creer que un adolescente tan gentil y hermoso, cuya presencia era tan calmante como el amanecer, fuera la misma persona despreciable de la que hablaban Boel y el papa.
Los hombres que habían sido gravemente heridos por el joven temían incluso respirar o hablar. La atmósfera dentro del círculo de luz era solemne, como si estuvieran en un pequeño templo en lugar de un bosque desolado, lo que los obligaba a comportarse de la mejor manera posible.
Aunque Zhou Yunsheng los había salvado, no tenía interés en conversar. Sacó la figurilla y comenzó a tallar lentamente el rostro de su Padre, mientras sus ojos azul profundo reflejaban un cálido amor.
El estado de ánimo de Bowen no podía describirse simplemente como asombro, sino más bien como horror. Sin la bendición de un cetro y sin recitar hechizo alguno, el joven podía sostener un círculo de luz tan grande y resistente, sin parecer necesitar concentración para mantenerlo. Su fuerza debía superar con creces lo que Bowen había imaginado. Y, según había escuchado, el chico tenía solo dieciocho años, apenas un adulto joven.
¿De dónde proviene semejante poder?
Reflexionando sobre esto, Bowen preguntó en voz alta, sin esperar respuesta. Sin embargo, el joven respondió con serenidad:
—Practico sumergiéndome en el estanque de la purificación todos los días.
Al escuchar estas palabras, Bowen enmudeció. Tras un momento de meditación, miró al papa, cuya expresión cambió drásticamente.
—¡Eso es imposible! —gritó de repente el papa.
Desde hacía ochocientos años, ningún sacerdote de luz había logrado entrar en el estanque de la purificación. Aquellos que lo intentaron fueron reducidos a cenizas. Según la leyenda, solo las almas más puras podían sobrevivir a su abrazo.
Bowen también había intentado la prueba, pero solo logró sumergir un dedo antes de que el dolor insoportable lo obligara a retirarlo. En ese instante, comprendió que su corazón y su alma no eran puros, un descubrimiento que lo llenó de vergüenza durante mucho tiempo.
Si el joven realmente puede sumergirse en la piscina de prueba y salir ileso, entonces no puede ser la persona que el papa y Boel describieron. ¡Quizás estoy siendo engañado!
Intentó infundir un poco de confianza en su viejo amigo, pero al mirar al suelo, una nueva revelación lo sacudió. Donde el círculo de luz del joven se expandía, la niebla demoníaca ya no podía tocar el suelo. La hierba reverdecía, y las flores competían por brotar y florecer a su alrededor. Las mariposas demoníacas, que llegaban con un estruendo, estallaban en polvo al impactar, purificando la tóxica niebla que llevaban consigo.
El poder de restaurar la vitalidad de los seres vivos no era solo luz; ¡era un poder divino!
Al considerar esto, el cuerpo de Bowen se paralizó. Quizás estaba ante un semidiós, o incluso un dios, y él, junto a su tribu, habían intentado matarlo.
¡Oh, Dios de la Luz, dígame que esto no es cierto!
