Dama celebridad – Capítulo 18

Traducido por Herijo

Editado por Freyna


Sacudí la cabeza de inmediato.

 —No, no necesitas tener tanto miedo.

 —¿Disculpe?

 —Mi padre no tiene el repugnante pasatiempo de convertir a una actriz talentosa en su amante para después asesinarla.

Las palabras directas que pronuncié dejaron a Sarah visiblemente sobresaltada.

 —Tampoco es una persona desagradable que coquetea con mujeres más jóvenes que su propia hija.

Con una mirada de asombro, dejé a Sarah sin palabras y regresé a mi asiento. A diferencia de antes, Sarah me observó con precaución y se sentó frente a mí.

 —Espero no te hayas molestado. ¿Querías vivir cómodamente como amante, pero crees que eché al Conde Erghetti sin considerar tus sentimientos?

 —¡En absoluto!

 —Lo suponía. No malinterpretes, solo te ofrecí mi ayuda porque te vi en problemas.

 —Entonces, ¿está diciendo que no vino por ninguna otra razón en particular?

 —Al menos, puedo asegurarte que no estoy aquí por lo que te preocupa. Y si no te importa, quisiera ofrecerte mi ayuda.

 —¿Ayudarme?

 —Puedo esforzarme por asistir regularmente a tus actuaciones. Así, pronto se correrá la voz de que el duque Diollus está interesado en tí, quizás, eso haga que los nobles que te han propuesto matrimonio se retiren.

Mientras me encogía de hombros, Sarah, quien había estado escuchando en silencio, finalmente habló con una mirada de desconfianza.

 —¿Puedo saber por qué le interesa ayudarme tanto?

 —Es verdad. No hay favor que no tenga un motivo. Para ser franca, también deseo algo tuyo.

Intenté suavizar el escepticismo de Sarah con mis palabras.

 —Pero más allá de eso, sinceramente deseo que una actriz tan talentosa como tú pueda dedicarse a lo que ama, sin preocupaciones.

 —¿Qué es lo que quiere de mí?

 —Mmm. Necesito un poco de tu ayuda en un negocio que estoy comenzando. No te estoy obligando, puedes decir que no. Aun así, seguiré asistiendo a tus actuaciones.

Al escuchar mis palabras sinceras, Sarah me miró con una expresión más relajada, como si mis palabras hubieran derribado sus barreras.

Sonreí y le propuse, ahora que mostraba curiosidad por mi verdadera oferta.

 —¿Qué te parece? ¿Te interesa escuchar más?

♦ ♦ ♦

 —Me temo que la cena tendrá que esperar…

Dije al salir del camerino después de terminar nuestra charla.

Sarah Hugo estaba aterrada.

Porque el duque Diollus, el padre de la princesa Rubette, la esperaba fuera.

 —¿Papá? ¿Por qué estás aquí esperando?

El duque frunció el ceño, mirando a Rubette con disgusto.

 —¿Se puede saber qué haces sola sin escolta?

 —Umm, ¿qué podría pasarme en un teatro lleno de gente…?

 —Ha…

El duque miró a Rubette con un gesto de desaprobación y empujó su espalda suavemente.

 —Vamos, no tardemos.

Rubette, influenciada por su padre, hizo una señal a Sarah.

 —¡Ah, cierto, Sarah! ¡Me pondré en contacto contigo!

 —¡Ah! S-Sí…

Sarah, atónita por haber olvidado despedirse del duque, asintió y movió su mano en señal de despedida.

Padre e hija abandonaron el teatro rápidamente.

♦ ♦ ♦

 —¿Estás bien, Sarah? Al final, ¿el duque Diollus vino a hacerte una propuesta?

Un colega preocupado del teatro inquirió.

Sarah, siguiendo con la mirada la partida de ambos, negó con la cabeza lentamente.

 —No…

Ella había sido escéptica respecto a la sugerencia de Rubette.

 —Estoy preparando un negocio. Abriré una boutique de ropa y accesorios para damas de la nobleza. ¿Te gustaría ser mi modelo? Por supuesto, te compensaré generosamente. Un salario base más bonificaciones según las ventas. Si aceptas, espero que podamos firmar un contrato en nuestro próximo encuentro. Cumpliré cualquier condición que desees.

En lugar de convertirse en la amante del duque, Sarah sería el rostro de la boutique, promocionándola.

Aunque se negara, seguiría apoyando su actuación, así que, estrictamente hablando,  “en lugar” no era el término correcto.

La oferta de Rubette era claramente beneficiosa para Sarah, quien no pudo albergar dudas incluso al final de su conversación. No obstante…

Es cierto.

La reunión de hace un rato convenció a Sarah de la sinceridad de Rubette, asegurándole que el duque no tenía segundas intenciones.

Desde que la puerta se abrió hasta que se llevó a Rubette, el duque solo mostró interés en su hija, sin dirigirle a Sarah ni una sola mirada.

Por un instante, Sarah dudó de su propia visibilidad.

La princesa debía ser sinceramente honesta. Increíble.

Sorprendida y confundida, Sarah se llevó las manos al pecho.

 —¿Será esto un sueño?

Hoy marcaba su última actuación, obligada por las amenazas del conde Noven Erghetti, quien comprometía la existencia misma de la compañía teatral.

No quería ser la causa del sufrimiento de sus compañeros, lo que la llevó a tomar una amarga decisión…

Sarah encontró alivio en la inesperada ayuda, permitiéndole continuar en el escenario.

Libre, sin el acoso de nobles despreciables y arrogantes.

 —¿De qué hablas? ¿A qué te refieres con ‘sueño’? ¿Eh? ¿Sarah? ¿Estás llorando? ¿Te ha asustado la señorita Diollus?

Sarah negó con la cabeza, con más fuerza de lo que hubiera querido, mientras sus ojos se inundaban de lágrimas. A pesar de su llanto, las comisuras de sus labios persistían en curvarse hacia arriba.

Hacía años que no derramaba una sola lágrima.

♦ ♦ ♦

De regreso en el carruaje, después de despedirme de Sarah, en dirección al restaurante.

“Un día radiante de verano, rememorando nuestro encuentro inicial.

Con cariño, Sarah Hugo.”

Mi padre revisaba una y otra vez el pañuelo blanco firmado por ella, preguntándome:

 —¿Realmente vale tanto la pena?

 —Es perfecto.

Para mi fortuna, Sarah aceptó ser la imagen de “Blanc de Ruby”, mi próxima boutique.

A pesar de su reticencia inicial, debido a la peculiaridad de la oferta, estoy segura de que los malentendidos se desvanecerán tras unos cuantos encuentros más…

Salvar a la incomprendida genio Sarah Hugo y aprovechar su fama ha sido un logro monumental.

¡Contrato de modelo para mi línea de ropa femenina asegurado! ¡Ahora solo queda prosperar económicamente!

Riendo complacida y anticipando el aroma del éxito financiero, contemplé el paisaje a través de la ventana del carruaje en marcha.

Observando la ciudad, adornada con edificaciones que exudaban un encanto extranjero, no podía contener mi entusiasmo.

 —Papá, ¿sabes cuánto cuesta una casa en las afueras?

 —¿Por qué lo preguntas?

 —Planeo comprar una casa y ganar independencia con mis futuros ingresos.

 —¿Qué?

Ignorando la sorpresa de mi padre, mi mente se desplazó hacia recuerdos más melancólicos.

Recordé a Rubette, condenada a una existencia de desdicha en el Ducado de Diollus, viviendo sus días como un patito feo hasta su trágico final.

 —Wishit. Soñaba con construir una pequeña casa, en un lugar de aire puro.

 —Construiré esa casa, con un ambiente acogedor.

 —Y deseaba tener un gato, uno con pelaje negro, amarillo y blanco.

 —Yo también quiero un gato tricolor.

Rubette, quien anhelaba simples alegrías, terminó salvándome sin yo siquiera saber de su existencia, para luego desaparecer.

Así que ese es el estilo de vida que deseas, ¿verdad? Una hermosa casa y criar un gato en el bosque.

Con el propósito de honrar sus deseos, volví a mirar a mi padre y repetí mi pregunta.

 —¿Cuánto cuesta una casa en las afueras?

 —¿Cuántos años tienes ahora que ya quieres irte a vivir sola? ¿Acaso planeas hacerlo sin casarte?

Papá parecía algo irritado.

 —¿Por qué te molesta?

 —Porque estás hablando sin sentido.

 —¿No puedo decidir vivir por mi cuenta? ¿Necesito la aprobación de papá para ello?

 —¿No es eso evidente?

 —¿Cómo puede alguien que nunca mostró interés por mí, a pesar de compartir el mismo techo, hacerlo ahora?

Mi padre, inicialmente sin palabras, finalmente expresó con un suspiro prolongado:

 —De cualquier manera, no. Todavía eres muy joven. Es peligroso…

 —Qué curioso. Creí que a papá le alegraría saber que quiero dejar la casa.

 —¿Yo?

Seguí hablando, observando a mi padre, quien parecía incrédulo ante mis palabras.

 —Sí. ¿No era yo la deshonra de la familia para ti?

Los ojos de mi padre se ensancharon.

Aunque me costaba, me encogí de hombros y añadí, pretendiendo que no me afectaba.

 —¿No me consideras una inútil? Nací en una familia distinguida capaz de vincularse con espíritus… pero soy incapaz de establecer un contrato con uno.

Desalentada, volví a mirar por la ventana.

Un físico corpulento, una personalidad retraída y sombría debido al maltrato constante. Sin duda, este ambiente contribuyó al aislamiento de Rubette. No obstante…

Existe otra razón por la cual Rubette fue ignorada por todos, tanto en la familia como fuera de ella.

A pesar de ser parte de los Diollus, ella era la única incapaz de vincularse con un espíritu.

Para ser exactos, es un secreto a voces que no lo logró.

Sin embargo, no creo que esa sea razón suficiente para que Rubette esté sola el resto de su vida.

 —Sabes, siempre quise comer contigo, salir a divertirnos, tener conversaciones triviales. Por eso ahora estoy contenta. Pero de vez en cuando, al recordar la expresión que solías tener, mi corazón…

Presioné mi pecho, sintiéndolo oprimido.

 —Duele.

Incluso mientras conversaba de manera casual con mi padre, un recuerdo específico me invadió.

 —¿Recuerdas cuando fracasé en vincularme con un espíritu?

Lo miré nuevamente.

 —La expresión de tu rostro en aquel momento quedó tan grabada en mi memoria que no puedo olvidarla.

Mi padre me devolvió la mirada, sus ojos temblorosos.

 —Me miraste como si fuera un fracaso, me dejaste sola y simplemente te diste la vuelta.

Observando el rostro inmutable de mi padre, rememoré aquel frío invierno de mi decimoquinto cumpleaños.

19

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Contenido protegido