La consorte favorita del Príncipe Demonio – Capítulo 110.2: Proposición (2)

Traducido por Selena

Editado por Meli


Tres días antes de la boda, Murong Qi Qi se despertó a mediodía.

Llamó a Su Mei y Su Yue, pero no aparecieron por lo que tuvo que lavarse sola, cepilló su cabello y lo dejó suelto sobre su espalda hasta los tobillos. Se vistió y salió del Tingsong.

Era el primer mes del calendario lunar y hacía frío. Pisó la nieve mientras paseaba por el wangfu. Después de caminar un rato, sintió que algo no estaba bien. Toda la residencia estaba muy tranquila. No se oía ningún sonido y tampoco se veía a nadie.

—¿Príncipe? ¡Su Mei! ¡Su Yue!

Nadie respondió, el único sonido que escuchó fue el de los pájaros.

¿A dónde fue toda la gente? ¿Todos están preparando la boda? Aún así es extraño que no haya nadie.

Pasó el resto del día recorriendo el wangfu y regresó por la noche al edificio Tingsong. En invierno, oscurecía más temprano.

¿Qué pasa? ¿Por qué no hay nadie aquí?¿Han invadido Wangfu?, pensó inquieta mientras observaba el crepúsculo.

Entonces escuchó el sonido embriagante de una cítara, era melodioso como el gorgoteo del agua del manantial. Murong Qi Qi se alegró al saber que no estaba sola.

Rodeó el jardín de ciruelos que estaba en plena floración en busca del sonido y en el pabellón vio a Feng Cang tocando la cítara.

Él se veía muy guapo, vestido de blanco como la nieve. Su cabello recogido en la parte superior de su cabeza. Sus delgados y largos dedos jugueteaban con las cuerdas envolviendo el jardín en una conmovedora música.

—¡Qing Qing, has venido! —Dejó de tocar y se levantó con una sonrisa.

Feng Cang condujo a Murong Qi Qi al pabellón que estaba iluminado con dos hermosas velas rojas que hacían cálido el ambiente. En la mesa, había una botella de jade con un fragante ramo de ciruelas rojas.

Ella se sintió atraída hacia sus ojos que la veían con especial gentileza.

¿Podría ser que él quisiera…? 

Feng Cang se arrodilló frente a ella. En su mano había una hermosa caja con un fino anillo de rubí al interior.

—Murong Qi Qi, ¿estás dispuesta a casarte conmigo, acompañarme de día y de noche, tomarnos de la mano, tener hijos y después de la muerte… ser enterrada en la tumba ancestral de nuestra familia?

Detrás de la rocalla, alguien se rió después de escuchar la última frase.

Pero ella no lo encontró gracioso, sino maravilloso: ser enterrada en la tumba ancestral del clan Feng, con una tableta conmemorativa junto a la de Feng Cang.

—Qing Qing, ¿estás dispuesta? ¿Estás dispuesta a convertirte en mi esposa? —repitió ansioso—. ¿Estás dispuesta?

Él había preparado con cuidado y desde hace mucho tiempo la propuesta, pero estaba nervioso por hacer algo que desconocía.

El silencio de Murong Qi Qi hizo que afloraran sentimientos sensibles y desalentadores. Si ella se negaba, ¿qué debería hacer? Tal vez los rumores la habían hecho cambiar de opinión, pero no podía obligarla a casarse con él. Feng Cang pensó en todas las opciones posibles, algunas de ellas demasiado horribles.

Sus ojos mostraron sinceridad y melancolía. El corazón de Murong Qi Qi se ablandó.

—¡Príncipe, estoy dispuesta! —Levantó su mano izquierda—. Estoy dispuesta a casarme contigo para convertirme en tu esposa. Desde ahora hasta siempre, ya sea durante el bien o el mal, rico o pobre, sano o enfermo, felicidad o tristeza, ¡te amaré, te apreciaré y te seré fiel para siempre!

Su suave voz alejó el miedo en su corazón, los labios de Feng Cang, temblaron. Ella estaba dispuesta a casarse con él y nunca lo dejaría. Se levantó y la abrazó con fuerza. Deseó poder fundirla en su médula ósea.

—¡Yo también te amo! También estoy dispuesto a acompañarte durante mucho tiempo. No importa si es durante circunstancias favorables o difíciles, rico o pobre, sano o enfermo, felicidad o tristeza, ¡te amaré siempre, te apreciaré, te respetaré y te seré fiel por toda la eternidad!

Feng Cang nunca había sido tan feliz. Su matrimonio había sido un arreglo entre los dos países y había estado preocupado ante la idea de que Murong Qi Qi se viera obligada a casarse con él, sin embargo, su promesa «te amaré por siempre», lo relajó y abrió su corazón por completo.

Junto a ellos, alguien aplaudió y otro vitoreó.

Murong Qi Qi dejó los brazos de Feng Cang y descubrió que la gente que había desaparecido los rodeaba.

—Ustedes… —Murong Qi Qi se dio cuenta de la confabulación.

—¡Felicidades, señorita! ¡Felicidades, guye[1]! —gritaron Su Mei y Su Yue.

—¡Príncipe, el anillo aún no está puesto! —Murong Qi Qi agitó su mano izquierda—. ¡Tienes que ponérmelo en el dedo anular!

—¡Bien, bien!

Feng Cang había olvidado lo más crucial. Le puso el anillo y los dedos de ambos se entrelazaron como si nunca fueran a separarse.

—¡Bésala! —gritó Wanyan Kang.

Los sirvientes también los animaron; aunque tenían un poco de miedo de Feng Cang, él se veía feliz y parecía más accesible.

—¡Primo hermano, bésala! ¡Venga, bésala como prueba de tu amor! ¿Qué opinan?

Las voces de las masas eran fuertes y claras. Sus ojos brillaban como la nieve. Bajo la mirada de tantos, Feng Cang bajó lentamente la cabeza.


[1] Guye: yerno, también usado por los sirvientes de la familia de la señora.

Selena

Meli

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