Traducido por Shroedinger
Editado por Sakuya
—¿Qué?
Me reí asombrada. Atónita y sin poder creerlo le pedí que repitiera lo que acababa de decir, pero tan pronto como terminé, alguien más dio un paso adelante.
—¿Qué acabas de decir?
Era mi hermano. Su rostro se parecía al mío, pero se veía aterrador cuando frunció el ceño. Era un guerrero versado en batalla en la frontera, y la atmósfera a su alrededor cambió instantáneamente cuando se enojó.
—Su Majestad…
Rashta dio un paso atrás vacilante, sorprendida por el aura de Koshar. Cuando mi hermano se le acercó amenazadoramente, ella se tambaleó más hacia atrás.
—¡Oh!
Cayó sobre su trasero, su mano se extendió para envolver su estómago de manera protectora. Caminé rápidamente hacia mi hermano y lo agarré de la manga.
—Detente.
Casi al mismo tiempo, el Marqués Farang agarró a Koshar por el brazo y tiró de él.
—Déjalo ir. No te involucres.
En ese momento, Rashta miró hacia arriba con expresión asustada y dio un grito agudo.
—¡Aaaaah! ¡Mi estómago!
Se arrastró por el suelo con expresión de agonía.
—¿Por qué finges estar herida?
Koshar parecía a punto de explotar. Rashta todavía sostenía su estómago, y cuando vi la imagen, mi corazón cayó al piso y sentí como si me hubieran rociado la cabeza con agua helada.
Una multitud comenzó a reunirse cuando el Marqués Farang intentó alejar a mi hermano.
—¡Me duele el estómago! ¡Aaaaah, me duele el estómago!
Rashta continuó gritando. Parte de la multitud conocía la notoriedad de mi hermano. Algunas personas corrieron al palacio central en busca de ayuda, mientras que otras se acercaron a Rashta para examinar su estado. Los guardias, junto con el Marqués Farang, intentaron contener la ira de mi hermano.
—¡Tú, ahí! ¡Te atreves a decir que Navier es infértil y esperas que críe a tus hijos! ¡Te cortaré la lengua! —Koshar continuó gritando incluso cuando fue empujado hacia atrás.
Los ojos de Rashta temblaron de miedo. Era cierto que ella dijo esas palabras, pero era difícil refutar cuando estaba gritando, así que no respondió una palabra. Koshar estaba jadeando y resoplando, y los guardias y el Marqués Farang finalmente lograron llevárselo.
Rashta me miró y sollozó lastimosamente. Noté que tenía la frente empapada en un sudor frío, por lo que no debía estar fingiendo el dolor que sentía.

Parecía estar articulando algo, como pidiendo ayuda. No sabía lo que esperaba. Los concejales vendrán pronto. Había muchos oficiales alrededor y guardias para ayudarla o llevarla a algún otro lugar. No había nada que pudiera hacer por ella.
La miré por otro momento, luego me volví y fui a buscar a mi hermano.
♦ ♦ ♦
—¿Rashta está bien?
El médico del palacio estaba revisando a Rashta con una expresión seria en su rostro, y Soviesh no pudo evitar estar impaciente. Rashta miró al doctor con los ojos llenos de lágrimas.
—El bebé. ¿Está bien el bebé?
Soviesh chasqueó la lengua con frustración.
—¿Le pasa algo al bebé?
—El bebé es lo más importante para Rashta.
—Eres más importante que un bebé nonato.
—Pero Rashta…
—Detente. No te agites demasiado.
Le secó el sudor frío de la frente con una toalla y miró al médico. Fue una señal para responder rápidamente. El médico dio un paso atrás y respondió con tristeza.
—La señorita Rashta necesita estabilizarse, majestad.
—¿Estás diciendo que está herida? —Soviesh respondió con dureza.
—No es eso. —El médico de palacio juntó las manos como si se disculpara—. Hay que tener mucho cuidado en las primeras etapas del embarazo y ella no es físicamente fuerte. Trate de evitar situaciones como estas en el futuro, de lo contrario, podría sufrir un aborto espontáneo.
Tan pronto como el médico se fue, Soviesh pateó enojado el sofá. Las mejillas de Rashta estaban llenas de lágrimas mientras agarraba su manta. Soviesh cerró los ojos y logró respirar profundamente antes de hablar con calma.
—Rashta. Cuida tus palabras frente a Koshar. Es un hombre que se enoja rápidamente. Le pondré una orden de restricción, pero no sé qué hará cuando mis ojos se desvíen.
Rashta lo miró con sorpresa.
—¿Cuidar mis palabras?
—Escuché de otras personas que hablaste mal de la Emperatriz, es decir, sobre la infertilidad.
—¡A-ah no, Su Majestad!
Ella negó vigorosamente con la cabeza, pero recordó a Koshar gritándole sus acusaciones salvajemente frente a la multitud. Había tantos testigos, y Soviesh no parecía creerle. Ella se atragantó.
—No es verdad…
Debería haberse opuesto a las palabras de Koshar entonces, pero en ese momento le dolía tanto el estómago que no podía explicarse. Ahora estaba claro para ella que la gente creía inmediatamente en las palabras de Koshar. Lo encontró muy injusto, pero en lugar de negarlo, rompió a llorar.
—¡La Emperatriz le dijo a Rashta por primera vez que no valía nada!
Sin embargo, Soviesh defendió inesperadamente a Navier.
—La Emperatriz es alguien que maneja su imagen al extremo.
Rashta se sonrojó ante su respuesta. En lugar de ponerse del lado de Rashta, Soviesh creyó en Navier. Un sentimiento de inquietud se disparó en ella. A este paso, parecía haberse quedado sola después de insultar a la Emperatriz.
Es cierto que me caí sola. Pero si una persona tan aterradora se acerca a ti, no puedes evitar sorprenderte y caer.
Ella se mordió el labio inferior. ¿Era por estrés? Le estaba empezando a doler el vientre de nuevo.
El dolor de hace unas horas se agitó en su memoria, así como la fría mirada de la Emperatriz en ese momento. La Emperatriz la había menospreciado cuando estaba pidiendo ayuda…
—Rashta.
Soviesh intentó calmarla, pero todavía no se atrevía a hablar. Ella era miserable. No era un perro que pudiera dejar ir su ira una vez que la regañaban. ¿Qué pasa si Soviesh malinterpreta que es una mala mujer y luego la abandona? La posición de la concubina no era estable, y podría ser expulsada o descuidada si a Soviesh comenzaba a desagradarle.
Como las concubinas de los anteriores emperadores.
¿Qué pasaría si la expulsaran del Palacio Imperial? ¿Cuánto dinero le dará Soviesh para mantener a su bebé? O, tal vez, se llevaran a su bebé y sería a ella a quién echarán.
Ese tampoco era su único problema. El hermano de la Emperatriz o el Vizconde Roteschu podrían intentar buscarla y entonces matarla.
El corazón de Rashta se enfrió. Ya la habían abandonado, le habían robado a su bebé y casi había muerto. No quería volver a sufrir el mismo destino.
No, no debe ser así.
La Emperatriz puede ser una figura digna, pero era de sangre fría. Su hermano era violento y grosero. Los nobles la trataban como una linda novedad, pero podían fácilmente darle la espalda. Y aunque amaba a Soviesh, no podía confiar ni depender de él. Rashta pronto se dio cuenta de que ella era la única que podía protegerse a sí misma y a su bebé.
Tan pronto como terminó de pensar, habló en voz baja.
—Rashta no le dijo nada sobre la infertilidad a la Emperatriz. Incluso si las palabras de Rashta fueron malinterpretadas… Rashta lleva al bebé del Emperador. No merezco que me empujen.
Soviesh frunció el ceño.
—¿Koshar te empujó?
—Sí. No con fuerza, pero me empujó a mí.
La mirada de Soviesh de repente se volvió acerada.
—Ese hombre…
Soviesh había sido informado sobre las secuelas del incidente, pero nadie sabía la causa de la caída de Rashta. Para cuando la multitud se había reunido, ella ya estaba en el suelo y el Marqués Farang y Navier estaban tratando de detener a Koshar, por lo que nadie sabía la secuencia exacta de los eventos.
¿Pero Koshar empujó a Rashta? Si Rashta hubiera dicho que Navier lo hizo, Soviesh no la habría creído. Sin embargo, Koshar era el tipo de hombre que podía hacer tal cosa.
—Descansa un poco por ahora.
Cubrió con una manta el cuerpo tembloroso de Rashta y salió de la habitación. Sin embargo, su calma duró solo unos pocos pasos, y cuando regresó a su habitación, llamó a su secretario en jefe, el Marqués Karl.
—Marqués Karl, asegúrese de prohibir completamente a Koshar Lilder Troby la entrada al Palacio Imperial hasta nuevo aviso.
—¿Qué? ¿Una orden de alejamiento…?
—Una suspensión no es suficiente.
—Pero, su Majestad, Lord Koshar es el hermano de la Emperatriz y sucesor del Duque Troby.
—Es por eso que solo llegué hasta aquí. No obstante, estaba decidido a empujar a Rashta.
—¿Lord Koshar empujó a la señorita Rashta?
—Según ella.
Había una nota inusual de duda en las palabras de Soviesh.
El Marqués Karl recordó que Soviesh se quedó con el informe del Vizconde Langdel en lugar de tirarlo.
♦ ♦ ♦
—¡¿Tengo prohibido entrar al palacio?!
Estaba con mi hermano cuando llegó el mensajero del Emperador para darle la noticia. El mensajero retrocedió cuando Koshar le gritó enojado.
—Sí. Y si empuja o amenaza a la señorita Rashta nuevamente, será castigado por amenazar a la familia imperial.
—¡¿Quién estaba empujando a quién?! —Koshar lanzó un rugido, rompió un cojín con el puño y el mensajero se escabulló.
—¿¡Puedes creer esto!?
Koshar no se calmó incluso después de que el mensajero escapó de la habitación.
—¡¿La empujé?! ¿Estaría bien si la empujara?
—Hermano.
—Navier. ¿Hay algún problema con los oídos o la lengua de tu esposo?
—Hermano.
Mis intentos de calmarlo no fueron escuchados. Me acerqué a Koshar y le di un toque en la espalda. Sostuvo el cojín roto cerca de su pecho y apretó los dientes, pero después de un momento él se desplomó y se disculpó conmigo.
—… Lo siento por el cojín.
—Está bien. ¿Qué hay de ti? ¿Estás bien ahora?
—Si no hubieras estado aquí, podría haber golpeado al sirviente que entregó el mensaje.
—Controla tu temperamento.
—¡Pero…!
—Te arrepentirás.
Estaba completamente abatida por esta noticia, pero estaba segura de que mi hermano, quien causó esto, se sintió mucho peor. En una situación en la que las personas de “nuestro” lado eran muchas y Rashta era una, mi hermano de temperamento feroz simplemente acercándose a Rashta ya sería considerado una amenaza. Si hubiera dicho eso como si realmente fuera la culpa de mi hermano, habría sido mucho más comprensible.
No obstante, afirmó que se cayó porque mi hermano la empujó. ¿No era eso una completa mentira? Soviesh incluso le creyó y le dio a mi hermano una orden de restricción. Lo mismo sucedió cuando el príncipe Heinley preguntaba por las cartas. Rashta era una mujer engañosa.
—Tienes que tener cuidado mientras tanto, hermano.
—¿Tener cuidado con esa maldita mujer?
—¿Escuchaste cómo se divorció la Duquesa Tuania?
—Algo escuché.
—Rashta es la que participó en el divorcio. Ella provocó viejos rumores sobre la Duquesa Tuania y los manipuló para que fueran mucho peores.
La sorpresa cayó en mi hermano.
—Ella no es solo una concubina. Es inteligente.
Soviesh creía inequívocamente en las palabras de Rashta, y la propia Rashta tenía la capacidad de manipular la opinión pública y ganarse el favor de la gente. En medio de eso, también estaba dando a luz al primer hijo del Emperador. Era mejor no chocar con ella.
Mi hermano me miró a la cara y no pudo contener los juramentos en su boca.
—¡Mierda! ¡Maldita cosa podrida!
♦ ♦ ♦
Esa noche, Koshar se encontró bebiendo con su amigo, el Marqués Farang.
—Oye, bebe despacio.
El Marqués Farang miró preocupado mientras Koshar bebía demasiado, pero las preocupaciones del Marqués fueron descartadas.
—Quiero emborracharme. Déjame.
—Me preocupa que te emborraches y cruces el muro del palacio.
—Puedes detenerme, ¿verdad?
—¿En serio? No puedo detenerte incluso cuando estás sobrio, así que ¿por qué crees que puedo detenerte cuando estás borracho?
Koshar resopló y se sirvió otra bebida fuerte en su vaso.
—Mi madre y mi padre me regañaron tan pronto como llegué a casa. Sería malo para Navier si tomo alguna medida, así que por su bien tengo que mantener un perfil bajo.
—… Koshar.
—Dije un perfil bajo. Después de todo, así tiene que ser.
Koshar derramó más licor en su boca y golpeó el vaso sobre la mesa.
—¡Estoy tan enojado, nunca he hecho nada para merecer un castigo!
—Bien. Esta vez fue inmerecido.
—¡Yo no empujé a esa perra!
—Lo vi. Deberías evitarla.
El Marqués Farang no agregó que la gente común se tambaleaba ante la presencia de Koshar porque tenían miedo. Lo que su amigo necesitaba ahora era una voz de consuelo, no de crítica. Sin embargo, las palabras del Marqués Farang no lograron calmar a Koshar.
—Si esa mujer tiene un bebé, algún día devorará a Navier. Uno tiene que golpear primero.
Koshar tomó un trago y se atragantó con su licor. Tosió para aclararse la garganta.
—¿Vas a golpearla? ¿A la concubina del emperador?
—Sí.
—¿Cómo?
—Descubriré su debilidad.
—De verdad… Ni siquiera puedes entrar al Palacio Imperial.
—No puedo entrar. Pero mi dinero y mi poder pueden.
—Bueno, eso es cierto.
—Puedes entrar.
—¿Qué? ¡¿Me estás metiendo en esto?! —El Marqués Farang parecía haberse tragado algo amargo—. Bien. Bien, te seguiré. Entonces, ¿qué vas a hacer para descubrir su debilidad?
—Depende de cuál sea la debilidad.
—Cuando hablaste brevemente con la Emperatriz antes, pregunté por ahí. Había corrido el rumor de que la mujer era una esclava.
—¿Esclava?
—En las celebraciones de año nuevo, alguien llamado Vizconde Roteschu afirmó que Rashta era una esclava fugitiva.
—¿De verdad?
—Pero enmendó sus palabras y dijo que se había equivocado de persona.
—¿Podemos usar eso?
—Va a ser difícil para el Vizconde Roteschu volver a cambiar sus palabras. El Emperador hizo todo lo posible para enterrar ese rumor.
Koshar respondió en un murmullo bajo.
—Decidiremos cómo vamos a aprovechar esa debilidad más tarde.
Sacó una pequeña bolsa de su bolsillo y se la entregó al Marqués Farang.
—Vamos a comprar algunas personas para resolver esto.
El Marqués Farang miró dentro de la bolsa y vio brillantes joyas, obtenidas de los bandidos que habían expulsado de Parme.
—Las joyas fueron recolectadas por los bandidos, por lo que es difícil rastrear al propietario, incluso si son descubiertos.
—Bien.
El Marqués asintió y se guardó las joyas en el bolsillo. Koshar golpeó con el dedo sobre la mesa.
—Hay una cosa más.
—¿Qué cosa?
—Necesito un fármaco eficaz para inducir el aborto. Algo que dañe lo menos posible a la madre.
Los ojos del Marqués Farang se abrieron como platos. Si iban a obtener una droga abortiva…
—¿En serio?
Una peligrosa sonrisa se extendió por los labios de Koshar.
