La Legión del Unicornio – Tomo II – Capítulo 13: Punto de no retorno

Traducido por Kavaalin

Editado por Meli


Era tarde en la noche cuando llegaron a la tercera ruta. No era un lugar agradable; el terreno era casi plano y aunque el punto de emboscada tenía una pendiente alta, no tenía protección natural. El grupo se detuvo para establecer el campamento y se instaló para una larga espera.

—Ese capitán, no nos dijo nada —se quejó Titán, rompiendo el silencio.

—Los secretos militares no son asunto nuestro —respondió con calma su hermano Thomas—. Mientras hagamos un buen trabajo, todo saldrá bien.

—Caín —Titán se dirigió al silencioso caballero—, ¿cuántos rebeldes crees que son?

El caballero lo ignoró, concentrado en examinar la espada y el escudo que le habían dado. Sus suministros eran bastante abundantes; los arqueros no sólo recibieron arcos ordinarios, sino que también fueron equipados con arcos largos para disparar a larga distancia.

—¿White?

—No lo sé… ¿Tal vez veinte o treinta?

—Eso sería bueno —asintió Titán—. Podríamos derrotar a la mitad desde la distancia, luego acercarnos y eliminar al resto. ¿Verdad, capitán?

—Ah… —murmuró el elfo, mirando a lo lejos.

—¿Qué estás mirando? —Titán siguió su mirada, sacudió la cabeza y se volteó—. Parece que estaremos aquí toda la noche… No quiero esperar tanto, ah…

—Son cincuenta… Cambio de planes; los dos bandidos y White vendrán conmigo. Todos los demás deberán quedarse aquí. Si alguno de los rebeldes se acerca, Titán y Thomas estarán a cargo. —indicó el elfo.

Caín se puso de pie. La mayoría de sus oponentes llevarían armadura y Ellen era un luchador de largo alcance. Necesitaría un poco más de protección.

—Cuenta conmigo. No te retrasaré.

El elfo lo miró sorprendido y asintió. Los arqueros y los bandidos eran rápidos por naturaleza y, por lo general, ni siquiera los caballeros con mejoras mágicas podían seguirles el ritmo.

Los cuatro se escabulleron por los lados. Cuando estuvieron a unas trescientas yardas del enemigo, Ellen lanzó un ataque. Por supuesto, a esta distancia sus flechas hicieron poco daño a los rebeldes blindados, quienes sólo levantaron sus escudos y avanzaron de manera constante.

Ellen continuó disparando esporádicamente, a veces desapareciendo por completo. Cada vez que se acercaba una flecha, aquellos con armadura más liviana se escondían detrás de sus escudos.

Ellen los observó con atención y arremetió tan pronto bajaban la guardia y pronto varios de ellos resultaron heridos.

A juzgar por la frecuencia y dirección del ataque, era obvio que solo había un arquero. Si los arqueros no se movían y continuaban atacando desde una ubicación, terminaría expuesto.

Los rebeldes enviaron a cuatro guerreros fuertemente blindados en la dirección del ataque y continuaron su camino. Pero Ellen tenía la intención de ser encontrado y aceleró sus ataques; las flechas volaron hacia los rebeldes. Sin embargo, cuando los cuatro se acercaron, las flechas se detuvieron abruptamente.

Los guerreros se miraron unos a otros. Ni siquiera habían hecho su movimiento antes de que su asaltante se rindiera y se sentían nerviosos por la posibilidad de que se tratara de una trampa. Pero formaban parte de la fuerza principal de la rebelión por una razón y continuaron avanzando.

De repente, cuatro flechas salieron disparadas e hirieron a los guerreros, ahora, su armadura pesada sólo los inmovilizaba. Sin excepción, los guerreros cayeron en la trampa. Ellen indicó a los bandidos que actuaran y se alejó corriendo, dejando a Caín y a los dos bandidos para acabar con los guerreros.

Cuando levantaron la vista, vieron que Ellen y White habían rodeado a los rebeldes y habían comenzado a disparar indiscriminadamente contra la multitud. Esta vez, Ellen se movió más rápido y con más precisión, eliminando a los rebeldes con facilidad.

Los rebeldes se detuvieron y esperaron un rato. Todavía estaba claro que no estaban lidiando con fuerzas dispersas, solo era una que había cambiado de posición. Cuando los rebeldes siguieron avanzando, los otros mercenarios alcanzaron a White y Ellen. Después de pedirle a Caín que cubriera a White, Ellen corrió delante de los rebeldes en dirección al campamento escondido.

Los rebeldes eran mucho menos numerosos después del ataque de Ellen y ahora habían quedado atrapados en una serie de trampas bien ubicadas por los mercenarios que habían permanecido en el campamento. Las trampas no eran fatales, pero inmovilizaron por completo a las fuerzas rebeldes. En este punto, otra ronda de flechas provino desde una dirección diferente.

—Siento lástima por ellos —jadeó Titán, corriendo hacia Ellen justo cuando Caín y los demás lo alcanzaron—. Deberíamos seguir moviéndonos. Esto es divertido, ¡pero también es agotador!

—Puedes descansar por ahora —susurró Ellen—. Si comienzan a moverse de nuevo, reúnase con Thomas y los demás.

Caín miró a su equipo. Todos parecían cansados, al igual que él, pero el más agotado era Ellen, había trabajado demasiado y parecía a punto de colapsar. Para mantener una distancia segura de los rebeldes y seguir disparando con precisión, necesitaba usar toda su fuerza y ​​usar el poderoso arco largo.

Caín se alejó del grupo por un momento y en secreto lanzó un hechizo de recuperación. Cubrió a Ellen y tuvo cuidado de no acercarse demasiado y dejar que se descubrieran sus acciones. A pesar de sus precauciones, Ellen de repente lo miró con confusión en sus ojos. El caballero estaba en shock. Por fortuna, el elfo no habló y solo miró hacia otro lado. Su rostro estaba muy pálido, como si el hechizo de recuperación no lo hubiera afectado en absoluto.

¿El rango fue demasiado corto? 

Había tiempo para lanzar el hechizo de nuevo, pero el caballero no se atrevió. Unos minutos más tarde, Ellen se levantó y asintió a los demás.

Derrotaron a los arqueros enemigos restantes y dieron vueltas alrededor de las trampas, encendiendo bengalas a medida que avanzaban. Al final, encontraron al resto del equipo. Los miembros de Avena y Pan estaban cansados y discutieron con impaciencia sobre qué hacer a continuación.

—Oh, cierto. Todavía son veinte contra diez —comentó Titán.

—No te preocupes —respondió Ellen—. Si matamos a algunos de los estúpidos, los más inteligentes saldrán corriendo.

El caballero no pudo evitar sonreír detrás de su armadura.

—Aprendes rápido.

—Eso es porque tuve un buen maestro. —El elfo sacó su cuchillo—. Vamos, terminemos con esto.

Pronto quedó claro que todavía había algunos inteligentes entre los rebeldes, pero no se les dio la oportunidad de correr muy lejos. Los caballeros de la guardia real habían llegado después de ver las bengalas y derrotaron a los rebeldes restantes mientras el sol se asomaba por el horizonte.

—Entonces, ¿si había refuerzos? ¿Y no nos dijeron? —se quejó Titán en voz alta después de regresar al campamento.

—Si se los hubiera dicho, no se habrían esforzado tanto —contestó Duncan con frialdad.

—De todos modos —continuó Titán—, debe recordar pagarnos un poco más por hacer todo esto por nuestra cuenta.

—Lo tomaré en consideración. Su desempeño superó con creces mis expectativas. Puede que reciban un aumento del diez al cincuenta por ciento en su recompensa.

—¿Solo eso? —Titán frunció el ceño—.  ¡No puede hablar en serio! ¡Un humano no puede vivir con tan poco! ¿Verdad, capitán?

—No me preguntes a mí. No soy humano. —Se volteó y con calma se señaló las orejas.

Los mercenarios a su alrededor se echaron a reír ante sus palabras. Esta vez, incluso los labios de Duncan se curvaron ligeramente.

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