Mi prometido ama a mi hermana – Arco 8 – Capítulo 7

Traducido por Ichigo

Editado por Lucy


A pesar de que en la habitación solo había una luz tenue, la presencia de Marianne intensificaba los colores del mundo. Era como si su cuerpo estuviera cubierto por partículas de una pálida luz, y la vista era preciosa.

No obstante, la capa que vestía para proteger su esbelta silueta era tan oscura como la noche y no llamaba en absoluto la atención.

—¿No es un sueño, verdad? Realmente está aquí, ¿cierto?

Mientras permanecía inmovili debido a su abrazo, Marianne me acariciaba la espalda y los hombros, como para asegurarse de que de verdad estaba allí. Cuando el cosquilleo de la palma de su mano, moviéndose de un lado a otro una y otra vez, me hizo sonreír, ella por fin se percató de mi expresión y repitió: «¡Ah, gracias a Dios…!». Ver a mi amiga, visiblemente sobrepasada por la emoción, también hizo que mi corazón se conmoviera.

Aunque abrí la boca para preguntar por qué estaba allí, las palabras no salieron de inmediato.

—Señorita Marianne… No tenemos mucho tiempo.

Mientras parpadeaba repetidamente para disipar mi visión borrosa, el hombre que nos observaba desde el rincón de la habitación habló en voz baja. Aun así, ella no me soltaba, por lo que él, impacientándose, la reprendió: «Por favor, dense prisa».

Finalmente, Marianne retrocedió un paso con desánimo, y sentí una atisbo de soledad al verla alejarse. Casi inconscientemente, extendí mi mano hacia la suya. Tal vez a ella le ocurría lo mismo.

Apenas nuestras yemas se rozaron una vez, levemente.

—Siento que voy a llorar.

Una voz tan queda que casi no la oí brotó de sus labios temblorosos. Sin embargo, sus ojos de voluntad firme no vacilaron un instante mientras me miraba fijamente:

—Señorita Ilya. ¿No está herida, verdad?

Parecía saberlo ya, pero aun así asentí con suavidad para confirmar. Fue entonces cuando por fin me di cuenta.

Los ojos de mi amiga, quien había aparecido tan de repente, estaban apagados y melancólicos. Comparada con la última vez que la vi, sus mejillas se habían adelgazado. No podía ocultar lo exhausta que estaba.

Considerando que solo la acompañaba un guardaespaldas, significaba que aquella joven aristócrata, criada como una princesa consentida, había viajado sin su doncella.

Por supuesto, estaría cansada.

Al bajar la mirada hacia sus pies, vi el polvoriento dobladillo de su vestido flotando holgadamente sobre sus zapatos sucios. El vestido, confeccionado con una tela que se reconocía al instante como un artículo de lujo, lucía opaco por el polvo. Los puños que ceñían sus delgadas muñecas también estaban sucios.

Que hubiera acabado en tal estado… No era propio de ella.

—La señorita Marianne ni siquiera tuvo tiempo de dormir y vino hasta aquí. Incluso perdimos dos de nuestros caballos. Cabalgó durante mucho tiempo y tenía tanta prisa… Todo para verla.

Mientras me miraba a la cara, el hombre habló de repente con tono conciso. Había un deje de desaprobación en su voz que no pudo ocultar.

—No le preste atención.

No supe qué responder a Marianne, que negó con la cabeza y rio. Así que simplemente la llamé por su nombre:

—Señorita Marianne —y ella me dedicó una sonrisa tímida antes de continuar:

—Quería darme un baño antes de verla, señorita Ilya…

Antes de que pudiera tenderle la mano a tiempo, perdió las fuerzas y se dejó caer sobre la cama.

La llamé, porque la forma en que su cabeza colgaba transmitía la impresión de que iba a colapsar. Pero ella enderezó la espalda de inmediato y arregló su apariencia como si nada hubiera ocurrido.

Sus dedos apartaron el cabello dorado que le caía sobre los hombros, y con naturalidad ajustó la caída de su falda sobre la cama. Aquel gesto fue sumamente elegante. No pude evitar darme cuenta de lo diferente que era de la gente común. Su porte sereno podía parecer altivo, pero no resultaba desagradable y atraía naturalmente la atención de las personas.

Merecía ser llamada una «dama» y para eso había sido educada. Toda mujer nacida en una familia aristocrática aprendía cómo convertirse en una; más bien, las obligaban a aprender. Sin embargo, también podía provenir de un talento y temperamento innatos. En cuanto a mí, siempre había pensado que por más veces que empezara mi vida de nuevo, jamás lo conseguiría.

—En realidad… Me gustaría hablar más, pero es cierto que no tengo tiempo.

Dijo Marianne, colocando sobre su regazo el pequeño bolso que había estado a sus pies.

Me pidió que me sentara a su lado y, aunque confundida, seguí sus instrucciones. Después de observar cómo me calmaba, quitó el cierre metálico que aseguraba la tapa del bolso. Marianne miró dentro y sacó un fajo de papeles.

—Voy a explicártelo ahora, ¿podría mirarlos con atención, por favor?

Mientras leía en voz alta, una por una, las palabras escritas en los papeles, Marianne comenzó a explicar como si estuviera recitando un discurso. Parecía estar cumpliendo con su deber.

Antes de que pudiera decir nada, ella declaró:

—Hemos preparado todo lo posible en esta etapa. Un permiso de salida, un pasaporte y una visa para entrar al país vecino.

Cuando me entregó los documentos necesarios para embarcar, sentí un nudo en la garganta.

El grosor del papel, la impresión y las firmas de las diversas partes involucradas hacían que parecieran obtenidos oficialmente, y no una falsificación. ¿O acaso estaban hechos con una tecnología muy avanzada?

Cualquiera que fuera el caso, no era algo que una persona común pudiera conseguir.

—Estos permisos de salida y visas le servirán como documentos de identidad. Por supuesto, el nombre escrito en ellos no es Ilya, sino el de otra persona… Así que, por favor, recuérdelo bien.

Un documento a nombre de otra persona, pero que no era falso. No podía comprender todas sus implicaciones. Incluso si hubiera necesitado recurrir a la ayuda de alguien para lograrlo, Marianne poseía el poder para preparar algo así.

—Además, traje algunas joyas que parecen tener valor monetario.

—¿Eh?

—Por favor, cámbielas por dinero en efectivo. Son mis pertenencias personales, así que no tendrá problemas aunque alguien investigue su origen. Sin embargo, si es posible, hágalo después de haber salido del país. Sería más seguro de esa manera.

No podía creer lo que oía y voltee los ojos ante lo que decía mi amiga. Mis sentimientos no podían procesar aquellos hechos expuestos con tanta naturalidad. Quería pedirle que esperara un momento, pero ella seguía hablando tan rápido que no pude hacer nada.

—Por ahora, por favor, cruce a este país en barco.

Un mapa se desplegó frente a mí. Por el año impreso en el borde, supe que era el más reciente. Lo que estaba marcado con tinta roja era uno de los países amigos con los que nuestra tierra tenía una relación cercana.

—Para ser franca, me gustaría que uno de los subordinados de mi familia la guiara hasta allí, pero si alguien más interviene, el factor de riesgo aumentará en consecuencia. Por lo tanto, le daré los detalles de la ubicación al hombre de cabello negro.

—¿Eh?

Cuando me giré para seguir la mirada de Marianne, vi a Crow, que estaba de pie junto a la entrada con una leve sonrisa en el rostro.

—He preparado una casa para usted, así que no se preocupe. Aunque está un poco lejos, es una villa de mi propiedad. Dicho esto, no está a mi nombre real. La administra alguien que no tiene ninguna conexión con nuestra casa. En otras palabras, es un escondite en toda regla. Para emergencias. Así que esa casa es segura. Nadie pensará que estoy involucrada en este asunto.

—Ah, esto…

—Originalmente, mi abuelo había preparado este lugar para que, si algo le sucedía a nuestra familia, tuviéramos dónde escondernos, aunque fuera por un corto período. Nunca pensé que tendríamos que usar esa casa… Pero estaba amueblada y lista para ser utilizada en cualquier momento. Al final, resultó útil.

»Por favor, escóndase allí hasta que decida qué hacer de ahora en adelante. No puedo organizar su vida después de eso… pero probablemente sea más seguro así. Prefiero no saber sobre su futuro.

—Esto, señorita Marianne… ¿Por qué está haciendo todo esto?

La última vez que me separé de Marianne fue de camino a casa desde la academia. Después de eso, ella regresó a su propia mansión y, aunque podría haberse preocupado por el hecho de que yo me hubiera ausentado de la academia, debió de haber seguido con su vida habitual.

Sin embargo, parecía estar muy al tanto de mi situación actual y de lo que yo había pasado.

—No sé nada, señorita Ilya.

Declaró Marianne, mirándome a los ojos.

—Todo lo que sé es que debe abandonar este país de inmediato y que debe esconderse durante un tiempo.

»Ah, y también… naturalmente sé que ya está muerta.

»Dije que no sabía nada, pero, sorprendentemente, podría saber mucho más de lo que esperaba. Je, je —su sonrisa se acentuó mientras me miraba con intensidad.

—¿No se pregunta por qué sigo viva…? ¿No es extraño? —Bajo su mirada franca e inquebrantable, sentí un poco de culpa.

—Ciertamente…, es verdad que cuando escuché que había fallecido, lloré.

Habló con voz gentil. Sin embargo, me dolía pensar que fingir mi muerte la había entristecido.

Desde temprana edad, Marianne ya poseía las cualidades perfectas necesarias para una aristócrata.

En una fiesta, hace mucho tiempo, un distinguido invitado de otro país confundió a Marianne con un miembro de la familia real. Ese era el tipo de persona que era ella. No era solo cuestión de su apariencia física. Por supuesto, eso también era uno de sus encantos.

No conocía los detalles, pero había oído que alardeaba de un conocimiento que rivalizaba con el de cualquier experto en el campo de la química. Era muy inteligente. No parecía excesivamente orgullosa; de hecho, se mostraba segura de sí misma y tenía una alta autoestima. Poseía una belleza y elegancia que abrumaban a los demás, y su porte digno era siempre impávido e intrépido. Era alguien que no se alteraba por nimiedades.

Esa persona… lloró por mí.

—Es vergonzoso decirlo, pero día tras día estuve sumida en la tristeza. Aunque sabía que no podía traerla de vuelta, aunque ya no estaba aquí, seguía pensando en qué podría haber hecho para salvarla…

»En aquel momento, no debí haber vuelto a casa. Sin importar cuánto me rechazara, debí haberme quedado a su lado. Eso es lo que pensaba.

En ese instante, las manos de Marianne envolvieron con delicadeza las mías, que descansaban sobre su regazo.

—Pero, señorita Ilya. Está viva, y así es como hemos podido reencontrarnos. Así que, está bien.

Sus manos, suaves pero firmes, claramente me infundían ánimo.

—Si nunca hubiera podido volver a verla, me habría arrepentido de mis acciones por el resto de mi vida.

»Seguramente es la voluntad de Dios que esto no haya sucedido. —Luego, guardó el mapa y el pasaporte de nuevo en el bolso y me lo entregó.

—En realidad, quería preparar muchas, muchísimas cosas más… pero pensé que podría ser un estorbo para su viaje si llevaba demasiado equipaje. Además, afortunadamente, veo que pudo preparar ropa y otras necesidades.

Su mirada recorrió rápidamente la bolsa de viaje que habíamos traído, luego asintió y se puso de pie.

—El dios que se me apareció tomó la forma de una mariposa.

De repente, dirigí mi atención a Crow, pero la persona en cuestión parecía desinteresada, mirando hacia otro lado sin devolverme la mirada.

—Me alegro de haberle creído.

Marianne, que no pareció percatarse de Crow, sonrió y extendió los brazos, diciendo:

—Ahora regresaremos a nuestro territorio. —Mientras la miraba desde donde estaba sentada, la vi inclinar lentamente la parte superior de su cuerpo para darme un abrazo. Sentí el suave contacto y el delicado aroma de su cabello dorado sobre mis mejillas. Era como una reina a la que toda muchacha envidiaba.

Podía ver el techo manchado por encima de sus delgados hombros. Nunca esperé que acabaríamos abrazándonos en un lugar como este.

Aunque nos conocíamos desde la infancia, nunca habíamos sentido el calor corporal de la otra a tan corta distancia. Siempre nos habíamos mantenido ni demasiado cerca, ni demasiado lejos. Pensé que eso era lo mejor para nosotras. No quería que ella se viera envuelta en mi extraña vida.

—Estoy segura de que esta vez es la última.

Mis hombros temblaron ante las palabras susurradas en mi oído. Instintivamente intenté apartarme, pero me sujetó con tanta fuerza que no pude. Fue entonces cuando noté que su delicada espalda temblaba.

Estaba llorando.

—Señorita Marianne, no tenemos tiempo.

Oí un sollozo ahogado y, a pesar de que me había sujetado con tal fuerza que hasta entonces no había podido escapar de su abrazo, no podía creer con cuánta facilidad me soltó.

La Marianne que volvió a encararme sonreía con la misma gracia de siempre.

—Adiós, Ilya… —dijo, llamándome por mi nombre sin formalidades, como si lo hubiera hecho durante mucho tiempo. Sonó muy cercano. Sin embargo, su voz contenía una soledad que no podía ocultarse.

Luego, tras un breve silencio, tomó una respiración casi imperceptible.

Irguió el pecho, hizo una reverencia como una aristócrata y abandonó la habitación con su escolta. Ambos tenían prisa y yo no pretendía retenerlos, pero terminé llamándola por su nombre. Marianne se detuvo en seco, casi inconscientemente, pero no miró hacia atrás.

Así, nos separamos.

54

4 respuestas a “Mi prometido ama a mi hermana – Arco 8 – Capítulo 7”

  1. Yo solo quiero que ahora que salió del bucle, también se rompa el hechizo de la hermana y que se casé con Solei, pero estos recuerde todo y que tengan una vida de casados miserables y no puedan separarse. Que el ex prometido re cuerde cada vida y como la trató y de las formas miserable que murió.

  2. Gracias a Dios la autora resucitó, por lo menos con esta historia.
    Por un lado me alegra saber que Ilya tiene más aliados de los esperados. Por otro lado, si más personas saben esto, se corre el riesgo de que descubran a Ilya y volvamos como estábamos al inicio. No quiero saber más nada de los padres, ni del ex prometido ni la hermana “mosquita muerta”.
    Muchas gracias por este nuevo capítulo 💖

  3. Ha sido un largo tiempo. Casi 02 años. Aún asi me alegro que la autora haya publicado y que ustedes hayan actualizado. Se los agradezco muchísimo.

Responder a Lacye Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Contenido protegido