Traducido por Ichigo
Editado por Lucy y Herijo
Cuando era joven, solía tener el mismo sueño.
Una vez que me dormía, mi vida pasaba ante mis ojos. Pensaba que era un sueño extraño, pero más tarde dejé de tenerlo. Así que olvidé qué clase de sueño era.
Lo recordé hace poco.
—Sinceramente… Me sorprendió un poco que ayudaras a alguien.
El carruaje, que avanzaba por un camino sin pavimentar, se mecía con tal fuerza que sus ocupantes casi salían despedidos por los aires. Se había previsto que el carruaje se sacudiría bastante, por lo que los sirvientes habían preparado varios cojines grandes. Estaban encajados entre el asiento y el cuerpo para que no quedara ningún hueco.
Originalmente era un carruaje para nobles, así que la comodidad no era mala. Sin embargo, al ser un viaje largo, el desgaste físico era inevitable.
Me dolía la zona lumbar, así que estiré la espalda. Quedaba un poco de espacio hasta el techo, pero los laterales eran estrechos debido a los cojines. Los asientos enfrentados resultaban naturalmente apretados para dos adultos, y más aún si la otra persona era un hombre. Nuestras rodillas se rozaban.
—Incluso yo ayudo a otros de vez en cuando. ¿Acaso no te he ayudado a ti también? No te dejaré decir que no lo recuerdas.
Cuando respondí con una sonrisa, el hombre se encogió de hombros e hizo una leve reverencia, diciendo:
—Bueno, te lo agradezco. Pero fue realmente extraño… Para empezar, no teníamos ningún contacto. Y, sin embargo, viniste a mí, ¿verdad? Dijiste que podías ayudarme.
—Sí.
—Dudo que supieras que estaba en problemas, así que, ¿por qué me ofreciste tu ayuda en primer lugar?
Cuando abrí la boca para hablar, el hombre levantó la mano derecha y me interrumpió. Contuve el aliento que intentaba exhalar.
—Sí, lo he estado pensando durante mucho tiempo. ¿Por qué me ayudarías?… Tú, la primogénita de la familia del conde, de una casa ilustre. Y, para empezar, ¿por qué ayudar a alguien como yo?
»Incluso si me hubieran abandonado a mi suerte, no debería haber habido ninguna repercusión para ti. No, más bien…
»Prestarme ayuda no te genera ningún mérito. Si te involucras en algo así, podrían incluso considerarte responsable. En ese caso, hasta tu familia podría ser eliminada. Después de todo, es una situación grave que involucra asuntos de estado. Y, sin embargo, decidiste ayudarme. Por eso siempre me he preguntado por qué.
»Fue todo por ella, ¿verdad?
Al decir esto, abrió la cortinilla de la pequeña ventana. De repente, entró la luz del sol poniente. El perfil de aquel hombre se tiñó de naranja mientras entrecerraba los ojos. Su cabello rojo se tornó aún más rojo y pareció arder.
—Te moviste por el bien de tu única y mejor amiga en este mundo. ¿Estoy en lo cierto?
«Aunque es difícil decir si eso fue beneficioso para ella al final», añadió el hombre con una sonrisa maliciosa mientras volvía su atención hacia mí.
Así es. Tal como dijo, ella terminó perdiéndolo todo.
Aunque no estuviera directamente involucrada en despojarla de todo, sí cargaba con parte de la responsabilidad. En resumen, al salvar a este hombre, Soleil pudo superar su difícil situación y Sylvia se libró de cualquier daño.
Sin embargo, eso no significaba que todo hubiera vuelto a la normalidad. De hecho, ella se convirtió en una fugitiva. Nunca más podría regresar a este país.
—¿Te arrepientes?
Tras un breve silencio, negué con la cabeza ante la pregunta.
—No.
En absoluto.
—Está viva… Eso es todo lo que importa.
Cuando respondí así, el hombre me miró con una expresión indescriptible que parecía escudriñar hasta lo más profundo de mi corazón.
—¿Incluso si la señorita Sylvia y Soleil acaban juntos y viven una vida feliz? ¿Así es como querías que terminaran?
—Aún no sabemos cómo terminará. Nadie sabe qué será de ellos.
—Bueno, eso es verdad. Pero cualquiera que lo viera diría que Soleil se sentía atraído por la señorita Sylvia. Eso es un hecho.
—¿Es así?
—Sí.
Por alguna razón, el hombre pelirrojo de sonrisa desdeñosa dejó escapar un suspiro de repente.
—Pareces insatisfecha.
—¿No? Porque estoy del lado de Soleil. Incluso si su elección es algo que no puedo apoyar, no renegaré de él.
—¿Es eso lo correcto como amiga?
—¿Quién sabe? La amistad es diferente para cada persona. No hay una respuesta correcta o incorrecta. Por eso rezo para que no cometa un error. Siempre lo he hecho y seguiré haciéndolo. Es solo que…
—¿Solo qué?
—Es triste.
No sé mucho sobre la señorita Ilya, pero pensaba que Soleil y ella hacían buena pareja. Entonces, esta vez, él bajó la mirada y movió los dedos mecánicamente sobre su regazo.
Tenía callos en los dedos. Era una persona que se había entrenado duramente para proteger y luchar contra la gente. Supuse que todos los caballeros eran así.
Para gente como ellos, preparados para sobrellevar tales cargas, la existencia de Ilya debió de parecer deslumbrante. Dedicar todo lo propio a una sola persona era algo extremadamente difícil para la mayoría. Porque los humanos vivían con toda clase de lazos y limitaciones sociales.
Yo también. Y por eso sabía…
—El joven Soleil es alguien a quien los demás malinterpretan fácilmente. Incluso tú, su mejor amigo, lo estás malinterpretando.
—¿Qué quieres decir? —El hombre ladeó ligeramente la cabeza. Su físico era el de un adulto, pero si le mirabas el rostro, aún se podían apreciar rastros de juventud.
Aunque hoy no estaba conmigo, el otro caballero que usualmente me servía de escolta era realmente un adulto, por lo que su físico era un poco mayor que el de él. No tenía sentido compararlos, pero era casi un milagro que este hombre y Soleil, que aún asistían a la academia, pudieran sobrevivir a aquella difícil situación.
—De todas formas, he hecho lo que tenía que hacer. Estoy segura de que Soleil hará lo mismo.
Ilya le había confiado a Sylvia a Soleil. Estaba segura de que, mientras viviera, él cumpliría su promesa. Tenía la certeza de que no haría nada que violara el deseo de su prometida fallecida.
—A tus ojos, ¿qué clase de persona es Soleil?
Ahora era mi turno de ladear la cabeza con extrañeza. Porque para mí, aquel hombre no había sido más que «el prometido de Ilya». Nada más, nada menos. Ahora que ese papel se había perdido, Soleil era para mí…
—Una persona digna de lástima.
Porque perdió a su ser amado.
Algo que nunca debería perderse.
♦ ♦ ♦
No sé cuándo empezó, pero a ella y a mí… …a Ilya y a mí, siempre nos habían tratado como si fuéramos rivales. Aunque probablemente había otras chicas de nuestra generación, debido al rango nobiliario de nuestras familias, terminamos en una posición en la que inevitablemente nos comparaban.
Sin embargo, generalmente, esto es lo que se decía: «La señorita Marianne es superior».
Tales juicios ya se hacían a una edad en la que yo realmente no entendía lo que significaba ser mejor o peor que otra persona en algo. Aunque ahora comprendía que la posición de mi familia como la principal casa condal era la razón, cuando era joven, simplemente me parecía extraño. Me preguntaba por qué todos me elogiaban de esa manera.
Porque Ilya tenía un porte excelente. Sus modales y gestos eran elegantes. Sonreía como una verdadera noble y nunca alzaba la voz con indecencia. Era buena con el piano, bailaba con gracia y estudiaba con ahínco. No era en lo más mínimo inferior a mí. Al contrario, en todo me llevaba un paso de ventaja.
Y, sin embargo, todos decían: «Creo que la señorita Marianne es maravillosa».
Como demasiada gente lo decía, llegué a pensar que tal vez me estaba subestimando.
No es mi intención alardear ni ser condescendiente, pero creo que mi verdadero yo podría superarla.
Sin embargo, el mundo de los aristócratas no era tan indulgente como para que una pudiera dejarse llevar.
Aquello probablemente sucedió cuando yo tenía siete años.
En una fiesta de té a la que fui invitada con mi madre, la anfitriona de la casa, quien organizaba el evento, me dijo:
—He oído que la señorita Marianne es muy buena tocando el piano. Da la casualidad de que aquí mismo hay un piano excelente, y me encantaría que todos la escucharan.
Quizás realmente valoraba mis habilidades, o quizás albergaba algo de malicia.
Aquella persona era una conocida de mi madre desde hacía mucho tiempo, y los invitados se conocían todos entre sí, ya que eran aristócratas de la misma generación. Pero debido a eso, se desconocía qué hijo era el más sobresaliente o quién tenía las mejores perspectivas a futuro. Los adultos debieron querer poner a prueba y ver cuán buenos eran.
Dio la casualidad de que fui yo la elegida para la actuación. La habilidad que demostré no fue desastrosa, pero tampoco era digna de elogio. Estoy segura de que cualquiera que la hubiera escuchado habría pensado lo mismo. Deberían haberlo hecho. Porque no me gustaba tocar el piano.
Practicaba lo menos posible, solo lo suficiente para evitar que mis dedos se entorpecieran, y no tenía ninguna motivación para aprender música. Apenas seguía la partitura y no interpretaba con toda el alma basándome en las intenciones del compositor.
Sin embargo, todos me elogiaron.
Hubo incluso algunas personas que se conmovieron hasta las lágrimas.
Recibí una oleada de aplausos y alabanzas. Los adultos que me rodeaban elogiaron unánimemente mi actuación, diciendo que incluso un músico profesional se vería eclipsado por mi talento.
—¡Y, sobre todo, es tan hermosa! ¡Espero con ansias su futuro!
Mientras aplaudían de forma exagerada, decían que muchas familias desearían que una dama tan sabia y sensata como yo emparentara con ellos.
Me preguntaba si alguien podría comprender lo que sentía mientras permanecía allí, estupefacta, mientras un escalofrío recorría mi espina dorsal.
En aquel momento, hubo una niña que había tocado antes que yo. Se llamaba Ilya Il Matis.
Era la niña elegida para el acto de apertura del entretenimiento. Pocas personas escucharon su interpretación. Los adultos, que charlaban alegremente entre sí, continuaron hablando, y los niños que habían venido con sus padres estaban absortos con la comida que les habían servido.
En medio del incesante bullicio, ella enderezó su ya erguida espalda, miró al frente y se presentó brevemente: «Me llamo Ilya». Luego, tocó una pieza que duró unos quince minutos sin siquiera mirar la partitura.
Era una canción antigua que todos conocían, compleja incluso para los adultos. Aunque un adulto con dedos ágiles podría ejecutarla, algunas notas eran naturalmente inalcanzables para una niña. En sus aciertos y limitaciones residía una dulzura y un encanto particular. No podía tocar con la perfección de un adulto.
Aun así, la interpretación fue tan buena que me pregunté cuánto tiempo habría dedicado a practicar. Quedé profundamente impresionada y no pude evitar que se me erizara la piel.
Sin embargo, probablemente fui la única que escuchó atentamente su interpretación de principio a fin. Al igual que la orquesta invitada aquel día, simplemente se utilizó como música de fondo. ¿Sería porque era demasiado buena?
No, no lo creo.
Desde el principio, nadie tuvo la intención de escucharla tocar.
Era porque en aquel entonces ya estaba comprometida con el heredero de la casa del marqués. Para decirlo con franqueza, la alta sociedad no veía con buenos ojos su compromiso. Muchos nobles pensaban que su propia hija podría haber sido la prometida si la suerte hubiera estado de su lado, así que, en resumen, Ilya les resultaba un incordio.
Como miembro de una familia condal de tercera categoría, la criticaban por no reconocer su lugar y por querer ascender en la escala social. A sus espaldas, también la insultaban por su apariencia, que no estaba a la altura y no correspondía al joven Soleil. Tanto adultos como niños la menospreciaban. Si se les presentaba la ocasión, algunas personas se reunían para desdeñarla y herirla.
En el momento en que se paró frente al piano, alguien dijo: «No es muy hermosa». Aunque se dijo en voz baja, estoy segura de que muchas personas oyeron esas palabras. Después de todo, yo las oí. Quizás Ilya también pudo oírlas.
Nadie objetó, ni siquiera su madre, que se suponía debía estar allí. Por lo tanto, las palabras se reconocieron como correctas.
Pero no la insultaban porque le tuvieran rencor a Ilya misma. Era porque estaba comprometida con el heredero de la familia marquesal más prestigiosa, por lo que simplemente había provocado celos innecesarios. ¿Y si me hubieran elegido a mí en lugar de a Ilya? Habría sido yo quien recibiera aquellas palabras despiadadas.
Después de que la prometida de Soleil falleciera, Ilya fue elegida como su nueva prometida porque sus padres eran cercanos. O eso es lo que la mayoría de la gente pensaba, pero la situación era más complicada.
La familia de Soleil, los Nortis, gozaba de la alta estima de la familia real, y en los últimos años a menudo habían asumido trabajos por encargo del rey. El marqués actual también era miembro del Senado y una de las pocas personas que podían hacer recomendaciones directas al Rey, lo que significaba que ostentaba un considerable poder político.
Era la posición de la prometida del hijo mayor. No podían simplemente elegir a cualquier chica adecuada al azar. La elección se estableció tras considerar el equilibrio de poder entre las dos familias. Una familia de igual estatus que la del marqués tendría demasiado poder. De ser así, Soleil podría convertirse en una amenaza para la familia real. Pero una familia de vizconde o barón sin poder sería demasiado débil, y eso era otro problema en sí mismo.
Y como tal, el compromiso de Soleil e Ilya fue puramente político, ya que no podían elegir a otra candidata.
Parece que mi nombre incluso se mencionó en algún momento, pero oí que la familia Nortis se negó rotundamente. En ese aspecto, creo que eligieron a la familia Matisse por ser más confiable.
Por lo tanto, pensé que si algo hubiera sido diferente, podría haber sido yo la elegida para realizar este acto de apertura.
Así que, después de terminar mi actuación y recibir los elogios de quienes me rodeaban, fui a buscarla. Ilya se mostraba digna y no daba señales de estar herida. Sin embargo, el evento de aquel día debió de haber sido más que suficiente para romper su tierno y joven corazón.
Quizás no pudiera consolarla, pero al menos quería decirle que su interpretación había sido asombrosa. Sin darme cuenta de que pensar así era arrogante.
—Necesitas practicar más.
Mientras caminaba por el largo pasillo tras salir de la sala donde se celebraba la fiesta de té, oí una voz procedente del lateral de la escalera.
Me incliné sigilosamente hacia adelante para que la otra persona no me viera. Vi dos sombras junto a la escalera. Una pertenecía a la persona que buscaba y la otra a una mujer esbelta. Por su perfil, me di cuenta de que era la madre de Ilya.
Antes siempre había pensado que parecía una persona serena. Sin embargo, sonaba mucho más exigente de lo que esperaba.
—Adquiere habilidades de las que nadie pueda quejarse.
—Sí.
—Desarrolla un poder de expresión que te gane el elogio de todos.
—Sí.
—Mira siempre al frente y nunca bajes la mirada. Sigue sonriendo y muéstrate digna sin importar lo que digan los demás.
—Sí.
Una respuesta serena que no mostraba signos de altibajos emocionales. Cuando estaba a punto de inclinarme para ver si su madre por fin la elogiaría, alguien me tocó el hombro por detrás.
Cuando reprimí el grito de sorpresa que casi se me escapaba y me di la vuelta, vi a mi propia madre sonriendo, con el dedo índice sobre los labios: «¡Shhh!». Me tomó de la mano y me alejó de aquel lugar.
—Marianne. Tener sentido de la justicia es una virtud, pero no es bueno involucrarse en los asuntos de otras personas.
—Pero, madre…
—Sí. Ella… También creo que es realmente desafortunada.
»Pero estoy segura de que esto sucederá muchas veces en el futuro. —Me acarició la cabeza con dulzura. Por alguna razón, sentí ganas de llorar ante su suave contacto. Ilya debió haber deseado que la acariciaran así.
—Tiene que ser fuerte. Probablemente no debería ser consolada en este momento. Al menos eso es lo que su madre decidió. Tu opinión y tus comentarios no son necesarios.
»Pero la próxima vez, si tienes la oportunidad de hablar con ella, por favor, elógiala efusivamente.
»Si están las dos solas en ese momento, entonces no habrá nadie que se queje —rio mi madre y parpadeó. Estuve de acuerdo con ella.
Eso es lo que debía hacer. Si estuviéramos solo las dos, nadie nos molestaría. Podría elogiarla tanto como quisiera.
¿Qué debería decir? No, no necesitaba pensarlo. Porque ella era verdaderamente asombrosa.
¿Sería feliz? ¿Se reiría? No quería ver una sonrisa falsa. Si tan solo riera desde el fondo de su corazón. ¿Cómo se vería?
Sí, eso es lo que pensé en aquel entonces, y sin embargo…


puedo llorar? No se porque sigo leyendo, siempre me rompe el corazón los capítulos Y_Y
Yo solo quiero saber ahora que se rompió el bucle de reencarnaciones, si Solier después de despertar recuerda todas las vidas y la forma cruel como trato a Iya. Aunque estuviera controlado por algún tipo de magia. Seria bueno que pudiera saber el dolor de Iya. Yo aunque le tengo bronca a Soleir no puedo decir que lo odio ya que el es una víctima también. Por eso quisiera que el saliera del control y pudiera ser feliz y no con Silvia ella si me parece una mala persona. Al igual que su madre manipuladora a ella si no le deseo felicidad. Y ojalá el padre también tenga su castigo. La verdad es que no se como le dará el final la autora pero ojalá sea justa con los que se merecen perdón y castigue a los traidores.
Me dieron ganas de llorar de nuevo.
El que piense que es desafortunada, me rompió el corazón.
Lo unico bueno que le ha pasado a Ilya, es haber conocido a Cuervo y tener una amiga como Marianne.
Gracias por su arduo trabajo.