Reina Villana – Capítulo 37: ¿En dónde estabas?

Traducido por Kiara

Editado por Ayanami


La cultura, la tradición y los acontecimientos de Mahar…Eugene reflexionaba en eso, mientras veía a Marianne enrollar pacientemente los retratos, uno tras otro. Mientras comparaba su mundo con este, al que había sido arrojada, repentinamente, una pregunta apareció en su mente.

—Marianne, me dijiste que las reuniones de la alta sociedad no se llevan a cabo durante el período activo.

—Sí, su alteza real.

— ¿Está prohibido?

—No del todo, Su Alteza Real.

—Entonces, ¿la nobleza se está refrenando de realizarlos?

Eugene pensó en lo que Kasser le había dicho, que nadie está restringido de hacer cosas durante el período activo. Todo lo que tienen que hacer es ser cautelosos durante el día. Le resultaba muy difícil creer que los nobles, conocidos por su estilo de vida lujoso y extravagante, se contuvieran de celebrar reuniones.

Como los larks, normalmente, no acechan después de la puesta del sol, pensó, parece el momento perfecto para organizar una fiesta para la nobleza.

—Es más una medida realista, su alteza real. Además, nadie en la alta sociedad tiene el estatus suficiente para celebrar las reuniones durante el período activo.

—Entonces, cerca del final del período seco, se dirigen a la Ciudad Santa y regresan solo cuando el período seco comienza de nuevo, ¿verdad? —Dijo Eugene, para asegurarse de que había entendido a Marianne correctamente.

—Eso es correcto, Su Alteza Real.

—Entonces, este puñado de nobles forman la alta sociedad, ¿eh? Entonces, ¿la condesa Moriel también está en la Ciudad Santa ahora?

—Sí, Su Alteza Real.

Eugene recordó que el conde Wacommbe también volvería cuando comience el período seco. Cuando Marianne se fue, pensó aún más sobre eso.

¿Qué pensaron la clase baja y los campesinos, de la nobleza de clase alta al abandonar el reino cada período activo por seguridad? Era obvio que algunos criticaron esta conducta, pero, seguramente, la mayoría tiene envidia y quiere irse con ellos a un lugar seguro. La Ciudad Santa está a salvo de los Larks, por lo que la nobleza se encuentra en un refugio.

Sin embargo, no todos fueron bendecidos con el privilegio de ser uno de ellos. Los demás miembros del pueblo admiran a la nobleza; se visten como ellos, comen como ellos e incluso hablan de la misma manera. Son las celebridades del reino. Por mucho que inspiraran asombro, también inspiran celos.

La cultura del reino depende completamente de la Ciudad Santa.

Mientras Eugene analizaba más, se dio cuenta de que había desentrañado el propósito de la cultura, ya que nada era oriundo del Reino de Hashi. Por el contrario, está completamente influenciado por la cultura de la Ciudad Santa. En cierto modo, este reino vive en sus sombras.

Ciudad Santa…el corazón de Mahar y el centro de los seis reinos. El lugar donde los más importantes nobles se unen e intercambian su cultura con los demás. Pero, debido a esta misma razón, prohibir el movimiento de personas durante el período activo no es una solución para enriquecer la cultura dentro del Reino de Hashi. Solo sirve para aislarlo.

Pero no hay otra forma de evitar que las personas viajen a la Ciudad Santa que no sea una medida contundente. Si un lark entra en los muros del reino, alguien muere. Era lógico que las personas se muevan a un lugar seguro si podían permitírselo.

Más aún, si se tuvieran los medios para hacerlo.

Pero no se podía negar, que este movimiento está enviando señales equivocadas entre las masas. Entonces, las cosas lejanas parecen tranquilas y aceptables, pero la semilla de la tentación se había sembrado desde hace mucho tiempo. Solo que aún no ha brotado.

Hmm… ¿Cómo puedo evitar que estos nobles sigan entrando y saliendo?

Incluso después de pensar por un tiempo, Eugene no pudo encontrar ninguna buena idea. En cambio, estaba molesta. Le enfermaba pensar en los nobles egoístas, codiciosos, insensibles y egocéntricos, palabras que describen mejor a la llamada nobleza de Mahar.

¿Cómo se atreven a huir, mientras el rey mismo arriesga su vida todos los días para salvar el reino? ¡Es tan egoísta!

Ella, de repente, sonrió. Se dio cuenta de que estaba pensando como la reina de este reino y la esposa del rey. Este era un sentimiento novedoso, pero, de alguna manera, no lo rechazó. Ella reanudó sus reflexiones.

De todos modos, el rey está demasiado dedicado a su deber. ¿Cómo pueden dejarlo todo e irse tan pronto como la llamarada de la señal resplandece en el cielo?

Al menos, los larks no se muestran durante la noche. Ante esa nota, Eugene no pudo evitar imaginar al rey vistiéndose rápidamente, para irse en medio de sus actividades nocturnas, cuando la señal de la luz ilumine su habitación.

Definitivamente, él haría eso. Eugene se echó a reír ante sus propios pensamientos.

Recordó la escena cuando Kasser estaba montando su animal espiritual. Era la primera vez que veía al rey irse a la batalla, todo el ambiente a su alrededor había cambiado en cuestión de segundos. Por eso, había estado nerviosa todo el día, incapaz de mantener la calma hasta que vio una bengala azul saltar al cielo.

Había pasado las últimas noches durmiendo sola. Aunque estaba enérgica, su mente se encontraba llena de pensamientos, lo que le daba dolor de cabeza. Si la hubiera obligado a dormir con él, incluso durante su período, habría sido un idiota.

Pero no se había mostrado estos últimos días y eso solo la molestó.

Al principio, cuando todo había comenzado, ella estaba nerviosa por su presencia, pero su ausencia no la dejó en mejor estado, ahora era incapaz de comprender sus sentimientos, y mucho menos sus acciones.

Una vez más, se preguntó si él solo pensaba en ella como un cuerpo que daría a luz a su hijo. Resignada, sus pensamientos comenzaron a tomar un camino familiar de dudas y…resistencia.

Debería dejar de esperar más de él. No estoy en una relación romántica, sólo soy una persona que tiene un contrato con él. 

Él había invertido tres años en un matrimonio costoso e infeliz, con la esperanza de obtener un heredero al trono. Determinado como está, nada iba a impedir que obtuviera lo que quiere.

Anika y él, habían firmado un contrato, con pleno conocimiento de que ella podía obtener lo que quisiera, siempre y cuando, le diera un bebé a cambio.

Y eso, ella lo cumpliría. Nada más.

Poco a poco, su mente se quedó en blanco. Eugene miró inexpresivamente el espacio. Su corazón se sentía vacío; más vacío que el desierto que la recibió cuando abrió los ojos por primera vez en este mundo.

♦ ♦ ♦

Cuando se iba, Eugene convocó a un sirviente.

— ¿Ya regresó Su Majestad?

—No, su alteza real.

Antes del anochecer, el rey salió del palacio. Se iba con mucha frecuencia. Lo único que distingue a Kasser de los otros monarcas es que hace las cosas por su cuenta, en lugar de dar órdenes y delegar. Nunca ha rehuido sus responsabilidades. Esto le permitió comprender mejor los acontecimientos, pero, no obstante, lo mantuvo alejado del palacio la mayoría de las veces.

Ahora que Marianne había puesto al descubierto a la “nobleza” del país, el corazón de Eugene se preocupó por Kasser. Es un guerrero solitario y desinteresado, que se niega a abandonar sus deberes y a su gente, sin importar la adversidad. ¿Cuántos ponen a otros antes que a uno mismo? ¿Y cuántos de ellos eran nobles, y mucho menos un monarca? De hecho, es realmente digno de ser el rey.

Sobre la mesa, hay una pequeña caja de madera intrincadamente tallada. Después de pensarlo un momento, Eugene la abrió y miró el surtido de hojas de té que había dentro. Escogiendo uno, se lo entregó al paje.

—Lleve esto al Chambelán, para que le prepare una taza de té al Rey en cuanto regrese.

Estas hojas de té, fueron un regalo de Marianne. Ella dijo que era bueno para relajarse. Sorprendentemente, sabía bien y había despejado la cabeza de Eugene después de solo un par de sorbos. Ella no era de mucha ayuda para compartir sus responsabilidades, de modo que, lo menos que podía hacer era ayudarlo a relajarse.

—Sí, su alteza real.

Dejándola sola, Eugene se sentó frente a su tocador y comenzó a garabatear en su diario.

Desde su llegada a Mahar, había mantenido este diario. Cada día, anotaba sus actividades antes de acostarse. Es su diario secreto, por lo que escribe en coreano. Se sentía segura al poder escribir en un idioma que nadie podía leer en Mahar.

Al principio de su diario, hay una lista de tareas pendientes.

Organizar eventos para reuniones de la alta sociedad. ¿Tal vez, una fiesta de té?

Después de un rato, guardó su diario en el cajón del tocador. Cuando se levantó, vio su reflejo en el espejo. Durante los primeros días de su llegada, cada vez que se veía, se sorprendía con la dama parada frente a ella, la cual le resultaba una desconocida. Pero ahora, se sentía parte de la dama en el espejo. Aunque se ha acostumbrado a este cuerpo, aún tiene preocupaciones. Acosada por misterios, intrigas y demás, la mayor parte de su tiempo, en este mundo, la pasó desentrañando y conjeturando. Pero, de todas las preguntas sin respuesta, la que más la acosa es también la más simple.

Jin Anika…si estoy en tu cuerpo, ¿a dónde fuiste? ¿Y dónde está mi cuerpo?

Eugene, meticulosamente, volvió al momento en que fue convocada a Mahar. En ese fatídico día, en su mundo, ella estaba en el centro de un juego de al gato y al ratón. Estaba siendo perseguida por algunos prestamistas y sus lacayos. Después de varios fallos, gracias a los dioses, terminó en un callejón sin salida, atrapada. Miró a su alrededor, buscando una ruta de escape en vano. Tampoco había una puerta abierta para que ella se escabullera, ni una pared sobre la que pudiera trepar. Sabía que había terminado y se resignó a su destino a manos de sus cazadores.

Fue en ese momento, cuando se perdió toda esperanza, que ella lo vió.

Al principio, estaba segura de que estaba soñando…un gran agujero negro apareció en las paredes de ladrillo del callejón, seguro que no era normal. El agujero era completamente negro, por lo que era imposible ver su final. Era lo suficientemente grande como para que una persona pudiera entrar. Se sentía como una puerta al infierno, invitándola a sumergirse.

A pesar de presenciar algo tan increíble, no tenía tiempo para estar anonadada, escucho los pasos apresurados de sus perseguidores. Ante ella había un agujero, detrás, su final. No estaba segura de si este agujero era real, a dónde conducía o si incluso tenía un final.

Pero estaba segura de una cosa: no podía permitirse el lujo de ser atrapada.

Lo que había dentro de ese agujero, pensó, era más aceptable que el destino que la esperaba allí. Era mejor para ella desaparecer en lo desconocido, para que su familia no tuviera a nadie para estafar.

Se preparó y, sin mirar atrás, puso el pie en el agujero. La mayor apuesta de su vida hacia la vida, no la muerte.

Para su total sorpresa, no se desplomó violentamente en el abismo oscuro y sin fondo, sino que flotó cómodamente. No sintió pánico, solo cerró los ojos tranquila y cedió a su entorno. Eso fue lo último que recordó haber hecho. En cuanto a las cosas que vinieron después, no podía recordar nada.

Después de pasar una cantidad desconocida de tiempo, flotando en el agujero, se dio cuenta de que no había muerto ni caído en el infierno. Como había deseado, se fue a un mundo donde nadie la conocía.

El agujero…esa fue, definitivamente, la ruta que tomó. ¿Tal vez, es una ruta para que solo pasen espíritus?

El cuerpo podría haber perecido en el agujero.

Jin Anika, no tengo a dónde ir. Y si vuelves, no hay dónde quedarte.

Al principio, Eugene había planeado cambiar el futuro de Jin Anika. Ahora, su deseo de vivir como Eugene creció cada vez más, y ya no quería vivir para Jin Anika.

Eugene cruzó los dedos en un puño apretado. Tenía tanto poder en sus manos, pero todo le pertenecía a Jin Anika. ¿Robar los poderes de una persona inmoral es justificable?

Ya sea que se sintiera culpable o no, iba a odiarse a sí misma, todos los días, por el resto de su vida.

Pero no estoy en la realidad. Este es un universo ficticio, en una novela que creé…no. ¿Cómo puede esto no ser una realidad cuando es tan real? Marianne y Zanne viven, cada una, sus propias vidas.

Se tiró del pelo, mientras sus pensamientos se volvían cada vez más complicados hasta que, finalmente, se puso de pie.

No hay nada que pueda hacer hoy. Me voy a dormir y dejaré la preocupación de mañana para mañana.

Eugene pisoteó fuerte y caminó hacia su cama. Se sentó allí, mientras descubría las sábanas, decidida a dormir bien.

—Su Alteza Real.

Llamó un sirviente afuera de su puerta. Nadie toca su puerta a esta hora del día, por lo que, se paralizó en el instante en que escuchó la voz.

— ¿Qué sucede?

La puerta se abrió y el sirviente entró.

—Su Alteza Real, Su Majestad está aquí para verla.

— ¿Ahora?

—Sí, su alteza real.

— ¿Ahora, en mi habitación?

—Sí, su alteza real.

Esta no es la primera vez que la visita sin previo aviso, pero, la última fue una ocasión especial y su visita de esta noche era muy tarde. Pero él es el rey, ¿cómo podía cuestionarlo o negarle la entrada?

—Adelante.

El sirviente se fue y Kasser entró momentos después. Seguía vestido con su atuendo formal completo. Debe haber regresado al palacio. Los dos caminaron hacia el sofá y se sentaron.

— ¿Te desperté?

—No, estaba a punto de irme a dormir. ¿Hay algún problema? ¿Qué te trae por aquí tan tarde?

Kasser no pudo responder a su pregunta. También le hubiera gustado preguntar eso él mismo, porque tampoco sabe por qué vino aquí.

Anteriormente, tan pronto como regresó al palacio, se fue directamente a su oficina. Durante los últimos días, había pasado sus noches terminando su trabajo y planeaba hacer lo mismo esta noche.

Mientras estaba inmerso en su trabajo, las cosas que habían sucedido dentro del palacio durante el día estuvieron enterradas en ese montón de papel. Se había sumergido tan profundamente en el mundo de la lectura y la firma, que no oyó los golpes en la puerta y se despertó cuando el Chambelán se paró frente a él con una bandeja en la mano. Confundido, le lanzó una mirada inquisitiva.

—Su Majestad, Su Alteza Real le envió té.

Esta no era la primera vez que recibía una taza de té. De hecho, la reina, a menudo, le había enviado té o galletas. Era un gesto formal. Durante los primeros meses de su matrimonio, Jin Anika fue bastante cariñosa, enviándole saludos todas las mañanas y noches y, a veces, incluso entregaba refrigerios a su oficina.

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