Reina Villana – Capítulo 42: El Tesoro Nacional Desaparecido 

Traducido por Kiara

Editado por Ayanami


Que la luz sagrada de Mahar siempre esté contigo.

Kasser escribió la última línea y, una vez que terminó, dejó el bolígrafo y comenzó a doblar el pergamino por la mitad, mientras convocaba al Gran Chambelán. Cuando llegó le entregó la carta doblada.

—Está es una carta para el Sang-je —dijo Kasser —Aseguráte de que sea entregada personalmente por nuestro mensajero.

—Sí, Su Majestad —el Gran Chambelán se inclinó cuando se despidió, antes de salir para cumplir sus órdenes.

Kasser estimó que el correo no tardaría más de diez días para que el Sang-je lo recibiera. Después de todo, era el promedio de tiempo que tomaría un correo regular. Sin embargo, en el período activo, podría llevar más de un mes entregarlo.

A Kasser no le agradaba la intromisión de otros, por lo que no tomó muy amablemente la intromisión de Sang-je en su matrimonio y su reino. No le debía lo suficiente como para contarle todo lo que sucede en el Reino de Hashi, de modo que solo mencionó las cosas de forma muy superficial. Debía hacer de esto, de lo contrario el Sang-je insistiría, preguntando más y más sobre el bienestar de Anika.

Si las cosas empeoraban, enviaría una invitación a la Ciudad Santa. De esa manera, podría salvar la situación.

Lo que sea que haga, causará problemas. Kasser reflexionó, golpeando el escritorio con los dedos.

Es posible que no quiera que regrese la memoria de la reina, sin embargo, lo sabe mejor que nadie. No era ideal o seguro que Jin Anika se mantuviera así, especialmente, cuando había olvidado cómo manejar el poder de una Anika. Nadie podía enseñarle eso, además del Sang-je.

Si la reina acepta viajar a la Ciudad Santa…sus pensamientos comenzaron a desvanecerse.

Siempre podía evitar que se fuera durante el período activo, explicándole lo peligroso que podía ser viajar. Pero no sería posible hacerlo cuando comience el período seco. No tendría una razón válida para detenerla. Estaba seguro de que ella no planea romper su contrato. Había estado cooperando y él no tenía razones para interrogarla. Después de todo, no tenía sentido preguntar sobre cosas que no podía recordar.

Sin embargo, si volviera a la Ciudad Santa, la posibilidad de que recupere la memoria era mucho mayor, por lo que, volvería a su actitud anterior, cruel e intrigante. Con ello, la probabilidad de que ella rompa el contrato sería exponencial. En ese momento, ni siquiera pensaría en volver a Hashi. No podía obligarla, especialmente a Anika, a dejar de lado la ciudad santa por su reino. El Sang-je, sin duda, respetaría sus deseos, e incluso la protegería si llegara el momento. Siempre estaría a su lado, protegiéndolas.

Y, aunque el divorcio no es un concepto extraño, los procedimientos no eran tan simples. Solo significaría que necesitaría a otra Anika para dar a luz a un heredero para su trono, sin embargo, todo sería más complicado a partir de ahí. Mientras pensaba en la situación, dejó escapar un gemido de frustración y pasó la mano por su cabello.

No había nada que él pudiera hacer para evitar que su memoria regresará, se dejó caer sobre su escritorio, acunando su cabeza en sus manos.

Todos sabían que la reina es una Anika. ¿No era eso suficiente? No debería importar si no puede sentir su Ramita, aunque él entiende su deseo de aprender sobre sí misma, ya que ese sentimiento es parte de la naturaleza humana.

No pudo evitar reír al recordar las palabras de Eugene ayer. ¿Cómo se le ocurrió esa idea? ¿Tocar un huevo? Tengo que enfatizar que ella no puede hacer eso. ¡Nunca! Añadió como una ocurrencia tardía.

El Gran Chambelán miró a Kasser y se le acercó lentamente.

—Su Majestad. La baronesa Wais está pidiendo verte —dijo él, inclinando la cabeza en tono de reverencia.

Kasser se enderezó y asintió.

—Déjala pasar.

Pronto, Marianne entró en la habitación e inclinó la cabeza. Marianne había vuelto a ser niñera y tutora en el palacio, y se le otorgó el título de baronesa.

Como no era noble de nacimiento, no tenía un título. Sin embargo, cuando se desempeñó como General en el palacio, le habían otorgado un título honorífico, que fue revocado cuando dejó el servicio.

Kasser quería asignarle un título nobiliario permanente a Marianne cuando se fue la primera vez, pero ella lo rechazó de inmediato. Por lo tanto, solo la llamaban la anterior general durante mucho tiempo, hasta que, finalmente, accedió a aceptar el título de baronesa.

—Su Majestad, Su Gracia planea salir del palacio esta noche. Creo que ella ha discutido esto contigo —le informo Marianne.

Kasser asintió con la cabeza.

—Sí, lo sé. ¿A dónde piensa ir ella?

—Su Gracia no ha revelado un destino. Ella desea mantenerlo confidencial. He venido a pedirle su consejo para asignar guardias a su alrededor.

—Si es confidencial, entonces, no deberías asignar demasiados —un par de sus guardias que son hábiles en el trabajo encubierto le vinieron a la mente.

—No estoy segura de sí lo que has planeado sería adecuado para lo que Su Gracia tiene en mente —dijo Marianne.

Kasser frunció el ceño. No entendía hacia dónde se dirigía con esto. Como si sintiera su confusión, ella suspiró y reformuló sus palabras.

—Simplemente, creo que la reina tiene sus propios planes, y si la frecuencia de sus salidas aumenta —ella se enderezó —entonces, Su Majestad, creo que solo le traerá más problemas elegir un guardia diferente cada vez que salga de las puertas del palacio.

— ¿Y qué sugiere, baronesa?

—Creo que sería mejor dejar que la reina elija a los guardias ella misma. Es importante que se lleve bien con ellos. Especialmente, cuando pasaran una cantidad significativa de tiempo juntos fuera de las puertas del palacio —Señaló, en medio del sonoro golpeteo de los dedos de Kasser sobre el escritorio.

— ¿Ella tiene a alguien en mente?

—No, su majestad. Creo que deberías discutir esto con Su Gracia. ¿Quizás, al mediodía de hoy?

Kasser dejó escapar un profundo suspiro, finalmente, comprendió las intenciones de Marianne. —Entonces, ¿quieres que almuerce con ella?

—No exactamente, Su Majestad. Simplemente…

Antes de que pudiera terminar, fue cortada con un gesto de la mano de Kasser.

—Bien, almorzaré con la reina hoy. Le enviaré un mensaje para citarla

—Por favor, no me malinterprete, Su Majestad. Su Gracia no me envió aquí —insistió Marianne, y Kasser asintió mientras continuaba realizando sus deberes matutinos.

—No te preocupes, no lo haré —sabía que, si fuera el deseo de la reina, ella lo encontraría y le hablaría directamente.

Con este pensamiento, se dio cuenta de que estaba prediciendo sus acciones según el conocimiento que había adquirido de ella. Durante los últimos tres años de matrimonio, ni siquiera había tenido interés en conocerla. La reina, no, pensó, ahora es la reina con pérdida de memoria. 

Sabía que ella seguía siendo la misma persona. Pero, por alguna razón, seguía pensando en ella como si fueran dos personas completamente diferentes. En algún momento, había dejado de sospechar que ella estaba fingiendo tener problemas para recordar algo.

♦ ♦ ♦

No mucho después de que Marianne se fue, Kasser hizo una visita al depósito del tesoro nacional; su primera visita desde el incidente. Bajo las órdenes del Rey, el lugar permanecía bien resguardado por los soldados. Se emparejaron en equipos, sin dejar espacio para que nadie se escabulla sin ser atrapado.

Cuando Kasser apareció en el lugar, el inspector jefe se inclinó profundamente.

— ¿Puedo suponer que no ha habido visitantes? —preguntó tan pronto como llegó a la puerta.

—No, Su Majestad —El jefe respondió con una muestra de confianza. —Nadie se ha atrevido…

— ¿Y nadie ha entrado en el almacén?

—Así es, Su Majestad. Como usted ordenó, no se le permite la entrada a nadie, ni siquier para una inspección general.

—Abre las puertas —Ordenó Kasser.

El inspector en jefe abrió un pesado candado, abriendo dos grandes muros de piedra que cerraban el depósito del tesoro. Al otro lado de la puerta de piedra, había un pasillo sin fin.

Kasser entró, el sonido de sus pasos rebotaba contra las paredes. Había numerosas puertas a cada lado del pasillo y, detrás de cada puerta, había tesoros de diferentes tamaños y valores.

Continuó caminando hasta llegar al final del pasillo. Frente a él, estaba una de las muchas habitaciones, pero dentro, no estaba el tesoro más importante, sino la colección de tesoros más valiosos, incluido un diario que contenía el conocimiento de los primeros días del establecimiento del reino. También estaba el antiguo sello del estado, la primera moneda conmemorativa del reino, junto con muchos otros objetos que tuvieron una gran importancia a lo largo de la historia.

Si en alguna ocasión se atrevieran a intentar robar la bóveda, los tesoros de este cuarto serían considerados un montón de baratijas, pero, para Kasser, estos artículos tenían un gran valor histórico.

Se detuvo frente a una piedra, en ella, estaba tallada una pequeña escultura de dos manos que estaban en posición de catación[1], una palma acunando delicadamente la otra. Era un testimonio de la habilidad y el talento de la escultura, ya que la escultura capturó la suavidad de las manos, a pesar de estar tallada en piedra.

Sin embargo, el tesoro no era la escultura, sino lo que sostenían las manos. O, se supone que debería estar sosteniendo.

El tesoro era del tamaño de un huevo. Parecía ser negro, pero, según las leyendas, se veía así debido a la sangre carmesí que se había endurecido sobre él.

Qué hizo que la reina se atreviera a…cortó rápidamente sus pensamientos, antes de que se volvieran hacia un camino más oscuro.

El tesoro que alguna vez tuvieron las manos esculpidas, y que había desaparecido, era una semilla. Pero, ésta, había sido bañada en sangre y, por lo tanto, no había podido germinar. No quedaba nada de la semilla para crecer.

Los registros de su adquisición eran de hace mucho tiempo, antes de que se decidiera registrar cada una de las semillas, habían contado que un Lark Brobdinaga[2] había venido al Reino de Hashi. Atacó el reino, masacró y bañó las calles con sangre.

Pero el lark no se detuvo allí. Se robó la semilla, que los antepasados ​​de Kasser habían cosechado, la cual, solo pudieron recuperar tras la derrota del Lark.

La historia sobre la semilla del lark ha sido transmitida de generación en generación. Kasser se mostró escéptico para creer las historias de aquel entonces. Sabía por experiencia que la semilla de un lark es tan pequeña como su dedo meñique.

Si realmente era la semilla de un lark, entonces, no podía imaginar cuán grande era ese monstruo.

¿Es apropiado esconder que el tesoro nacional ha sido robado?

Todavía no estaba seguro de por qué fue robado. Pensó que se sentiría más cómodo si ella hubiera tomado un tesoro realmente valioso. Se quedó mirando las manos vacías por un tiempo, antes de darse la vuelta e irse.

Una vez más, le advirtió a sus guardias que aseguraran la entrada. Observó las puertas de piedra ser cerradas con el candado. Una vez que estuvo satisfecho de que el almacén estaba asegurado, giró sobre sus talones y abandonó las bóvedas.

♦ ♦ ♦

La pareja real almorzó en la sala de estar, como siempre. Comieron en silencio, y los engranajes en la mente de Eugene seguían girando mientras el silencio entre ellos continuaba. Cuando terminó, habló.

—Su Majestad, tengo algo que me gustaría decir.

Kasser se encontró con su mirada e hizo un gesto para que todos salieran de la habitación. Los criados se fueron sin decir una palabra, dejando a los dos solos en la mesa del comedor.

Los sirvientes ya no se sentían nerviosos ante la idea de dejar a los dos monarcas solos. Podían ver que algo había comenzado a cambiar entre ambos, un rasgo notablemente positivo.

—Podemos contar con esta ubicación para cada almuerzo, ¿eh? —Eugene no podía entender por qué los dos nunca comían en el comedor.

—Bueno, el comedor no es el lugar ideal para conversar —Kasser respondió como si le leyera el pensamiento, recostándose en su silla para mirarla mejor.

Eugene se imaginó sus altos techos y asintió con la cabeza. Las voces resonarían por toda la habitación, y era demasiado grande para sentirse segura. Sintiendo su aprehensión, Kasser decidió cambiar el tema.

—Escuché que planeas salir del palacio después de la puesta del sol.

Eugene volvió a la conversación que tenía entre manos.

—Sí. Quiero hablar con usted sobre qué guardia llevar conmigo, pero hay otro asunto que me gustaría discutir primero —dijo.

— ¿Cuál?

—La Ramita…

Ella comenzó, pero se detuvo, con el ceño fruncido. Eugene lo observó atentamente, consciente de cualquier cambio en su expresión antes de continuar. Estaba claro para ella que algo realmente lo estaba molestando.

—Dijiste que la Clase de Ramita está determinada por la profundidad y el ancho de la imagen del agua en el sueño del Anika. Desde un pozo hasta un estanque —Ella comenzó a juguetear con sus dedos. —Quería preguntar, ¿soñar con un estanque es una clasificación más alta porque es más ancho? —preguntó, inclinándose un poco hacia adelante.

Kasser se rió sin alegría.

—Eso no es algo que pueda decirte —respondió, suspirando con resignación.

Eugene frunció el ceño.

— ¿Por qué no?

—No tengo suficiente conocimiento sobre la Ramita. Todo lo que sé es que la profundidad o el ancho del agua no importan. Anika no es algo que pueda evaluar uno mismo.

Kasser sabía que la reina, antes de perder la memoria, nunca dejaría que nadie hablara de las Anikas en su presencia. Por lo general, una Anika tiene una autoestima muy alta, sin embargo, en el caso de Jin era un exceso de confianza, pero ya que fue ella quien trajo el tema a la mesa, se preguntó cómo reaccionaría ella cuando su memoria regresara y recuerde estas conversaciones.

Está, también fue una de las muchas razones por las que no duda de que ella fingiera su pérdida de memoria. Antes, ella siempre lo trataba como un ignorante, haciendo que su sangre hirviera como un mar ardiente. Sin embargo, ahora, se encontró buscando su conocimiento. Su presencia, ahora, era como un soplo de aire fresco. Especialmente, después de su visita anterior a la bóveda del tesoro.

¿Qué tienen de bueno las Anikas? Reflexionó Eugene, un poco molesta cuando no encontró más respuestas. Ella misma vive como una Anika, pero no podía entender su elitismo.

Quizás porque no había muchas razones para comenzar, cómo porque Jin Anika se convirtió en la villana principal. Solo había estado segura de su valía que, cuando se demostró lo contrario, perdió la voluntad de luchar.

—Voy a tener cuidado con lo que digo delante de los demás —Ella persistió —pero, por favor, estoy segura de que tienes la respuesta —imploró.

Kasser suspiró y lo pensó mucho, tratando de recordar todo lo que le dijeron.

—Bueno, debe ser el pozo.

Eugene frunció el ceño…

— ¿Por qué?

—Un pozo es más profundo que un estanque.

—Entonces, la profundidad es más importante que el ancho —supuso ella con un movimiento de cabeza.

—Sí. En general, cuanto más profundo es, más alta es la habilidad —respondió Kasser y Eugene asintió entendiendo. Pero, en el fondo, ella sabía que no siempre era el caso. Su visión de la noche anterior, el agua no era profunda solo alcanzaba sus tobillos, pero el agua era interminable.

Seguramente, alguien por ahí, tenía una mejor explicación.


[1] Algo así:

 [2] Brobdingnag es un país ficticio habitado por gigantes que aparece en la novela de Jonathan Swift Los viajes de Gulliver.

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